martes, 26 de enero de 2016

Crítica personal: Gauditronix

Título: Gauditronix
Autor: Jordi Sierra i Fabra
Editado en España por: Edebé

Sinopsis:

La vida de Hiro se ve invadida noche tras noche por unas terribles pesadillas en las que cruza ocho niveles de una arquitectura asombrosa y donde se enfrenta a numerosos peligros. Pero no se trata de una simple pesadilla: los edificios existen, fueron construidos por Gaudí, y las amenazas que lo envuelven también son reales, tan reales que quizás Hiro no sea capaz de superarlas.

Crítica personal (puede haber spoilers):

Esta historia nos presenta a Hiro Nagako, un chico japonés de diecisiete años que tres años atrás se instaló con sus padres en Londres por el trabajo del cabeza de familia. En esa nueva vida no puede quejarse, pues tiene todo lo que cualquier adolescente quisiera para ser feliz; sin importarle lo más mínimo lo sutiles que llegan a resultar sus rasgos nipones, a pesar de que sus padres sí sean por entero de dicha etnia. Un verdadero apasionado del aikido que goza del rango de quinto Dan, el alumno favorito de su sensei, Junichiro Sakaguchi. Tiene un amigo del alma, Matthew, con el que comparte tanto las aulas como la experiencia de ser aikidoka. Y lo más importante para él: su amor por Penny ha sido finalmente correspondido. Pero toda esa felicidad y estabilidad cuentan con la mácula en forma de pesadillas que le atormentan en sus sueños desde los últimos tres meses.
Noche tras noche es víctima de los ocho niveles que forman esa prisión onírica en la que a Hiro se le antoja todo como un videojuego, o incluso una aventura de rol; pero demasiado intenso, real e insufrible. Un entorno asombroso, laberintos increíbles, gran presencia de curvas en los elementos físicos, colosales torres... y peligros en forma de dragones y salamandras. Y lo más inquietante: la presencia de un ente al que él mismo llama El Hombre Sin Rostro.
Hiro deberá encontrar la forma de liberarse de esas pesadillas, así como el origen y el significado de las mismas. Pero desconoce al comienzo de la historia lo cruciales que son en realidad para él o lo que puede esclarecer sobre sí mismo, así como la obra de un famoso arquitecto español: Gaudí.

Las pesadillas que acosan constante al protagonista harán que éste indague en el motivo de las mismas, desembocando en un periplo en él se descubrirá a sí mismo, mucho más de lo que a priori él o sus seres queridos pudieran aguardar; y para ello el joven nipón deberá buscar hasta en el último rincón del mapa de su existencia, del presente a sus propios orígenes, desgranando y analizando cada partícula de su alma. Y de igual modo deberá sacar a la luz su desconocida relación de por medio con la obra de Antonio Gaudí en sus pesadillas, con un significado mucho más allá de toda lógica.

Gauditronix está dividido en tres partes (más el epílogo), con la peculiaridad de que cada una se desarrolla en escenarios diferentes: “Londres (Los sueños)”, donde se introduce a Hiro, su vida en su nuevo hogar, la gente que le es cercana, y, sobre todo, las pesadillas que van desquebrajando los pilares físicos, mentales y emocionales que sostienen su ser; hasta que encuentre de manera casual la respuesta que le permitirá tirar del hilo que le guíe a la raíz de su problema. “Barcelona (Gaudí)”, mucho más breve y corta que las otras dos, será la que goce mucho protagonismo la obra de arquitecto mundialmente conocido, enfrentándose Hiro físicamente a las pesadillas con las que El Hombre Sin Rostro le hostiga con mayor frecuencia; una visita a la capital catalana que le brinda una revelación que cambiará drásticamente su vida. “Tokyo (El juego)”, es la más intensa si cabe, donde las brumas se apartan para revelar el quid de las cuestiones de esta historia; además es aquí donde se esclarece el motivo del título de esta obra.
Sus capítulos son sumamente cortos (cinco páginas de media, algunos ni siquiera rozan la carilla de atrás de una segunda). Así pues, esta resulta una lectura fresca y dinámica que no toma demasiado tiempo en dar buena cuenta de sus páginas (y más si se es un lector voraz).

Jordi Sierra i Fabra me ha metido en el bolsillo con su forma de narrar esta historia, además de que el estilo usado me resultó bastante singular. Él logra regalarle riqueza a todos sus capítulos mucho más amplios de lo que aparentan su escueto calibre, preñándoles de gran detalle y originalidad a sus escenarios, acontecimientos, sentimientos y acciones; en particular a la hora de la inmersión en las inquietudes de Hiro y quienes le rodean. Sin duda, su prosa goza de gran atractivo; ha sabido hilar fino cada puntada de esta novela juvenil, manteniendo la expectación con la maestría suficiente para esclarecer tanto a su protagonista como al lector en el punto más álgido en el momento justo.
Otro aspecto fuerte es su dedicación a la hora de puntualizar y detallar elementos que se convierten en recurrentes de peso a lo largo de esta lectura; y la presencia de las mismas se vislumbra en cada recoveco del libro. Por un lado la arquitectura de Gaudí, consiguiendo Sierra i Fabra transportar al lector directamente a cada rincón de Barcelona donde se haya plantado cada fruto de la creatividad del arquitecto. Y por otro, términos y filosofía del aikido, el arte marcial tan crucial para Hiro, dejando constar su presencia de cabo a rabo, y su importancia promete acentuarse llegado el momento cuando el lector empieza a familiarizarse con el aikido al comienzo de la trama; y esa dedicación de adentrarnos sin tedio al aikido (al menos, a lo más básico e importante) es algo que gradecer por parte de quienes no hayan oído siquiera hablar de el mismo.

Hiro me resultó bastante cotidiano, sobre todo al comienzo: un chico equilibrado de cuerpo y mente entrenados sabiamente en su día a día. El lector puede palpar cuán sufrido es él por las pesadillas que le acosan, pero a medida que avanza la trama crece a todos los niveles. En general, un muchacho como un lago sereno que esconde maravillas en sus profundidades.
Matthew es el típico buen amigo del alma, afable, leal y con ganas de cachondeo que cualquier adolescente querría tener a su lado a esa edad, además de volverse simpático en sus no demasiadas apariciones. Sin duda en sus medidas apariciones aporta el punto ameno en medio de la tensión que siente el propio Hiro.
Penny es la chica que más de uno le gustaría para sí; la novia amorosa y fiel que te apoya en todo momento incluso en la distancia, y que a su vez es capaz de hacer más llevaderas las crisis de su pareja y darle un motivo esperanzador para seguir luchando. Si Hiro fuera Ulises, Penny (y nunca mejor dicho) sería su perfecta Penélope.
Aquí me he topado con un personaje que cae más o menos en el cliché del sensei, incluso en una tierra como Inglaterra tan lejos de las conocidas como del Sol Naciente. Junichiro Sakaguchi rebosa sabiduría, quizás de manera algo exagerada; es imposible que leyéndole no venga a la cabeza al señor Miyagi de las películas de Karate Kid. Y aún estar sacado de un cliché estándar dentro del oficio y rol que representa, Sakaguchi cumple bien su misión en el periplo de Hiro.
Jyuro y Michiko Nagako resultan unos padres simpáticos. Comprensivos y bastante tradicionales dentro la cultura y la mentalidad familiar de Japón, aunque no por ello estén libres de la influencia occidental por mostrar respeto, libertad y confianza por su hijo sin que ello reste que sean protectores y atentos con él.
El Hombre Sin Rostro es un personaje onírico, el maestro de ceremonias de las pesadillas del protagonista. ¿Pero es tan irreal como se muestra en su subconsciente? Una figura misteriosa a todos los niveles que congojará a Hiro, siendo un desconocido fantasma personal que enfrentar como a todos los niveles que se le encaran cada noche al cerrar los ojos.
Habrá otros personajes que tendrán un peso notable, aunque no aparecen hasta la tercera parte, y con estos se empiezan a encontrar y a encajar las últimas piezas de este rompecabezas.

El desarrollo de la historia mantiene en vilo el interés del lector, sufriendo con el protagonista sus frustraciones a cuenta de sus pesadillas. Al comienzo todo el asunto es demasiado extraño e ilógico a más no poder, pero capa a capa se va avistando la razón de todo el meollo que arrastra a Hiro; y será entonces cuando la trama y el desarrollo den un cambio imprevisible, tanto que casi parece transformar el género del libro a otro muy distinto en tan solo un instante. Paso a paso, la vida de quien es el eje de la trama dará un gran giro en el que caminará por las sendas de la incertidumbre que salir de ellas dependerá exclusivamente de él, aunque promete ser una proeza titánica para Hiro.
Nada queda de verdad claro al cien por cien hasta su mismísimo epílogo, “Unos años después”. Un final que personalmente me agradó en muy, muy alto grado, y que ata bien atados los acontecimientos decisivos e inciertos del último capítulo.

Uno de los puntos más flojos de esta novela, aunque no sea realmente importante en lo intrínseco pero sí en lo comercial, es la portada. Simplemente no transmite, ni casa con lo que representa su protagonista ni lo que vive en Gauditronix. Parece que a la hora de diseñarla sólo tomaron en cuenta “protagonista japonés” y “practicante de artes marciales”, y por eso les fue lo mismo reflejar en la cubierta un practicante de kendo al ser (junto al judo y el karate) el arte marcial más característico de Japón. En definitiva, aspecto que no parecieron esmerarse lo más mínimo.
¿Y por qué Gauditronix? Está claro que en parte por Gaudí, pero este nombre en concreto cobra muchísimo sentido cuando se abra lo que se esconde tras el telón del fondo de esta trama.

En conclusión: Un libro bastante entretenido y que dejará un buen sabor de boca. Tan amena y efervescente que en algún momento puede dar la sensación de que se queda un poco corto; aunque tal como se concibió resulta ideal. Definitivamente, cualquiera afín a este estilo literario debería darle una oportunidad para vez la relación entre las pesadillas de Hiro y la obra de Gaudí, porque sé que no se arrepentirá lo más mínimo. Jordi Sierra i Fabra no te defraudará con su Gauditronix.


Mi valoración global: 4,5/5 


martes, 12 de enero de 2016

Crítica personal: Sinsajo

Título: Sinsajo
Título original: Mockingjay
Autora: Suzanne Collins
Editado en España por: RBA

Sinopsis:

Katniss Everdeen, la chica en llamas, ha sobrevivido de nuevo a Los Juegos. Gale ha escapado. Su familia está a salvo. El Capitolio ha capturado a Peeta. El Distrito 13 existe de verdad. Hay rebeldes. Hay nuevos líderes. Están en plena revolución. El plan de rescate para sacar a Katniss de la arena del cruel e inquietante Vasallaje de los Veinticinco no fue casual, como tampoco lo fue que llevara tiempo formando parte de la revolución sin saberlo. El Distrito 13 ha surgido de entre las sombras y quiere acabar con el Capitolio. Al parecer, todos han tenido que ver en el meticuloso plan… todos menos Katniss.
El éxito de la rebelión depende de lo dispuesta que ella esté a ser una marioneta, a aceptar la responsabilidad de incontables vidas y a cambiar el curso del futuro de Panem. Para hacerlo deje dejar a un lado sus sentimientos de rabia y desconfianza. Debe convertirse en el Sinsajo… a cualquier precio.

Crítica personal (puede haber spoilers):
Al tratarse de una continuación, será inevitable mentar sucesos del anterior para mayor comprensión y coherencia de esta crítica personal. Si continúas leyéndola, será bajo tu propia responsabilidad.

Aún viéndolo con sus propios ojos, para Katniss no es fácil aceptar que el Distrito 12 haya dejado de existir y que la gran mayoría de sus habitantes sucumbieran en el bombardeo del Capitolio. Ese sabor amargo no puede desaparecer sin más aunque tenga la fortuna de que su madre, Prim y Gale sigan vivos, porque ella es la responsable, indirecta pero certera, de esa masacre.
Tampoco le es llevadera la idea de que no pudieran rescatar también a Peeta de la arena del Vasallaje de los Veinticinco y quedando éste a merced del Capitolio; sin saber que ha sido de él o lo que pueda estar soportando. De igual modo, el hecho de que el Distrito 13 siga existiendo en la clandestinidad y preparándose durante años para contraatacar a la tiranía del presidente Snow será toda una revelación. Y para terminar, el que ella sea tan importante para los rebeldes del 13.
Sin quererlo y sin a penas percatarse, Katniss se ha convertido poco a poco en un icono para el pueblo de Panem que simboliza la revolución para la sociedad y la chispa de sublevación de las masas oprimidas contra el déspota y cruel Capitolio. Alma Coin, presidenta del Distrito 13 y líder de los rebeldes, insta a Katniss que sea el Sinsajo que represente la cara de la rebelión ante el pueblo de Panem en la inminente guerra; porque saben que sin ella su éxito se vuelve mucho menos probable para espolear a la ciudadanía llana a unirse a la lucha y, sobre todo, derrumbar los pilares que sostienen las cadenas de la tiranía.
Finalmente Katniss aceptará, pero no sin condiciones, en buena parte personales. Se creará sobre ella un personaje para idolatrar al pueblo para ser su fuente de valor y esperanza; de igual modo se convertirá en un soldado que por la causa y por el rol de Sinsajo a exponer al mundo deberá estar también en el riesgo del fuego cruzado. Sin embargo, lo que más le preocupa es Peeta, analizando sus propios sentimientos hacia este a la par que se adentra en una nueva relación con Gale entre la guerra y sentimientos confesados antes del Vasallaje de los Veinticinco; descubriendo que quizás su propio corazón puede convertirse en un campo de batalla mucho más delicado. Y por supuesto, mientras la sotierra las cada vez más nítidas trompetas que anuncian la verdadera guerra contra el régimen de Snow, puede que sea inevitable hacerse ciertas preguntas: “¿En quién se puede confiar de verdad? ¿A quiénes conoce en realidad? ¿Qué verdad hay en las profundidades de sus sentimientos? ¿Quién es ella en realidad, si la imagen que quiere y debe mostrar, o por el contrario…?.

Sinsajo culmina la trilogía, tras la expectación que despertó el desenlace de En Llamas, que seguramente a pocos haya dejado indiferente.
Quien crea que este libro será un triplete de los Juegos del Hambre dado el doblete en el anterior (aunque con el nombre añadido del Vasallaje para que no resultara del todo lo mismo), mejor que no se haga ilusiones con el dicho de que, en ese aspecto, no haya dos sin tres. Esta vez los “juegos” serán algo más reales y crueles si cabe, y casi diría que “razonable” para un baño de sangre: la guerra en toda regla. Los tributos siempre se han enfrentado, en verdad, a una batalla aunque campal y anárquica pero no libre de alianzas temporales y traiciones fermentándose; ahora los contendientes son dos claros bandos que sí están dispuestos al conflicto sin la menor coacción opresiva, pero no por ello menos brutal. Y esta guerra promete ser llevada mediante todos los medios posibles, incluyendo la propaganda a través de las ondas, con tal de hundir y destrozar al bando contrario y alcanzar sus objetivos.
Como acabo de exponer, una parte bastante importante, e incluso curiosa, es el tema de la guerra a través de las ondas con las denominadas propos. Las acciones de Katniss más allá de la relativa salvaguarda del Distrito 13 serán recogidas en casi todo momento, tanto para mostrar la realidad al pueblo de Panem pinchando las emisiones del Capitolio como para promover la imagen del Sinsajo, y por ende la de la rebelión. Quizás este aspecto es uno de los que da más juego dentro de esta guerra que llega a convertirse en una travesía por una oscura y espesa jungla sin brújula alguna, porque lo único que Katniss deja claro es que nada está de verdad claro en su mundo en ese punto en el que han llegado.
Este cierre de la trilogía me ha enfocado algo que es tan cierto como recurrente: A veces no todo es tan blanco puro o tan negro azabache, sino que el gris puede ser lo más común en una variedad de intensidades más amplia de lo que puede uno considerar. Cierto que hay mucha oscuridad en la personalidad de Snow y en sus métodos de dominar a la población, pero dentro de su crueldad muestra ir más de frente de lo que puede apreciarse; y del mismo modo, aunque el blanco que supone la meta de la rebelión y Alma Coin, a medida que se sonda la novela las nobles y justas intenciones no lucirán tan inmaculadamente níveas como se quieren vender.

Sinsajo se divide en tres partes (Las cenizas, El asalto y Asesinos), más un escueto epílogo que en conjunto cierra con todo el acierto posible esta historia y ese mundo de tiranía cruel en extremo; en general, no se sale la más mínima puntada del patrón que siguieron a pies juntillas los libros predecesores. Lógicamente, Katniss sigue cumpliendo el rol de narradora que comparte con el principal de heroína; y quizás en este aspecto sufra el doble filo de la voz en primera persona, pues hay muchos acontecimientos (a parte de los que ella no presencia pero sí llega a saber de ellos) que podrían haberse esclarecido.

El estilo de Suzanne Collins continúa siendo de mi agrado, tanto por su exposición como la forma en que absorbe al lector en los sentimientos de Katniss. Sin embargo en esta buena historia en su base, concibiendo en este tercero un cierre nada desechable, no ha logrado contentarme tanto como en los anteriores. Casi diría que ha concebido una recta final aún más enrevesada que más bien acaricia el adjetivo de caótica; pero no por ello quita que sea bastante demoledora narrativamente hablando, golpeando con mayor virulencia aún en las emociones del lector.

Katniss sigue sin tenerlo fácil en este desenlace, más bien se complica más todavía. El escenario en el que andará será un verdadero laberinto tanto emocional como mental, porque el hilo de la confianza se vuelve en ella más fino y frágil; y ella es capaz de contagiar ese sentimiento al lector. Se verá muy inmersa en el conflicto que se desencadena en la novela, tan acerado y candente o más que los juegos que logró escapar con vida. Su rol en este terreno es peculiar, ya que deambulará entre la actividad de combatir como un soldado siempre que tiene la oportunidad y la pasividad de ser una especie de mascota de la rebelión y sus videos. Creo que será en Sinsajo donde más se curte y pruebe la sensibilidad de Katniss, a pesar de lo mucho que ha sido castigado su corazón, que ya de por sí llegará a sobrecogerse ante.
Gale no alcanzó, ni siquiera en este desenlace, las cotas mínimas de expectativas que deposité en él en el primer libro; incluso en algunos aspectos decepciona. No es un mal personaje, ni tampoco digo que sea nulo ofreciendo juego a la trama; sin embargo, personalmente me esperaba más de él. Lo que sí ofrece, a mi parecer, lo que puede germinar en una persona cuando carga años de resentimiento que desembocan en una obsesión de justicia, convirtiéndose esto en una obsesión capaz de nublar la visión de otras cosas importantes e incluso dañar lo mejor de uno mismo; y esto hace que me parezca por debajo de Katniss pues ella ha pasado por calamidades, pérdidas y sufrimientos iguales e incluso mayores pero que ella sí muestra más potencial de perseverancia.
Peeta, el tercero en discordia en este triángulo singular, puede que sea el personaje más sufrido y castigado de este desenlace, puede que incluso más que Katniss por los corredores tortuosos y anegados que le toca sondar por los empujones del destino y la crueldad del mundo post apocalíptico que vive. Será un personaje más crucial que nunca, sobre todo para Katniss, más allá todavía de lo que en superficie muestra. Algo que llega a influir mucho de él en este desenlace es lo más aún diametralmente opuesto que es de Gale; mientras que este último ha caminado de la mano del rencor y la destrucción en esta guerra, Peeta no se ha entregado tan vehementemente a esa manera de enfrentarse a la adversidad, pues siempre en lo más hondo es el chico que puede creer en un mañana mejor, y que siempre, a pesar de todo, es ese hijo del panadero que a hurtadillas le dio pan a alguien que lo necesitaba en contradicción a su madre. En resumidas cuentas, Katniss es la maquinaria de la historia, pero para mí Peeta es una pieza de menor tamaño en comparación a ella pero que se convierte en el engranaje central que hace que ella funcione hasta el final.
La mayoría del resto de personajes son caras conocidas de las anteriores entregas. Haymitch, Finnick, así como otros tributos del Vasallaje que sobrevivieron, mantienen más o menos su grado de influencia tanto en la heroína como en la trama en sí. Por supuesto está Prim, que dentro de su papel sumamente secundario muestra un buen grado de resolución y evolución. Habrá otros personajes que en este libro se esclarecen en mayor o menor medida (dentro de lo que tenga claro conocimiento Katniss) lo que es de ellos antes, durante y después de Sinsajo.
Una parte muy importante, pegados a los talones de Katniss en buena parte de este recorrido, son Cressida, Messalia, Castor y Pollux. Serán quienes aseguren tenerla a tiro de cámara para captar sus acciones, su arrojo y sus decisiones en todo lo que ella participe en esta guerra. Un grupo muy heterogéneo y compenetrado que se amolda bastante bien al Sinsajo y cumple estupendamente su cometido profesional. Parece inevitable que el roce surja entre ellos y Katniss, lo cual nos permite a partes iguales conocerlos un poco mejor y ahondar algo más en la propia protagonista.
Destacaría por otro lado a Alma Coin, la dirigente tanto del Distrito 13 como de la rebelión. Una mujer que escuda su frialdad y su meticulosidad en el objetivo de destruir el yugo del Capitolio sobre los oprimidos Distritos; y toda empatía que ella saca a relucir queda condicionada y estudiada, porque ese el poder que posee como guía de las piezas de su bando de esta guerra. Aunque está claramente en el bando de los buenos esta obra, así como sus metas son por el bienestar de la nación oprimida, se palpa en sus primeras escenas que es de las que no se conformarían con cualquier cargo en la futura sociedad que desean forjar, y que para ello no le importa dar una de cal y otra de arena. Si Snow es la inquietud que aviva la ira y el miedo en los dominados, Coin es la quietud gélida que uno puede llegar a recelar si se ve más allá de sus palabras y actos objetivamente nobles.

La trama sigue su redil de expectante incertidumbre dentro del caos que supone la confrontación, mostrando lo que mueve tanto a unos como a otros. La destrucción y la crueldad de la guerra en todos sus aspectos están muy presentes; donde vemos a La Parca sesgando con la misma avaricia que ha mostrado en cada libro de esta trilogía, pero fue en Sinsajo donde pude sentir más punzante el filo de su guadaña cada vez que se cobraba su presa. El tema de las muertes de personajes (desde cruciales hasta secundarios que lleguen a caer en gracia a parte de los lectores) es algo que estamos acostumbrados en este género, o que al menos uno debería estarlo, sobre todo tras las más significativas que se han cobrado en los libros previos de esta trilogía (muchos aún deben escocerse por la de Cinna); sin embargo, creo que no es fácil aguardar y soportar esto incluso en un desenlace, y en éste la autora logra golpear donde duele, quedando el anterior caso de Cinna en casi una minucia (quien avisa no es traidor).
Un final que desarma al lector, con partes (y pérdidas) que no se esperan o que sí se esperan aunque podamos negarnos a aceptarlas como probables hasta que la autora abofetea con la crueldad de su creatividad. Incluso he llegado a sentirme que todo lo que ha andado y sufrido Katniss pierde de un momento a otro todo sentido. En general sorprende hasta casi las últimas páginas el como queda esta partida con todas las cartas sobre la mesa, aunque en mi caso me dio más o menos la misma cantidad de pros y de contras; agradándome en buena medida pero aún así no llega a lo que cabía esperarme en el momento culminante de esta historia. Además, otro aspecto que me pareció un tanto mal aprovechado en este tercer libro fue el romántico y ese triángulo Katniss-Gale-Peeta que ya desde el comienzo de la trilogía se vendía como un elemento poderoso y prometedor de cara al futuro; pero en alto grado sentí que queda eclipsado (y casi aplastado) por el resto de factores de la trama.
Tampoco destila mucho el muy escueto epílogo, que deja un buen tramo de cabos a disposición de la imaginación y las hipótesis del lector; aunque lo más crucial queda más o menos atado de una manera muy profunda y reflexiva. Un punto y final que cumple bien su cometido, pero recalco que en mi caso no llega a encajar conmigo como lector tanto como esperé.

Y no podía faltar el sinsajo en la portada, con sus alas más extendidas en majestuosidad, un símbolo más claro de esperanza y libertad, con expectativas de traer esa equidad libre de tiranía.

Conclusión: Los juegos se han acabado para entrar en algo puramente adulto pero tan cruel como los vividos por todos los tributos de la historia de ese mundo. La incertidumbre y la muerte rondan demasiado cerca en cada página, y definitivamente nada está claro ni decidido, pudiendo pasar de todo (ya sea para gusto o fiasco del lector). Aún así, si has empezado con Los Juegos del Hambre, vale la pena terminar para saber como acaba esta evidente tragedia.


Mi valoración global: 3,5/5


jueves, 24 de diciembre de 2015

Crítica personal: La Confabulación de Eros

Título: La Confabulación de Eros
Autor: Daniel Fernández
Editado en España por: Stonewall

Sinopsis:

En el año 3077, la sociedad ha alcanzado el cénit de su desarrollo y vive su era más apacible y avanzada. La pobreza, las guerras y la homofobia quedaron enterradas en el pasado. Incluso el amor es algo tan sencillo, rápido y eficaz como conectarse a la aplicación Eros.
Joel vive bajo la sombra de un vergonzoso secreto que le impide ser completamente feliz. Cuando, por avatares del destino, encuentra un blog escrito en el siglo XXI, se verá involucrado en una peligrosa aventura de la que dependerá el futuro de la humanidad.
En La confabulación de Eros el amor y el pop son los protagonistas de una historia en la que confluyen presente y futuro.

Crítica personal (puede haber spoilers):

En un futuro no tan lejano la humanidad sufrirá un duro golpe al estallar un conflicto a nivel mundial sin precedentes. A pesar de acabar al borde de su propia extinción, logrará salir adelante hasta alcanzar un estado utópico de prosperidad a finales del siglo XXXI. Las guerras, la delincuencia, el hambre o la pobreza no existen; así como la discriminación de todo tipo, siendo la homosexualidad algo totalmente normal, tolerada e incluso más común que en el presente.
Incluso el amor es un juego de niños con la aplicación Eros que todo adulto utiliza. Con simplemente pulsar con el dedo te saldrá una lista de todos tus “amores verdaderos” (es muy común que se monitorice más de uno) que vivan cerca del solicitante; y Eros te garantiza una relación mínima de dos años, pudiendo encontrar fácilmente un nuevo amor verdadero tras una ruptura.
Sin embargo, existe un vasto tramo de historia desconocido para esa sociedad futura: la práctica totalidad de lo previo a esa Gran Guerra; aunque se crearon organismos que por diversos medios indagan en la búsqueda de esas páginas arrancadas del pasado.

Joel trabaja en uno de dichos organismos. Su atractivo y su posición económica, entre otras virtudes que posee,  convierten a este joven homosexual en el partido ideal para quienes buscan pareja mediante Eros (de hecho, ésta es la única vía para dicho propósito). Sin embargo, él va camino de convertirse en un eterno soltero, cosa que preocupa en su círculo pues iniciar una relación está al alcance de un clic y que lo más normal es estar emparejado sin que las épocas de alocada soltería sean demasiado largas. Además, él acarrea un secreto vergonzoso sobre su espalda. Y por otro lado, y a diferencia del resto de la sociedad, siente una aversión hacia el Eros.
Un día en su trabajo se topan con un hallazgo en la red. Al principio prometedor, pero las expectativas de su jefe se esfuman cuando resulta ser un blog que gira en torno a vida y, sobre todo, los fracasos sentimentales de un joven gay madrileño de principios del siglo XXI, firmados con el nickname de Proudstar. Sin embargo, Joel conservará los archivos para sí y los leerá con casi adicta avidez, aprendiendo de la vida del milenio pasado, empatizando con Proudstar, así como los fracasos amorosos de éste y su pasión por eso que denomina “pop”; sorprendiéndose e incluso comprendiendo ese mundo en el que el amor del bueno no está tan al alcance de la mano.

El blog de Proudstar, el secreto de Joel, el hastío de éste hacia Eros, así como la poderosa empresa Utopía, son piezas que poco a poco encajarán para tener un peso crucial en una trama que afectará a sus vidas (y las del género humano) mucho más de lo que podrían haberse imaginado. Y esta novela hará, como diría cierta canción, que los milenios sean un decimal y una cifra de tiempo sin más; porque mil años mal contados que separan a Joel y a Proudstar, así como los mundos en los que se mueven, se pueden tornar irrisorios, en especial si el amor juega sus cartas de por medio, con el pop como hilo de fondo.

Esta lectura ha sido para mí un agradable rebujito que mezcla distopía (de una manera singular que no he visto en la literatura contemporánea), ciencia ficción, intriga, toques de humor fresco, ácido y mordaz, y por supuesto amor (centrándose quizás más en el colectivo LGTB) siguiendo una receta sencilla pero tan intensa como profunda si uno conecta con la historia.
Se nos presenta un futuro idílico, aunque no fácil de forjar tras una terrible crisis sobre la humanidad. Puede que hasta resulte demasiado perfecto, si hasta se consigue con un solo pulsar de botón algo tan intangible como preciado para la mayoría hoy en día que es el amor.
Una de las mayores reflexiones que me ha despertado es si de verdad la idea de un mundo cien por cien perfecto y cuadrado lo convierte en el verdadero sueño dorado de la humanidad. Y de igual modo, la de que el amor sea algo tan fácil y accesible, convirtiéndose en algo más bien material, comercial y casi tangible. ¿Cuánta gente no se habrá identificado con Proudstar? ¿Quién no ha deseado poder tener el amor con un simple chasquear de dedos (o un pulsar como en este caso)? Creo que la mayoría firmaría por ello, aunque suponga la pérdida de todo eso que lo hace tan especial. Y también resulta contradictorio y difícil de asimilar una aplicación que; por un lado, te garantice una relación con el amor de tu vida mínima de dos años como si fuera un electrodoméstico; y por otro que uno tenga varios amores verdaderos a elegir el que más te guste dentro de tu zona, que con solo elegir y que esa persona te acepte ya baste para que se forje al instante una relación incluso a nivel emocional. Una idea que a más de uno podría inconcebir, asustar e incluso repugnar, pero tan habitual (o más bien condicionado) para la sociedad de Joel que la existencia del amor “a la vieja usanza” sea de primeras desconocido para luego ser impensable e increíble; pues este sentimiento solo existe con Eros en ese siglo, que las relaciones de sociales (más exactamente, el cortejo) sólo les sirven para ese fin que es el deseo carnal sin cabida al interés de enamorarse o gustarte, evidenciando lo limitado e incluso castrado que puede llegar a ser el corazón humano en este caso.
Otro elemento fundamental que se enfatiza en la novela, especialmente cuanto más avanza la trama, es la cultura pop; con especial hincapié en su música y la filosofía que ésta puede llegar a transmitir, siempre con la voz y la visión de Proudstar como gurú de esta corriente. Curiosamente, en este aspecto el autor fija su visión sobre pop internacional sin mención a iconos nacionales tanto del pop en sí como del colectivo al que está más enfocada la obra (me hubiera gustado que se hubiera acordado un poco de los “Fan Fatales”, he de reconocer).

La Confabulación de Eros derrocha una intensidad difícil de creer que sus poco más de doscientas páginas sean capaces de contener, y de igual modo que dicho ímpetu case bien con la sencillez y frescura que también derrocha. Siendo objetivo y juicioso, no es una novela que destaque en aspectos que la cotejen con obras de renombre; pero si uno logra conectar con la historia de Joel y Proudstar, con esa sencillez y frescura que son sus cimientos, se convertirá en un título que te encandilará y enamorará para ocupar un rincón de honor en tus repisas. Un buen libro tiene el objetivo primario de entretener al lector; en mi caso lo consiguió con pericia soberbia.
Tras el prólogo de Paz Quintero, la historia da comienzo directamente en su primer capítulo hasta culminar en el número treinta y uno y su posterior epílogo; cada uno de estos son bastante cortos aunque no por ello menos intensos, mezclándose en armonía la narración propiamente dicha con las diferentes entradas que componen el blog de Proudstar (con el agradable detalle de la diferencia tipográfica bien marcada entre la una y la otra).
Al mismo tiempo, ésta es una novela a dos voces que se reparten la exposición en una armoniosa y perfecta equidad. Por un lado la tercera persona, que detalla los acontecimientos y el dinamismo de la trama propiamente dicha, así como las emociones y los pensamientos de sus personajes (principalmente Joel) como una sombra que se adentra en lo más profundo de sus almas. Y por otro lado la primera persona del propio Proudstar en su blog, donde desnuda su vida como un diario (aunque no demasiado privado si lo cuelga en Internet); y es en cada entrada del blog donde más que ningún otro se palpa las emociones y los pensamientos de este personaje, sobre todo en el terreno amoroso donde va más de derrota en derrota por un motivo u otro.

Sobre el trazo de la pluma de Daniel Fernández, sinceramente me cautivó en esta ópera prima suya. Sencillo y directo, a la par que intenso y fresco; llegando personalmente a atisbar algo especial entre sus líneas, que con mucha frecuencia lograba robarme una sonrisa e incluso una risa propiamente dicha con ese toque ácido que impregna a sus personajes. Sin duda ha logrado crear una primera novela que es diáfana y heterogénea dentro de su sencillez, además de fresca, con una prosa que pisa con autoestima contagiosa en un recorrido dinámico; además de inflar de carisma en estado puro en la personalidad del elenco que ha concebido.

Tanto Joel como Proudstar me agradaron, porque a pesar de todo y sin importar sus bien distanciadas épocas, son jóvenes concebidos para que resultaran reales y fáciles de captar la empatía de más de un lector (incluso si no comparten su orientación sexual). Son personajes que por X o por Y mantienen una relación no muy cordial con el amor, y esto es un punto de partida que afianza la empatía del primero por el segundo, barriendo por completo hasta las barreras del tiempo. Y poco a poco ambos se vuelven complementarios en la historia, como las dos caras de una moneda.
Por un lado Joel refleja frustraciones, que a pesar de todo lo bueno que le destaca como un diamante perfecto siente que no encaja del todo en la selva urbana del siglo XXXI por la que ronda, en especial por no compartir con los demás esa necesidad de utilizar Eros; y encontrar ese blog milenario abrirá los ojos, le ayudará a encontrarse a sí mismo para librarse de fantasmas y estigmas, desarrollando una evolución notable.
Por su parte Proudstar es un personaje que, aunque sufra y se lleve más de un desengaño en el terreno sentimental, siempre camina por la vida con fuerza y se levanta por más tiritas que pegue en su corazón; un personaje con bastante chispa, sobre todo a la hora de desnudar sus emociones más tristes sin que el receptor de sus palabras necesite prozac para leerle, y no es difícil encariñarse de hasta sus momentos más patosos. En el tramo final una parte de él llega a sorprender, aunque de una forma un poco rechinante e inexplicable, aunque eso no oscurece el fulgor que lo convierte en un personaje que agrade de principio a fin.
No son muchos los personajes que circundan a los que tienen la mayor voz cantante, principalmente la exuberante Lorena (compañera de trabajo de Joel con la mantiene una buena amistad) y la arrolladora Andrea (mejor amiga de Joel y lesbiana), ambas muy importantes para el chico en común y que se preocupan sinceramente por él; y aunque ambas tienen en común haber encontrado la felicidad con Eros, sus vidas experimentarán un antes y un después cuando son salpicadas por los acontecimientos narrados en la novela.
Son otros los que gozan de relevancia en esta novela, aunque profundizar sobre ellos en esta reseña supondría arruinar la oportunidad de disfrutar tanto de ellos como de la historia en sí; principalmente porque toman cartas en el asunto ya pasado el ecuador. Lo que sí destacaría, y sin hacer una mención descarada, es la presencia de una figura bastante singular, la cual se convierte en una de las excentricidades del geiser creativo del autor, pero que acaba resultando un aporte que hace despuntar el toque hilarante, picante y efervescente; además de que su presencia de por sí vuelve innecesario el típico comentario de “todo parecido con la realidad es pura casualidad”.

Me es imposible cometer el desatino de omitir mi opinión sobre la portada (uno de esos puntos que avivaron mi primera curiosidad para darle una oportunidad a esta obra), tan sencilla pero atractiva a su vez, un buen trabajo por parte de Jorge Vivas. Un fondo de códigos binarios tan intrínsecos en la tecnología, así como la mano en primer plano pulsando un botón que sería el uso de Eros, son claras referencias del futuro de Joel; mientras que en medio muestra un joven de aspecto contemporáneo cuyo rostro no se revela (seguramente evocando a Proudstar) junto al popular Edificio Carrión de Madrid (aunque con la palabra Utopía sustituyendo el nombre de la famosa marca de bebidas del emblemático neón que la corona; palabra con doble sentido entre la utopía que alcanzaría la humanidad en el siglo XXI y el nombre de la poderosa empresa de ese futuro lejano e hipotético). Absolutamente una portada con magnetismo y que engloba la idea de la historia que protege sus solapas, así como la convergencia del hoy y el mañana de la novela.

La historia comienza realmente bien, con un planteamiento y desarrollo muy prometedores. A medida que se alcanza su ecuador se vuelve un tanto más “fantasiosa” y estrambótica, incluso para su género y la sencillez que derrocha su base; pero no por ello no menguó en mi caso la curiosidad y el agrado que me atrapó en sus primeras páginas. La novela mantiene la hilaridad amena que se retuerce en sincronía con toda la intriga que ofrece, incluyendo lo que el autor da a potenciales hilos de reflexión, en buena parte por las entradas del blog de Proudstar; y estas últimas en gran parte llegan a ser tan extrañas (y hasta diría que reveladoras) para la mentalidad de los habitantes del futuro, pero tan cotidianas y comprendidas para cualquiera que camine ahora por este mundo.
Su final me agradó en gran medida. Aunque resulte en buena parte disparatado, surrealista (incluso para sus elementos de ciencia ficción) y paradójico, precisamente esto acentúa el encanto de la novela. Cierto que hay puntos que un poco se meten casi con calzador y a empujones, pero el resultado que ofrece me dejó satisfecho y sin duda tenía que ser así para que dejara en mí un buen sabor de boca a la altura de mis expectativas.

Existe una escueta precuela lanzada a posterior (únicamente en formato digital y de manera gratuita en la web de la editorial), titulada La Confabulación de Eros: Los Archivos Perdidos. Un par de capítulos que complementan esta novela que espero echarles el ojo pronto.

Conclusión: Sencilla e intensa, fresca y divertida, con una mezcla de elementos que se solapan bien entre sí. Una historia que, a fin de cuentas, gira en torno al amor y su importancia sin importas las épocas; que aunque no sea un camino fácil el de los sentimientos, facilitar ese camino a un extremo radical no está exento de consecuencias negativas.
Si te dejas cautivar por el ritmo pop que mueve a Proudstar capaz de germinar en nuestros descendientes del siglo XXXI, esta será una de esas lecturas que te dejarán un grato recuerdo cada vez que venga a tu memoria.

Mi valoración global: 4,5/5



miércoles, 23 de diciembre de 2015

Merry Booky Christmas!

El tiempo siempre me parece caprichoso y ambiguo, capaz de hacer un año largo y a su vez fugaz, y este 2015 no es una excepción.

Uno no evita hacer balance, de las ganas que tuve de volver a la blogesfera pero parece que con las ganas no bastaban para llevar el ritmo que quería. La verdad, la vida a veces necesita tiempo extra, pues con frecuencia se me antojan escasas las veinticuatro horas que tiene un único día; y me da la nariz que en el 2016 andaré por la misma línea o quizás con el cinturón del tiempo algo más apretado.
Eso sí, seguiré estando por aquí aunque sea con cuenta gotas (quienes me conozcan un poco sabrán que no soy partidario de las despedidas a la francesa).
Gracias a quienes se pasen por este rincón de Blogger, a quienes echan un vistazo al contenido que comparto (espero en 2016 dedicarle algo más de merecido tiempo a mis relatos, tanto rescatar los que en su momento subí a La Repisa como los nuevos que vaya escribiendo), a quienes han dejado alguna palabra o hayan manifestado su agrado tanto aquí como en las redes sociales vinculadas a mi actividad de bloguero y escritor.

Y son más, os deseo una Navidad maravillosa, con una entrada y salida de año desbordante de alegría y buenos propósitos. Y por supuesto, que Santa y los Reyes Magos se guarden el carbón para traeros montones de libros que os hagan soñar, emocionar, reír y, sobre todo, crecer día a día como personas.

¡Feliz Booky Navidad!



miércoles, 2 de diciembre de 2015

Crítica personal: Una Vacante Imprevista

Título: Una Vacante Imprevista
Título original: The Casual Vacancy
Autora: J. K. Rowling
Editado en España por: Salamandra

Sinopsis:

Pagford, un pequeño pueblo donde los secretos cuentan.

Con su plaza adoquinada y su antiquísima abadía, Pagford parece un típico pueblecito inglés, un lugar idílico en el que la vida transcurre con plácida tranquilidad.
Sin embargo, sus habitantes están inmersos en una realidad diferente. Tras la conmoción causada por la súbita muerte de Barry Fairbrother, se desencadena una auténtica batalla en srdina por ocupar la vacante dejada por Barry en el consejo parroquial, donde se dirime el destino de una urbanización de dudosa legalidad.
Y cuando la tensión hace aflorar una serie de conflictos laterales que involucran a todo el pueblo −hijos contra padres, pobres contra ricos, mujeres contra maridos, alumnos contra maestros−, la pasión, la hipocresía y, especialmente, los secretos que suelen anidar en una comunidad pequeña desempeñarán un papel decisivo en el futuro de Pagford.

Crítica personal (puede haber spoilers):

Quienes me conozcan, sabrán que J. K. Rowling y su reconocida saga de Harry Potter son una de las mayores influencias para mí, tanto como lector como autor. Uno despierta expectación (y no puedo negarlo, cierto recelo a lo desconocido) cuando se embarcó en un género tan diferente al que llevaba escribiendo durante tantos años. Afortunadamente, a pesar del calibre de seiscientas intensas páginas que acarrea esta novela, Jo sigue metiéndome en el bolsillo.

Pero antes de adentrarme en esta opinión personal, diré de antemano que me he planteado no aportar muchos detalles de la trama o sus personajes. El motivo es que Una Vacante Imprevista es una historia muy completa y diáfana, ya de por sí por el meollo político en el que gran parte del elenco tiene cabida crucial; pero también porque los acontecimientos y las historias propias de todos sus personajes tienen su peso, algunas de ellas en verdad independientes a la vacante libre en el consejo parroquial y el tema de discordia entre los dos más bien claros bandos del mismo, pero que al final todo acaba enlazado en mayor o menor medida.

Pagford es un pueblo inglés que resulta corriente, monótono y encantador para los ajenos a este (por lo menos, en su superficie); aunque no hay que olvidar que no es oro todo lo que brilla.
De la manera menos esperada y triste, muere Barry Fairbrother la noche en la que se disponía a celebrar con su esposa Mary su aniversario de bodas. Este hombre destacaba, en criterio de un buen número de vecinos, por su carisma, además de por su entrega a diversas actividades de la comunidad (por ejemplo, entrenando al equipo femenino de remo del instituto); y lo más importante es que pertenecía al consejo parroquial de Pagford, cuyos miembros deciden en sus asambleas los asuntos políticos del pueblo. La defunción de Barry deja libre un puesto, el cual resulta ambiciosa para cualquiera con aspiraciones políticas y de cierto poder en esa comunidad; pero importante para los que ya están dentro del consejo, porque encontramos dos claros bandos con ideales que chocan con los de otros, y la falta del fallecido equilibra momentáneamente la balanza de poder en las decisiones, y cada uno de esos bandos necesitan inclinarla a su favor, con la urgencia de un asunto en el que se encuentran en delicado debate.
Décadas atrás la vecina ciudad de Yarvil empezó a extender urbanizaciones hasta los mismos límites de Pagford, y finalmente logró adquirir ciertos terrenos que permitieron ampliarlas hasta invadir tierras que los habitantes del pueblo consideraban suyas. En el momento actual de la novela, los terrenos de Pagford urbanizados por Yarvil lo ocupa la zona residencial que recibió el nombre de los Prados, la cual poco a poco se convirtió en el asentamiento de familias de clase baja, desestructuradas, conflictivas y de baja estofa, con un alto índice de desempleo en sus hogares y nido de vándalos y drogodependientes, donde los trapicheos y negocios de sustancias estupefacientes son sobrado conocidos por todo Pagford. Para mayor delicadeza del asunto, Yarvil se desentendió de los Prados para derogar las responsabilidades sobre los Prados (sobre todo los temas de los gastos que supone), recayendo durante mucho tiempo sobre el consejo parroquial.
La opinión de los Prados es el tema de mayor división para sus representantes políticos (y lo mismo podría decirse de un cierto número de sus habitantes). Por un lado, encabezado por Howard Mollison, se las ven y se las desean que Pagford se desentienda legalmente de los Prados y volver a lanzar esa pelota a la jurisdicción de Yarvil; pero el lado opositor, donde Barry Fairbrother era el estandarte, discrepaba ante dicha separación. Y quien llegue a ocupar la vacante del fallecido tiene mucho peso a la hora del triunfo de los pro-prados o los anti-prados; cada uno de estos con sus motivos para defender sus respectivas causas.
Pero esta guerra política salpicará a otras personas, afectándolas o beneficiándolas, dependiendo e influyendo del destino legal de los Prados pendiente de un hilo. Cada individuo que se narra en esta novela, con un elenco diverso de edades, posiciones y relaciones entre ellos, tendrá mucho que ver y que decir incluso sin decir palabra directa; y de cada uno de ellos (movidos por sus aspiraciones, sus egos, sus frustraciones y sus deseos personales) puede ser un arma de doble filo tanto para los demás (ya sean amigos, enemigos e incluso familiares) como para sí mismos… Y está claro que los secretos que se airean pueden ser las armas más letales, en especial en una comunidad tan reducida donde casi todos se conocen al menos de vista o de oídas.

La trama de Una Vacante Imprevista tiene un eje principal que, como salta a la vista, es el tema político que produce tal discordia como si la diosa griega Eris hiciera rodar su manzana dorada en medio de ese pueblo inglés. Sin embargo, un generoso número de tramas la circundan, unas con mayor o menor relación con la principal, otras que a priori viven ajenas a la vacante de Barry y el asunto de los Prados, con un generoso número de personajes cuyos intereses y acciones pueden aportar su granito de arena al desenlace del argumento; por lo tanto el lector no debe infravalorar siquiera las preocupaciones tan banales de los adolescentes que rondan por Pagford, porque todo (absolutamente todo) puede marcar un poco la diferencia.
La novela (dividida en siete partes y narrada siempre en tercera persona) me ha resultado un ejemplo realista de muchas facetas que puede desplegar el ser humano, así como la diversidad de personalidades, psiques y objetivos que alimentamos y modelamos desde que empezamos a tener uso de razón. Entre otros aspectos, podemos ser mezquinos y egoístas, ignorar los infiernos que otros puedan padecer y por tanto menguar la empatía innata que forma parte del caldo de cultivo de nuestra concepción; tan ególatras pueden pecar de ser las personas que se vuelve fácil el hacer sufrir a otros de directamente y a veces sin ser conscientes de ello, ya sea de manera física como verbal y psicológica. Pero lo peor que podemos sacar no es una danza solitaria, pues lo mejor de nosotros comparte la pista de baile en la seguimos el ritmo de la música de la vida, y es precisamente de cada individuo quien depende como afrontar sus propios problemas, aunque no sea fácil evitar ser herido tanto uno mismo como quienes nos rodean.
También atisbé en esta historia algo que siempre me han comentado y que parece aplicable sin importar la nacionalidad: cuanto menor sea una comunidad (como en el caso de un pueblo), mayor conocimiento se puede tener las vidas de los vecinos y uno mismo está siempre expuesto, y que precisamente el impacto mayor que puede tener con respecto a comunidades más grande el que se aireen trapos sucios y todo tipo de secretos, en particular los inconfesables, turbios y bochornosos. Además, en más de una ocasión se deja constante la mentalidad recelosa, cerrada y a veces despectiva en ocasiones los oriundos más radicales (aquí referidos como la vieja guardia de Pagford) con respecto a los que no les respalda una línea generacional pura y casi milenaria en la región, hasta el punto de considerarlos invasores e indignos de pertenecer a ella incluso por más años que compartan el día a día o que sus hijos hayan nacido y crecido allí; y para Howard Mollison (entre otros), la gente de los Prados es considerada, además de chusma parásita, extraños invasores que no serán verdaderos “pagfordianos” en el jamás de los jamases.

J. K. Rowling despertó mi expectación antes siquiera de tener esta novela en mano, y quedé satisfecho al ver que no ha perdido el atractivo que me cautivó en el pasado. Su prosa llega adecuadamente al lector, como siempre, aunque con un lenguaje algo más curtido que en sus libros anteriores al ir más enfocado a un público de mayor edad en este caso; su ambientación y la forma de transmitir los pensamientos y las emociones de cada personaje aún se aferran al adjetivo de sublime. Lo que destacaría de esta lectura, en lo que a la narrativa de la autora respecta, es lo mucho que llegó a sorprenderme cuando relata ciertos temas; mucha gente no se esperaría el modo en que Rowling toca el sexo sin demasiados tapujos, y aunque se trata de un asunto presente en la vida real puede que lo más normal sea que nos llevemos un pequeño shock si hemos leído antes su ópera prima. En términos generales, esta gran autora mantiene lo mejor que siempre la ha caracterizado y le suma nuevos registrados para este giro de ciento ochenta grados en su trayectoria.
Por supuesto, la prosa de Jo sigue siendo realmente intensa, y en Una Vacante Imprevista llega a alcanzar un grado de densidad que a veces uno deba esforzarse al ritmo de su exposición en este caso; considerando en algunos momentos tomar esta lectura con cierta y especial calma para llegar a disfrutarla de verdad. No cabían dudas de esto dado al calibre y a la profundidad tanto en la trama como en su generoso número de personajes (dedo señalar, que entre principales con peso y relevancia en la historia rozan muy de cerca la veintena, toda una hazaña por parte de Rowling que logra con éxito y sin caer en el intento); un proyecto realmente ambicioso que es más que probable que sólo sepan disfrutarlo lectores curtidos y mentes pacientes. Sé que esto puede ser un punto bastante negativo para muchos a la hora de brindarle una oportunidad a esta obra, yo mismo he llegado a tomármela con más calma de lo habitual en mí (en particular a la hora de ponerme en situación de lo que ocurre en Pagford, el tema de los Prados y los desencadenantes de la muerte de Barry Fairbrother; así como empatizar con las diversas historias circundando los asuntos principales de la novela, familiarizándome con cada personaje y ubicando las distintas relaciones que hay entre unos y otros). Pero a pesar de todo, uno puede llegar a despertar agrado una vez familiarizado con la base de la obra, y más si se es un lector que disfruta con tantas historias más o menos separas pero a su vez tan conectadas. En verdad, Rowling hizo un delicado y complejo trabajo con Pagford, pero a su vez perfecto y real, al ser capaz de concebirla y exponerla con un realismo creíble dentro de su naturaleza ficticia. Así pues, a pesar de su envergadura física y argumental, puede ser una delicia para los que quieran una historia completa y polifacética y tengan lo que hace falta para encarar la longitud de la novela (que afortunadamente, el estilo de la autora minimiza toda posible pesadez).

Diría que no hay un verdadero protagonista en esta novela, a la excepción quizás (pero de manera más bien simbólica y como un foco de referencia para los acontecimientos narrados) del propio Barry; cuya muerte despertará diferentes sentimientos y reacciones entre sus familiares, amigos y vecinos, desde la profunda pena de dicha pérdida y recuerdos memorables de su personalidad hasta la hipócrita falsedad y satisfacción de triunfo de quienes lo consideraban un enemigo político más porfiado que un forúnculo en el trasero. Algunos personajes, a raíz de Fairtbrother (quien se convierte en un punto de referencia en la novela, como si fuera el kilómetro cero de esa red de historias y acontecimientos), así como el legado del mismo, se moverán en contra o en pos de lo que creía y luchaba el fallecido.
Personas mezquinas, pedantes, ególatras, ambiciosas, cobardes, hipócritas, inmaduras incluso siendo adultos o que prefieren coger los atajos y los trapicheos fáciles para caminar por la vida; aunque habrá quienes traten de mantener y expresar lo mejor de ellos mismos, a pesar de que las circunstancias que les circundan no facilitan dicha tarea. Corazones con sus frustraciones, miedos, tristezas, traumas, sueños, deseos y aspiraciones; y la personalidad y las decisiones de cada uno influirá en como avanzan en esta particular tragicomedia con Pagford como escenario. Habrá quienes (en especial desde la juventud de la adolescencia) traten de encontrarse a sí mismos o adaptarse a los cambios inesperados, o que tras muchas experiencias en sus vidas que tiran más bien a desafortunadas traten de enderezarlas o encontrar lo que creen necesitar. Entre cada personaje, en su heterogeneidad de edades, personalidades y estatus sociales, se irán pasando la batuta del protagonismo según el grado que la autora les ha adjudicado, enlazando sus acciones sobre otros para afectar en unos acontecimientos y otros.
Quizás un punto muy común en todo el elenco sea el egoísmo, porque a veces los objetivos, las preocupaciones y la impotencia individuales absorben al ser humano; además del despecho, pues a veces esta emoción saca el peor y más malicioso lado de la gente hasta llevar la venganzas indirectas y más bien traperas y desleales, tales como el aireo de trapos sucios desde la salvaguarda de las anónimas sombras para subjetivamente devolver el equilibrio a sus propias existencias (aunque las armas que puedan usar en este sentido pueden resultar muy de doble y peligroso filo).
En general, me ha agrado esta compañía de actores que entre todos acaparan más o menos por igual los focos. Los he adorado, los he odiado, me han despertado asco, rabia, vergüenza ajena, compasión, empatía e incluso admiración en lo que respecta a sus personalidades y decisiones… Y sobre todo, me resultaron muy vivos y humanos. Todos cumplen sus respectivos papeles con palpable pericia e hicieron que valiera aún más la pena pasear entre ellos por los rincones de Pagford.

La densa e intensa trama, en general, atrae a medida que se conoce y se comprende mejor al elenco. Y cuando ya la situación se encuentre establecida, la expectación va caldeándose poco a poco tras cada página pasada, tanto por el destino de los Prados como la ocupación de la vacante libre en el consejo parroquial; pero en particular las historias personales de cada protagonista que llegan incluso a soterrar el enredo político, ofreciendo muchos retazos de secretos e intrigas que prometen ir mostrando más de su tela hasta ser revelados.
A medida que la lectura se aproxima más a su último tramo y a su desenlace, el crescendo del ritmo argumental acaba llegando a ser infrenable y frenético como una bola de nieve rodando desde la cumbre más alta hasta que se vuelve más dinámica y colosal. Entonces, llegando a su final, esa bien crecida bola de nieve estalla con toda su virulencia, abordando al lector con la tragedia y las resoluciones en la vida de la mayoría de sus personajes.
A fin de cuentas, uno llega a un punto y final difícil de preveer. La mayoría de implicados en esta función acaban, para bien o para mal y en mayor o menor medida, recogiendo lo que siembra y ajustando alguna que otra cuenta con el karma; otros se encontrarán a sí mismos y (en especial algunos casos) empezarán a dar los pasos de un antes y un después, pues algunas de las situaciones tan complicadas llegados al final de Una Vacante Imprevista serán renovadoras e incluso esperanzadoras. Pero en definitiva, habrá quienes nos darán a entender que la visión de cada persona puede ser verdadera, aunque el criterio de la misma sea distinto entre unos ojos u otros; y que las acciones y aptitudes de una misma persona pueden ser ambivalentes y, aún así, no desmerecer las positivas de las negativas. Puede que algunos parezcan santos y otros demonios, a veces dependiendo de lo que hagan, de sus circunstancias e incluso la lente por la que son observados, pero a fin de cuentas humanos que cargan con virtudes y taras en la superficie del alma.

Conclusión: Lo que en el epicentro es una trama política, no es más que el dilatado y reverberante surtido de vidas que, en mayor o menor grado, danzan en torno a esta. Un pueblo con sus altibajos y sus polémicas soterrado en las relaciones y las personalidades de sus habitantes, ofreciendo al lector un diverso entramado de personas cuyas experiencias y complejidades, así como los secretos que se llegan a lanzar como letales granadas de mano que a veces no hacen miramientos con la propia familia, darán pie a la reflexión. Desde mi punto de vista, J. K. Rowling supera con nota esta prueba de fuego que le quita la etiqueta de ser simplemente la autora de Harry Potter.

Mi valoración global: 4,5/5



viernes, 27 de noviembre de 2015

Crítica personal: Divergente

Título: Divergente
Título original: Divergent
Autora: Veronica Roth
Editado en España por: RBA

Sinopsis:

En el Chicago distópico de Beatrice Prior, la sociedad está dividida en cinco facciones, cada una de ellas dedicada a cultivar una virtud concreta: Verdad (los sinceros), Abnegación (los altruistas), Osadía (los valientes), Cordialidad (los pacíficos) y Erudición (los inteligentes). En una ceremonia anual, todos los chicos de dieciséis años deben decidir a qué facción dedicarán el resto de sus vidas. Beatrice tiene que elegir entre quedarse con su familia o ser quien realmente es, no puede tener ambas cosas. Así que toma una decisión que sorprenderá a todo el mundo, incluida ella. Durante el competitivo proceso de iniciación posterior, Beatrice decide pasar a llamarse Tris e intenta averiguar quiénes son sus verdaderos amigos, y dónde encaja en su vida enamorarse de un chico que unas veces resulta fascinante y otras la exaspera. Sin embargo, Tris también tiene un secreto, algo que no ha contado a nadie para no poner su vida en peligro. Cuando descubre un conflicto que amenaza con desbaratar la, en apariencia, perfecta sociedad en la que vive, también averigua que su secreto podría ser la clave para salvar a los que ama o... para acabar muerta.

Crítica personal (puede haber spoilers):

Últimamente me están tirando las distopías dentro de mis lecturas juveniles/young-adult; algunas con buen sabor de boca (como la afanada trilogía de Suzanne Collins), otras en cambio acariciaron mi decepción (como el primero de la trilogía de El Bosque de Manos y Dientes), y esta ya bien conocida Divergente fue, afortunadamente, del primer caso.

El escenario de este mundo post apocalíptico es donde en nuestro mundo actual sería Chicaco, una ciudad cuya sociedad se constituye como todo el mundo que disponen, con sus límites que no se consideran franqueables para preservar esa pequeña nación en la que viven. Y para instaurar el equilibro para no recaer en la autodestrucción de la guerra, mucho tiempo atrás se optó por dividirse en facciones, y los miembros de cada una de ellas debían ceñirse y condicionarse a un patrón de conducta y personalidad determinado. Esa es la forma que creyeron en el pasado la más correcta para evitar el colapso de la humanidad, y así parece ser en una precaria y tensa estabilidad.
Beatrice Prior y su hermano Caleb, nacidos y criados en los entregados y altruistas miembros de Abnegación, han alcanzado la edad en la que junto a otros más de entre todas las facciones deberán mostrar su propio destino en esa sociedad. Una prueba determinará la facción que más se ciñe a su personalidad, pudiendo seguir en la que se han criado y educado, o por el contrario tratar de encajar en otra distinta que se convertirá no sólo en su nuevo hogar, sino también en su nueva familia… Porque para esa sociedad la facción tiene la máxima de estar indiscutiblemente por encima de la sangre. Sin embargo, si se cambia de facción los jóvenes deberán pasar una larga y nada fácil prueba que determinará si son aptos para ese cambio; y en caso de no superarla se convierten en Abandonados, personas sin facción que se arrastran por los trabajos más miserables y denigrantes y que sólo recibirán desprecio o lástima por parte de quienes sí pertenecen a alguna.
Beatrice no puede domar su preocupación ante la prueba de aptitud, porque sabe que su altruismo y predisposición no son tan innatos como debería ser en una abnegada, sino que se empuja a sí misma aunque a veces no con todo el éxito esperado en los cánones de la facción; pero el cambio, el no saber si encajaría en una nueva o, sobre todo, la idea de alejarse de su familia, son sus mayores temores ante lo que pueda ocurrir. Sin embargo, el resultado de su prueba de aptitud será algo tan inesperado y sorprendente como peligroso, lo que llevará a tomar decisiones que ni ella misma siente una convicción plena pero que aún así se moverá siempre por los dictados de su corazón. Será también consciente que ganar implica muchas veces una pérdida.
Dejará atrás su nombre para ser llamada simplemente Tris, dando sus primeros pasos para un encuentro tanto personal como con el mundo que se abre ante ella. Un camino angosto fruto de su elección; un chico enigmático que a partes iguales despierta su interés y la pone de los nervios; personas que conocer a la vez que trata de descubrir quien es ella misma; una tensión política de la cual se fermenta vientos peligrosos; secretos difíciles de mantener y recelos que a veces se vuelven irrefrenables, incluso con gente que llega a ganarse un hueco de tu corazón; una competencia que puede llegar a ser cruel y trapera que deberá saber torear si no quiere acabar con un destino penoso. Y todo con la palabra Divergente en mitad de esa vorágine.

Divergente me resultó una distopía realmente interesante y peculiar que me incentivó diversas reflexiones. ¿Puede existir equilibrio en una sociedad en la que se divide en diversos grupos y, a su vez, que en cada uno de estos se conviertan en seres de personalidades y conductas prácticamente idénticas pero con matices que a penas se salgan de los limitados márgenes que ellos mismos se esquematizan? ¿Cabe en la cabeza de alguien de nuestra sociedad actual que podamos ser, en cierto sentido, seres planos y limitados en lo que conducta se refiere y, quizás también, de emociones? Cierto es que cada uno tenemos unas cualidades más enfocadas y realzadas de un modo u otro respecto a otras, pero ser una persona que siempre sea valiente, sincero, sereno o brillante en su máximo exponente (y que al mismo tiempo no muestre encajar lo más mínimo en cualquiera de las otras aptitudes, para mayor complejidad de esta ecuación) como se ve en esta obra se me antoja extraño, e incluso diría que tan triste como ambivalente. No es tan fácil comprender cómo el ser humano de ese Chicago post apocalíptico haya llegado a condicionarse a nivel de personalidad hasta dicho punto, cuando precisamente nos caracterizamos por ser versátiles en estos menesteres; como si de verdad eso erradicara cualquier germen de conflictos con este remedio que se supone en su teoría la mejor opción de equilibrio social. Además, este condicionamiento forzado llevado a lo largo de décadas de instrucción sin alternativas (hasta casi grabarlo en el propio ADN para que lo herede las generaciones futuras) me hace pensar lo que podríamos llegar a perder en este aspecto nuestra propia humanidad personal; y dicha deshumanización alcanza sus cotas más altas si se lee entre las líneas de los Abandonados, tocando el tema de la marginación social si los individuos no alcanzas unas expectativas tan exigentes y limitadas como es la sociedad en la que vive Tris.
Sin embargo, y a pesar de este panorama, se entrevé que puede haber quienes extienden sus mentes más allá de esos limitados esquemas, lo que da esperanza a lo que nos hace tan genuinos; aunque esa virtud sea vista como un maldecido estigma. Por todo esto no se me antoja demasiado descabellado, si aceptamos la realidad de que las personas nos perdernos mucho, e incluso desprendernos de lo mejor que tenemos (esperemos que nunca al extremo del mundo Divergente).
Otro foco de reflexión que atisbé fue el deje de fanatismo en esa sociedad, dando la máxima de que la facción está por encima de la familia (y diría que esta sólo quedaría paralela si uno no cambia a otra), lo que aumenta el concepto de imposición incluso si uno se es afín a la facción. En definitiva, el mundo en el que  vive Tris además condiciona e incluso castra los valores individuales y las capacidades emocionales, porque a criterio propio considero fundamental el libre albedrío de las personas a la hora de considerar que es para nosotros más o menos importante y querido.

Este inicio de la saga posee un buen equilibrio a nivel argumental. En sus treinta y nuevo capítulos (sin prólogo ni epílogo) adentra al lector en un mundo quemado pero resurgiendo como puede y muy paulatinamente de las cenizas dejadas por el fuego de un colosal y remoto conflicto; con muchos misterios e intrigas en el aire que sus ciudadanos respiran, un camino no demasiado fácil para su protagonista (quien para no romper la tónica de otras distopías, es un personaje femenino que lleva la voz narradora de la historia, con sus sentimientos y su percepción como foco guía de la trama), donde nos muestra la crudeza pero sin que esté exenta de momentos más amenos y frescos que suavizan la tensión. Y el factor romántico tampoco podía faltar para tocar todos los palos de rigor para contentar a la mayoría que sienta interés por esta lectura.
El estilo de Roth me agradó, con un trazo atractivo y fresco en su narración. Consigue transportar al lector en su exposición carente de tedio, con una apropiada ambientación desde los ojos de su protagonista. Siendo esta una de mis primeras lecturas de esta autora, ella ha sabido espolearme a sondarla e incluso interesarme en su visión a la hora de concebir este escenario con su tensión tanto política como social. La prosa de Roth se ha ganado por mi parte los adjetivos de magnética y adictiva, y eso es sin duda un gran punto a favor para un autor.

Tris es una heroína que ha sabido ganarme como lector. Una joven muy real, con sus dudas y preocupaciones ante los cambios y las decisiones difíciles que se le presentan. Emocional en su fuero interno pero con un arrojo en potencia que crece a medida que se curte ella misma. Fácilmente infravalorada por su complexión menuda incluso para su edad (creo que empieza a ser un poco sobreexplotado el utilizar protagonistas del aspecto de Tris, aunque una imagen opuesta quizás fuera menos atractiva para el rol que desempeña), pero puede llegar a sorprender a medida que avanza su evolución y su forma de encarar la trama. Definitivamente, aprueba con buena nota al final de Divergente y que despierta mis expectativas para el siguiente libro.
Sobre Cuatro, es todo un personaje que ya para empezar despierta interés por su peculiar nombre (y uno no evitar las ansias de saber porqué todos le llaman así y si su verdadero nombre es otro). Incluso para su edad, da la imagen de alguien fuerte, con un gran grado de autoridad dentro de su posición en su facción, incluso de ser frío y estricto; pero esto no resta el interés de Tris por él tan similar a la que siente una polilla por una llama. Un foco de misterios a desentrañar capa a capa que acabó agradándome, sin decepcionarme y viendo en Cuatro un personaje que en la trama se equilibra con Tris. Además, este mozo tiene casi desde el comienzo todas las papeletas de mover una caterva de fans que le entregarán sus suspiros y sus fantasías como otros tantos casos.
Caleb me dio una de cal y otra de arena. En los primeros capítulos me pareció prometedor, con una personalidad que choca pero sin rechinar con la de su hermana, para no tardar en sorprender tanto al lector como a Tris de forma abrumadora. Sin embargo, no he visto que se le diera mucho juego en este libro, quizás el justo y necesario dentro de la estructura del argumento, y siempre queda la esperanza de que se exprima en los posteriores todo lo que puede ofrecer.
Los padres de la protagonista, dentro de su ubicación como secundarios, aportan su peso justo pero crucial en Divergente; y Natalie (la madre) es un personaje que me llegó a impactar a medida que iba mostrando todas las cartas que disponía en esta partida.
El número de secundarios es bastante amplio, aportando cada uno de ellos su peso en los momentos que les corresponde actuar, con especial mención a Eric, Christina, Will, Uriah o Albert, sin obviar a Peter, un joven ponzoñoso y ambicioso que se ganó mi desagrado y seguramente de la mayoría (pero de este último nunca le quitaré el mérito de que fue creado a la perfección dentro del papel que le toca desempeñar). Sin duda, tantos secundarios carismáticos fueron creados como cruciales contrafuertes para sostener y alzar el peso que cae más sobre Tris e incluso Cuatro.
Tampoco puedo omitir a Jeanine, un personaje que va apareciendo cuando más transcurre la novela, gran parte del tiempo cubierta con difusos y oscuros velos sobre su persona y sus metas; pero que sin duda arrollará a nivel interpretativo una vez que el lector la tenga de frente.

La trama de principio a fin agrada, como dije cruenta pero que aporta situaciones que la vuelven llevadera, con tenue luz que brinda mayor seguridad al caminar por esa senda oscura y espinosa que transita su protagonista. Aunque resulta bastante introductorio, como es lógico, para familiarizar al lector con ese mundo; pero en general la explicación de la autora a través de Tris no resulta tediosa en absoluto, exponiéndose sobre la marcha a medida que la joven afronta lo que marcará un antes y un después en su vida. La tensión tanto en la sociedad como en los personajes se germina con armonía, así como los misterios e intrigas (sobre todo lo que gira en torno la palabra “Divergente”, que desde el comienzo se coteja como un tabú muy desconocido para la basta mayoría) que van desprendiéndose de las capas que les brindan opacidad a medida que inflan la potencial expectación del lector página a página; todo a la par que Tris da sus primeros pasos de crecimiento y encuentro personal, así como evoluciona sus relaciones con quienes la rodean. Encajar de verdad en esa sociedad singular no es fácil, y más a la hora de ser un verdadero miembro del grupo donde te corresponda vivir (o que te debas amoldar a más no poder para no ser un paria); cada uno de sus personajes deberá afrontarlo, y de ellos dependerá su propio futuro y lo lejos que pueden llegar en ese mundo o caer en el intento.
Su final no tiene desperdicio, lejos de resultar demasiado estrambótico como pudiera uno esperar pero sí como un interludio prometedor para el siguiente paso de la trilogía. Para sus protagonistas, en especial Tris, el destino les dará una de cal y otra de arena, con azotes acerados y candentes, pero precisamente serán ellos mismos los que deberán encarar el resultado final de la novela, lo que influirá en las rutas a elegir en el futuro (senderos con extensiones e incluso destinos difusos) que les llevarán hacia Insurgente.

La portada resulta atractiva, de la cual destacaría matices que se me antojó un híbrido de las portadas de las sagas Los Juegos del Hambre (con la presencia de un símbolo con significado dentro de la trama, el cual el lector no tardará mucho en comprender su origen y razón de este primer libro) y Cazadores de Sombras (por la presencia de la vista panorámica de una ciudad al pie de la cubierta extendiéndose de portada a contraportada).

Conclusión: Posiblemente una distopía que merece la pena adentrarse, en la que uno vivirá con Tris una andanza que te curte que a su vez es una vía de encuentro personal para ella. Una sociedad estructurada, con individuos sumidos y condicionados a las mismas en pos de un equilibrio real según quienes la instauraron, que da cabida a diversas reflexiones mientras el misterio de los Divergentes va esclareciéndose poco a poco.


Mi valoración global: 4,5/5