Phil M. Noir es el detective
privado más desquiciado de New London. Con un abrigo ajado, mal afeitado y
renqueante, recorre las calles más sórdidas de la ciudad tratando de elucidar
los oscuros asuntos de sus clientes, como el de una viuda de riguroso luto y
piernas deslumbrantes cuyo marido ha sido asesinado en un ajuste de cuentas. De
bar en bar y de informador a informador Noir persigue esa confidencia que le
acerque al asesino.
Pero esta particularísima novela
negra lo tiene todo menos una línea recta que conduzca a desenmascarar la
identidad del asesino.
Coover está considerado uno de los
escritores más innovadores de la actualidad y su obra ha sido publicada en más
de treinta países. Noir es su novela
más reciente.
Crítica
personal (puede haber spoilers):
Casi al tuntún pillé este libro en la biblioteca en su momento,
improvisando la búsqueda de nuevos sabores literarios… y mi paladar lector no
se sintió muy satisfecho que digamos con este.
Un detective privado que recibe el encargo de una viuda adinerada, la
cual sospecha que la muerte de su marido fue un asesinato y no un suicidio como
aparenta, por el evidente motivo económico con un socio. Esta es la base de
partida que a priori no la haría tan diferente de cualquier otra novela negra
como cualquier otra. No estoy demasiado puesto en este género, pero me ha
dejado sorprendido tanto para bien como para menos bien (sobre todo, en lo
segundo).
En más de un momento, debido a lo pesada e incluso confusa que me estaba
resultando la trama, me tentó la idea de olvidarme de este libro; pero como no
es justo prejuzgar (y mucho menos evaluar) sin desentrañar hasta el desenlace, opté
al final por armarme de paciencia y acabarlo.
Ya desde el comienzo, Robert Coover nos mete en la trama con el asesinato
de una mujer, precisamente la adinerada viuda que había recurrido a los
servicios de Noir escaso tiempo antes. Extrañas circunstancias para este
asesinato repentino y enigmático, y más extraño se vuelve el asunto cuando el
detective acude a la morgue y le informan de la desaparición del cuerpo de su
misteriosa clienta.
Entonces Noir se tomará el caso como algo personal, siguiendo con éste
por su cuenta, además de tratar de desentrañar la misteriosa muerte de la viuda
y el destino del cadáver de la misma. Aunque si la típica vida de un detective
privado de novela negra suele ser algo complicada, el protagonista de ésta las
pasará bastante canutas.
El autor nos narra la historia en primera persona, como si el lector
fuese Noir, que se sienta en verdad dentro de la piel y el papel de éste. Es
por ello que hace que este libro sea más calificado para un público masculino y
maduro; y casi podría asegurar que más de una fémina que le dedique un rato de
lectura a esta obra llegará a sentir ganas de estrellar el ejemplar contra la
pared (a falta de tirárselo al propio autor).
El estilo de Robert Coover es bastante bueno, uno de los pocos puntos
positivos para mí de esta obra, pero a pesar de ser un escritor curtido me
resultó bastante pesado leer, entre otras cosas por la inexistente presencia
de la división por capítulos y ese desorden demasiado desordenado de su exposición (valga la
redundancia). Aunque tengo que decir a su favor, que aunque a veces me ha
parecido pesada la lectura y lo he leído con cuenta gotas la mayoría de las
veces, la logrado mantenerme con cierta intriga (quizás lo que más me mantuvo
aferrado a seguir leyéndolo a pesar de que la tentación de abandonarlo a su
suerte llamase con frecuencia a la puerta).
No son muchos los personajes que me han calado (en su mayoría, no me han
llenado mucho y me han parecido planos e incluso un poco estereotipados,
la verdad).
Noir no es un mal tipo, aunque sí un hombre (como la mayoría de los que
salen en este libro) que se deja influenciar por el cerebro que tiene entre las
piernas… algo que otorga realismo, ya que los temas sexuales y egoístas mueven
mucho a las persones, en especial a los hombres (muy bien, Iago, tirando
piedras a tu propio tejado por culpa de doña objetividad). Si se empeña en
indagar en el destino de la misteriosa viuda no es por altruismo ni por un sentido
de justicia propiamente dichos, sino más bien por algo tan íntimo como el deseo
sexual y casi afectivo hacía ella. Ni siquiera llegó a verle en vida su rostro
oculto tras su riguroso velo negro, pero sus piernas le bastaron para ser la
mecha de su naciente interés (o más bien, obsesión) por ella incluso después de
muerta. Y como detective deja bastante que desear, no es un negado absoluto,
pero es alguien que no se ha curtido suficiente a pesar de tantos años en su
oficio y que tropieza con las mismas piedras de manera incesante (en especial
si se deja llevar por lo que le dice su miembro viril). Quizás sea más realista
que otros detectives famosos, en su mayoría impecables e intachables, pero
seguro que en esa ciudad existirían otros más eficientes en estos menesteres.
El resto de personajes, como digo más arriba, no les he visto demasiada
chicha, salvando algunos casos; entre ellos Blanche, la secretaria de Noir, la cual me pareció de los más interesantes entre tantos más bien
insípidos, a la cual tener en cuenta en la historia. Da mucho juego sus
nombres, Blanca y Negro en francés, y el que se proponga a llegar hasta el
final con este libro, que lo tenga en cuenta… y hasta aquí puedo leer. Si Noir
no se hunde del todo en sus casos o en su desastrosa vida personal, se debe más
a ella, pues la comparo como la conciencia y la sensatez que no llega a
alcanzar el detective del todo por sí mismo.
Personalmente, me sentí muy desorientado con la trama en general. No está
dividido en capítulos, sino todo del tirón, y con constantes avances y
retrocesos en el tiempo, con todas sus escenas estratégicamente desordenadas pero
que a su vez parecen ubicadas a su libre albedrío..
A medida que se llega al final del libro, cuyas últimas escenas son de
las pocas que están ordenadas y en donde deben estar, se va atando cabos, pero
de una manera demasiado tardía y que aún así me costaron encajarlas debido al
“orden” que el autor ha utilizado para estructurar y situar cada secuencia. Su
final es sorprendente e impactante, pero el mayor mérito de sendos adjetivos se
debe a lo inesperado, por no decir rebuscado, del mismo. A pesar de un
desenlace que podría considerarse original, peculiar y atípico, a fin de
cuentas un servidor se ha quedado más bien templado, casi tirando a frío, con
el mismo.
Lo que más me ha parecido palpar de esta novela negra (por llamarla de
alguna forma, ya que he leído muchos comentarios en internet que discrepan a la
hora de meter a Noir en dicho género)
es que el autor, o al menos me da tal impresión, busca levantar de alguna forma
la autoestima, la hombría y la virilidad (y cierta parte de la anatomía
masculina) a sus lectores (que desde luego, ya dije que parece más bien
enfocada a un público masculino). Una historia que, a pesar de todo, tiene
bastante realismo por mucho que queramos evadir de nuestras mentes cosas
desagradables (e incluso repulsivas y denigrantes) que a fin de cuentas podrían
pasar en el día a día. Una trama con el sabor del whisky más añejo que puedas
echarte al buche, en la piel de un detective un tanto patán, desastroso y
desaliñado, pero que no es un negado total en su oficio a pesar de los bandazos que
se da de principio a fin para cumplirlo con éxito.
Conclusión: Seguro que habrá gente que le guste y fascine esta obra,
siempre defiendo que el libro del gusto está en blanco y hay cabida para todo;
pero yo no me incluiré entre ellos (me ha gustado algunos matices, pero no el
lienzo entero como conjunto). Ha sido interesante probar un género hasta
entonces desconocido para mí, y ahora sé que de adentrarme más en él tengo la
certeza de que me harán disfrutar más que
Noir.
Tanto en el pequeño teatro de
aficionados de la localidad de First Sister como en el Club de Teatro del
colegio, al adolescente Billy Dean suelen caerle en suerte papeles complejos y
ambiguos, aunque sin duda no tan comprometidos como los que deberá interpretar
en la vida. A los trece años, conoce a Richard Abbott, su futuro padrastro y
figura clave en su educación sentimental, quien a su vez le presentará a la
señora Frost, la maravillosa bibliotecaria del pueblo. A medida que avanzan los
cursos escolares y se va forjando como escritor, el joven Billy se embarcará en
la búsqueda de su identidad sexual, al tiempo que ve crecer en su interior la
necesidad de conocer a su verdadero padre, ese eterno ausente del que nadie
habla. Tardará toda una vida en dar con él, y será muy lejos de allí, en
Madrid.
Crítica
personal (puede haber spoilers):
Personas como yo nos adentra en
el amplio recorrido de la vida de Billy Dean, un escritor ya en la vejez en el
momento presente de la novela. Él desgranará su vida desde su infancia en los
años cincuenta, haciendo un repaso de todas esas experiencias que le han hecho
ser como es. Y de algún modo, ya sea en un sentido como en otro, la sexualidad
ha formado parte de ese desarrollo y recorrido personal.
Vemos como transcurre gran parte de su vida, sobre todo durante sus
primeros años, en su pueblo natal First Sister, en el estado de Vermont. Su
presencia desde su más tierna infancia a los ensayos y las representaciones del
grupo teatral aficionado de su comunidad donde buena parte de su familia
formaba parte: su madre la apuntadora; su tía y abuelo sobre el escenario (este
último, siempre interpretando papeles femeninos), y mas tarde su joven y carismático
padrastro. Sus años en la academia masculina colindante al pueblo, Favourite
River, donde su vida estudiantil y familiar transcurre entre la consciencia de
sus cuestiones personales sobre su sexualidad y el tenso sentimiento ambiguo de
enemistad-atracción que siente por Jacques Kittredge, un compañero miembro del
equipo de lucha de la academia que suele dedicarle mofas. Sus estancias en
otros lugares de Estados Unidos e incluso de Europa, tanto por sus estudios
superiores como por su alcanzada meta de infancia de convertirse en escritor
profesional, momentos de suponen su liberación de varias piedras atadas a su
cuello que acaban suponiendo para él la vida en First Sister.
Y entre tanto, distintos amores tanto correspondidos como si no llegan y
van en sus diferentes edades, volcando sus sentimientos y sus deseos sin
importar la edad o lo que tengan entre sus piernas esas personas; sin importar
su identidad y orientación sexual.
A través de las vivencias y los ojos de Billy, rememorando cada recuerdo
paralelamente entre su visión retrospectiva junto a la percepción crítica de
quien es en el presente, reflejará lo bueno y lo difícil de su vida, de su
familia, de su juventud y su madurez, de sus propios sueños y metas, de su
sexualidad, de sus amores y sus desamores, de secretos y revelaciones de
quienes le rodean. Y todo esto sumado a la figura inexistente y casi etérea de
un padre que nunca conoció y que lo escaso que sabe de este es por boca de su
familia materna.
En Personas como yo se trata
mucho las mareas emocionales de su protagonista a medida que se encuentra a sí
mismo en muchos sentidos, incluyéndose el terreno sexual; siendo toda una
biografía de Billy Dean donde desnuda su alma y refleja su desarrollo personal.
A parte de quienes mantuvieron relación de pareja con él, vemos también
sus encaprichamientos complicados e imposibles; como con su padrastro Richard,
su compañero de academia Kittredge o la madre de su amiga Elaine. Pero para él
no habrá mayor capricho que le desborde de sentimientos desde el primer momento
que la señorita Frost.
Siendo una novela de temática claramente LGTB, se desgrana menesteres y
tribulaciones implícitos en el colectivo, incluyendo su propia cultura,
acentuándose la complejidad de sus vidas; sobre todo cuando más atrás se
remonte en el tiempo en la vida de Billy. Vemos en su protagonista los
entresijos del sexo y la forma de moverse en el mismo; el afrontar las
orientaciones “no tradicionales” en aquellas épocas menos flexibles y
tolerantes; el desprecio hacia todos ellos, que incluso parece más marcado en
el caso de bisexuales, transexuales y transformistas; la presión (en gran
medida absurda y exagerada) que ejerce en Favourite River algunos profesores en
pos de prevenir toda posible tendencia sexual “antinatura” entre los alumnos
por lo que supone un ambiente escolar exclusivamente masculino en una edad en
que las hormonas se revolucionan; el daño emocional que puede producirse, tanto
intencionadamente como sin conocimiento de ello, en algunas personas debido a
pertenecer a una minoría sexual poco reconocida y respetada décadas atrás; los
estragos tanto físicos como sociales del sida, por igual entre quienes lo
sufren en sus carnes y en los que no lo han contraído, cuando esta enfermedad
se convierte en una pandemia entre los homosexuales; o las pantomimas y secretos
que algunos deciden llevar para no mostrar su propias verdades por miedo o
negación. En muchos casos, se muestra el lado más difícil e incómodo de ver de
la comunidad LGTB, más que el desinhibido y vivaz, como si el autor tratara de
crear concienciación de esas realidades aunque sean doloras de reconocer.
Y algo que sin duda se puede sacar al respecto en Personas como yo es que da igual si un individuo es gay, lesbiana,
bisexual, transexual… o heterosexual; porque esas preferencias son nada más que
una parte irrisoria de cada uno de nosotros, y todos poseemos un universo
personal muy amplio y único distinto al del resto si quitamos lo que nos guste
llevarnos a la cama. Y aquí nos damos cuenta que no podemos generalizar ni poner
etiquetas a una persona únicamente por la atracción afectiva y sexual que
manifieste por unos y/o por otros, y mucho menos sin conocer a la persona en
sí.
Dos puntos a tener también en cuenta, en lo que concierne al
protagonista, son su sueño de ser novelista y saber más sobre su padre
biológico. Lo primero, aunque presente como meta personal en su juventud y una
realidad presente en su edad adulta, no es algo que se ahonde de manera
significativa en comparación a otros asuntos más desgranados en la novela,
siendo más bien un recurso y un parapeto para la trama. Con respecto al tema de
su progenitor, es algo que deja caer al comienzo con indicios entre líneas no
tan fáciles de leer, pero que a medida que el tiempo y las vivencias avanzan,
irá resurgiendo esa inquietud de Billy, en especial cuando se entrevea secretos
por destripar que ni las personas ni los años pueden enterrar para siempre.
A lo largo de la novela hay diferentes referencias narrativas, muchas
buscadas por Billy en la biblioteca, aconsejado y guiado por su amada señorita
Frost, centrándose mucho en historias sobre encaprichamientos prohibidos,
complicados e incluso peligrosos. Algunos ejemplos son Madame Bovary de Gustave Flaubert, Grandes Esperanzas de Charles Dickens, o la obra teatral Verano y Humo de Tennessee Williams. Y
con estas referencias metidas en medio de estas páginas, el autor logra captar
atención potencial hacia estas obras a quienes no las conozcan.
Sus catorce capítulos muy generosamente extensos están narrados en
primera persona, en la voz del propio Billy, compartiendo todas sus
experiencias con clara y detallada naturalidad, sin andarse con medias tintas
ni tapujos a la hora de exponer todo lo que considera importante de su vida,
incluyendo los asuntos de índole sexual, pero sin caer estrepitosamente en la
vulgaridad aunque sí pueda resultar un tanto explícito.
El estilo de John Irving me pareció bien balanceado, entre los pros y los
contras que he encontrado en esta lectura. Aquí ha concebido una historia
intensa, detallada, directa, sentida y visceral, fácil de seguir a pesar de la
dimensión que abarca la vida de su protagonista tanto en experiencias como en
tiempo amasados; sin embargo, por el calibre de páginas que la componen y por
su propio estilo, esta la hace una lectura algo lenta y pesada en ciertos
momentos, aunque en buena parte de la trama se vuelva mucho más dinámica y
atractiva, y en general la convierte en una lectura que llevar a cabo con calma
e incluso paciencia para poder disfrutarla por entero.
Uno de los puntos a favor del autor es su minuciosa exposición de la
homosexualidad, de las alegrías y sobre todo las penas, de la realidad en torno
al colectivo LGTB desde los años cincuenta hasta nuestros años más próximos.
Aunque logra arrastrar bien al lector a la mentalidad y las emociones que
implicaría haber vivido en esas distintas décadas, con lo relacionado a este
tema logra llegar hasta el tuétano del mismo a través de su protagonista y las
personas que forman hebras en el telar de su propia historia.
Billy cuenta con un amplio trasfondo a sus espaldas; a lo que se suma
marcas propias como su costumbre incurable a las repeticiones, así como sus
dificultades a la hora de pronunciar ciertas palabras más por cuestiones
emocionales y psicológicas que meramente fisiológico. Se ve la curiosidad,
tanto sexual como en lo que se refiere a la vida en sí y las personas que le
rodean, desde esa edad que se es mayor para ser un niño pero joven para que le
consideren un hombre. Comparte sus dudas, inquietudes y descubrimientos durante
su adolescencia en Favourite River. Mostrará sus momentos de valor y a veces de
cobardía; su entrega a su sueño de ser escritor de profesión, derramando buena
parte de sus creencias y sentimientos referentes a las “tendencias sexuales no
convencionales” en sus manuscritos. Algo que llega a frustrarle en alguna
ocasión es su versatilidad con las personas tanto para las relaciones sexuales
como de pareja, sin distinción entre hombres, mujeres y transexuales femeninos
en ambos terrenos; pero esa bisexualidad en la que se va reafirmando con el
tiempo es objeto de suspicacia para muchos. Un personaje que abre su alma y
desnuda sus intimidades al lector sin pudor ni lamentaciones, con todo lo que
implica ser como es; compartiendo también la importancia (ya sea positiva o
negativamente) de cada persona que haya desfilado en vida que haya contribuido
a ser como es, mostrando el afecto y el desprecio a veces inseparables hacia
ellos según cada momento como las dos caras inseparables de una moneda.
Un muy dilatado elenco es el que rodea al protagonista, conformando un
completo y complejo mosaico que sería imposible de englobar en esta reseña como
se merecen.
Una parte muy importante es su familia. Tanto su abuela Victoria como su
tía Muriel son mujeres de echar de comer a parte, sumamente altivas, propensas
a censurar y criticar lo que no les agrada en los demás y que tienen a sus
maridos bastante acogotados aunque no siempre; y en lo que respecta los
Comediantes de First Sister, la una no es partidaria aunque resignada a los
papeles que adopta su marido con afán, y la otra es avariciosa de protagonismo
en lo posible sobre el escenario. El abuelo Harry es un personaje que me llegó
al corazón, alguien que demuestra preocupación y afecto por su nieto, el cual
con el tiempo desgrana lo que implicaba el transformismo de este hombre sobre
un escenario más allá de las diferentes reacciones del público (desde la diversión
a la repulsa). Por parte de Mary, la madre de Billy, me pareció alguien mutable;
al principio no tan parecida a su madre y su hermana, encantada con su segundo
matrimonio con Richard, una madre que siempre había adorado a su único hijo,
pero que a medida que este crecía su personalidad cambia de manera inexplicable
para él, pero con más significado de lo que hubiera entrevisto. Bob, el marido
de Muriel, se hace querer y siempre regala todo su sincero afecto a su sobrino
político; aunque su único defecto motivo de crítica para muchos es su excesivo consumo
de alcohol, pero eso no mancha la buena madera que es él. Gerry, la prima de
Billy, es un personaje de presencia sutil, pero que dentro de esa limitación va
ganando participación a medida que transcurre la historia; con una relación
tensa con sus padres y un carácter fuerte y chabacano que la hace indiferente a
lo que piensen los demás sobre ella misma. Richard Abbot, el joven padrastro de
Billy, es alguien cuya personalidad lo hace ganador de la simpatía de los demás;
y aunque habrá momentos en que decepcione a su hijastro, desde el principio se
gana su cariño como si fuera su padre biológico.
Dentro de Favourite River, está el matrimonio Hadley, aunque con un mayor
peso en Martha, la esposa, y la hija del matrimonio, Elaine, siendo el cabeza
de familia una figura con un pie metido en la irrelevancia. Martha será alguien
que apoyará a Billy en algún momento, siendo confidente en parte de su
adolescencia; mientras que Elaine será todo un referente de amistad leal,
aunque ella no se librará de sus propios episodios dignos de encerrar con llave
en lo más profundo de su memoria y su corazón, tan agónicos para ella que se
vuelven complicados de compartir a fondo incluso con alguien tan importante
para ella como es Billy. Entre sus compañeros se desgrana más, dentro de sus
papeles secundarios, algunos miembros del equipo de lucha (que en general
sorprenderán a pesar de ser pinceladas sutiles en la trama), destacando entre
ellos su capitán: Kittredge; este joven con el guapo tan subido, creyéndose
mejor que nadie y con poca amabilidad hacia los demás, sobre todo contra sus principales
objetos de burla que son Billy y Elaine, tiene facilidad de ganarse el
desprecio del lector pero que a su vez llega a sorprender de manera impactante
cuando la novela se encuentre en un punto bastante avanzado. Otro estudiante a
tener un poco en cuenta que entrelaza parte de su vida con Billy, con el que
además comparte problemas de dicción, es Tom Atkins, un joven más bien insulso
de mente y voluntad débiles e inseguras, el tipo de persona que suele despertar
lástima en la mayoría y que suele considerarse alguien destinado a ser un
pringado en esta vida de la cuna a la sepultura.
Muchas personas formarán parte de la vida de Billy en su edad adulta,
tanto en el amor como en la amistad. Hombres, mujeres y transexuales de todo
tipo y condición, algunos más trascendentes que otros. Sin embargo, la señorita
Frost será la pieza maestra de todas en el desarrollo del protagonista. La
bibliotecaria derrocha fuerza en su personalidad imperturbable, con un halo
enigmático rodeándola que encandila a Billy tanto como ese cuerpo su, con sus
manos grandes y sus pechos minúsculos a pesar de su edad. Detrás esta mujer hay
detalles que darán que pensar, además de ser un personaje impactante en varios
acontecimientos de la trama, y que sin duda influirá en el protagonista y
dejará una impronta lo suficientemente honda para que siga recordándola de
manera tan especial incluso en la vejez.
También está el padre de Billy, conocido por algunos como “el chico de
los códigos”, un tema que es más mencionado al principio de la novela, sobre
todo en la infancia del protagonista, para luego caer un poco en el olvido
hasta que resurja en la memoria y la curiosidad de Billy con el paso de los
años, a medida que descubra cosas que estaban cubiertas sobre esa figura
enigmática para él.
Como antes mencioné, la trama es intensa, detallada, atractiva,
sorprendente e incluso reveladora; y precisamente, junto a la profundidad de
sus personajes, esos son sus puntos fuertes capaces de despertar curiosidad al
lector, al ofrecer la vida entera de su protagonista/narrador a tantos niveles:
su vida familiar, su adolescencia en la academia, la búsqueda de su propia
persona y de su sexualidad, sus altibajos amorosos y personales, las verdades
que van saliendo a la luz poco a poco de quienes han formado parte de su
existencia; sus alegrías y arrojos, sus miedos y cobardías, sus aspiraciones y
las maneras con las que ha salido adelante con todas las piedras que pasan por
el camino de su vida (entre ellas, como es obvio, la homofobia); en definitiva, Billy Dean tal cual. Y todo lo bueno que ofrece esta novela hace que compense e
incluso mitigues los contras que me ofreció, tales como la amplia dimensión
que tiene que la convirtió en una lectura que necesité afrontar con bastante sosiego para cosechar el disfrute que encontré en sus páginas.
El final realmente me agradó, capaz de ofrecer incluso nuevos personajes
y revelaciones que tengan su pequeña voz y voto por igual en la trama y en el
alma de ese Billy en el último tercio de su vida. Y en sus últimas páginas
dejará claro su protagonista cuánto ha influido en él todo lo que ha vivido y
todas las personas que ha conocido; en especial su señorita Frost.
Conclusión: La biografía profunda y visceral de un hombre corriente en
la que este desgrana, analiza y comparte todo lo que ha vivido y sentido. Un larguísimo
y a veces empinado recorrido en muchos sentidos, incluido el sexual, que un
lector con buena paciencia y nulo escepticismo será capaz de entender y sentir
lo que Billy Dean Abbot es capaz de enseñar y enriquecer, tanto de sí mismo
como de las personas en general, a lo largo de más de cincuenta años de su vida
que recoge esta novela.
«Bienvenido al Claro. Verás que una
vez a la semana, siempre el mismo días y a la misma hora, nos llegan víveres.
Una vez al mes, siempre el mismo día y a la misma hora, aparece un nuevo chico
como tú. Siempre un chico. Como ves, este lugar está cercado por muros de
piedra… Has de saber que estos muros se abren cada mañana y se cierran por la
noche, siempre a la hora exacta. Al otro lado se encuentra el laberinto. De
noche, las puertas se cierran… y, si quieres sobrevivir, no debes estar allí
para entonces».
Todo sigue un order… y, sin
embargo, al día siguiente suena una alarma. Significa que ha llegado alguien
más. Para asombro de todos, es una chica.
Su llegada vendrá acompañada de un
mensaje que cambiará las reglas del juego.
Crítica
personal (puede haber spoilers):
El comienzo de una distopía que tampoco me ha dejado indiferente.
Thomas es un muchacho que es inexplicablemente enviado a un lugar donde
hay otros muchachos como él. Sus recuerdos están cubiertos por una amnesia
selectiva que le permite saber datos esenciales de sí mismo como su nombre, su
edad y todo el conocimiento previo de sus experiencias vitales cotidianas, pero
sin el menor recuerdo de la gente de su pasado o de la práctica totalidad de su
propia vida; y este mismo mal lo acarrean todos los chicos del Claro.
Sintiéndose desorientado a más no poder, debe adaptarse a la vida de esos
desconocidos y sus normas, en ese lugar tan lleno de misterios que despierta su
inquietante curiosidad. Un claro donde deben valerse por ellos mismos, justo en
medio de un laberinto en constante cambio cuyas entradas se cierran al ocaso y
se reabren al alba. El laberinto está infestado de unas criaturas extrañas y
atroces conocidas como laceradores, a penas activas durante el día a diferencia
de cuando se pone el sol, y que sin duda acabarían con todos los clarianos si
no contaran con la salvaguarda de las puertas que se cierran cada noche; y
durante el día, unos pocos elegidos como corredores tienen el cometido de
adentrarse en sus muros y recolectar información del interior de los mismos
para encontrar la salida para los habitantes del Claro. Y a pesar de conocer la
existencia de los laceradores y lo arduo que supone estar en el laberinto,
Thomas siente desde el primer momento el impulso y la necesidad inexplicables
de ser un corredor.
Pero no tendrá mucho tiempo para asimilar la vida en el Claro como
tuvieron sus veteranos, porque veinticuatro horas más tarde ocurren dos hechos
sin precedentes: un nuevo clariano antes de lo previsto y que este sea el
primero de sexo femenino. Thomas sentirá un extraño pálpito por esa chica, la
cual llega con el anuncio de cambios en el Claro, un advenimiento de que no les
queda mucho tiempo.
El Corredor del Laberinto es
una novela que supone un enigma tras de otro, con la incertidumbre mascándose
en casi cada pasar de página. A priori, la presencia de esos muchachos en el
Claro, sus necesidades diarias y todo lo relacionado con el laberinto que los
rodea; sumada la presencia perniciosa de unos extraños entes junto al aparente
factor de terceras personas supervisando a los clarianos; dan a entender que
todo aquello es una especie de experimento. Esto dará al lector cuestiones
sobre quiénes y por qué están utilizando a esos jóvenes hasta semejante extremo
macabro y peligroso; y a través de Thomas deberá desgranar poco a poco los
primeros velos que ofuscan verdades y crueldades.
Los clarianos deben desenredar la salida oculta en el laberinto, y los
corredores tienen ese peso sobre los hombros; pero también se aprecia lo mucho
que personas tan jóvenes deban valerse por sí mismo como microsociedad,
dedicándose a diversas tareas como la ganadería, la matanza del mismo, la
agricultura, la medicina, la gastronomía e incluso la ingeniería. Y a pesar de
la modesta ayuda en provisiones que reciben quienes les observan, ellos
demuestran que han sabido tirar más o menos adelante por sí mismos durante el
largo tiempo que los primeros jóvenes llegaron allí.
Sin embargo, en particular por la situación que les toca vivir, o más bien
sobrevivir, deberán ceñirse a reglas que ellos mismos establecen cuyo
cumplimiento no está exento de severidad, aunque ello implique una cruda
impiedad que en general no compartan pero que consideren necesaria para
garantizar en la medida de lo posible la supervivencia tanto individual como
colectiva en ese laberinto.
Los espacios plagados de brumas densas en las mentes de todos ellos será
algo con presencia habitual en la trama; otro enigma ante los desconocidos
motivos de que de algún modo los clarianos llegan allí sin a penas recuerdos en
su memoria más que sus propios nombres, sobre quiénes, cómo y por qué les hace eso.
Y esto estará especialmente marcado en Thomas, quien no dejará pasar tan por alto
ese tema como hacen sus compañeros; con la inquieta obsesión de que esa memoria
aletargada le intenta explicar muchas cosas, como su afán por ser corredor a
pesar de todo o que de manera inexplicable siente cierta familiaridad con el
Claro.
Entre líneas, respecto a este mismo tema, se atisba ese dilema tan humano
entre descubrir la verdad a toda costa por más que duela y el permanecer en la
ignorancia para evitar ese riesgo. Y de igual modo, también refleja las dudas
muchas veces incontrolables que uno puede despertar, no sólo hacia los demás,
sino también sobre uno mismo, lo que convierte en algunos momentos el concepto de confianza (una base importante en el Claro por la necesidad de
los unos hacia los otros) en una línea un tanto discontinua; muestra de ello el recelo
que despertará Thomas en algunos de los clarianos por el hecho de que al poco
de su incorporación empiecen a desencadenarse cambios drásticos en la rutina
del lugar, empezando por la llegada del primer clariano femenino.
A medida que avanza la trama (y recordemos que se trata de una distopía y
todo lo que esto implica) los peligros, los temores, la adversidad y la
calamidad mortales se acentúan, de un modo que hasta resulta casi preparado de
antemano, como si se esperasen ciertas reacciones o resoluciones dentro del
laberinto por parte de esos jóvenes que en buena parte son tratados como ratas
de laboratorio.
Y como suele ocurrir en este género, los toques de ciencia ficción están
presentes con ese laberinto tan complejo de considerable proporción; los
laceradores, entes mecánicos y bulbosos con apéndices concebidos para ser letales;
o las cuchillas escarabajo, escurridizos insectos robóticos que pululan el
Claro y el laberinto como inocuos e inquietantes observadores. Además, sutiles pinceladas de elementos
extrasensoriales están presentes en las páginas de El Corredor del Laberinto.
Aunque los sesenta y un capítulos (cada uno de extensión modesta pero
bien aprovechados) están narrados en tercera persona, la exposición está tan
limitada como la primera persona al centrarse por entero en Thomas, sin
presenciarse más acontecimientos y desgranando más emociones que lo que el
protagonista experimenta.
El estilo de James Dashner me agradó con esa sencillez resoluta a la hora
de desarrollar esta trama, de convertir al lector en una segunda piel de Thomas
para adentrarse por lo que él pasa y acariciar el abanico de emociones al que
se expone en ese lugar tan complicado. Uno de los puntos fuertes de El Corredor del Laberinto es el grado de
angustiosa inseguridad palpable incluso en la minuciosa ambientación que sotierra
ese entramado argumental encuadrado con pericia. Algo que también me agradó fue
su modo de estirar la tensión de ciertos momentos adversos y fatales capaz de
espolear más la lectura.
Algo que el autor convierte en una de las marcas personales de la
trilogía son los diversos insultos, exabruptos y vulgarismos inventados por los
propios clarianos, en muchos casos tomando parte y parte de otros de los que
conocemos.
Thomas me resultó uno de esos protagonistas que agradan y despiertan
empatía, pero que no logran destacar desmedido. Cumple bien su cometido como
piedra angular, sobre todo a la hora de la verdad y cuando arrastra al lector a
sus propias inquietudes sobre el extraño lugar al que llega y todo lo que
experimenta allí; a la frustración que se aviva por esos espacios en blanco en
su memoria; al ímpetu desconocido que le empuja en varios momentos, como el
querer ser un corredor sin interés en dedicarse a otras funciones de los clarianos.
Aunque no suele abrirse demasiado como persona, sí que saber valorar lo que
amasa en sus relaciones con quienes se acercan más a él, así como demostrar un
alto grado de moral que hace ganarle puntos como personaje, sobre todo cuando
realiza verdaderos arrojos insensatos pensando más en otros que en sí mismo.
No son demasiados los clarianos que se mencionan detalladamente, ni los que interactúan de manera tan crucial
y directa tanto en la trama en sí como con Thomas, aunque demuestran equilibrio
de relevancia y participación.
Uno muy a tener en cuenta es Chuck, uno de los más jóvenes que se pegará
mucho a Thomas, el cual ve un incordio inicialmente pero que poco a poco
acabará encariñándose. Un chiquillo sin malicia, aunque actos y comentarios
suyos a veces puedan parecer lo contrario debido a esa carencia; y aunque suele
mostrarse animoso y despreocupado, es muy consciente de sus miedos e
inquietudes, especialmente cuando las cosas empiezan a pintar mal. En muchos
aspectos, Chuck es un personaje que conmueve al lector tanto como llegará al corazón del mismo Thomas.
Alby es el que mayor peso jerárquico demuestra tener en el Claro, y ello
conlleva a ser el más juicioso y maduro en todos los aspectos aunque tal tipo
de presión puede minarle ante la responsabilidad que supone velar a los
clarianos en ese laberinto y saber amoldarse a las decisiones más acertadas,
aunque estas a veces no puedan contentar a todos. Casi desde el comienzo
mantiene una postura más bien neutral con Thomas, pero que será innegable lo que
sus líneas puedan conectarse entre sí en medio de los acontecimientos que son
arrastrados los clarianos.
Newt es otro con su peso en esa microsociedad, con un vínculo cercano con
Alby y que poco a poco regalará su simpatía un tanto confidente hacia Thomas, a
quien no tardará en llamarle Tommy. No llegué a coger demasiada simpatía por
este personaje en sus primeras escenas, pero a medida que transcurre su
participación va ganando puntos en este sentido.
Minho se convirtió en mi favorito de la saga casi sin darme cuenta. Un
corredor de rasgos asiáticos cuya personalidad es un torbellino: impulsivo,
testarudo, amigo de las bromas y las puyas, con un déficit de temple cuando las
situaciones se complican o cuando es objeto de provocaciones; pero todo esto no
resta su valía, su determinación y su lealtad. Un personaje que a zancadas va ganando peso por igual en la trama y en su
trato con Thomas.
Gally, el guardián de los constructores, da su parte de juego en la
novela, con una enemistad y un recelo acentuados hacia Thomas desde el minuto
cero. Un tipo con personalidad complicada e incluso desagradable que es
tolerado por el resto a base de paciencia y necesidad. Sin duda, no se puede
perder demasiado de vista a este personaje.
Un clariano del que se lee bastante en este primer libro, aunque no tenga
una participación muy directa, es Fritanga, guardián de los cocineros.
Principalmente por la referencia a sus comidas, que son objeto constante de
mofas por parte de sus compañeros aunque estos las ingieran con gusto.
Sobre la chica que llega como un aviso de cambios en el Claro, me pareció
un personaje con potencial base que, aunque resultó de mi agrado hasta cierto
punto y cumple acertadamente su propósito en el argumento, sentí que algo no me
convencía del todo. Ella me resultó uno de esos casos que acarrean promesas de
mayor juego en la trama de cara a los tomos posteriores, que muchas veces
logran desplegar sus alas con soberbia pero en otras se quedan en vuelos torpes
a ras del suelo.
La trama desde el inicio hasta su ocaso gana puntos con buen balance de
sencillez y profundidad. Imprevisible aunque hay momentos que el no saber por
donde pueden ir los tiros resulte confuso a corto plazo pero que ganan algo más
de coherencia en la recta final. Un comienzo que avanza de manera introductoria
pero sin caer excesivamente en detalles para que el dinamismo guíe los
acontecimientos que se desarrollan en el Claro. Y durante su desarrollo,
sorprenderá cuando muchas cosas no son lo que parecen a simple vista.
Su final es un tanto tranquilizador, pero no falto de pérdidas y
amarguras demoledoras; demostrando que sin esfuerzo y, sobre todo, sacrificios, la meta no se
acercará así sin más. Y su escueto epílogo de cara a Las Pruebas logra desarmar al lector y picarle a la lectura de su
continuación si ha logrado conectar lo suficiente con la angosta vida de los
clarianos dentro del laberinto.
Un buen atractivo de esta novela es su portada, mostrando las puertas del
laberinto abriéndose al lector como preguntándole si está dispuesto a afrontar
todo lo que esto conlleva.
Conclusión: El enigma de que un grupo de adolescentes acaben en medio de
un laberinto, obligados a solucionar el enigma que este supone y subsistir con
lo poco que tienen, encarando dificultades de todo tipo como si se esperase
algo de cada una de sus acciones, será sólo el principio a conocer de lo que
tienen deparado para Thomas y sus compañeros. Una distopía inquietante llena de
misterios y peligros que darán bastante que pensar, aunque todo parezca puramente
ilógico y despiadado dentro de esos muros.
El campus universitario era un sitio peculiar, al menos a ojos de Mario.
Todo un collage arquitectónico si se apreciaba el conjunto global actual de la
construcción. La fachada principal, adonde ellos se dirigían, era de las pocas
estructuras originales que perduraban tal y como se edificaron a principios del
siglo XX, salvando pertinentes y ocasionales restauraciones; pero si uno se
paraba a analizar a fondo el conjunto, apreciaría su ampliación a lo largo de
las décadas por la evolución gradual de las tendencias arquitectónicas, hasta
llegar a los edificios más vanguardistas —donde
predominaban el vidrio—, construidos
pocos años atrás.
Echando un ojo a su reloj de bolsillo, comprobó que llegaron en un
momento bastante idóneo, ni a la hora exacta ni demasiado pronto, al ver que no
eran los únicos en congregarse allí, y seguramente ya habrían entrado unos
tantos más en el edificio.
Incluso desde el pie de las escaleras que daban a la entrada principal se
podía distinguir que ese lugar estaba más destinado a un festejo que al estudio
en ese día que podía considerarse especial; ya que el centro cumplía su primer
centenario. La directiva quiso preparar algo no demasiado formal para que
pudiesen disfrutarlo tanto el profesorado como el alumnado; aunque tomaron
medidas un tanto selectivas a la hora de las invitaciones, como por ejemplo
excluir a los que ese año empezaban sus estudios, salvo si asistían como
acompañantes de alumnos superiores.
-¿Seguro que no te incomoda que sea yo la que te invite a una fiesta esta
vez?
-Muy seguro. Aunque defiendo mucho la costumbre de que el hombre debe ser
un caballero con las damas, sabes que estoy también a favor de la igualdad.
-Sí, lo sé. Pero no te voy a negar que me guste más cuando me agasajas.
-Mejor que no se enteren tus compañeros de facultad que soy tu talón de
Aquiles -comentó Mario con una cómplice sonrisa torcida-, o perderás tu
reputación.
-¿Cuál de ellas? Tengo unas cuantas, que van desde “la mujer de negro” a
“la necrófaga”.
Mario no pudo responder a ese comentario cargado de mustia retórica, al
captar de soslayo una moto de intenso color azul dirigiéndose hacia ellos a una
velocidad peligrosa e inadmisible en ese tipo de vía. Aunque el conductor tuvo
pericia a la hora de virar para eludirles por el canto de un céntimo, él redujo
ese margen de riesgo apartándose a la par que tiraba hacía sí a su novia.
-¿Pero qué prisas tendrá? -elucubró recobrando el hálito, más perplejo
que enojado. Ni siquiera pudo ver la matrícula cuando sus ojos se orientaron hacia
el vehículo a la fuga al bordear la fachada. Pero esa fue una preocupación
menor, consideró tras apartar un poco a Beatriz para contemplarla-. ¿Te
encuentras bien?
-Sí, ni un rasguño -confirmó con pasividad y seriedad, comprobando que no
le había pasado nada a ella misma ni a sus galas-. Aunque me he llevado un buen
susto.
Él no pudo más que dejar escapar su risa, la reacción en los adentros de
su chica distaba mucho de lo que expresaba con su cuerpo, y tampoco podía
asegurar si seguía siendo retórica como tantas veces o si hablaba en serio. Esa
era una de las innumerables razones de porqué la amaba.
Optaron por olvidar ese incidente, considerando que no había sucedido
nada más que un susto. Al aproximarse a la entrada, Beatriz sintió que los
pasos de su acompañante la guiaban concretamente a una persona próxima, al extremo
derecho de la fachada, despidiéndose de otras dos más que penetraban en el
interior de la universidad. Poco antes de que se encontrasen cara a cara, Mario
le comentó brevemente quién era ese hombre cercano a los sesenta años, vestido
con un traje de corte demasiado clásico; el bisoñé castaño claro que lucía
resaltando sobre los cabellos más bien canosos, delatando su poca aceptación ante
la pérdida de su cabello natural.
-Es un gusto verle, profesor Medina -saludó Mario con más afabilidad de
la que parecía mostrar su actitud tan sosegada, omitiendo la efímera y suspicaz
expresión de sorpresa que atisbó en el rostro del docente-. No sé si se
acordará de mí, pero usted me dio clases hasta el curso pasado.
-Claro que me acuerdo -él no supo que Beatriz leyó en su mirada casi con
exactitud sus pensamientos: “¿cómo olvidar un alumno que viste así?”-. Fuiste
de los mejores de tu promoción.
Era evidente que esa era la segunda razón de que se acordase bien de él.
“No has cambiado nada”, también pudo sacar Beatriz del profesor Medina cuando
éste examinó disimulada y despectivamente a Mario de arriba abajo. A ella le
daba bastante al fresco la opinión de los demás, pero en sus adentros aún
quedaba cierta reminiscencia de esa indignación de sus comienzos como gótica; aún
le quedaba un poco para alcanzar el grado de insensibilidad total que tenía su
novio.
-Gracias por sus palabras -convino con una leve inclinación de cabeza
llena de serenidad y rectitud a la altura de sus galas-. Le presento a Beatriz Pereira,
mi compañera sentimental.
“Salta a la vista”, parecía decir la escrutadora mirada de Medina, pero
Beatriz tendió su mano para estrecharla suavemente con la del profesor, quien
fue demasiado escueto y que evidentemente la retiró con una repulsa y una celeridad
que no debió mostrar bajo ningún concepto.
-¿He de suponer que usted es estudiante, señorita Pereira? -preguntó con
fingido y más que falso interés para compensar su medio desaire-. Creo que la
he visto alguna vez por el campus.
-Así es -contestó secante pero cortés a esa pregunta con respuesta
evidente, teniendo en cuenta que Mario sólo podía asistir a priori si
acompañaba a un alumno invitado. Iba a ser educada con él, aunque ahorrando al
máximo sus palabras-. Acabo de empezar mi segundo año de medicina.
-Ahora que lo pienso, el profesor Nebot, íntimo amigo mío, me ha mentado
algunas veces este curso pasado a una alumna suya, de las más brillantes que ha
tenido en todos sus años de docencia, apellidada Pereira. Quién iba a decir que
me la encontraría hoy.
-Espero no estar muy alejada de la imagen mental que habrá fraguado sobre
mí -contestó sin perder un ápice de sosiego y formalidad equilibrados tan
habitual en ella, sin molestarse en responderle con falsos regodeos a esos halagos
tan formales como vacíos, por muy ciertos que pudiesen ser; y menos viniendo de
aquel hombre. Ella no era de las que se dejan regalar el oído tan frívolamente-.
Pero estoy segura de que alguien de su cátedra no juzga un libro por la
cubierta.
El profesor Medina emitió un carraspeó, medio tragando saliva a su vez, ante
la descarada puya de la novia de su antiguo alumno; en cambio, Mario luchaba
entre el orgullo y la dúctil censura por las palabras de su amada. Los tres
plantados junto a la entrada sintieron los ecos de la llegada de los más
estrictos puntuales acercándose, tanto profesores como alumnos con sus
respectivos acompañantes, a los que se les debía sumar las pocas voces de los demasiado
adelantados ya congregados en el salón de actos.
-¿Y ya tiene usted en mente su futuro en la medicina? -preguntó con voz
algo dudosa y vibrante, tratando de encauzar el diálogo a su terreno-. Con
calificaciones constantes a las que me ha comentado el profesor Nebot este
pasado curso, debe tener un amplio abanico de posibilidades...
-Desde luego, hace tiempo que lo tengo claro. Aspiro a ser médico
forense.
Medina no sofocó una risilla, que duró poco al estudiar el semblante de
Beatriz. Lo que creyó al principio como un chiste de góticos no fue más que una
verdad sincera, y que por tanto había sido ofensivo por dejarse guiar por sus
prejuicios. Beatriz se sintió satisfecha al ver como empezaba a asomarse
pequeñas perlas de sudor debajo del peluquín del profesor de universidad, quien
se había quedado sin habla y ganaba cierto color de vergüenza en su rostro.
-Interesante... -comentó sin saber muy bien que decir, mientras hacía un
amago de evadirse por la tangente todo lo educadamente posible que le permitía
la bochornosa escena-. Pido que me dispensen, por ahí se acerca un colega con
el que tengo que comentar un asunto...
Tras despedirse, la pareja se adentró en el edificio —ella aún cogida del brazo de él
mientras se ponía bien el oscuro chal que se le escurría por la espalda— antes de que llegase la pequeña
marabunta de personas, dejando a ese hombre intentando recomponer los pedazos
de su autoestima. Beatriz parecía gustosa de sus actos, Mario lo supo de buen
grado al distinguir minúsculos y delatadores hoyuelos en los extremos de los
proporcionados y serios labios de su novia.
-Sólo a ti se te pasaría por la cabeza hacer lo que has hecho.
-Aunque siempre me digas que la indiferencia es la mejor bofetada para
los que no nos entienden, ese elemento pedía a gritos una muestra de tolerancia
y respeto -su defensa parecía perfecta gracias a la objetividad y el temple de
sus palabras-. ¿He de suponer que estás molesto?
-En absoluto -contestó con una leve sonrisa cargada de oculto júbilo-, de
hecho ahora te amo un poco más si cabe; la verdad es que ya tocaba que le
bajaran un poco los humos. En el fondo no es un mal tipo, pero nunca he oído de
nadie que lo trague en realidad por gusto propio.
-Vaya, si lo sé hubiese añadido lo ridículo e inútil de la rata muerta
que lleva en la cabeza.
Otra muestra de que ella podía hacerle sentir más vivo por dentro, impulsándole
a arranques como el que iba a hacer, tan impropios de él en el pasado. La
arrimó en esa fugaz soledad del pasillo, entre los que venían y los que ya
estaban dentro, para besarla con ganas. Ella enroscó los brazos en su cuello,
sin prestar tanta atención al chal que amenazaba con caerse al suelo.
-Eres única -susurró azotándole los labios con su propio hálito-. Y
también la única para mí.
Aún con sus manos en el cuello, ella acarició con mimo con las yemas de
sus dedos el pendiente triangular que desentonaba con esas prendas dignas de un
caballero.
-Soy feliz cada vez que me aseguras que no me libraré de ti jamás -en su
voz había una clara nota de ternura, e incluso de fragilidad muy humana; sólo
Mario provocaba en ella esa actitud que a veces la hacía avergonzarse de sí
misma-. Lo único que me frustra es no poder hacer más por ti.
-Y a veces me frustras con esa negación a los límites que tienes como ser
humano -suspiró él besándole el cabello, retomando sus pasos con parsimonia y
aferrándola aún contra sí mismo-. Yo soy feliz a pesar de las cosas que crees
que he perdido. Y eso es porque sigo andando de tu mano.
En el Sword Art Online (SAO) es
imposible abandonar el juego a no se que lo completes. Game over aquí significa la «muerte». El
protagonista, Kirito, y otros muchos jugadores, concentran sus esfuerzos en
alcanzar el nivel superior. Pero para ellos, hay numerosos competidores con
diferentes oficios y objetivos dentro del mundo de Aincrad.
Cuatro jugadoras que intentan sacar
el mayor partido a sus vidas a pesar de estar atrapadas dentro del SAO, unas
veces riendo y otras llorando. Ellas son Silica, la domadora de bestias;
Lisbeth, la herrera; Yui, la niña misteriosa, y Sachi, una joven lancera que el
espadachín negro jamás olvidará.
En tus manos tienes cuatro
historias en cada una de las cuales Kirito, jugador en solitario, compartirá
una pequeña aventura.
Crítica
personal (puede haber spoilers):
Al tratarse de historias paralelas
a los sucesos del primer volumen, será bastante inevitable que llegue a
mencionarse lo que se considere ya sabido para quienes leyeron la anterior
parte, aunque sea de manera parcial. Si te adentras en esta opinión, tenlo en
cuenta.
Ya el primer volumen esclarece todo lo principal de la historia de Kirito
dentro del SAO, tanto en su resolución a pasarse ese juego mortal como su creciente
relación con Asuna. Esta segunda publicación no prosigue los acontecimientos
dejados en la anterior, sino que es, al igual que otros posteriormente
publicados, un complemento enriquecedor que ramifica el árbol del arco argumental
de Aincrad en diferentes sub historias secundarias paralelas a lo crucial del
mismo.
Aquí se nos presenta la interacción que, de un modo u otro y según las
circunstancias, mantiene Kirito con cuatro jugadoras que nada tienen que ver
entre sí salvo por el fortuito y puntual cruce de sus respectivos caminos con
el de este espadachín negro solitario. Y dichas encrucijadas aportaran algo
enriquecedor en las piezas implicadas en cada una de estas cuatro historias.
La primera de estas (El Espadachín
Negro) gira en torno a Silica, una de las jugadoras más jóvenes del SAO que
es rescatada fortuitamente por Kirito, después de que ella decidiese
aventurarse en solitario en un bosque tras una airada discusión con otra
integrante del grupo en el que estuvo momentos antes. Sin embargo, justo antes
de la aparición de su rescatador, Pina, un pequeño dragón emplumado mascota de
Silica, mure protegiendo a su ama al interponerse en un golpe letal de uno de
los monstruos. Desde ese momento, Kirito se moverá por sus propios motivos en pos
de ayudar a la desconsolada domadora de monstruos en busca de una posibilidad
contrarreloj de resucitar a Pina.
En la segunda historia (La
Temperatura del Corazón) toma gran peso el personaje de Lisbeth, una
herrera que se ha abierto camino en su negocio y la mejor amiga de Asuna en el SAO.
Para ella habrá un antes y un después cuando Kirito acude a su armería en busca
de una espada manufacturada cuya calidad iguale e incluso supere a su actual
Elucidator, una rareza sin duda adquirida tras derrotar a un monstruo singular.
Y esto dará pie a que se aventuren codo con codo, pero con constantes puyas
entre ellos dos, en una misión complicada para buscar los materiales dignos de
un arma de esas características; una experiencia más arriesgada de lo que cabía
esperar en la que Lis será alcanzada por la personalidad de su cliente y, en
consecuencia, le dará pie a diversas reflexiones sobre sí misma entre su yo
dejado atrás en el mundo real y su entidad en Aincrad.
El siguiente relato (La Niña de las
Brumas Matinales) es la de mayor extensión, situada durante ese tramo del
volumen 001 en el que Kirito y Asuna deciden tener un tiempo para ellos solos
tras realizar sus nupcias “in-game”. Una luna de miel en la que caerá la
inesperada presencia de una niña llamada Yui, quien sin recuerdos de su pasado
y muchos misterios en torno a ella, desarrollará un gran apego hacia ellos dos;
fortaleciéndose un vínculo con la joven jugadora mientras tratan de indagar
sobre ella y de posibles familiares o conocidos de Yui dentro del SAO. Sin
embargo, el que la pequeña entre en sus vidas tendrá mucho que decir.
El que cierra esta novela (El Reno
de la Nariz Roja) esclarece con detallada profundidad esa confesión de Kirito
con Asuna en la anterior sobre su traumática experiencia con Los Gatos Negros a
la Luz de la Luna, un modesto pero afable gremio del cual aceptó su invitación
de unirse a ellos. Aquí se argumenta parte de los motivos por los que él
decidió ser un jugador solitario, por el sentimiento de culpa que se impone por
la muerte de cada uno de los miembros de dicho gremio, remordido por la falta
de sinceridad con ellos al ocultarles que su nivel era muy superior al de ellos
y por no haber evitado cuando pudo dicha desgracia. Entremezclado con sus
buenos y malos recuerdos con dicho gremio, el lector se adentra en la
desesperada y obcecada búsqueda de Kirito durante un evento navideño sobre un
rumoreado objeto de resurrección… ¿Existirá de verdad? ¿Es posible revivir a un
jugador que haya muerto también en el mundo real? Esas cuestiones les son
irrelevantes, aferrándose a esa posibilidad para revivir al menos a Sachi, la única
fémina del gremio con la cual llegó a estrechar vínculos cercanos y que le
prometió mantenerla con vida hasta que el SAO fuera completado, debido a los
constantes miedos a morir con los que ella vivía.
Esta es una buena muestra de que un arco argumental, por muy cerrado que
esté, siempre puede expandirse como las ondas en el agua con pequeñas tramas
que complementen, enriquezcan y amplíen de manera periférica el eje principal de
su universo, aunque la relevancia de estos relatos paralelos no sea crucial ni
vinculante para el desarrollo central.
Por un lado esparce más el trasfondo de Kirito, quien sigue gozando del
protagonismo que le caracterizaba en la primera novela de la saga; lo que no
quita que otros personajes, sobre todo Lisbeth en el tercer relato, compartan
el peso argumental. Se desgrana más de su personalidad e incluso pinceladas de
su vida dejada atrás en el mundo real, algo que se aprecia en la historia de
Silica y el motivo por el que él decide ayudarla a buscar la flor de pneuma
para resucitar a Pina.
La aventura que inspira un juego como el SAO, a pesar de su cruel y
mortal norma, se vuelve más detallada y fascinante. Se profundiza más en
elementos característicos de los MMORPG de la actualidad (incluyendo algo tan
típico en estos juegos como misiones y eventos que sólo ocurren en determinadas
temporadas; y la Navidad, como se ve en el último relato, es uno de los más
comunes), a la par que estos conceptos conocidos por sus usuarios habituales se
vuelven algo más profundo, dinámico y relativamente cercano a la realidad,
manteniendo siempre la mayor lógica posible de un juego de realidad virtual tan
avanzado como el autor nos presenta.
En lo personal, entre otros aspectos, este segundo volumen de Sword Art Online rueda bastante el
concepto del amor. No únicamente al tipo de amor que llegan a profesarse Kirito
y Asuna, sino a distintos sentimientos de afecto y cercanía igual de genuinos e
intensos (el enamoramiento, el cariño que puedes sentir por algún familiar
concreto…); aunque la reciprocidad de los mismos pueden ser más o menos
intensos en algunos casos.
Y aunque en esta segunda novela son cuatro féminas las que tienen que
algo que ver con Kirito, podría contarse también a Asuna, quien tienes su
pequeño papel en el de Lisbeth y, sobre todo, en el de Yui; y en este último se
destapa algo más sobre su yo en la vida real, un trasfondo que reafirma su
evolución personal tras quedar atrapada en el SAO.
Cada historia se divide en cuatro capítulos (salvo la de Silica, que son
tres), y la exposición de cada uno de los mismos es variable, algo que
descuadra la narración del primer volumen a través del propio Kirito (que en
este caso, es el narrador de la historia de Sachi), cambiando a la voz en
tercera persona en los de Silica y Yui, y siendo la propia Lisbeth la única que
narra la suya propia para dar una perspectiva más visceral del mismo y una
dimensión más profunda de ella como personaje. Pero a pesar de las diferentes
formas de narrar esta segunda novela ligera, esto no rompe la armonía entre
cada historia independiente donde ese singular espadachín solitario vestido de
riguroso negro es la piedra angular.
Esta compilación de historias secundarias mantiene una cronología
perfecta en la línea de tiempo de la trama de Aincrad, salvo que dejan para el
final el de Sachi, el cual ocurre a penas un par de meses antes que el de
Silica; y tras esta lectura, es indiscutible que fue más que acertado, pues de
haberse respetado la cronología en esta edición, no habría quedado del todo
bien ni habría producido el mismo impacto que deja en el lector.
El estilo de Kawahara sigue la línea del anterior; sencillo y directo sin
dejar de ser reflexivo y visceral en su buena medida. A pesar de su dinamismo,
su prosa sigue derrochando ese ímpetu capaz de convertir al lector en otro
avatar que camina junto a Kirito en estas cuatro historias.
Tampoco podían faltar las ilustraciones de Abec, un gran atractivo
añadido.
Kirito muestra su lado más humano en estas historias, sin descuidar la
personalidad que le caracteriza. Sumamente protector con cada una de las féminas
protagonistas de cada relato, hasta el punto de arriesgar su vida. Aquí se
acentúa ese carácter suyo de no dejarse desbordar demasiado en la adversidad,
tratando de controlar cada situación en lo posible pero a su vez consciente de
la letal posibilidad que puede haber en un juego como es el SAO. Vemos su lado
más tierno al interesarse por las tribulaciones de Silica nada más conocerla;
esos piques en su creciente amistad con Lisbeth; las simientes de una aptitud
paternal con Yui; o el como puede sumirse en la desesperación cuando trata de
encontrar sosiego para su alma por fallar su promesa con Sachi. Sin duda, aquí
se exprime más la personalidad de Kirito para enriquecer lo que muestra de sí
en la primera novela.
Asuna destapa de sí misma un poco más aunque sólo goce de marcada
relevancia en la historia de Yui. Ya en el volumen 001 se nos mostró la Asuna
“Relámpago” que ven todos desde fuera; la que no es tan distinta a cualquier
chica cuando se la conoce mejor; así como la que se enamora devotamente de
Kirito, a quien llega a mostrar sin reservas su lado más sensible y vulnerable.
Sin embargo, aquí se destila todo eso y más de este personaje, a la par que
adentra de manera sutil en su vida en el mundo real, el tipo de persona que
solía ser y las circunstancias de que le diera por probar el SAO; y todo eso
esclarece lo abrumador que debió ser para ella ese primer día al saber que no
podía desconectarse y que le freirían el cerebro de su cuerpo real si la vida
de su avatar llegaba a cero, y que a pesar de ser un personaje con un lado
vulnerable difícil de eliminar por más crudezas y tribulaciones que haya vivido
en ese mundo virtual, ella ha salido adelante hasta poder conocer a Kirito y
recibir de él todo lo que le ha aportado en ese tiempo en Aincrad.
Silica se nos muestra como una jugadora joven tanto de edad como de
personalidad para adentrarse en el juego (teniendo entonces doce, cuando la
edad mínima era trece); por tanto, se le hizo realmente grande la cruel
realidad. Su aspecto aniñado y adorable, así como su singularidad de haber
domado a un pequeño dragón emplumado, la convierten en alguien reclamado por
muchos grupos; algo a lo que ella se ha agarrado como a un clavo ardiendo para
subir niveles y mejorar sus habilidades, aunque ese modo de salir del paso
nunca le ha sido plato de buen gusto, sintiéndose más bien una ansiada “chica mascota
adorable” para cualquier grupo que la requiera. Se palpa su gran pesar cuando
Pina muere, lo que llenaba su soledad a pesar de ser una inteligencia artificial
movida por algoritmos; así como su forma de conectar con Kirito cuando la rescata
y se ofrece a ayudarla. Cuando él le explica sus motivos, esto no hace más que
emerger en ella un vínculo singular entre el enamoramiento mezclado con un puro
y platónico sentimiento que podría sentir por un hermano mayor. Es en esta
primera aparición de Silica donde se saca a lucir esos momentos más bien
cómicos de los que puede ser víctima en el universo de Sword Art Online.
Lisbeth es sin duda especial. En su fuero interno está muy presente su
vida en el mundo real, a pesar de haberse adaptado a su prisión virtual
volcándose con genuino aprecio a la fabricación y al mantenimiento de armas.
Sin embargo, hasta que conoce a Kirito, sentía un pequeño pero nítido vacío
emocional, incapaz de conectar con un mundo que sabe lo artificial y frío que
es, sin encontrar la calidez que ofrece una vida genuina. Un contraste de su
personalidad es lo directa e incluso descarada que puede ser con los demás,
sobre todo con quienes tiene confianza como su amiga Asuna, pero que luego se
aturrulle cuando se trata de sí misma. Ella consigue, sobre todo al final de su
relato, emocionar al lector por como se desarrolla tanto los acontecimientos
del mismo como los propios sentimientos de esta herrera de personalidad
singular que puede dar más juego si su camino se cruza de nuevo en la saga.
Yui es mostrada como una niña demasiado joven para jugar al SAO, incluso
más que Silica, a parte de ser un gran foco de enigmas por lo poco que se sabe
sobre ella de partida más allá de su propio nombre. Sin caer en spoilers,
simplemente diré que es un personaje que enternecerá por la forma con la que
decide vincularse con Kirito y Asuna, te sorprenderá cuando los velos del
misterio se aparten y te conmoverá cuando llega la realidad que muestra y la
resolución de su historia.
Sachi me resultó una joven sosegada que puede ser jovial con sus amigos
del gremio pero que no quita una parte un tanto retraída. Vive una no vida
desde que comienza el SAO con esas inesperadas normas, algo que se agravia con
el tiempo. Sin embargo, logra encontrar en Kirito un remanso de paz cuando
ambos llegan a conectar, aferrándose tanto a estar con él como a la promesa que
le hace asegurándola que no moriría y que podría desconectarse cuando todo
acabara. La relación que mantiene con el protagonista principal no es menos que
singular: realmente cercana, más allá de una intensa amistad, pero sin llegar a
lo que se ve con Asuna. En definitiva, aunque Sachi no es un personaje que
rutile como otras féminas que desfilan en la vida de Kirito, ella tiene un
pequeño fulgor que incluso después de la muerte tocará el corazón del
espadachín solitario.
No son demasiados personajes que se dejan ver por estas historias, salgo
unos pocos que cumplen su papel en cada una de estas y que resulta mejor
conocerlos una vez que se adentra en este volumen 002. Pero destacaría una cara
conocida del anterior: Klein. Este espadachín de katana líder del modesto pero
entregado gremio Furinkazan demuestra que, a pesar de las distancias que le
marca, no pierde su interés y preocupación por Kirito; a pesar de que suele ser
bastante simple y a veces un tanto patético, aquí derrocha profundidad y
madurez ante los riesgos que está dispuesto a correr el protagonista por su
angustiosa testarudez.
Cada historia resultó de mi agrado, jugando con la independencia de su
propio argumento y la relación (aunque sea sutil) que puede ofrecer tanto con
el que inicia la saga como con publicaciones posteriores. Sin excepción, estos
relatos dejan buen sabor de boca, lo que no quita que en algunos casos sean
además amargos o esperanzadores.
La ilustración de la portada sigue la línea de la anterior novela, siendo
Silica (junto a Pina) la que acompaña a Kirito en lugar de Asuna; seguramente
por ser la fémina que estrena sus páginas.
Aquí también se repite la mecánica de las ilustraciones en blanco y negro
de algunas escenas de cada capítulo, además de iniciar la novela con viñetas de
una o dos páginas a todo color que además sirven para presentar y definir en
unas pocas líneas a cada personaje relevante.
En la serie animada de Sword Art
Online también tiene cabida las adaptaciones de estas cuatro historias, de
manera bastante fidedigna pero también con sus matices que dan sus puntos
justos de diferencia, y que de alguna forma ambos formatos se complementan
mutuamente; un ejemplo es cómo Lisbeth en el anime parecía ya saber de antemano
la habilidad secreta de Kirito cuando esta sale a conocimiento público, lo cual
se explica en su correspondiente historia. Las partes de Sachi, Silica y
Lisbeth se adaptaron en los episodios 3, 4 y 7 respectivamente; mientras que el
relato de Yui tomó dos para ello: el 11 y el 12.
Sword Art Online (opening Aincrad)
Conclusión: Está claro que había más que contar sobre Aincread más allá
de ese argumento tan directo y centrado en superar el juego y la relación de
sus protagonistas principales. Y no será la última vez en la saga que emerjan
más episodios de algunos sucesos del SAO en los que Kirito ha tenido algo que
ver mientras se entregaba a subir cada piso de ese mundo virtual. Si
disfrutaste de la primera novela, Silica, Lisbeth, Yui y Sachi harán que
disfrutes más de esta parte de ese juego mortal.
Ebenezer Scrooge is a mean old man with no
place in his heart for others, not even his clerk’s feeble son, Tiny Tim. One
freezing cold Christmas Eve, Scrooge is visited by the ghost of and old friend
and embarks on an eerie nightmare journey. By visiting his past, present and
future, can Scrooge learn to love Christmas and those around him?
Crítica personal (puede haber spoilers):
Esta es, a todas luces, la primera obra de Dickens en la que pensamos la
mayoría cuando se menta a este destacable autor. E igual de probable es que
será extraño el caso en que alguien no sepa de que va esta historia, aunque sea
por las diferentes adaptaciones que en algún momento (sobre todo en Navidad)
son emitidas en televisión.
Finalmente he tenido una oportunidad ineludible para conocer este clásico
literario, aunque en inglés; por lo que esta crítica, como todas de este
estilo, se enfocará especialmente desde mi perspectiva de haber leído la obra
en su estado más puro y original.
La trama de A Christmas Carol
gira en torno al personaje de Ebenezer Scrooge, un anciano falto de bondad,
empatía y caridad hacia el prójimo que ha dedicado su vida casi por entero a
trabajar y amasar dinero (no se especifica con exactitud su negocio, pero se da
a entender que es un prestamista usurero). Todo acontece en el día de Nochebuena,
siendo ese día exacto el séptimo aniversario de la muerte de Jacob Marley;
quien fuera socio y buen amigo de Scrooge, con una aptitud similar a la del
protagonista principal de esta historia.
Ni tan siquiera en esa víspera el anciano es capaz de apelar a una miaja
de humanidad y compasión; ni con su sobrino, a quien rechaza fríamente su
amable y sincera invitación de almorzar en su casa al día siguiente; ni con
unos hombres que acuden a él implorando ayuda económica para los necesitados, a
quienes no muestra la menor compasión por sus penurias al considerarles mejor
muertos para poner freno a la sobrepoblación que está sufriendo la sociedad; ni
con su explotado empleado, Bob Scratchit, a quien de mala gana le concede libre
el día de Navidad. Pero esa noche recibirá en su casa una advertencia de
ultratumba, que más bien podría considerarse un ultimátum, directamente de la mano
del difunto Marley.
Quien fuera su socio acarrea una condena muy pesada en la otra vida por
su falta de bondad y su afán de ganar dinero, y el propio Scrooge correrá un
destino igual, e incluso peor, si no cambia su forma de ser. Por ello, tres
espíritus irán a visitarle para darle una última oportunidad en su vida.
¿Querrá Scrooge enmendar su corazón pétreo y glacial? ¿Serán esos
fantasmas capaces de quitarle la venda que lo ha apartado de lo mejor del ser
humano? ¿Llegará a ser tocado por la magia de la Navidad?
Cuento de Navidad narra un
breve pero intenso periplo en pos de una redención que ganar, a través de un repaso
al ayer, una concienciación del ahora y un anticipo agrio de un mañana no tan
lejano. Un alma congelada por demasiados años que necesitará los rayos del sol
si quiere evitar un castigo tan aciago como eterno, debiendo abrir los ojos
ante lo mucho que se ha dejado perder de sí mismo y de su bondad innata a lo
largo de su vida.
Esta obra trata de aleccionar en muchos aspectos, con el fin de no
desmerecer ni dejar caer en el olvido las virtudes positivas potenciales con
las que nacemos. Que tras la decadencia de lo más difícil de esa época, sobre
todo para las clases más desfavorecida y los niños, siempre queda un espacio
para el amor, la bondad e incluso la esperanza, que estos sentimientos no
pueden desaparecer del todo, aunque sea avivándolos en ese día tan especial del
año. Igualmente, el autor inculca en sus líneas que no se puede vivir ignorando
los infiernos que otros puedan padecer; así como lo poco bien repartida que puede estar la vida, viendo a Scrooge con mucho dinero pero sólo y sin amor, en contraste con personas como su empleado, que aún con necesidades dependientes del dinero que carecen (sobre todo en lo que respecta a la precaria salud de Tiny Tim) goza en su hogar de una fortuna a nivel emocional.
La historia se divide en
cinco partes: Marley’s Ghost, The First of the Three Spirits, The Second of the Three Spirits, The Last of the Spirits y The End of It. La exposición
utilizada es la tercera persona, en la cual he podido distinguir más al propio
autor que una mera voz narradora neutra y anónima; y al mismo tiempo logra
atraer con sumo éxito a las palabras escritas cada emoción que rezume sus
personajes, en especial Scrooge.
Y es precisamente ese ímpetu de Dickens en su forma de narrar uno de los
puntos que me parecieron más fuertes de su estilo; pues muestra él mismo cuanto
vive y hasta donde se implica con lo que salió de su pluma. Capaz de mostrar la
vida no tan fácil para muchos de esa época, pero sin que caiga en una bruma de
decadencia luctuosa, creando una obra que siempre refleja aunque sea un mínimo
atisbo de luz en medio de un escenario gris.
Ebenezer Scrooge es un personaje que en el cual se aprecia una clara
curvatura en su evolución como personaje, sobre todo teniendo en cuenta su
pasado; y esto es seguramente otro de los mayores y más atractivos puntos
fuertes de ese clásico literario. Un corazón con un invierno eterno que
entierra durante largos años todo lo bueno que hay en él, sin que muestre el
menor arrepentimiento de esa forma de ser tan degradada; y tiene que ser la
revelación de su castigo reservado para la otra vida lo que le haga
recapacitar. Claramente empezará movido por el miedo ante un calvario eterno,
pero a medida que los tres espíritus le muestran el antes, el ahora y el
después de sus Navidades, irá entendiendo lo que quieren decirle y el miedo
dejará de ser el único sentimiento que ahonde en él. Pasará por la nostalgia de
las pocas pero intensas cosas buenas de su infancia y su juventud, antes de que
se volcara demasiado en su trabajo y en las ganancias; después se verá a sí
mismo de una manera distinta y menos subjetiva gracias a los tres espíritus, lo
que decidirá en gran parte el destino y las elecciones del propio Scrooge.
Marley no tiene más importancia en la trama que al comienzo como mero
mensajero y prueba “viviente” de que todos sin excepción pasamos por caja una
vez exhalamos nuestro último aliento. En Jacob aprecié un poco de que, a pesar
de haber sido insensible en vida, sí que llegó a fraguar sincera amistad con su
socio, lo que le lleva su conciencia a salvar el alma de aquel hombre, y que
quizás dicha ayuda le sirva para sobrellevar un poco el peso que debe arrastrar
por siempre.
Los tres fantasmas que le visitarán, a cual más singular, supondrán una
influencia enorme en Ebenezer, aunque al final la decisión dependerá del propio
anciano. El de las Navidades Pasadas será quien evoque la nostalgia, un punto
que conectará a Scrooge con lo bueno que tenía y que fue perdiendo con los
años. El de las Navidades Presentes le abrirá los ojos de lo que muchos piensan
de él, de cómo la gente derrocha felicidad en Navidad incluso si sus
circunstancias no sean ideales, y sobre todo, en cierto aspecto será una
bofetada de moralidad para el protagonista cuando sea metafóricamente escupido
por sus propias palabras insensibles; además, ya mostradas las Navidades que
dejó atrás, le ayudara a ablandar la rudeza de su corazón cuando Scrooge
desgrane el panorama en la familia de su empleado por el que nunca se había
interesado. El de las Navidades Futuras (o las que aún no han ocurrido) será
perturbador, mostrándole la mísera y nula impronta que Ebenezer dejaría sobre
la tierra, acentuándose el miedo y la culpa en lo más hondo del anciano.
El lector, acompañado de Scrooge guiado por cada fantasma, conocerá cada
personaje más o menos cercano en la vida actual del anciano. Su sobrino Fred,
su único pariente de sangre con vida, le aprecia y le brinda su compasión por
más que le pisotee con su insensibilidad. Bob Scratchit es su trabajado
explotado y mal pagado, pero que aun así nunca pierde la amabilidad y la
serenidad en su trabajo, siendo un cabeza de familia luchador por los suyos y
que alberga compasión por su jefe a pesar de todo. Tiny Tim es uno de los hijos
de Bob y quizás el personaje más enternecedor de la historia, un niño cuyo precario
estado salud le brinda un futuro incierto. También el pasado ofrecerá personas
que fueron importantes para Ebenezer; como Fan, su hermana pequeña y madre de Fred,
por la cual sintió un intenso cariño y una adoración recíprocos; su antiguo
jefe, Mr. Fezziwig, quién tanto él como su señora, a pesar de ser un empleado,
le brindaron el afecto similar al de un padre hacia un hijo, mucho más de lo
que el suyo propio llegó a expresarle; o Belle, su antiguo amor que no fue
capaz de cuidar por obcecarse en el trabajo y el dinero.
La trama avanza con buen ritmo, en buena parte esclarecedor pero que en
ciertos puntos relevantes he sentido ciertas lagunas en donde habría sido
apropiado que se esclareciera un poco más, en particular la parte del pasado de
Scrooge. Un final que quizás se vea venir de lejos, incluso sin la sugestión de
las adaptaciones cinematográficas que inevitablemente hemos llegado a
visualizar alguna vez en nuestra vida. Pero de otra manera no podría acabar A Christmas Carol, indudablemente.
En lo que respecta la lectura de esta obra en su idioma original, debo
reconocer que a pesar de su sencilla extensión llegó a ser un tanto tedioso,
con un amplio vocabulario al cual no estaba acostumbrado y que me obligó a
tirar del diccionario con más frecuencia que otras lecturas mías en inglés
hasta la fecha. Además, me encontré alguna que otra estructura gramatical a la
que no estaba demasiado familiarizado, algo que claramente delata la antigüedad
de la obra. En general, un libro apto para cualquier asiduo a la lectura en
inglés, incluso para los que no estén demasiado curtidos; sólo que las
consultas serán, en muchos casos, más frecuentes de lo que a uno le gustaría.
Conclusión: Redención, arrepentimiento y segundas oportunidades;
amor y bondad por lo menos una vez al año; voluntad de liberarse uno mismo de
las cadenas que nos arrastran y condena; no olvidar el pasado, viviendo el
presente y soñando con un futuro mejor. Una historia que espolea la fe que
podemos tener en el ser humano, incluso en quienes se consideran casos perdidos
si conservan una chispa de voluntad para dejar de serlo para que en una navidad
reveladora pueda tener el espíritu de esas fechas perenne en su corazón.
Y parafraseando a Tiny Tim… ¡Que Dios nos bendiga a todos!