martes, 26 de abril de 2016

Destino: Lázaro (parte 1)


Allí se encontraba ella, bajo ese cielo completamente oscurecido por esas nubes de un marrón idéntico al de la tierra desolada que bañaba el tercer planeta del Sistema Solar. No había indicios de viva por ninguna parte, como si años atrás algo hubiese azotado sin clemencia a la Tierra y erradicado así todo lo vital y bello que siempre la había poblado durante eones.
Se giró sobre sus talones, entonces algo crujió bajo sus pies. Había pisado huesos carcomidos y amarillentos, aunque no pudo asegurar si eran de una persona o de un animal; también crujieron algunas ramas resecas y marchitas. Aunque sus ojos empezaron a ignorar lo que sus pisadas tocaban, el paraje que había ante sus ojos era absorbentemente nefasto.
Restos de una gran ciudad, que alguna vez habría sido próspera tiempo atrás, donde la ciencia y la propia humanidad habían avanzado considerablemente a grandes zancadas. Entonces, como una ilusión, se superpuso a ese paraje caótico el recuerdo del pasado, edificios aún en pie, gente en su día a día, el cielo azul, la flora y la fauna... La vida.
De pronto se llevó la mano al pecho, como si supiese que de un momento a otro algo muy, muy doloroso fuese a desgarrarle el alma. Con repentino miedo desbordándola, miró fijamente al cielo una vez más, esta vez con ojos vidriosos y labios trémulos, implorando con una voz que no quería salir de su garganta que no ocurriese lo inevitable. Pero no podía cambiarse lo que ya estaba más que escrito.
Brillaba con el sol detrás, era difícil de identificar qué era con la simple visión humana, pero su trayectoria fugaz fue bien clara. Una especie de silbido que se tornaba más potente a cada segundo hasta volverse ensordecedor, sonido que murió con el estruendo de la colisión mezclado con los gemidos de la destrucción y salmos que eran la agonía de miles y miles de personas.
Entonces todo se tornó del más intenso de los negros...
-Sigo sin hallar la respuesta… -se dijo así misma tras despertar, quitándose de la cabeza un extraño casco conectado a un aparato mediante varios cables, dejando al descubierto sus cabellos negros como el azabache-. Natasha, quiero volver a intentarlo.
-Ni hablar, Kate -terció con férrea determinación pero con amable autoridad una mujer bastante más mayor que ella, pero bien conservada para superar los sesenta años, de cabello blanco recogido en un estiradísimo moño y ojos azules muy claros; vestía una bata de científico-, sabes que entrar en ese estado agota mucho el cuerpo y la mente. Volveremos a intentarlo después de la conferencia si así lo prefieres y te quedas más tranquila. Considera que gracias a ti la investigación ha avanzado hasta dar estos frutos, y bien lo sabes.
-Sí, lo sé... Pero aún no tenemos todas las respuestas -replicó en un susurro, dejando el casco a un lado de la extraña camilla, terminando de quitarse los electrodos de su cuerpo, el cual empezó a flotar tras activar el sistema de ingravidez, mientras se ponía la chaqueta que permaneció colgaba cerca de donde estuvo tumbada.
Su mente y su cuerpo estaban sintiéndose mejor tras la carga a la que estuvo sometida, aunque era algo que ya estaba más que acostumbrada. Sus ojos grises se desviaron a una de las ventanillas de la sala, desde la cual se veía el oscuro espacio bañado de estrellas y lejanos planetas. Pero su visión se centró en un feo globo que más parecía una boñiga redonda suspendida en el universo, lo que treinta años atrás fuese un hermoso planeta celeste: la Tierra.

-Sabes que volveré, madre -musitó en voz baja sin despegar la vista del cada vez más agonizante planeta, con la mano apoyada en el cristal de la ventanilla-. Espérame.

jueves, 21 de abril de 2016

Crítica personal: Leal

Título: Leal
Título original: Allegiant
Autora: Veronica Roth
Editado en España por: RBA

Sinopsis:

Una sola decisión te define.
La sociedad dividida en facciones en la que creía Tris Prior ha quedado hecha pedazos, fracturada por la violencia y las luchas de poder, y marcada por la traición. Así que, cuando tiene la oportunidad de explorar el mundo más allá de los límites que siempre ha conocido, Tris está más que dispuesta. Puede que, al otro lado de la valla, Tobias y ella descubran una nueva vida juntos más sencilla, libres de mentiras, lealtades confusas y recuerdos dolorosos. Sin embargo, la nueva realidad de Tris es aún más inquietante que la que ha dejado atrás. Lo que creían haber descubierto deja de tener sentido. Surgen verdades explosivas que hacen cambiar de opinión a sus seres queridos. Y, de nuevo, Tris lucha por comprender las complejidades de la naturaleza humana (y de su propia naturaleza) a la vez que se enfrenta a elecciones imposibles que tienen que ver con el valor, la lealtad, el sacrificio y el amor.
Contada desde una doble perspectiva fascinante, Leal, de la autora superventas del New York Times Veronica Roth, nos ofrece la impactante conclusión de la saga DIVERGENTE y nos revela los secretos del mundo distópico que ha cautivado a millones de lectores.

Crítica personal (puede haber spoilers):
Al tratarse de una continuación y el desenlace de una saga, será inevitable mentar sucesos de los anteriores para mayor comprensión y coherencia de esta crítica personal. Si continúas leyéndola, será bajo tu propia responsabilidad.

Lo revelado en las últimas páginas de Insurgente fue toda una bomba esclarecedora que impactó de lleno no sólo a los habitantes de ese Chicago post apocalíptico, sino también al lector, por el claro grado de incertidumbre que deja hasta iniciar la presente lectura.
El video de Edith Prior, sus palabras y las imágenes que en él se visualizan, despierta duda, miedo, curiosidad e incluso rechazo entre los habitantes de esa sociedad cuyo sistema de facciones cae en declive aunque muchos aún se aferren a lo que han vivido y conocido siempre.
Esa verdad tan recelosamente ocultada no conviene a Evelyn, quien desea instaurar bajo su mando una nueva ciudad donde la gente no se ciña a conductas ni colores de ropa que los diferencien de otros grupos, donde los abandonados se eleven después de años de ser tratados como escoria por los habitantes de Chicago. Tampoco permitirá que nadie salga de la ciudad siguiendo las indicaciones de ese video, aunque para ello tenga que recurrir a la ejecución en el intento.
Muchos ciudadanos se resistirán al despego al sistema de facciones, empezando los primeros brotes del germen de la sublevación de un modo similar al que fraguaron los abandonados hasta alcanzar el poder sostienen tras la caída de Erudición. Los leales al esquema social que siguieron durante generaciones no están dispuestos a empezar de cero, al margen de lo que han aprendido para vivir, ni mucho menos bajo los métodos de Evelyn.
Y por su parte Tris tiene la necesidad de ir más allá de los límites del microuniverso al que pertenece, espoleada por Edith Prior, necesitada de saber del mundo que desconocen, su relación con la mujer de esa grabación y la verdad de los divergentes.

Más allá de esa ciudad de facciones que en tan poco tiempo ha sufrido reveces de consecuencias crueles hay mucho por descubrir para Tris y quienes se atrevan a seguir los mismos pasos que su curiosidad que se convierte en una necesidad transcendental. Pero la verdad no es fácil de asimilar tras tantos años en la penumbra, ni tampoco las mentiras y los complots se podrán eludir mientras la naturaleza humana esté de por medio. Ya de cada uno, sobre todo en sus decisiones y emociones, dependerá el paso siguiente del destino que entre todos puedan forjar en ese mundo que sobrevive a las consecuencias del declive pasado.

Leal pone fin a una trilogía distópica llena de intrigas y reflexiones, donde se desgrana los motivos que impulsa a un reducido número de la humanidad a condicionar sus formas de pensar y sentir; que el no ceñirse a esos esquemas sean motivo de exclusión y degradación, donde los versátiles divergentes eran eliminados como si fueran un tabú. Cada individuo tiene su visión de lo que quiere y de lo que considera correcto en el mundo que le toca vivir, entre los posibles cambios y el escepticismo de dejar las cosas como llevan siendo desde que tienen memoria.
Aquí se esclarece todo sobre el mundo en el que viven sus protagonistas y su situación global más allá del escenario hasta entonces conocido tanto para el elenco como para el lector, revelándose en toda regla qué ocurre en Estados Unidos y que el nombre de donde ha vivido Tris es Chicago (aunque ya de por sí los lugares de la ciudad lo acreditan como escenario real en esa trama de ficción); lo cual ofrece más profundidad, realismo e incluso coherencia al escenario en el que se desarrolla la obra en su conjunto. También saldrá a la luz el origen de esa sociedad de facciones y el significado de los divergentes, en revelaciones inesperadas e interesantes aunque no lograron sorprenderme demasiado, con un planteamiento lógico e incluso científico dentro de los antecedentes de ese mundo post apocalíptico. Sin embargo, junto a Tris y Tobias se aprenderá que el mundo a descubrir no tiene porqué ser idílico y no demasiado mejor del caótico en el que se han movido, resultándoles tan pasmoso como aberrante en ciertos aspectos, sobre todo si hay injusticia y desigualdad dentro de un orden supuestamente avanzado y superior.
Leal exprime más aún ese dilema entre la aceptación de la realidad por más difícil que sea, o el aferrarse a la ignorancia para no encarar lo que se desconoce o nos disguste. Y si hasta antes de esta lectura nos hemos caminado a la espalda de Tris en una sociedad divisoria pero con delicada cooperación principalmente movida por la necesidad y/o la conveniencia, aquí se masca en el ambiente que tiende más bien hacia el clasismo y la falsa moral dentro de un lienzo que trata de mostrarse como una obra sublime; y todo esto hará cavilar e incluso actuar contracorriente a quienes se atrevan a ir más allá de ese hipotético Chicago futuro.
También me ha dado pie para las reflexiones otros tantos conceptos que se desgranan en este cierre de saga: ¿Cuánto somos o no de perfectos? ¿De verdad puede degradar el ser humano en su psique? ¿Qué se hace a la hora de la verdad por quienes te importan? ¿Son tan incompatibles el amor y el egoísmo? ¿Todo es tan blanco o negro como solemos pintarlo? ¿Vale más la pena los atajos cobardes o los largos trayectos no exentos de dificultades? Y sobre todo, ¿cómo sabemos que nuestras decisiones son correctas, sobre todo cuando mandamos a paseo la lógica porque el corazón imponga su voluntad?

Como cabe esperar en este género y dado el punto de apoteosis que se alcanza en el presente final, la relación de Tris y Tobias sigue siendo un elemento presente y de peso, pero aquí sentí que se muestra más equilibrado con la trama general. En Insurgente pasaron por muchas rencillas hasta encontrar el equilibrio de nuevo, pero hay piedras que las personas pueden volver a tropezar; y es aquí donde el hilo que los une llega a una tensión tal que el romperse o no parece debatirse todavía más en medio de la situación en la que se embarcan más allá de los límites de la ciudad.

La narración se rompe en este desenlace, convirtiéndose en una historia a dos voces entre Tris y Tobias, la mayor parte del tiempo intercalándose la visión de ella y la de él, aunque habrá momentos en que cada uno haga dobles y que incluso el propio Tobias acabe teniendo un peso que incline un poco la balanza del protagonismo a su favor. Cincuenta y dos capítulos y un epílogo en los que se compenetran la visión y las emociones de esta pareja, enriqueciendo la trama con esa doble visión, muchas veces casi simultanea, que deja atrás la limitación típica de las novelas al exponerse mayoritariamente por un único personaje.

El estilo de Veronica Roth sigue cumpliendo la opinión que he dejado patente en mis opiniones previas de esta trilogía; con el atractivo del primero pero con ciertos altibajos que ya sentí durante la lectura del segundo. He de recalcar que el final de una trilogía no es fácil de concebir y que al mismo tiempo llegue a ser un digno broche final, y diría que esta autora lo consigue en gran medida, principalmente en el sprint que apura su estilográfica en el último tramo.

Tris fue, argumentalmente, un personaje que se movía de manera irregular. Por un lado despliega ese atractivo que me convenció en Divergente; pero por otro lado en buena parte del epicentro del libro sentí que decaía incluso como protagonista principal, hasta que precisamente en el final despunta de una manera que logró mejorar como personaje. Es en Leal donde Tris saca todo lo que puede ofrecer, demostrándome su humanidad y sensibilidad desmedida sin caer en el tedio gracias a la fortaleza que no ha dejado de sacar más y más en su largo y complejo camino. Creo que ha logrado alcanzar altas cotas en mi criterio dentro del rol de heroína, más si se coteja con otras en el género diatópico en particular.
Aunque en Insurgente no sentí que se hubiera explotado tanto como se pudo haber hecho, aquí Cuatro/Tobias resurgió para mí cual ave fénix; en buena parte gracias a la voz cantante que se le brinda aquí permite explorar mejor en él. Seguimos viendo a un joven curtido por una infancia de maltratos y de hacerse fuerte y darse a valer en una facción a la que principalmente se traslada para escapar de su propio pasado tortuoso; impulsivo hasta caer sin remedio en la virulenta violencia; tan sobreprotector con la chica de la que se enamora que llega a enturbiarse la visión que debería ayudarme a llevar por buen camino su relación sentimental. Será aquí cuando se explote tanto su trasfondo potencial como su lado más humano tan lleno de miedos y fragilidades (en las que tenemos a sus padres y Tris, además sobre sí mismo por los acontecimientos que le afectan más directamente dentro de la trama de Leal); y me gustó ver como se enfrenta a todo lo que sea necesario, incluso con las cadenas que le merman, para pulir las imperfecciones que potencialmente le pueden limitar.
Como lleva siendo en los anteriores, no he sentido que realzaran mucho más el resto de personajes en comparación con la parejita principal, salvo en puntuales momentos en los que logran dar su juego. Caleb y Peter son realmente distintos pero aún así comparten personalidades que acreditan lo contradictorio que puede ser un individuo; el primero por una cobardía con la que intenta justificar su egoísmo, pero que aún así no es alguien tan sumamente insensible y carente de emociones afectivas a pesar de que su propia figura ocupe bastantes cupos en la cúspide de sus prioridades; el segundo me pareció, en su resolución, una víctima del síndrome de Estocolmo consigo mismo, y demostrará también ser todo un cobarde aunque tenga sus causas para ello y que llegan a ser un motivo de posible compasión hacia este personaje. Christina y Cara tendrán su relevancia en momentos propicios para cumplir bien su papel, sobre todo la primera de ambas que llega hasta agradar lo que puede llegar a influir en cierto personaje. Mi mayor chasco fue Uriah, un personaje que me agradó mucho leer a lo largo de la saga pero que me pareció desaprovechado a la hora de la verdad, casi como si la autora no hubiera tenido claro qué hacer con él tras quedarse tan marcado por las muertes de Lynn y, en especial, Marlene. El resto de personajes en Chicago (destacando Marcus y Evelyn con las asperezas entre ellos de por medio) moverán sus fichas paralelamente dentro del segundo que se establecen.
Lógicamente habrá nuevas caras más allá de la ciudad, todas con su justo pero preciso papel, con alguna sorpresa impactante entre ellos. También estará un tanto presente la figura de la madre de Tris, sondándose con ella mucho más allá incluso que el pasado y la verdad sobre este personaje tan clavado en el alma de la heroína.

La trama empieza con buena fuerza y expectativas prometedoras, aunque en el amplio tramo del ecuador sentí un declive de la misma, como si le faltara la mayoría de las cualidades que debe tener un libro que cierra un ciclo. Sin embargo, es en el último centenar de páginas cuando empieza a dar un giro para mejor (y que realmente consigue que mi valoración global suba bastante, a pesar de que el trascurso se me antojara más bien carente de gancho); pasando casi de un momento a otro del no parecer que quede clara una resolución a revelar un desenlace que me resultó inesperado, sorprendente hasta el punto de no dar crédito ciertos puntos hasta que las evidencias caen por su propio peso para bien o para mal, con una emotividad que no tiene desperdicio, dejándome a mí en particular un regusto agridulce. Creo que, aunque ciertos aspectos se me antojan más bien injustos, la saga no podría terminar de otra forma.

La portada rompe la evocación de alguna facción seguida en los casos anteriores. En el libro, sobre todo en el tramo final, cobra más sentido el significado de las indómitas aguas que se arremolinan en un círculo sobre el título.                                                                                                                                                                

Conclusión: Un desenlace donde la verdad y nada más que la verdad, sobre la ciudad de las facciones y más allá de ésta, así como el significado de la divergencia, serán esclarecidas para apretar las tuercas a sus protagonistas, que sin haberlo solicitado podrían marcar la diferencia en ese mundo distópico. Si el lector ha llegado a empatizar con Tris y su historia, creo que Leal pasará esa prueba final de iniciación que es su criterio literario.


Mi valoración global: 4,5/5

martes, 12 de abril de 2016

Crítica personal: Cazadores de Sombras Los Orígenes 1 Ángel Mecánico

Título: Cazadores de Sombras: Los Orígenes 1 – Ángel Mecánico
Título original: The Infernal Devices 1 – Clockwork Angel
Autora: Cassandra Clare
Editado en España por: Destino

Sinopsis:
Tessa Gray está dispuesta a encontrar a su hermano. Para ello, se dirige a Londres, donde será raptada por una organización secreta llamada el Club Pandemonium, y rescatada por los Cazadores de Sombras. Pronto, Tessa verá su corazón dividido entre Jem, cuya frágil belleza oculta un oscuro secreto, y Will, cuya hiriente ironía y cambios de humor constantes la mantienen a distancia, mientras los tres intentan salvar... el mundo.

La magia es peligrosa, pero el amor lo es todavía más.

Crítica personal (puede haber spoilers):
                                                            
El universo de Cazadores de Sombras se amplía y profundiza más allá de Clary, Jace y compañía; aunque en este caso suceda en el pasado. Con estos orígenes, la autora presenta una trama independiente a la iniciada con Ciudad de Hueso, en un lugar y época diferentes; pero el nexo entre The Mortal Instruments y The Infernal Devices es mucho más estrecho de lo que ya de por sí podría imaginarse de antemano, que se irá apretando más dicho lazo a medida que avanza esta trilogía.

Aquí nos trasladamos a Londres, en plena época Victoriana. Theresa (Tessa) Gray es una joven estadounidense que, tras la muerte de su tía, cruza el océano para estar junto a su hermano mayor y único familiar vivo Nate, quién partió a la capital británica en busca de trabajo y un porvenir. Sin embargo, las Hermanas Oscuras del Club Pandemonium la reciben en el puerto en lugar de Nate, alegando que le era imposible a él. Ella confía en ellas ante las evidencias que prueban de conocer bien a su hermano, sin saber lo que le espera.
En las semanas posteriores, retenida contra su voluntad, malviviendo, maltratada y sometida por ambas mujeres, la harán pasar por un extraño adiestramiento en el cual desarrolla un don que la abrumará y que no alcanza a comprender. Para dicha de Tessa, no tardará demasiado en ser rescatada de manera fortuita por los cazadores de sombras del Instituto de Londres, guiados de manera casual a raíz de una investigación que los lleva a donde la joven se encontraba retenida.
Aún así, Tessa sabrá que no es de verdad libre, porque aquel conocido como el Magister tiene un férreo y misterioso interés en ella. Por otra parte, asimilará la verdad oculta a los mundanos sobre la existencia de demonios, Subterráneos y nefilim, conviviendo provisionalmente con estos últimos en el Instituto de Londres, dirigido por Charlotte Branwell y su esposo Henry. Ella, a la par, se enfrentará a grandes cuestiones. ¿Qué ha sido de Nate? ¿Qué quiere el Magister de ella? ¿Qué es ese extraño poder que despertó en el Pandemonium? ¿Y las criaturas mecánicas que figuraban ser personas que halló en su cautiverio? Y sobre todo... ¿Quién es ella en realidad?
Lo que menos se podía esperar Tessa, bajo el amparo de los nefilim que la acogen, son los sentimientos que irán brotando en ella a raíz de dos jóvenes muy diferentes pero con un vínculo muy fuerte entre ellos: el díscolo William (Will) Herondime y el amable James (Jem) Carstairs.
Pero más allá de todo lo que afecte a la joven estadounidense, se entrevé los engranajes de una oscura trama que deberán tener en cuenta los cazadores de sombras de esa época.

Incluso para los ya familiarizados con la saga protagonizada por Clary y demás en The Monrtal Instruments, aquí descubriremos y aprenderemos mucho sobre este universo que crece y se complementa entre sí. Un planteamiento nuevo, con otros personajes, con algo más de un siglo de diferencia en relación a lo que se conoció de los libros publicados anteriores a éste... No niego que cuando empecé a leerlo en su momento, la lengua viperina del recelo me susurraba al oído, con la predisposición de comparar los personajes presentados aquí con los ya conocidos, que serían los mismos perros con distintos collares, o que las tramas serían similares... Craso error por mi parte.

Cassandra Clare cubre con este Ángel Mecánico las expectativas que siempre he tenido respecto a su estilo narrativo. Tan rico en detalles como me tiene acostumbrado, pero sin recargarlo en exceso, con una expresión dinámica, amena y fluida, otorgando a sus personajes un enorme realismo y carisma, así como a ese escenario que es el Londres del siglo XIX, donde nos mete con mucho acierto. Ha creado desde cero, aunque estrechamente unido con los otros libros de Cazadores de Sombras, una trama que mantiene el misterio en su mayor parte hasta el final, sin que resulten bruscas en lo más mínimo dichas revelaciones, dejando otras tantas incógnitas para más adelante al ser el comienzo de una muy prometedora trilogía.

Una peculiaridad de este libro, y que se repite en los posteriores, es la de incluir una pequeña cita entre el título de cada capítulo y la primera línea del mismo. Normalmente escuetas líneas son extractos de ciertas obras, con una habitual relación tanto con el título como con el capítulo en sí. Y la verdad, es un aspecto original y que me agradó bastante

Sobre el elenco, como ya comenté, empecé con la idea subliminal de ver quien es la versión Victoriana de los que conocí del Instituto de Nueva York, pero está claro que me equivoqué.
Tessa es una apasionada de la literatura, con un gran sentido de la franqueza. Tendrá que asimilar demasiadas cosas en poco tiempo, mientras rumie su inquietud por Nate y su dudosa naturaleza mundana por el enigmático poder que recién despertó; mientras sus relaciones con los miembros del Instituto se van estrechando, destacando sentimientos que hasta entonces le eran sólo conocidos por las historias que ha leído a lo largo de su vida. Pero lo que no será del todo consciente es la magnitud de su verdadera importancia en esta historia.
Will se entrevé que es muy parecido a Jace... y la verdad es que no se distancian mucho en personalidad, aunque este joven y atractivo galés puede ser un chico malote y díscolo de una manera diferente, pero igual de contundente. Un aspecto interesante es su relación recíproca con Jem, muy estrecha, más que hermanos, compenetrados pese a sus caracteres contrarios, más allá incluso del lazo que nos une de por vida como parabatais.
Jem creo que puede ser tan agradable como tedioso para el lector. Un joven medio asiático de aspecto delicado, con cabello y ojos plateados, el perfecto caballero, la quintaesencia de la amabilidad, un virtuoso del violín igual de elegantemente letal en el combate. Puede resultar demasiado perfecto, que en algunos aspectos no tenga el gancho y el brillo de su parabatai; sin embargo, hay algo en él que no sea tan estereotipado o lineal como puede parecer a primera vista.
Jessamine Lovelace da la impresión de ser un calco en rubia de Isabelle, y aunque ambas comparten aspectos como el sentido del ego (mucho más acentuado en Jessie) o de la moda, a fin de cuentas son tan diferentes como el color de sus cabellos. Una joven con ambiciones, independiente y más bien ególatra que, metafóricamente, no se casa con nadie a la hora de la verdad, pase lo que pase. Sin embargo, también llegó a trasmitirme cierta empatía, e incluso lástima, en ciertos momentos.
Charlotte y Henry son una pareja que me ha caído muy en gracia.
Ella muestra una fuerza mucho mayor a lo que aparenta, pero aún así sensible y protectora, teniendo en cuenta el peso de dirigir un Instituto; sobre todo con el machismo propio de la época incluso entre los nefilim fustigándola en lo referente a su cargo en Londres, al cual se enfrenta para demostrar que una mujer, incluso con esa emotividad que parece una fama que la precede a ojos de la Enclave, puede llevar perfectamente las riendas tanto de uno de los Institutos más importantes como de los inusuales incidentes en los que tanto ella como quienes las rodean se verán arrastrados.
Por su parte, él parece tener siempre la mente en otra parte, sobre todo en su fascinación inquieta de inventar, y precisamente esos despistes lo hacen un buen punto de humor aunque eso exaspere a su mujer, la cual parece sentirse más vulnerable ante la aparente ausencia del respaldo de su pareja, porque ni los problemas del Instituto o las inquietudes de Charlotte parecen perturbar esa especie de déficit de atención que sufre a causa de su apasionante y absorbente obsesión. Sin embargo, Henry puede llegar a sorprender, sobre todo avanzando la trilogía.
Uno de mis personajes favoritos de este libro y la trilogía en general es Sophie, una de las criadas del Instituto, la cual está bastante presente en la trama, muy servicial y devota de Charlotte, a la que procesa su lealtad y gratitud sinceras. Aunque es un personaje sin verdadero peso, bastante secundario, me gustó mucho en general, en especial su trasfondo.
Son otros tantos más los personajes que danzan en torno a la historia (a destacar cierta cara conocida de The Mortal Instruments que a muchos fans agradará), aunque los omitiré para evitar posibles spoilers gratuitos. Sobre la parte antagonista, el Magister, sólo diré que no tiene desperdicio y que está bastante a la altura de Valentine Morgenstern por la manera de hacer los tejemanejes propios de un villano literario.

En este primer volumen de Los Orígenes, así como en los posteriores, vemos muchas referencias, unas muy claras y otras algo más discretas, del nexo entre esta trilogía y la trama de The Mortal Instruments. Un claro ejemplo es que tanto en personajes principales, secundarios y cazadores de sombras que aparecen o se nombran de forma sutil, vemos apellidos de nefilim que aparecen en los que suceden más de un siglo después, despertando con este primer libro la inquietud especulativa del lector por saber a lo largo o al final del camino el grado de relación sanguínea entre los de unos y los de otros. Sin duda, aunque son lecturas independientes, pudiéndose leer una trama como otra de manera independiente, o incluso alternándolos, desde luego que resulta mucho más enriquecedor adentrarse en todos ellos.

Aquí Cassandra Clare demuestra el mismo talento que derrochó en sus libros anteriores, con una trama y un final impactante y sorprendente, con inesperado giros en la historia capaces de tener al lector con ávida atención; dejando además sus buenos cabos sueltos, así como misterios prometedores e incertidumbres tanto en el argumento en sí como en las relaciones entre los personajes (en especial el perfecto y complejo triángulo amoroso que es evidente desde el comienzo, el cual será una pieza importante en esta historia) que se irán desentrañando a lo largo de la trilogía que comienza con este Ángel Mecánico.

Y qué decir de la portada. Realmente, todas las de la saga son auténticos regalos para la vista, y esta primera de Los Orígenes cumple sus expectativas sin quedar relegada a las de The Mortal Instruments, siguiendo un patrón con similitudes a los ya vistos con anterioridad.

Conclusión: El comienzo de una trilogía prometedora, independiente pero conexa a la trama con la que se empezó el universo de Cazadores de Sombras. Una trama igual de intensa, personajes igual de magnéticos y un planteamiento que las enriquece recíprocamente. En definitiva, un experimento que fue arriesgado el cual considero un nuevo y rotundo éxito para su autora.
Porque antes de los Instrumentos Mortales... estuvieron los Artefactos Infernales.


Mi valoración global: 5/5


jueves, 7 de abril de 2016

Crítica personal: Temor a la verdad

Título: Temor a la verdad
Título original: Daddy’s Gone a Hunting
Autora: Mary Higgins Clark
Editado en España por: Plaza & Janes, Debolsillo

Sinopsis:

Cuando el negocio de muebles antiguos de imitación que fundó su abuelo queda totalmente destruido a causa de una misteriosa explosión, Hannah Connelly se convierte en el pilar de la familia. Su hermana Kate está en coma tras haber logrado escapar de las llamas, y su padre parece aún más abatido, desconcertado y dependiente del alcohol de lo que ha estado en los últimos tiempos. Pero la pregunta que a Hannah le urge contestar es: ¿qué hacía Kate en el lugar del accidente, de madrugada y acompañada de Gus Schmidt, un antiguo empleado «jubilado» contra su voluntad hace cinco años?
Las pesquisas de la policía apuntan claramente a un incendio provocado, el típico siniestro en el que el propietario de un negocio en decadencia trata de sacar provecho a la desesperada.
Mientras Kate se debate entre la vida y la muerte, Hanna, empeñada en averiguar la verdad, no tardará en comprender que hay alguien decidido a que su hermana no recupere la consciencia.

Crítica personal (puede haber spoilers):

Mary Higgins Clark me agradó con Séque volverás, así que no dudé en darle una oportunidad a otro de sus best seller en cuando este cayó fortuitamente en mis manos.
La historia de Temor a la verdad nos introduce en un suceso que marcará un antes y un después en la vida de los Connelly. El negocio familiar que fundó el abuelo de Kate y Hannah fue bastante próspero  por mucho tiempo, pero en la actualidad los muebles antiguos de imitación ya no despuntan tanto en el mercado y por ello la principal fuente de ingresos del cabeza de familia empieza a hacer verdaderas aguas; hasta que de manera inesperada se produce una explosión en el complejo en plena madrugada, encontrándose en ese momento Kate y un ex trabajador que fue más bien obligado a jubilarse a pesar de sus largos años de eficiente labor como ebanista. Gus fallece, a pesar de que Kate lograra sacarlo del complejo antes de que la detonación les alcanzara de lleno, mientras que la primogénita de Douglas Connelly sufrió heridas craneales que la indujeron a un estado de coma que la posiciona en un precario punto entre la vida y la muerte.
Nadie comprende qué les llevaría a Kate y a Gus encontrarse a esas horas más bien intempestivas en ese lugar, pero el eco de los medios de comunicación apunta con sentenciosa especulación que todo fue provocado en un claro y habitual caso de cobrar una suma indecente por parte de la aseguradora. Hannah se mantiene firme en su negativa de que su hermana hiciera tal cosa. Sin embargo, la investigación del incidente en el negocio de los Connelly en pos de determinar si fue accidental o intencionado, así como el precario estado vital de Kate y las inciertas secuelas que pudieran acarrearle en caso de salir con vida, no son más que la zona cero de la trama que absorberá otros menesteres de carácter desafortunado. Los casos sin resolver de una aspirante a actriz desaparecida casi treinta años atrás y el asesinato de una joven universitaria de buena familia rodarán en las páginas de esta novela, y de algún modo u otro rozarán al apellido Connelly.

Si ya lo que desborda a los Connelly a causa del incidente de su negocio familiar da juego a la novela, más enrevesada se tornará cuando los hilos de los misterios pasados y en teoría lejanos sin vínculo alguno se entramen con ellos.
En esta novela queda plasmado lo fácil que es juzgar y sentenciar, sobre todo en delitos tanto constatados como especulados, para en muchos casos, después de despotricar a destajo, se diga “donde dijo digo, digo Diego” con una sonrisa de cínica condescendencia. Aunque las evidencias señalen de manera directa, no siempre son concluyentes sino más bien circunstanciales; y tanto la naturaleza accidental o provocada de la destrucción del negocio de los Connelly, la inocencia o culpabilidad de Kate y/o Gus, así como los casos sin resolver ajenos a este caso en sí que se irán presentando, no puede darse nada absolutamente por sentado hasta que se diseccione todo por entero. Siempre he procurado no ser tan sentencioso y más juicioso y analítico, y tras esta lectura creo que he logrado alejarme de no ser juez, fiscal, jurado y verdugo a la primera de cambio.
Sin duda, esta será una delicia para el paladar literario de quien disfrute de la intriga; de especulaciones y conjeturas; de todo lo incierto por esclarecer; y de las historias paralelas que acaban convirtiéndose en una única línea para encontrar el enigma que las enlaza más de lo que a priori pudiera imaginar tanto sus protagonistas como los propios lectores.
Temor a la verdad es un claro ejemplo que, incluso a veces en la realidad, nuestras historias (sobre todo las adversas) pueden converger con las de otros sin que se vean venir y que las casualidades del destino puede ser caprichoso hasta en una ciudad tan desbordada como Nueva York; además de refutar que los secretos y las mentiras siempre emergen por más que se quieran enterrar (en un sentido u otro), aunque tomen su tiempo, incluso décadas, para ello. Cada persona, con mayor o menos culpabilidad o inocencia, acarrea secretos, mentiras, miedos y fantasmas, y buena parte de los personajes de esta obra no se libran de ello por más que quieran evadirlos.
                                                          
Más de uno podría abrumarse al comprobar que un libro roce muy de cerca el centenar de capítulos (más prólogo y epílogo), augurando precipitadamente una lectura que se hará cuesta arriba. Sin embargo, cada uno de estos es sumamente corto, como cabe esperar en esta autora, pudiendo dárseles buena cuenta a un ritmo pasmoso con el fluido dinamismo que desborda.

El estilo de Mary Higgins Clark sigue siendo muy de mi agrado, tan singular y atractivo como me pareció en mi primera lectura de una obra suya. Fluido, detallado en su precisa medida, con una profundidad en los acontecimientos de la trama y en los pensamientos del elenco que se convierte en uno de sus puntos fuertes a la hora de narrar. Su exposición sigue siendo la de tercera persona pero jugando con la voz indirecta a través de sus personajes, haciendo que sus pensamientos rocen mucho la primera persona; y precisamente ese es otro de los encantos de la curtida prosa de esta autora.

Kate será una pieza pequeña pero clave en la trama, muy presente y bastante activa en el argumento incluso en su estado comatoso en la UCI. La pena y la preocupación de muchos personajes caerán sobre ella, en especial la de su hermana. Desde el comienzo se atisba una relación delicada con su padre, al cual censura y desaprueba buena parte de sus actitudes. No se puede perder atención a su subconsciente, capaz de percibir lo que la rodea cuando su mente está despierta; pero sobre todo esos sueños que incluso pueden estremecer a una mujer como ella (atractiva, alta, rubia y con buena posición laboral) para devolverla a la fragilidad de su más tierna niñez sobre algo que pareció ocurrirle y que había escondido en sus recuerdos casi toda su vida.
Por parte de Hannah, es diametralmente opuesta a su hermana mayor (pelo oscuro, ojos claros y estatura media tirando a baja). Justo antes de la explosión del negocio familiar se la ve celebrando, tras años de arduo trabajo como diseñadora, el hecho de tener por fin su propia marca que la embarque en un proyecto ambicioso y prometedor. Uno llega a compadecerse de ella cuando ve que tan pronto su felicidad y entusiasmo caen en la tristeza y la incertidumbre tras lo que le ocurre Kate. Hannah dará clara constancia del estrecho e intenso sentimiento que comparte con su hermana, y la menor cuidará de la mayor, pendiente en todo momento aunque suponga descuidar su propia rutina si fuera necesario, sin darle a los problemas del negocio familiar la angustiosa prioridad y preocupación que demuestra su padre. Hannah es un personaje más fuerte de lo que pueda parecer en el momento en que la apabulle el estado crítico de Kate; poco a poco sacará arrojo para estar al pie del cañón e incluso no descuidar demasiado la oportunidad que le han brindado en su trabajo, consciente de que debe mantenerse firme y con entereza por esa hermana a la que tanto debe y que en ese momento la necesita más que nunca, aunque el peso de la inclemente situación trate de mermarla. Afortunadamente no estará sola, pues cuenta con otras personas, en buena parte Jessie, una joven despampanante que dará el apoyo propio de la mejor amiga que es además del legal como abogada de oficio que es.
Douglas “Doug” Connelly es un personaje que tamizar con cuidado. Se nos presenta como hombre marcado por un accidente del cual fue el único superviviente, donde perdió a su mujer, a su hermano y varios de sus amigos más próximos, quedándose sólo con dos niñas pequeñas. Con el paso de los años, y como se deja entrever al comienzo de la novela, se muestra con un hábito por la bebida que se justifica por así decirlo con la pérdida de su esposa; con una negativa de rehacer su vida ni tan siquiera para haberle brindado a sus hijas la figura materna que necesitaban, siendo incluso a sus casi sesenta años un cliché de hombre que flirtea con mujeres mucho más jóvenes que él (en el momento de la novela con Sandra, de la edad de Hannah, tan presente en el argumento con una personalidad cargante para quienes interactúan con ella), sin escatimar en gastos en su frenético e imparable tren de vida. Desconcierta su forma de encarar tanto el estado de su primogénita como lo que concierne al destruido legado de su padre, así como lo dañado (por no decir forzado) que parece su lado emocional y lo prioritario que parece ser para él ese poderoso caballero que es don dinero. Doug me desagradó como persona, y mejor no hablar de su rol de paternal, un completo negado a la hora de despertar la empatía del lector por más que se le escude en el sufrimiento en aquel accidente náutico, pero todo empezará a encajar para brindar un sentido a todo cuando llega el momento en el que el esclarecedor final se presente.
No son muchos los personajes relevantes inicialmente vinculados a esta familia en la novela, a excepción de Jack Worth, jefe de la fábrica y mano derecha de Doug en el negocio, que la verdad desde el principio no se me antoja alguien digno de relación con el significado de su apellido (mérito) o la viuda de Schmidt, Lottie. Lógicamente está el personal tanto policial como de bomberos que tratarán de cerrar los diversos cercos que irán surgiendo en la trama (empezando por corroborar si la explosión fue provocada), así como Mark Sloane, hermano de Tracey, la aspirante a actriz desaparecida casi treinta años atrás, que por su trabajo se ha mudado a Nueva York, siendo esto un motivo para reactivar el caso por su madre. Tenemos además otros que ya el mero de mentarlos sería desgranar demasiado y me arriesgaría a restar cierto interés a los lectores potenciales que lean estas líneas; lo que sí diré es que en muchos momentos son todos estos personajes los que llegan a tener un peso argumental que incluso llegan a desbancar en protagonismo a las hermanas Connelly en los momentos en que se les cede la batuta de la acción.

La trama empieza posicionando estratégicamente las piezas de esta compleja jugada a varias bandas que poco a poco convergen, primero sin verse esos enlaces invisibles hasta que todo cobra mayor sentido a medida que van quedando menos capítulos, a medida que las piezas aparentemente imposibles de encajar se encuentra la muesca correcta que antes parecía pasarse por alto, hasta hallarse el epicentro de todos los enigmas planteados. Claramente, hay matices que pueden despertar la especulación del lector, pero este ha sido uno de esos libros que se me antojan menos previsibles de lo habitual.
El desenlace es vertiginoso, quizás un poco demasiado, porque el esclarecedor quid común de todas las cuestiones es lanzado casi a quemarropa, y el tramo de páginas restantes tras esto es tan escueto que uno debe pararse a macerarlo antes de enfrascarse en la frenética y expectante cadena de acciones y decisiones de sus protagonistas, las cuales dejan en vilo al lector hasta prácticamente la última hoja, haciendo que no todo esté dado por sentado. Y en mi caso fue de agrado y me sorprendió en generosa medida, cerrándose con mucho acierto todos los cabos en el epílogo que transcurre un año después; la autora me dejó un estupendo sabor de boca, aclarando lo importante y sustancial del argumento, dejando muy pocas cosas no realmente transcendentales a la libre especulación del lector. Así que en este aspecto (y en general) sigue manteniéndose Mary Higgins Clark en el nivel que me transmitió con Sé que volverás.

Conclusión: Enigmas y delitos rodeados de brumas. La incertidumbre rodeando al por venir de unos y nieblas que protegen secretos fangosos y verdades opacadas por mentiras en otros. Sufrimientos destinados a saldarse. Una explosión, una desaparecida y una asesinada que se encuentran inevitablemente en la intersección del destino. Sin duda, saber que le depara el mañana a la familia Connelly y a quienes acaban rodeando los acontecimientos expuestos en Temor a la verdad es algo que no se puede dejar pasar por alto. Una obra en la que Mary Higgins Clark nos hace discrepar en ese dicho de Thomas Gray de que la felicidad está en la ignorancia.

Mi valoración global: 4/5



jueves, 31 de marzo de 2016

Vendaval 1.1.4

-¡Tachán! -exclamó Mónica surgiendo con una pomposa pose de diva-. ¿Qué tal estoy?
En verdad, no necesitaba la opinión de nadie; ella sabía de sobra que estaba fabulosa. El vestido elegido por Zacarías le favorecía muchísimo, tanto en color como en forma y talle, se adaptaba perfectamente a su piel para realzar más ese cuerpo que procuraba machacarlo a diario con ejercicios físico. Los zapatos de tacón alto y el discreto bolso de diseño a juego, así como la rutilante plata de pendientes, colgante, pulsera en la muñeca derecha y anillo en el corazón de la zurda, fueron complementos que cumplían con creces con su función. Sin embargo, fue un fastidio para ella que la ignorasen así, y para más inri por lo que daba por sentado que estarían haciendo.
-¿Será posible?
Sus ojos se estrecharon por un segundo en rendijas severas formadas por sus párpados de pestañas alargadas al límite por el rimel. La musiquilla y los efectos sonoros que salían de los altavoces del plasma de cuarenta pulgadas evidenciaban lo que estaban haciendo Zacarías y Jacobo. Suspiró antes de avanzar por el enorme salón de su casa, dando más constancia de ello con cada intencionado taconeo sobre el parqué, aunque no parecieron percatarse de ello, ni siquiera al sentarse al lado de ellos en el chaise longe de cuero perlado frente a la pantalla.
No le quedó otra a Mónica que cruzarse de brazos y esperar mientras Zacarías ayudaba a Jacobo con el último juego de Zelda. Él nunca había sido forofo de las consolas, y menos de ese tipo de juegos, bien lo sabía ella; pero lo que sí que tenía Zacarías era una excelente habilidad visual y manual capaz de aplicar en cualquier situación.
-Venga, tú puedes... -no estaba claro si Jacobo estaba espoleando concretamente al jugador o al personaje, lo único evidente fue su fascinación al ver lo intocable que era Link cuando los controles estaban en las manos de Zacarías-. Ya casi... ¡Toma ya! ¡Chúpate esa, Volga!
-¿Ya habéis acabado? -preguntó Mónica con palpable y huraña impaciencia, consiguiendo al fin algo de atención-. La verdad, Jake, te emocionas con un juego de nada como si fueses un niño pequeño. No vas a asimilar nunca que estás ya en secundaria, por lo que veo.
-Habló la nueva universitaria -soltó el aludido con mordaz sarcasmo. En otra época más pueril su hermana le habría sacado los colores con esos comentarios, pero estando ya en plena pubertad su carácter empezó a consolidarse con la rebeldía propia de esos años de hormonas danzantes-. Bien que coges mi Wii U  para jugar al Just Dance y la Play para el SingStar...
-No olvides guardar la partida -terció Zacarías apresurándose en devolverle el mando a Jacobo, antes de que estallase una de esas broncas fraternales de las que era ajeno por su condición de hijo único-. No hace falta que te regale el oído, Mó, sabes muy bien que estás preciosa a todas horas -añadió al reconocer en sus ojos claras intenciones de replicar al hermano. Ese halago que dijo para sosegarla sonó más bien a hecho indiscutible en sus labios-. Ya podemos irnos, princesa.
-Hasta luego Zack -dijo Jacobo a la vez que se lanzaba en bomba sobre el sofá para enfrascarse de nuevo con la videoconsola-. Que te diviertas. ¡Ah, y gracias!
No le hizo gracia a Mónica que la omitiese, pero decidió dejarlo correr; o mejor dicho, esa era la única opción que le permitió Zacarías, quien la arrastró con cortesía hacia el recibidor, a pesar de que el deseo de estrangular a Jacobo se evaporaría justo antes de alcanzar la entrada de su casa. Se abrió fortuitamente cuando dos figuras un hombre y una mujer se disponían a entrar.
Él, algo entrado en los cuarenta, tenía toda la pinta de hombre de negocios que conservaba la buena presencia de sus años de yuppie, pese a diversas vetas plateadas en su cabello engominado. Respecto a ella, que no vestía especialmente elegante pero tampoco informal, no cabía duda de que era una década más joven, exudando todavía la juventud que aún no había empezado a decrecer en su cuerpo y su espíritu. Sin embargo, ambos adultos reflejaron en sus rostros la sorpresa y el bochorno propios de adolescentes pillados infraganti haciendo algo que no debían hacer o que se avergonzaban de su descubierto. No se esperaban a nadie nada más entrar.
Mónica sintió que se le esfumaba de un plumazo tanto el entusiasmo por salir de fiesta como el recuerdo de su pique fraternal con Jacobo, mientras su rostro palidecía y se apresuraba en borrar un claro sentimiento entremezclado de asco, incredulidad... y cierta deslealtad.
-Hola, papá -saludó al recién llegado con estoica y seca serenidad en su voz, mirándole muy fijamente antes de desviar sus ojos hacía la mujer que estaba al lado de él-. “Tita”...
Los aludidos intentaron disimular, pero Mónica estuvo segura de haberles visto sonreír con complicidad mientras abrían la puerta; y por más que Santiago, su padre, atusase la corbata ya había pillado a su tía Mercedes jugueteando con ella como queriendo arrimarle muy cerca. Demasiado y más de la cuenta, pensó. Y ya fuese para bien o para mal, la cara de simple y llana sorpresa de Zacarías le confirmó que sus ojos no erraron. Deseó exigirles explicaciones entre exabruptos y reprimendas, pero al final apretó la carne interna del labio con los dientes para no hacerlo.
-Creí que ya estabais de camino a la fiesta -bajo la usual sobriedad de su voz profunda, aún perduraba una irrisoria nota de sobresalto. Santiago no pareció captar la mirada que le dedicaba su hija, como diciéndole “vaya forma tan peculiar de devolverme el saludo”-. ¿No se os hace tarde?
-Vamos bien -le contestó automática y tajante su primogénita-. Aunque no tanto como otros.
Ese comentario claramente despectivo produjo un silencio un tanto cargado de tensión, y nadie parecía capaz de limar esa leve aspereza; sólo se oía de fondo a Jacobo jugando a la consola, ignorante a lo que pasaba en el recibidor. Sin embargo, Mónica pareció disfrutar un poco de esa circunstancia, aunque se esforzaba por no dejarse abatir por el remordimiento.
-Hoy estás muy guapa, Mónica -añadió Mercedes brindando una sonrisa sincera y cariñosa a su sobrina, esforzándose en restar violencia a la escena-. Y tú estás hecho todo un galán, Zacarías.
-Sé que estoy guapa -terció su sobrina, dejando al joven que la acompañaba con la palabra en la boca-. Y eso es porque lo soy, y lo mismo se puede decir de Zack.
-Será mejor que nos vayamos ya, Mó, por si el tráfico nos traiciona -comentó Zacarías arrimando a Mónica hacia sí en un medio abrazo para acompañarla fuera de la vivienda, sabiendo lo contraproducente que estaba siendo la situación-. Hasta luego, Santi, Merche.
Los que estaban junto a la entrada, algo pasmados por esa actitud de la muchacha tan difícil de digerir, no añadieron nada más; tan solo se apartaron para dejarles paso. Con tal osadía ponzoñosa y altiva caminó Mónica, que era muy probable la posibilidad de arrollarlos a su paso sin miramientos si no se hubiesen movido.
-¿Hacía falta que te metieras a fondo en el papel de arpía herida, rencorosa y amargada salida de un culebrón barato? -preguntó Zacarías con prudente sinceridad cuando estuvieron a solas en el ascensor-. Y luego quieres dar lecciones de madurez a Jacobo.
-Déjame tranquila -espetó desquitándose con el botón de la planta baja. Su arrebato estaba en un tira y afloja con el remordimiento al que llevaba rato resistiéndose-. Sabes de sobra que esta familia lleva años lejos de convertirse en una secuela de La Casa de la Pradera.
-Una cosa es que seáis independientes y tiréis cada uno por vuestro lado y aún así os queráis y os importéis de verdad -argumentó nada más iniciarse el descenso del ascensor-, otra bastante distinta es que quieras hacer daño de manera ilícita e intencionada a un padre que nunca se ha portado mal contigo y que te quiere mucho más de lo que puedas imaginar.
-Eso ya lo sé -admitió Mónica entre resoplidos, mientras oteaba su sutil capa de maquillaje en el espejo al fondo del cubículo, por si se hubiese estropeado con su irritación. De paso, se colocó bien un par de mechones de sus cabellos, los cuales había ondulado un poco y recogido en una coleta a la altura de la oreja izquierda-, pero... ¿Es que no has visto lo mismo que yo?
-Claro que lo he visto. Pero lo que no veo es el problema que al parecer tú sí puedes ver.
-No me busques la boca.
-¿Tanto te jode que se plantee rehacer su vida después de tantos años? ¿O te cabrearía menos si hubiese sido con cualquier desconocida en vez de la hermana de tu madre?
No recibió respuestas en lo que quedó de descenso, pero Zacarías no las necesitaba. Conocía demasiado bien a Mónica, y por su silencio, la mirada perdida en la nada y el hervidero de emociones opuestas que debía estar cociéndose en su fuero interno, supo que esta vez tampoco estaba él demasiado desencaminado. La joven continuó excesiva y forzadamente callada incluso después de salir del ascensor una vez que habían llegado a la planta baja.
-Sabes muy bien que tu madre es insustituible para él -prosiguió sin importarle que ella se cerrase en banda, rompiendo ese silencio que perduró más allá de dejar atrás el céntrico edificio. No le sorprendió verla tensa y andando un metro por delante de él, aunque sus palabras lograron que aminorase el ritmo-. Ya me hago una idea de la lista de sandeces que están desfilando por tu cabeza.
-Creía que él la amaba de verdad -contestó Mónica con actitud algo más relajada. Parecía medio absorta en un pasado diluido pero aún así imborrable-. Yo no recuerdo mucho, ya sabes que mamá murió al poco de nacer Jake y yo a penas iba a párvulos, pero tía Merche siempre me contaba lo mucho que se querían, con ese tipo de amor tan envidiable como aborrecible... E incluso a esa edad tan inconsciente supe lo derrumbado que se quedó papá cuando murió en ese accidente. Por eso jamás pensé que se plantearía rehacer su vida con otra, y menos después de tantos años.
-Eso no significa que halla dejado de amarla o que la quiera menos; y permíteme que te diga que en estos tiempos ningún hombre que enviude tan joven como enviudó él duraría tanto sin siquiera echar una canita al aire. Le honra haber respetado la memoria de tu madre, al menos que tengamos constancia clara de ello, todo este tiempo; pero también se merece buscar de nuevo un poco felicidad en ese terreno, aunque quizás no llegue a ser tanta como la que tuvo con ella.
»No se puede vivir siempre de recuerdos y pena -añadió renovando sus pasos y cogiéndola de la mano. Sacó del bolsillo la llave de su coche al estar cerca de donde lo estacionó. Mónica se mostró más mansa y alentada, el contacto físico y las palabras de Zacarías fueron como un bálsamo para ella-, y admite que se merece vivir para algo más que trabajar o estar pendiente de sus hijos. La soledad es muy mala, Mó, y más si se le pasa por la cabeza la realidad de que eres toda ya una mujer que tarde o temprano dejará el nido, y lo mismo verá en Jacobo en unos cuantos años.
-Dices eso último como si fuésemos a mandarle ya a una asilo, ya te vale.
-Ya me entiendes.
-Sí, sí... -se apoyó sobre el capó cuando llegaron al pequeño Peugeot 206 Cabriolet plateado de Zacarías, sin miedo a ensuciar su lindo y caro vestido sabiendo que su dueño siempre lo mantenía impoluto-. Mi madre debe estar también hartita en el otro barrio de que él siga siendo un adicto a la viudedad, aunque tenga que compartirlo con su propia hermana. Precisamente me choca que sea con ella, si ni siquiera nos lo habíamos olido lo más mínimo. Merche siempre ha estado pendiente de nosotros dos, pero me es raro que algún día pueda ser mi madre además de mi tía.
-Creo que eres mayorcita para tener esos traumas de malvada madrastra de cuento -alegó después de activar la apertura remota del coche-. Lo que hagan tu padre y tu tía entre ellos no tiene porqué afectar a lo demás. Quitando el hecho de que se atraigan, yo lo veo todo como siempre.
Ya ambos dentro del coche, Mónica apoyó la cabeza en el hombro del conductor.  Consideró irónico que en menos de una hora pasara de consoladora a consolada.
-¿Ves? Sigo diciendo que deberías estudiar psicología en lugar de derecho, Zack.
-Bueno, piensa que puedo ser muy convincente ante un jurado con esta labia que tengo.
Ella sonrió, y eso le gustó a Zacarías, quién deseaba ver a su Mó de siempre. Cuando él echó  mano sobre la palanca de freno tras arrancar el motor, ella posó la suya encima con cariño.
-Te propongo un trato: olvidemos tus neuras y las mías, al menos por hoy. Esta noche toca divertirse y ya tendremos tiempo para hablar de estos temas en momentos menos intempestivos.

-Por mí perfecto -contestó él con una sonrisa-. Y ahora te pido que te abroches el cinturón.

martes, 29 de marzo de 2016

Crítica personal: Perturbado

Título: Perturbado
Título original: Pacific Heights
Autor: Paul Harper
Editado en España por: Roca Editorial

Sinopsis:

Cuando un detective que no existe tiene que investigar un caso del que nadie debe enterarse, sólo puede tratarse de que alguien intenta cometer el asesinato perfecto.

Marten Fane no figura en ningún directorio. No se le encuentra a no ser que quiera que lo hagas. Y no acepta casos comunes. De hecho, casi nadie lo conoce por su nombre real. Vera List, una reputada psicoanalista, consigue ponerse en contacto con él a través de la mediación de un conocido. Su situación es desesperada: dos de sus pacientes han estado hablándole desde hace tiempo de sendas relaciones extramatrimoniales que han mantenido. En ambos casos, los encuentros prohibidos y los juegos sexuales son exactamente la vía de escape que las dos habían estado buscando para sus aburridas vidas. Cada detalle perverso es tal y como ellas lo habían imaginado, pero ése es precisamente el problema.
Vera se ha dado cuenta de que algo no cuadra, y su sospecha es sobrecogedora: se trata del mismo hombre y ese perturbado ha entrado en los historiales que la psicoanalista guarda de cada una de sus pacientes para conseguir colarse en sus mentes y hacer con ellas su voluntad. Cuando List le cuenta a Marten Fane cuál es la situación, poco imagina las intenciones reales del manipulador o la trama de poder que se oculta tras lo que no era más que una simple relación de adulterio.

Crítica personal (puede haber spoilers):

Aquí tenemos otra de mis incursiones al género policiaco y detectivesco, al cual me dejo caer de vez en cuando. Esta vez en compañía de Marten Fane, un hombre con un pasado vinculado a diversos organismos policiales y de inteligencia de Estados Unidos que en el momento presente de la novela trabaja discretamente por su cuenta. En esta ocasión, atiende el caso peliagudo y delicado de la psicoanalista Vera List, la cual llega a saber de él y sus servicios a través de Shen Moretti, un conocido de ambos. Dos pacientes suyas, Elise Currin y Lore Cha, que no tienen nada que las vincule de manera directa entre sí (dejando a un lado el hecho de que sus respectivos maridos son hombres conocidos, con poder e influencia en la sociedad por los terrenos en los que cada uno de ellos se mueve), salvo el factor común en la figura de un amante entre las más apartadas bambalinas de sus vidas. Sin embargo, Vera percibe en sus sesiones con cada una de ellas las similitudes entre sus idilios amorosos, que sus amantes son capaces de desentrañar sus fantasías más íntimas e incluso detalles cruentos de sus pasados, como si sus mentes y sus corazones fuesen cajas que él abre y hurga a su antojo sin consideración alguna ni permiso de ambas mujeres que son sutilmente manejadas. Y lo que hace más perturbador aún a los amantes de Elise y Lore, es que la psicoanalista está segura de que son en realidad un único hombre del que las dos ignoran compartir, y que de algún modo ha llegado a lo más hondo de ellas accediendo a sus historiales.
Marten acepta el caso, a pesar de lo arduo que pinta, a pesar de que su cliente exige presura y, sobre todo, discreción total, sin que llegue a trascender a las dos principales afectadas y mucho menos al conocimiento judicial y público. Sin embargo, no será tan fácil llegar a buen puerto a pesar de todos los recursos que dispone este peculiar detective y el equipo que trabaja con él, siendo muy posible que Vera deba ceder en más de una exigencia si desea evitar un desenlace peor.
Del mismo modo, a parte de ponerle freno, también deberán descubrir qué fines mueve al amante de Elise y Lore para tejer esa red de manipulaciones.

El libro se divide en seis partes; o más bien siete si se cuenta el primer capítulo, que podría considerarse un prólogo aunque no se nombre como tal, una escena entre una de las pacientes de Vera con su amante. El caso que se presenta ante Fane comienza en la Noche del lunes, la primera de las particiones reales del manuscrito de los capítulos 2 al 7, siendo seguidas por Martes, del 8 al 16, Miércoles, del 17 al 25, Jueves, del 26 al 36, Viernes, del 37 al 46, y finalmente el capítulo 47 clasificado como Epílogo (tres meses después). Es una historia intensa que ocurre en un periodo que a penas roza la semana a lo largo de casi 280 páginas; aún así, me resultó una lectura más lenta y ardua de lo que pudo parecerme en un superficial principio, pese a su cierto dinamismo.
Nos adentramos en la investigación de Fane, en el cauce que arrastra a Elise y a Lore a raíz de los idilios que viven y que se tornan cada vez más tortuosos; de igual modo en la preocupación de Vera List y su responsabilidad con sus dos pacientes que tratará de proteger en lo posible, a parte de sí misma y la privacidad del resto de personas que acuden a su consulta. A pesar de la experiencia y los recursos de este peculiar detective, no será tan fácil cerrar su cerco sobre ese individuo, pero Marten nunca acepta un caso que no sea capaz de afrontar.
El lector además será un testigo, de manera gradual, de las maquinaciones de ese amante, lo que le ha llevado a escudriñar los historiales psicoanalíticos de esas dos mujeres, a cortejarlas y ser amante a dos bandas con una carencia de escrúpulos indudable, así como se impulsa a utilizar con perfidia e intención lo que conoce de ellas hasta volverse en algo ponzoñoso por debajo de la dulzura que las atrajo a sus brazos.
                        
La historia está muy bien planteada y expuesta (en tercera persona), siendo prometedora aunque con cierta incertidumbre desde sus primeras líneas. La intriga se mantiene constante y firme a lo largo de los capítulos, una novela de detectives que cumple muy bien su función y que creo que cubre a raja tabla lo mínimo que se puede esperar en un título de este género. Sin embargo, en otros aspectos puede resultar una trama un algo lineal y con una profundidad limitada en contextos más allá del asunto principal que expone el autor.

Un punto fuerte es el estilo de Harper, metiendo bien al lector en cada escena de esta composición de intrigas e investigación. Es abundante, pero sin excesos, en detalles del escenario elegido, San Francisco; una ciudad que para mi criterio hace ganar atractivo a la novela. También proporciona buenos detalles del lenguaje corporal de cada intérprete de esta trama, brindándoles de sobrado realismo como para vislumbrar cada gesto; un aspecto que me agradó a la hora de leer algunos personajes, como por ejemplo Lore Cha.

Son pocos los personajes que tengan mucho de aportar de sí mismos en esta novela, pero aún así algunos consiguen transmitir al lector.
A lo largo del caso que acepta, llegamos a saber de manera condensada lo más relevante del pasado de Marten Fane y de su forma de ser. Sin embargo, es prácticamente lo único que le aporta profundidad al protagonista, no es un personaje plano pero que personalmente esperaba algo más, aunque cumple con el rol que le corresponde. A fin de cuentas, un detective que trabaja discretamente a su modo, con gente que colabora con él dentro de sus métodos, curtido en sus experiencias policiales y en los servicios de inteligencia; él inspira seguridad y confianza de ponerse en sus manos y que desde luego los enigmáticos costes de sus servicios están más que justificados.
Vera List es una psicoanalista que antepone mucho a sus pacientes, considerando igual de importante o incluso más la integridad y privacidad de todos ellos como el peligro que pueda correr su trayectoria profesional ante el ultraje de que alguien tenga la facilidad de acceder a los expedientes que religiosamente custodia. Una gran pérdida en su terreno personal no mucho tiempo atrás se visualizará en Perturbado, que de algún modo se convertirá en uno de tantos elementos que la harán confiar más en el detective y su buen juicio, aunque signifique tomar medidas que su excesivo sentido de protección a sus pacientes no aceptaría en un principio.
Elise y Lore son realmente contrarias pero con similitudes conexas y hasta complementarias; quizás lo que hace más razonable la elección de estas dos mujeres por parte del antagonista de la historia para sus propósitos, comparando las reacciones de la una y la otra. Ambas, en particular Elise, han sido castigadas por la vida y no son en verdad felices a pesar de tener una vida que muchas otras envidian, aunque para ello sean “mujeres florero”. Lore es temperamental e impaciente, derrocha seguridad pero que en su núcleo emocional esconde un lado frágil que en todo lo posible doma para no verse superada ni derrumbada por las circunstancias adversas. Elise es una mujer realmente marcada desde su infancia por los avatares que le ha ido acolitando a lo largo de su vida; esto la convierte en el personaje con la personalidad más profunda, con un buen desarrollo y de los más ricos en detalles de su pasado. Es vulnerable y bastante dócil, pero incluso con esa fragilidad ha sabido mantenerse a flote, y en su interior atesora una fuerza aún mayor que de ella depende sacarla a relucir o no en la crisis que en un comienzo desconoce ser víctima. Elise es por la que he sentido más compasión de las dos, entre tantos motivos por ejemplo este fragmento muy al comienzo de la historia, en el que Vera habla sobre ella con Marten:
-Desde que empezó la aventura −preguntó Fane−, ¿habla de algún tema más, tiene otras preocupaciones?
Vera inclinó la cabeza ligeramente hacia un lado y frunció el ceño.
-Los temas y las preocupaciones no han cambiado mucho que digamos, pero tal vez ahora los aborde de una forma algo distinta. En cierto modo la aventura la ha… aliviado del aislamiento de su matrimonio.
-¿Aislamiento?
-Los floreros se ponen en las repisas de cristal de las vitrinas. Cogen polvo. Nadie los toca en mucho tiempo.
De entre el equipo que trabaja con Fane en este caso, destacaría a dos. Por un lado Shen Moretti, conocido de la psicoanalista quien le sugirió los servicios del detective cuando ella le expuso su problema. De madre china y padre italiano, según el protagonista con rasgos capaces de mutar sutilmente pareciendo más chino o más europeo según el día. No tiene una gran participación en la historia pero hay momentos en los que él goza de su grado de relevancia.
Sin embargo, la más destacable sin duda es Roma Solís, una colombiana que siguió los pasos de su padre policía que sufrió un gran golpe en su vida como mínimo igual de contundente que el de Fane en el pasado. Podría considerarse la mano derecha del protagonista, pues buena parte del trabajo de campo lo dirige y supervisa ella misma con excelente mano. Entre ella y Fane parece flotar una empatía y cierta simbiosis confidente que parece ir un poco más allá de la amistad y el trabajo pero sin palparse del todo un posible romance futuro; son capaces de apoyarse mutuamente de sus aflicciones pero respetando sus respectivos espacios emocionales. Por lo menos en lo que a lo “laboral” existe una sincronía y una confianza indudables entre ellos dos.
Y por supuesto, está ese perturbado que da nombre al título de la edición española. Un hombre que a medida que avanza la trama demuestra su moral quebrada y mutilada, tras descubrirse los motivos que lo mueven a manipular con perfidia a Elise y a Lore; así como su capacidad de sacar provecho de la gente para sus fines, algo que no se limita a sus dos “amantes”. Un antagonista no del todo desechable, capaz de causar estragos sin tener que ensuciarse las manos, un hombre que evidencia muy bien ese dicho que reza que se cazan más moscas con miel que con vinagre.

La trama en sí es impecable hasta el último segundo de este caso contrarreloj, con una mejora que despunta en los últimos capítulos antes de resolverse, por así decirlo, todo el intríngulis por el que el protagonista fue contratado; aunque por el contrario el epílogo me defraudó un poco, dejándolo muy en el aire al tratarse el primer libro de una serie protagonizada por Marten Fane y que no me instó tanto al interés por más sobre este detective (personalmente, aunque ofrece bastante del pasado de su protagonista que despiertan interés, al final se me antojó poco más que un ni fu ni fa). Supongo que algunos cabos sueltos que pude apreciar en sus páginas se ahondarán en libros posteriores a éste; segura y claramente lo que guarda Marten en el baúl de sus recuerdos. Además, como ya comenté, no considero que los personajes den tanto juego más allá del asunto principal de atrapar a ese perturbado; también me esperaba algo más de ellos, pero tampoco me han defraudado en términos generales.

El título de la traducción española parece muy adecuado para referirse al antagonista, aunque el título original (Pacific Heights) cobra más sentido por ser una zona de ese escenario que es San Francisco, concretamente por ser la que reside su protagonista principal.

Conclusión: Una historia de detectives nada desechable, bastante entretenida, con una trama de ritmo fluido pero que a veces decrece su dinamismo. Un caso realmente peculiar, en el que nos demuestra que puede hacerse auténtico daño a otros sin necesidad de armas ni violencia, y que la coacción puede ser tan sutil como efectiva.


Mi valoración global: 3,5/5

miércoles, 23 de marzo de 2016

Crítica personal: Las Crónicas de Magnus Bane

Título: Cazadores de Sombras – Las Crónicas de Magnus Bane
Título original: The Bane Chronicles
Autoras: Cassandra Clare, Sarah Rees Brennan, Maureen Johnson
Editado en España por: Destino

Sinopsis:

Ser Magnus Bane no es fácil. Como es un brujo, siempre tiene que solucionar los problemas de otros. Su vida ha sido larga, y ha tenido muchos amores. Y ha sabido estar en el lugar correcto en el momento adecuado (bueno, a veces no tanto): la Revolución Francesa, el gran apagón de la ciudad de Nueva York, la primera batalla entre Valentine y el Instituto de Nueva York… Pero ayudar a huir a María Antonieta no tiene comparación con amar a una vampira como Camille Belcourt o tener la primera cita con Alec Lightwood.
Y si bien la leyenda se sigue creando, estas historias nos revelan su carácter, a menudo misterioso y desconocido. ¿Qué pasa cuando un brujo inmortal se vuelve loco? ¿Todos los Herondale dan tantos problemas como Will? (Respuesta: sí) ¿Qué fue lo que pasó realmente en el hotel Dumort? ¿Cómo se convirtió Raphael Santiago en vampiro? ¿Qué le comprarías a un cazador de sombras que te gusta pero con el que aún no estás saliendo? Y ¿por qué Magnus tiene prohibida la entrada a Perú?

Para Magnus sería imposible contar todas y cada una de sus historias. Nadie le creería. Aquí hay once relatos que descubren algunos secretos… que seguro él no querría que se hubiesen revelado.

Crítica personal (puede haber spoilers):
Extremadamente preferible haber leído con anterioridad tanto los seis libros de Cazadores de Sombras (The Mortal Instruments) como la trilogía Cazadores de Sombras: Los Orígenes (The Infernal Devices) para comprender en plenitud esta obra, así para evitar spoilers de los mismos.

Creo que la mayoría de los lectores incondicionales de la famosa saga de Cassandra Clare se habrán enamorado (en un sentido u otro) del excéntrico gran brujo de Brooklyn. Y tengo por seguro que esta publicación es todo un regalo para quienes nos hemos encariñado de Magnus. ¿Quién no ha sentido deseos de conocer más de su larga vida de inmortal, incluso más atrás del Londres Victoriano de Tessa, Will y Jem? ¿Qué correrías, amoríos, juergas, riesgos, alegrías y penas habrá experimentado a lo largo de los siglos y que dejaran una importante mella en él? Pues Las Crónicas de Magnus Bane traerá una buena dosis de satisfacción a esas curiosidades.
Sería imposible sondar por entero toda la historia de este gran personaje, pero en este título uno puede hacerse una idea de su vida y su personalidad con esta selección de episodios trascendentes de su dilatado periodo de existencia (aunque quizás más de uno, como mi caso, le hubiera gustado desgranar aún más sus primeros años de andanza por el mundo de los mundanos).

Estas once historias son de índoles dispares, pues veremos que este brujo ha sido testigo de momentos históricos reales (como la Revolución francesa o el Crac del 29 en Nueva York), pasando por sucesos que están más relacionados con los Subterráneos y los nefilim. Y por supuesto tampoco podía faltar uno de los mayores intereses de los fans de Magnus: retazos del que posiblemente sea el más grande de sus amores: el cazador de sombras Alec Lightwood.
En general, estos relatos están colocados cronológicamente; y por la manera adecuada de posicionarlos entre sí permite apreciar en buena parte el desarrollo del propio Magnus en cada época que vive, a medida que años, décadas y siglos avanzan sin que le afecten (por lo menos de fachada) como a la mayoría de seres corrientes.
Vemos junto a él como el mundo cambia, como se desplaza con bastante frecuencia por el globo, sobre todo en busca de lugares tan exóticos como él mismo; pero el lector verá como su corazón acaba divido principalmente entre Londres y Nueva York, ciudades que por un motivo u otro se vuelven los lugares que más llega a sentir la necesidad de volver más tarde o más temprano, ya sea en unos años o décadas, con todo lo agradable y doloroso de las vivencias pasadas en ambos.

Uno de los mayores alicientes de este título, a parte de ahondar más en un gran personaje, es que complementa aún más los libros ya publicados por acontecimientos con mayor o menor relevancia, directa e indirectamente, tanto a las respectivas tramas como a los personajes de las mismas que participan en estas crónicas.
Un claro ejemplo son momentos relacionados con Los Orígenes (The Infernal Devices), tanto previos (con Vampiros, Pastelillos y Edmund Herondale) como posteriores (El Heredero de Medianoche) a los acontecimientos narrados en dicha trilogía. Precisamente es en el último de estos dos, situado un par de décadas tras los acontecimientos de Princesa Mecánica, donde se indaga un poco lo que fue de parte de los habitantes del Instituto de Londres, así como su descendencia; y queda claro que no todo iba a ir tan bien en sus vidas por demasiado tiempo, como muy a su pesar comprueba el propio Magnus. Sin duda dicho relato, que se queda la cosa bastante en el aire en su final con un halo de incierto misterio, hace de evidente anticipo y gancho para The Last Hours, la futura trilogía y secuela directa de The Infernal Devices y que, a su vez, estará conectada con la (en el momento de publicar esta crítica) recién estrenada trilogía The Dark Artifices (una relación entre ambas tramas, al parecer, idéntica a la que une The Mortal Instruments y The Infernal Devices). Admito que logra despertar la expectativa para seguir esta saga cuyo ocaso no parece divisarse.
Tampoco podían faltar sucesos relacionados con la saga principal (The Mortal Instruments), como por ejemplo sobre el Círculo de Valentine y el verdadero comienzo de la historia de Clary Fray en La Última Batalla del Instituto de Nueva York.
Además, menos centrados en la trama principal pero sí repercutiendo en lo personal de su parte de su elenco (y sobre todo el propio Magnus). El Auge del Hotel Dumort y La Caída del Hotel Dumort despiertan interés por lo que pueda haber sucedido a destacar en la historia de ese edificio emblemático de la saga, sobre todo el origen de que se convirtiera en la morada de los vampiros de Nueva York; Salvar a Raphael Santiago nos acerca más a este vampiro que ha tenido bastante que decir durante el trayecto entre Ciudad de Hueso y Ciudad del Fuego Celestial.
Magnus ha amado a muchas personas a lo largo de su existencia, entre mundanos, Subterráneos e incluso cazadores de sombras; mujeres y hombres casi por igual pero quizás con cierta predilección por su mismo sexo; amando irremediablemente tanto a personas que les corresponden como si de antemano sabe que sería un amor más bien platónico; pero ante todo que al final lo que toque su corazón sea la persona en sí por encima de su canon ideal de la combinación del cabello negro con los ojos azules.
Y Alexander “Alec” Gideon Lightwood parece para Magnus el roto para su descosido desde la primera vez que lo ve, por más que sea un nefilim. Con los relatos ¿Qué comprarle a un cazador de sombras que tiene de todo? (y con el que, de todas formas, no estás saliendo oficialmente); El curso del amor verdadero (y las primeras citas); y El buzón de voz de Magnus Bane, más de uno se quedará saciado con una buena ración de esa relación tan adictiva para buena parte de los lectores que recibió el nombre de “Malec”.
Como menté más arriba, resultan singulares los capotazos que ha dado Magnus en hechos históricos. La reina fugitiva me agradó bastante, una historia que no tiene desperdicio en la que se nos ofrece la presencia e intervención de nuestro brujo favorito en un momento famoso de la humanidad pero sin conseguir con ello méritos o cambios en el mismo.
En buena parte de la novela estarán presentes sus buenos amigos brujos (Ragnor y Catarina), a destacar Lo que realmente ocurrió en Perú, donde se atisba (sobre todo Ragnor) lo que implica para bien o para mal tener a Magnus como una de tus más cercanos y longevas amistades; y de paso esclarecer ese guijarro lanzado en cierto momento de la saga de que no pueda pisar terreno peruano.

Fue muy grato ver en este caso que Cassandra Clare sigue defendiendo con poderío ese bastión que es mi enorme agrado por su estilo narrativo y creativo (como buenamente he dejado claro en todas mis reseñas de su saga), con Sarah Rees Brennan y Maureen Johnson como excelentes escuderas para no la fácil misión para crear estos fragmentos del pasado, la vida y las emociones de uno de los personajes más aclamados de esta saga.
Igualmente agrada que las estilográficas de las dos cooperantes encajen en sincronía con la de la autora.

Como es en habitual en el universo de los Cazadores de Sombras, la voz narradora es la tercera persona; aunque roza mucho la primera persona porque todo gira en torno a Magnus, en lo que hace, lo que ve, lo que piensa y lo que siente; como si él fuese un narrador indirecto a demás de, por primera vez aquí, un protagonista principal.
Esta es sin duda una edición muy atractiva más allá de lo evidente. Antes de que el lector se adentre directamente en cada relato, éstos están precedidos por su título con un pequeño extracto del mismo para abrir boca, y justo después una página de cómic en blanco y negro (obras de Cassandra Jean) que representa un instante de dicho relato (no necesariamente el mismo que el extracto antes citado). Son detalles como estos los que hacen de un libro todo un regalo para cualquier lector de este género, y en especial para quienes admiran este universo cautivador.

Magnus Bane. Creo que este personaje ha dejado muy marcado quién y cómo es él a lo largo de los nueve libros que componen The Mortal Instrument y The Infernal Devices. Sin embargo, aquí se desgrana mucho más de este brujo tan carismático, haciendo incluso que todo lo conocido de él antes de esta lectura sea poco más que la punta del iceberg. Siempre he tenido la corazonada de que podía ofrecer incluso más si cabe de lo que él parecía ocultar tras su frecuente actitud llena de frivolidad y sus más bien falsas negativas iniciales de implicarse con los protagonistas (sobre todo si tiene que utilizar sus recursos mágicos, más si es de manera gratuita); y aquí se confirma.
Puede que el concepto de la inmortalidad, con el paso de los siglos, implique la pérdida de la chispa que muestran los mortales mundanos. Sin embargo, Magnus refleja en este libro su lado más sentido, mucho más de lo que cabía esperar en quien ha vivido durante siglos transitando una época tras otra; encontrando el amor entre Subterráneos, mundanos y hasta entre los nefilim, con sus fracasos incluso con la garantía de la inmortalidad por la otra parte, con sus pérdidas y pesares por la fecha de caducidad que supone el envejecer y finalmente morir de muchos de sus amantes. Un corazón muy humano bajo toda la magia brindada por su sangre demoníaca, incapaz en la mayoría de las veces no mojarse incluso en locuras cuando su fibra es tocada; pero también llega a refrenarse en más de una ocasión para precisamente evitar sufrir demasiado por su propia humanidad.
Por supuesto, sus extravagancias no podían faltar, una virtud que ha sido una constante suya sin importar la época o nación del globo que haya tenido la dicha (o desdicha) de que su calzado (sin duda estiloso, como siempre) haya pisado. No hay que olvidar que él es glamour… en todos los sentidos.
Si te emocionaste, reíste o lloraste con Magnus en su paso por las nueve novelas en las que ha aparecido previamente, en sus crónicas seguirás esa misma estela.

Las Crónicas de Magnus Bane regala un generoso número de personajes circundando estos trozos del camino andado por su protagonista, ya sean mundanos, Subterráneos o nefilim; tanto si son relevantes o no en las novelas publicadas, caras conocidas y nuevas casi por igual. Además, brinda también la oportunidad de diseccionar mejor la personalidad y las emociones de quienes de verdad importan tanto para Magnus como en los distintos arcos argumentales de la saga; no con la intensidad que se vuelca en el brujo pero con una riqueza de detalle elevada incluso para la pasada superficial que sus líneas reflejan.
Aquí conocemos mejor aún a sus mejores amigos dentro de los Hijos de Lilith: Ragnor Fell y Catarina Loss, los cuales gozan de una presencia bastante acentuada a lo largo de estos retazos de la dilatada vida de Magnus. El brujo de piel verde se caracteriza por un sentimiento de afecto y fobia equilibrados hacia su amigo, siendo muchas veces sufridor de las peripecias y los disparates que este le haya arrastrado a lo largo de su amistad; mientras que la altruista bruja sanadora de piel azulada es la confidente que derrocha comprensión y paciencia tanto para ayudar a su bien apreciado Magnus como para ejercer de mediadora que lime las asperezas entre éste y el amigo común. Ambos han sufrido como todo brujo por el origen de su concepción y la diferencia de ellos que tanto recelo y odio llega a despertar en los mundanos, sobre todo en sus progenitores y en las épocas que vieron por primera vez el mundo; pero tanto él como ella han afrontado sus vidas siguiendo los dictados propios que se explican en la presente, al igual que Magnus, tres caminos diferentes en mayor o menor medida pero que no resta que puedan caminar paralelos en su equilibrado (y un poco tópico) trío de amistad.
Raphael y Camille son posiblemente, hasta la fecha, los Hijos de la Noche con mayor relevancia en el universo de Cazadores de Sombras, y ellos tienen cabida aquí. Ella claro está por la evidente relación sentimental que mantuvieron en el Londres Victoriano; pero de él, personalmente, no me cabía esperar tanto, aunque en ciertos momentos de The Mortal Instruments (sobre todo en Ciudad del Fuego Celestial) hay evidencias más o menos difusas de cierto vínculo con Magnus más allá de las circunstancias del argumento o que ambos fueran del escalafón jerárquico de sus respectivas razas en Nueva York. Por un lado, el origen de la conversión de Raphael consiguió ganarme un poco más de simpatía hacia él, ya que en general no me atrajo demasiado en sus apariciones en la trama “principal” de esta saga; mientras que la pérfida tentación rubia con colmillos ofrece aspectos importantes sobre ella misma, sobre todo de cómo empezó su relación con Magnus, pero también se vislumbra que su fortaleza interior no llega tanto a la altura de las expectativas de poder y gloria que fragua en sus deseos.
Era de esperar que los nefilim tuvieran aquí notable presencia. Viejos conocidos para los fans serán su mayoría, pero también otros se presentan para futuras publicaciones, junto a un generoso número de estos semiángeles que aparecen para su participación justa y funcional (de estos últimos destacaría a los Whitelaw, los predecesores de los Lightwood en llevar las riendas del Instituto de Nueva York). Por mentar algún ejemplo, me gustó ver plasmado en su apogeo al Círculo de Valentine y su propio cabecilla en esa visión radicalmente idealista antisubterráneos que los unía, con personajes como Luke, Maryse, Robert e incluso Stephen Herondale en una juventud cuyos actos indómitos y su fe y lealtad desmedida hacia Valentine los nubla y, en mayor o menor medida, les pasará una factura que siempre recordarán incluso en el comienzo de Ciudad de Hueso; pero por lo que respecta al primer antagonista de The Mortal Instruments, éste no supone una variante real al comparársele con su yo más maduro, salvo quizás que en este caso es más descaradamente cruel, sin esa frialdad calculada y esa inteligencia manipuladora que le caracterizan. También me resultó agradable volver a leer a Tessa, Will y Jem, sobre todo en el futuro cercano a la caída del Magister; y esto puede despertar añoranza a quienes disfrutaran con la trilogía en la que se dieron a conocer, al mismo tiempo que se empieza a conocer la siguiente generación que promete (tanto queriendo o no) seguir la estela de sus predecesores en formar parte de algo relevante en la historia del mundo de sombras en el que viven.
Pero es Alec quien despunta en esta novela de entre su gente por la relación que se fragua con este brujo más allá de la profesional necesidad que los cazadores de sombras llegan a tener de sus servicios de brujería. El primogénito de los Lightwood da en estos relatos más a conocer de su personalidad, y sobre todo de lo mucho que llega a desbordar en él todo lo nuevo que se presenta ante él y que había considerado tabúes (como flirtear o tener una cita con alguien de su mismo sexo, y Subterráneo para rizar más el rizo). Si Alec me caía en bastante gracia con anterioridad, aquí siguió sin defraudarme, sobre todo al comprobar lo que incluso su mera mirada puede producir en un personaje de la talla y la experiencia en la vida como Magnus.

La portada, por supuesto, sigue siendo tan atrayente como todas las que se han utilizado en la saga, con la peculiaridad de utilizarse claramente a Godfrey Gao como modelo (quien interpretó a Magnus en la adaptación cinematográfica de Ciudad de Hueso).

Cada historia casa bien con el concepto de autoconclusión. En algunos casos terminan cerrados, otros terminan en un reguero difuso de pisadas para marcar que no todo puede ser sabido incluso por el lector y que se debe quedar en el fuero interno de Magnus; y evidentemente otros simplemente forman ramificaciones acertadas para complementar extenso árbol que es el macrouniverso de los Cazadores de Sombras, ahondando más en pasado, presente y/o futuro no sólo de tramas ya publicadas sino de lo que la autora amenaza con ofrecernos en los años venideros a la redacción de esta opinión personal.
Pero por encima de todo, realza el trasfondo con soberbio acierto todo lo que gira a Magnus.

Sin duda funcionó la mecánica utilizada con estas crónicas, muestra de ello fue que la repitieran con Historias de la Academia de Cazadores de Sombras, la cual gira esta vez en torno a Simon Lewis y que ofrecerá mucho que decir no sólo de este personaje y su futuro tras Ciudad del Fuego Celestial, sino también a los arcos de The Dark Artificies y The Last Hours.

Conclusión: Mucho se ha leído y conocido del fabuloso y glamoroso gran brujo de Brooklyn, pero en este tomo se constata que este personaje podía dar más aún; y seguramente (o por lo menos eso espero en lo personal) no será lo último que se sepa de él. Sin duda, una lectura obligada tanto para los que hayan disfrutado de la obra magna de Cassandra Clare como para los que hayan caído víctima de los hechizos y encantos de Magnus Bane.


Mi valoración global: 5/5