miércoles, 27 de mayo de 2015

Crítica personal: Los Años de Peregrinación del Chico sin Color

Título: Los Años de Peregrinación del Chico sin Color
Título original: 色彩を持たない多崎つくると、彼の巡礼の年
(Shikisai wo motanai Tasaki Tsukuru to, Kare no Junrei no Toshi)
Autor: Haruki Murakami
Editado en España por: Tusquets Editores

Sinopsis:

Cuando Tsukuru Tazaki era adolescente, se sentaba durante horas en las estaciones para ver pasar los trenes. Ahora, con treinta y seis años, es un ingeniero que diseña y construye estaciones de ferrocarril y que lleva una vida tranquila, tal vez demasiado solitaria. Cuando conoce a Sara, una mujer por la que se siente atraído, empieza a plantearse cuestiones que creía definitivamente zanjadas. Entre otras, un traumático episodio de su juventud: cuando iba a la universidad, el que fue su grupo de amigos desde la adolescencia cortó bruscamente, sin dar explicaciones, toda relación con él, y la experiencia fue tan dolorosa que Tsukuru incluso acarició la idea del suicidio. Ahora, dieciséis años después, quizá logre averiguar qué sucedió exactamente. Ecos del pasado y del presente, pianistas capaces de predecir la muerte y de ver el color de las personas, manos de seis dedos, sueños perturbadores, muchachas frágiles y muertes que suscitan interrogantes componen el paisaje, pautado por las notas de Los años de peregrinación de Liszt, por el que Tsukuru viajará en busca de sentimientos largo tiempo ocultos. Decididamente, le ha llegado la hora de subirse a un tren.
Crítica personal (puede haber spoilers):

Tenía muchísimas expectativas a este título, ya que escuché muchas maravillas sobre su autor y la práctica totalidad de su obra. Esta primera incursión mía a la narrativa de Murakami, y me agradó en gran medida aunque no terminara de conectar con la novela como esperé a priori.

La historia de Tsukuru Tazaki, quien su apasionado interés por el mundo de los trenes parecía encauzar su futuro profesional más allá de una mera afición, puede resultar bastante difícil de empatizar en sus primeras líneas, pero se vuelve más clara pero no mucho menos compleja a medida que transcurren los capítulos. Desde el comienzo sabemos que él estuvo caminando por la finísima cuerda floja por la que pasan los que barajan la idea del suicidio, pero que al final saltó al otro extremo de esa suspensión mortal y seguir viviendo. Sin embargo, su vida y él mismo (tanto en lo físico como en lo emocional) mutará drásticamente, y sobrelleva el día a día desde entonces.
Aún así, los fantasmas encerrados siguen allí, y parecen musitarle con frecuencia, más ahora que Tsukuru parece estrechar más su relación con Sara Kimoto, quien trabaja para una importante agencia de viajes del país. A medida que ambos se van conociendo mutuamente, los ecos del pasado se hacen más vívidos y recurrentes en su memoria, y heridas que parecías más o menos cicatrizadas el dedo de la resentida duda rascará en ella aunque pueda significar abrirla de nuevo en el dolor.
Y todo ello, lo que posteriormente desencadenaría en la tentativa del suicidio, fue el repentino abandono que sufrió por sus amigos del instituto de su Nagoya natal al poco de mudarse a Tokyo para iniciar sus estudios universitarios. Hasta el comienzo de esta historia, cualquiera (incluyendo el propio lector) se cuestionaría como un grupo de tres chicos y dos chicas, tan heterogéneos entre sí como sumidos en una unidad sincera e intensa capaz de despertar la admiración de quienes los conocían, acabarían haciéndole el vacío hasta la exclusión de Tsukuru.
Esa relación de amigos idílica que prometía inmutable, sumado a los efectos psicológicos y emocionales de esa traición y a las vivencias del protagonista tras superarlo de algún modo, son los peldaños de esta trama, compartiendo él parte de ellos con Sara y la totalidad con el que sonda estas páginas, en pos de comprender el corazón de Tsukuru, quien poco a poco su pareja en potencia se convierte en un estímulo que le espoleará a buscar la verdad que no se atrevía a sacar del velo de misterios que no tuvo valor de descorrerlo de verdad años atrás.
Las cuestiones son: ¿Será Tsukuru capaz de dar los primeros pasos para alcanzar la verdad? ¿Será, ante todo, capaz de asimilarlas si la indaga hasta el final?

Los Años de Peregrinación del Chico sin Color nos desgrana la vida presente y pasada de Tsukuru Tazaki, sondada de manera visceral. El lector irá comprendiendo mejor la trama con cada capa que desprendemos del enigmático conjunto que se presenta. Vemos lo tortuosa que fue su vida, desde su propia percepción emocional, a partir del ocaso de su minoría de edad al entrar en la universidad (legalmente en Japón no se es adulto hasta los veinte años).
Dicen que el tiempo lo cura todo, aunque muchas veces sólo mitiga el dolor, hasta el punto de ser ese polvo que más de uno no le importa esconder bajo una alfombra: no puede librarse de verdad de él, no lo ve pero sí sabe en el fondo que está ahí debajo. Y a pesar de la edad que alcanza Tsukuru en el momento presente de la historia, las cuentas pendientes que le debe su pasado estarán ahí hasta que decida cobrárselas.

El estilo narrativo de Murakami realmente agrada. Una exposición profunda y fluida de principio a fin, saltando muchas veces entre el presente y el pasado de su protagonista sin desafinar esa armonía que ayuda al lector a no caer en la confusión de tales cambios de escenas.
Aunque recurre a la narración en tercera persona, consigue sumergir al lector de una manera suma y exquisitamente visceral, con una perspectiva tan visceral como si el propio Tsukuru estuviera describiendo sus vivencias actuales y pretéritas. Seguramente un punto fuerte de la escritura de este autor.

Los Años de Peregrinación del Chico sin Color cuenta con un protagonista con mucho potencial, bastante bien explotado con la buena certeza del autor, pero que aún así me encontré con matices de Tsukuru que consideré ligeramente desaprovechados; aunque un punto muy interesante son sus reflexiones y sus luchas consigo mismo en su subconsciente, donde le atormenta todo lo que retiene en su alma. Sin embargo, nada resta su calidad personal, aunque se considere así mismo un chico sin color (el motivo que da nombre al título español es que los primeros ideogramas de cada apellido de sus amigos del instituto al leerlos significan un color, tal como aclara el traductor de esta edición), él irá dando sentido al significado de su nombre de pila, que da alusión a la capacidad de creación. Tsukuru es alguien que ha sufrido un cambio, pero que el cual ya el lector se familiariza desde el comienzo, quedando el “antes” mencionado por él mismo. En resumidas cuentas, un protagonista que, en mi caso personal, que sintoniza muy bien con el lector aunque me hubiera gustado que fuese a un nivel superior.
Sara es una mujer que muchos hombres desearían, al menos, compartir una copa con ella. Atractiva, sofisticada, aún joven, con una independencia más allá incluso de lo que cabría esperar de la mentalidad más tradicional de sus compatriotas. A medida que avanza su participación en la novela, más relevante se vuelve aunque sin ganar el peso que posee Tsukuru, con el cual se divisa desde el comienzo una profunda relación, siendo ella un refugio de desahogo emocional y una fuente de consejo y aliento a todo lo que él amasó enterrado en las entrañas de su alma. Aunque hay puntos de Sara que no llegué a comprender y otros que no me agradaron demasiado.
Los cuatro amigos de la pandilla, a priori en los recuerdos de Tsukuru, se me antojaban un poco cliché de cualquier grupillo de adolescentes. Aka (rojo) el típico cerebrito al que siempre se le augura un futuro prometedor, Ao (azul) por el contrario deportista sobresaliente que nadie descartaría verlo el día de mañana como profesional. Kuro (negro) se la describe como no bella pero sí con un encanto en su físico y su personalidad, voluptuosa, de carácter fuerte y llegando a ser un tanto protectora con Shiro (blanco); este cuarto componente de aquel desaparecido quinteto es diametralmente opuesta a Kuro, pues encarna el ideal clásico de mujer en su país: bella y de rasgos delicados de muñeca antigua japonesa, esbelta, virtuosa del piano.
Estos cuatro personajes se verán mucho como los recuerdos de Tsukuru, quienes han sido en gran medida de su felicidad, sus sentimientos e incluso sus deseos en algún momento. ¿Qué pudo quebrar ese quinteto? ¿Qué será de ellos en el presente de la novela? Seguramente un punto que espolea la curiosidad del lector en los primeros capítulos, lo cual al final resulta revelador e interesante aunque sin alcanzar las prometedoras expectativas (por lo menos, en mi caso).
El elenco no es mucho más amplio más allá de estos tan cruciales que he enumerado. A más destacar Haida (otro personaje con apellido colorido, gris). Tsukuru lo conocerá durante sus años se fragua una relación que encaja desde el comienzo, y este estudiante de Física le aportará muchas cosas, en especial la pieza musical de Liszt citada en la sinopsis y que será casi un personaje más. Aún así, su papel en esta historia me pareció tan relevante como casi de relleno, tan diáfano pero a la vez tan fugaz. Por otra parte, llegó a impactarme Haida en cierto momento avanzado de su amistad con Tsukuru.

En general, la trama resulta expectante a lo largo de su transcurso. Vemos el pasado y presente de Tsukuru, y como las heridas del primero repercuten en el segundo por más que él camine siempre adelante en la rutina de su vida diaria. Cotejaremos el contraste del Tsukuru que llega a Tokyo y el que fuese en Nagoya, con los pasos del cambio progresivo; pero que aún así, eso no quita las heridas del pasado que necesitan verdaderas curas y terapias de choque.
Aunque el desarrollo fue agradable de explorar, e igualmente me satisfació ante las revelaciones que suelta al lector, no resultó tan plena como me cabía esperar al inicio. Además, su desenlace se me antoja unos puntos suspensivos más que un punto y a parte, por lo que me resultó complicado encajar con él.

Conclusión: Una historia interesante, con el pasado demasiado vívido en un tortuoso presente. Una lección de que nuestras acciones pueden marcar la diferencia, y que para saber la verdad hay que sumergirse en las profundidades del ayer para comprender y seguir adelante, y quizás reparar o encontrar la paz con uno mismo.


Mi valoración global: 4/5


martes, 5 de mayo de 2015

Crítica personal: Cazadores de Sombras 6 Ciudad del Fuego Celestial

Título: Cazadores de Sombras 6 – Ciudad del Fuego Celestial
Título original: The Mortal Instruments 6 – City of Heavenly Fire
Autora: Cassandra Clare
Editado en España por: Destino

Sinopsis:

La oscuridad ha regresado al Mundo de los Cazadores de Sombras. Mientras su mondo se desmorona, Clary, Jace, Simon y sus amigos deben unirse para luchar contra el mayor enemigo al que se han enfrentado los nefilim jamás: el hermano de Clary, Sebastian.

En la lucha por intentar derrotarlo se perderán vidas, se sacrificarán amores y el mundo entero cambiará en el sexo volumen de la serie Cazadores de Sombras.

Llega el esperado final de la saga de Los Instrumentos Mortales.

Crítica personal (puede haber spoilers):
Dado que es el último título de una larga saga, será inevitable que caiga en algún spoiler de lo que deba considerarse sabido de antemano, sumándose su vinculación estrecha con otra trilogía de la autora (Cazadores de Sombras: Los Orígenes) puede que surjan spoilers a la misma. Es altamente recomendable no leer esta opinión si no se han leído los cinco títulos previos y la trilogía antes citada.

La trama protagonizada por Clary, Jace, Simon y demás personajes toca a su fin con Ciudad del Fuego Celestial. Mis expectativas previas a tener este libro en mis manos estaban bien altas; por un lado con el soberbio final de Princesa Mecánica, esperando en consecuencia una calidad pareja en este caso; y por otro por el buen sabor de boca que me dejó la lectura de Ciudad de las Almas Perdidas. Tras aventurarme en este desenlace (que en realidad debería considerarse un punto y a parte, no un punto y final), debo reconocer que Cassandra Clare me ha satisfecho en enorme medida, y seguramente la mayoría de los fans de esta saga opinarán igual.

El quinto libro dejó en vilo al lector hasta su última línea. Por una parte, la amenaza real y más que factible que implica el nombre de Sebastian para toda la comunidad de los cazadores de sombras. Y por otra, por citar algunos ejemplos de lo que afecta más directamente al elenco principal, tenemos un Jace potencialmente peligroso al tacto por el fuego celestial corriendo por sus venas y un Simon vulnerable ante quienes desean verle aniquilado tras perder la Marca de Caín, sin olvidar las relaciones que en el anterior título se rompieron, que se quedaron sin definición nítida, o que se reconstruyeron aunque con “peros” que no las hace plenamente idóneas al final.

El peligro de Sebastian, tras crear cazadores de sombras oscuros (llamados Obscurecidos) con la denominada Copa Infernal, no se demora en causar sus primeros estragos sobre sus enemigos, haciendo actuar a todo el Enclave pero más bien dando palos de ciego ante lo meticuloso y ponzoñoso que es el modus operandi a la altura de Valentine Morgenstern; aunque en este caso el hijo va mucho más allá en ambiciones egoístas, crueldad insensible y maldad demoníaca.
Por su parte, Clary sentirá la inquietud tanto por la sombra de su hermano como la frustración comprensiva de haber recuperado a Jace pero que la menor caricia podría ser dañina, entregada a ayudarle. Sin olvidarnos el caos y los cambios que han sufrido sus amigos.
Pero tanto en la guerra abierta entre nefilim y obscurecidos, con cada facción de los subterráneos salpicada en mayor o menor medida en el ajo, como por lo propio de las piezas claves de este entramado (donde no falta el factor romántico), habrá un claro antes y después.

Es francamente difícil dar una opinión demasiado extensa y precisa en detalles sin quitarle la gracia que tiene este libro, parte de una de las que considero mejores sagas juveniles contemporáneas que mezclan fantasía, acción y romance (con un final que casa bien en el paladar narrativo del lector como muy pocos autores actuales del género logran). Pero tengo la certeza de quienes han disfrutado del comienzo, o que lleguen a hacerlo si aún no lo han hecho, no se sentirán defraudados ni se les hará indiferente este broche final.
Ante todo, Ciudad del Fuego Celestial es un libro que claramente supera en envergadura a todos los predecesores (incluyendo Los Orígenes) con sus más de 650 páginas (dividida en dos partes tras el prólogo: Sacaré un fuego y Ese mundo invertido, más un epílogo de una envergadura poco habitual respecto a la habitual en estas últimas páginas de una novela). A priori, esto puede dar que pensar a más de uno de que será un desenlace denso y cargado, lo cual, en cierto sentido, lo es; incluso he llegado leer opiniones que aseguran que sobraba cerca de un tercio de lo que se narra.
Cierto que esta sexta parte de Los Instrumentos Mortales es muy intensa, en todos los sentidos, pero para nada tediosa de sondar. Se aprecia en cada línea ese encanto que a más de uno nos atrapó con Ciudad de Hueso, sumándose la madurez de la trama curtida en la larga secuencia hasta llegar a este apoteósico final. Lo que sí es aconsejable, por mi parte, es tomarse con calma la lectura de Ciudad del Fuego Celestial, porque tal intensidad de emociones y de situaciones (que a veces dan esos abrumadores giros de 180 grados que nos tiene acostumbrados la autora) considero necesario tomarse algún respiro para asimilar estas últimas cartas de esta partida.
Y francamente, no hallo ni una sola frase de más. Esta envergadura es más que justificada teniendo en cuenta que, hasta este punto, son un buen número de principales, secundarios, e incluso terciarios (tanto entre buenos, malos, buenos no tan buenos y malos no tan malos), que se merecen su participación a más no poder; porque incluso los lienzos más sublimes necesitan pinceladas sutiles que no siempre se aprecian a primera mirada para que sean dignos de ese elevado adjetivo. Por un lado, los que irremediablemente morirán (ya dejó constante la autora que “rodarían cabezas” en este desenlace), por otro los futuros protagonistas de Los Artificios Oscuros que aquí son más jóvenes y secundarios para familiarizar al lector con ellos de cara a esta próxima trilogía de Cazadores de Sombras, y finalmente aquellos que sobrevivirán y que no volveremos a ver en la saga, o que quizás reaparezcan de manera puntual en próximas entregas.

Se lee a Cassandra Clare de principio a fin en todo su exponente, sin verse ningún cabo suelto en su desenlace, salvo lo referente a los que acarrearán el futuro de la línea temporal de la saga. Nos hace danzar entre un amplio abanico de escenas y emociones que nos arrastra la narración y los propios personajes, una armonía que no desafina incluso cuando pasamos repentinamente de un momento cruento o de acción a otro más bien ameno o pasional, con una intensidad digna del punto de ebullición alcanzado.

Si se echa la vista atrás a Ciudad de Hueso, vemos el cambio enorme en sus protagonistas tras esa maduración propia de un buen desarrollo y evolución de los mismos dentro de la trama, ésta curtida a la par. Quedó atrás esa Clary tan trémula pero no falta de resolución cuando empezó a conocer la realidad de los nefilim, o ese Jace tan en apariencia de guaperas malote y perfecto que en el fondo tenía un trasfondo con mucho potencial a explotar.
Clary no solo madura bien como personaje, también da un buen sprint para ser más similar a sus compañeros cazadores de sombras (incluido en el aspecto combativo, que en cinco libros ha sido más bien una asignatura que siempre le ha quedado para septiembre), con lo que nos encontramos al final del libro con una nueva Clary, la misma pero diferente a la par.
Pero sin duda alguna Jace, desde mi punto de vista, es quien ha dado mayores avances en su desarrollo. Al final del libro sigue siendo el mismo en su naturaleza intrínseca, en muchos aspectos básicos de su personalidad, pero todo aquello áspero que el mismo sentía a raíz su trasfondo y de ciertos acontecimientos a lo largo de la saga  mutará para darnos al Jace resultante al final.
Además, con respecto a esta parejita, muchos fans (en particular las féminas) se verán plenamente satisfecha una espinita clavada desde Ciudad de los Ángeles Caídos (y no digo más)…
En cuanto a Simon, Isabelle, Alec y Magnus, todos ellos llegaron a conmoverme con sus acciones, sus elecciones y emociones a lo largo de este libro. Simplemente, me han dejado un estupendo sabor de boca y un grato recuerdo como personajes de esta saga. La autora supo darles juego desde el comienzo, y el broche final que aportan a sus propias historias no es para menos. Estos cuatro personajes me han hecho disfrutar de la historia como siempre lo han logrado.
Emma Carstairs (este apellido le sonará a más de uno) y Julian Blackthorn son los más destacables de entre los nuevos y aún jóvenes que tomarán las riendas en Los Artificios Oscuros, con una relación entre ellos que nos recuerda en buena medida a la de Will y Jem en Los Orígenes, aunque en este caso sean una pareja mixta de amigos que toma algunos matices a la férrea cadena que en este sentido une a Clary y Simon; pero a lo largo de Ciudad del Fuego Celestial veremos que su relación también hay diferencias notables respecto a los dos ejemplos citados, empezando con esa complicidad tan sincronizada entre ella y él. Conoceremos unos buenos retales de sus personalidades (y del resto de la familia de Jules), así como sucesos que en este libro les salpicará y cambiarán sus vidas, haciendo un gancho bastante acertado para arrastrarnos a los siguientes tres libros que la autora amenaza con lanzarnos y conquistarnos como hizo a muchos con los publicados hasta la fecha.
Luke, Jocelyne, Maryse y Robert Lightwood, Maia, Jordan, Raphael y otros tantos que han tenido su presencia en mayor o menor medida a lo largo de la saga, unos tendrán más suerte que otros, unos cabos están mejor atados en algunos casos y sus vidas (quienes sobrevivan, claro) puede que no lleguen a ser lo que eran tras los acontecimientos cruentos y decisivos que comenzó con las aspiraciones de Valentine Morganstern.
No sólo desfilará el futuro junto al presente, pues el pasado se enlaza de manera sutil, para ensamblar una cadena, siendo este “ahora” que toca a su fin un puente que conecta el antes y el después de todo lo que comenzó en la discoteca Pandemonium.
Y por último, he de dar mención a Sebastian, un villano que destaca por un atractivo tan magnético como inquietante que sólo era menguado por la maldad que recorre sus venas; todo un hijo de su padre en ese aspecto que logra rebasarlo con creces. En Ciudad de las Almas Perdidas me perturbó y sorprendió en ciertos puntos de esa historia, y al final en este volvió a dejarme estupefacto en el último tramo (y lo dejo en el aire para no chafar a nadie y espolear al lector potencial, pero simplemente “chapó”).
Sin duda, una vez más todos los personajes rebosan personalidad, preñados de vida que realza la vida propia de la historia.

Sobre el desarrollo de este último episodio, sigue la tónica de siempre con todas las virtudes que la autora logra preñar en cada página. Lanza esas pequeñas piezas mientras interactúa el elenco, y es llegado cerca del final cuando todo cae sobre el escenario para encajarlas.
Tanto el último tercio de la novela como ese epílogo me agradaron mucho, e incluso me atrevería que su final me gustó demasiado… Sí, algo complicado de entender incluso para mí. Este título en concreto se convierte especial por ser uno de esos casos que me guste demasiado y que ello conlleve a un sabor de boca distinto, pero que dudo que hubiera tenido que acabar de otra forma The Mortal Instruments. En resumidas cuentas, un final estupendo pero que me agradó más incluso de la cuenta, por lo que me he visto discutiendo conmigo mismo a la hora de darle una valoración numérica para esta reseña; y como siempre estuve batallando entre la subjetividad de “personal” y la objetividad que se merece toda “crítica” que se precie. Y aunque me he decantado por la que veréis más abajo, yo le habría puesto una nota mayor más próxima a la máxima.

Pero no se puede decir que esto realmente acabe tras las últimas líneas de su epílogo, pues para los que han acabado enamorándose del mundo de los nefilim (como un servidor), no es más que un punto que más adelante veremos si es “a parte” o “y seguido”, según el grado de vinculación que pueda existir la siguiente trilogía con respecto a esta saga que acaba con este episodio o incluso con Los Orígenes.

La portada se veía venir, más o menos, como iba a ser, si en Ciudad de los Ángeles Caídos aparecía Clary con Simon, y en Ciudad de las Almas Perdidas con Jace, era lógico que esta vez la acompañara el otro muchacho que quedaba más relevante y cercano a la chica protagonista. No cabe duda de que sigue estando a la altura de las demás cubiertas de Cazadores de Sombras.

Conclusión: Una historia ya muy desarrollada, como siempre personajes y situaciones que nos mete de lleno en cada página, con un final tan sorprendente como intrigante. Muchos dirán que se podría haber quedado perfectamente la historia de Clary y Jace en Ciudad de Cristal, quizás sea así desde cierto punto de vista pero esta “segunda trilogía” de The Mortal Instruments no me decepcionó, pues ha logrado grabarme a fuego lento un bello recuerdo en ese rincón que le tengo dedicado a este tipo de narrativa. Ahora toca esperar a Los Artificios Oscuros.


Mi valoración global: 4,5/5


jueves, 30 de abril de 2015

Crítica personal: Sin Aliento

Título: Sin aliento
Título original: Drowning Instict
Autora: Ilsa J. Bick
Editado en España por: Círculo de Lectores

Sinopsis:

Han pasado años desde que Jenna a punto estuvo de morir. En aquel entonces, ella también se quedó inmóvil, paralizada por el miedo que invadía cada una de sus células, hasta que oyó la voz de su hermano, como un salvavidas que podía tirar de ella y extraerla de aquel mar de fuego. Ahora, mientras tirita medio muerta de frío, el agente Pendleton le pide que cuente la historia que acaba de ocurrir. Quiere la verdad, como si la verdad tuviera una entidad propia, como si pudiera construirse con palabras.
Ante una grabadora, Jenna cuenta lo que no ha querido compartir con nadie: la temporada que pasó en el siquiátrico, los motivos por los que escribe a su adorado hermano, destinado en Oriente Próximo, el porqué le resulta tan irresistible hacerse daño a sí misma... Y también los problemas de su madre con el alcohol, la hipocresía de su padre y, sobre todo, su relación con el profesor Anderson, que tan considerado fue con ella desde el principio. Su voz guía a quien quiera escucharla por un laberinto de giros inesperados, en el que no hay blanco y negros, y en el que, aunque hace ya mucho que dejó de creer en los cuentos de hadas, aún es posible descubrir dónde se ocultan los auténticos monstruos.

Crítica personal (puede haber spoilers):

Aquí nos encontramos con Jenna Lord, como piedra angular de la historia, una joven de dieciséis años e hija de un cirujano plástico, cuya vida tampoco es que haya sido demasiado agradable, principalmente por el caos que supone su propia familia. Su hermano, uno de sus mayores vínculos, se alistó en el ejército y destinado a Irak nada más cumplir los dieciocho en pos de escapar de un padre controlador, presuntuoso, autoritario y descaradamente infiel, sin olvidarnos de una madre obsesa en salvar un negocio familiar que no sabe llevar y que produce números rojos que tiran a bermellones y cuyo codo es de empinamiento fácil cuando todo empieza a pintar mal.
Y a esta ecuación hay que añadirle factores como algunos acontecimientos a lo largo de la infancia y aún adolescencia de Jenna que se destapan a lo largo de la historia, además de haber acabado durante un tiempo en un psiquiátrico por su compulsión a causarse heridas cortantes... Hasta que, por iniciativa de sus padres, trata de retomar una vida normal en un nuevo instituto, el Turing, siempre que le deje las sombras del pasado tan presentes en su día a día. Pero la figura de uno de sus nuevos profesores, el señor Anderson, marcará una relevancia en sus nuevos pasos.
Todo esto que sirve de base, además de mucho más que se esconden en las páginas de Sin aliento, se irán narrando literalmente de voz de Jenna, conociéndola mejor y comprender poco a poco lo que ocurre al principio del libro.

El estilo de Bick me ha parecido de mi gusto. Sencillo pero detallado, metiéndose y metiéndonos bastante bien en la piel de una adolescente con los antecedentes de Jenna. Su narrativa no resulta pesada y su historia fluida está bastante bien estructurada; aunque cierto es que me resultaron algo chocantes y raras ciertas partes de la trama, pero que al final acaban aclaradas y justificadas en mayor o menor medida. Con las primeras páginas supo dejar un pequeño indicio para seguir buscando uno tras otro hasta componer bien el rompecabezas de la historia de Jenna.

El libro empieza con unas páginas introductorias (sin prólogo o prefacio propiamente dicho), narradas en tercera persona donde encontramos a Jenna, quien ha sufrido una experiencia tan abrumadora como traumática, y que el detective Bob Pendleton trata de ayudarla a que explique esos hechos que el lector aún desconoce. Y debido al estado en el que ella se encuentra, él le propondrá otra forma de que le cuente detalladamente lo sucedido: con su propia voz registrada.

Pendleton rebusca en el bolsillo y saca una grabadora minúscula, no más grande que un paquete de chicles. Le muestra las teclas y lo que significan los símbolos que aparecen en la pantalla: los números, para las carpetas; las letras, para los archivos.
-Como los capítulos de un libro. He oído que te gustan los libros.
-Y las películas –susurra ella-. Me... me gustan las películas.
-Perfecto entonces. Habla en el aparato tanto como quieras. Las enfermeras dicen que vas a estar aquí un buen rato, así que en un par de horas vendré a ver como te va. ¿Qué te parece?
-Vale.
-Buena chica.

Así pues, y tal como funciona la grabadora, cada capítulo es una carpeta, empezando estos con el número correspondiente, e inmediatamente un archivo alfabético en minúscula. Cada uno de esos archivos pueden constan de un simple párrafo o bastante más que unas pocas líneas, perfectamente encabezados por su letra. Y cada capítulo/carpeta varía tanto en su extensión como la composición de sus archivos, algunos realmente escuetos pero otros son algo más intensos. Y a lo largo de la historia, su protagonista lo narra todo como dirigiéndose a Bob, en muchos momentos de una manera sardónica y confiada, casi como si la diferencia de edad entre ambos fuera irrelevante; esto ayuda a que el drama no parezca el súmmum de  una tragedia griega.
Y de la voz de Jenna nos adentramos en una cadena de sucesos hasta llegar a lo que ha vivido pocos momentos antes, donde vemos su pasado, su presente familiar, sus vivencias en el Turing, sus miedos, sus sentimientos...

Pero ésta es la verdad, Bob: soy una mentirosa.
Soy afortunada, una mentirosa, una buena chica, una princesa, una ladrona... y una asesina.
Y mi realidad -mi historia- empieza con el señor Anderson.

El escenario principal nos sitúa en el norte de Milwaukee, muy presente tanto la nueva megamansión de los Lord y el instituto Turing donde Jenna trata de empezar una nueva vida sin demasiadas expectativas. En cada archivo de esta grabación transcrita vemos mejor el presente de la protagonista donde el pasado tiene demasiada presencia y el futuro no es del todo claro; veremos sus emociones, sus duelos consigo misma y lo que le rodea.

Jenna es un personaje que me ha dado un poco de una de cal y otra de arena, pero que en general se ha ganado mi visto bueno. En muchos aspectos es retraída, un tanto insegura y recelosa, aunque también (sobre todo en su fuero interno) llega a ser mordaz, arrojada y brillante, y a veces algo insensata, debatiéndose con esos impulsos suyos de herirse a sí misma que a uno dan mucho que reflexionar. Una chica de experiencias viscerales que en verdad quisiera ser feliz, o al menos tener una vida más tranquila y libre, si no fuera por el caos de su familia y las secuelas de su pasado. Le cuesta cuajar con la gente dados sus antecedentes, aunque el señor Anderson acabará muy adherido en sus pensamientos y en su vida por más que ella intente evadirle. Esta adolescente ha sido capaz de conmoverme, sentir lástima por ella y hacerme reír, a la vez de desear darle algún que otro pequeño tirón de orejas o de querer cerrar un rato el libro por conseguir enfadarme como lector.
Sobre la familia Lord, tenemos un padre (Psico-papi según Jenna) que resulta un personaje complicado de que caiga en gracia, mientras que la madre, que en la adversidad tira con facilidad a la bebida, es un gran motivo de compasión aunque su manga demasiado ancha en sus atenciones a su hija deja que desear. También está Matt, el hermano mayor del cual conoceremos mucho por los recuerdos y pensamientos de Jenna, además de los e-mails que se intercambian a espaldas de sus padres; él es un gran sostén para la protagonista principal de la historia, incluso después de que él consiguiera esa libertad que ambos entienden.
Por su parte el señor Anderson juega un rol muy fundamental en Jenna a medida que avanza la trama. Es amable con sus alumnos, preocupándose por todos, incluida esta recién llegada que desde lejos puede atisbar lo perdida y muñeca rota por dentro que aparenta. Un hombre muy perfecto tanto en personalidad, maneras y físico, demasiado... ¿Y el posible “pero” a un hombre así y el “por qué” de su relevancia y misterio desde las primeras páginas? Mejor os dejo que lo descubráis si os encarta esta lectura, puede llegar a sorprenderos en mayor o menor medida.
No son muchos más los personajes cruciales que nos encontramos en Sin Aliento. Un poco más de mención por ejemplo un par de compañeros de Jenna en el Turing; David es un joven que empieza siendo muy amable y atento con ella (a veces demasiado), y Danielle, una chica que desde sus primeras líneas se ve presuntuosa y que de antemano se ve que no hará buenas migas con Jenna.
Y aunque encontramos en el relato de la protagonista, ya sea en acción o en mención, a otros tantos personajes bastante de pasada pero con su rol significativo, a fin de cuentas todo se centra en la muchacha que narra la historia, así como las emociones y experiencias de ésta, sin olvidarnos del peso que se atisba desde “la primera carpeta” con el señor Anderson.

A partir de la mitad del libro me he topado con partes que me han agrado con otras que un poco me dejaron un tanto escéptico, además de que empieza a verse con más claridad los tiros de esta historia; y ya rebasando este ecuador nos encontramos ciertos giros que intensifican la trama y el trasfondo de Jenna. Sobre su final, momento en que se encajan las piezas del rompecabezas desparramado al comienzo, me ha gustado en buena medida, sin librarme de sus buenas dosis de sorpresa. Eso sí, lo que más me dejó con los ojos abiertos como platos fueron las últimas líneas del capítulo/carpeta 53, Bick logró dejarme desarmado con algo que no me esperé en absoluto (y poco, como dirían en el argot moderno, en plan “WTF” como no todos logra en el mismo final).

Conclusión: Sin aliento es una historia visceral que quizás podría pasarle a cualquiera. Una vida complicada enlazada a un enigmático suceso que se irá destapando. Una novela muy interesante y entretenida, quizás su autora podría haberle dado más juego y explotado algunos puntos en concreto pero que igualmente es, hablando en general, una estupenda lectura.


Mi valoración global: 4/5


miércoles, 22 de abril de 2015

Crítica personal: Dextrocardiaco

Título: Dextrocardiaco
Autor: Juan Arcones
Editado por: Stonewall

Sinopsis:

Marc es un joven veinteañero, obsesivo, tímido y tremendamente enamoradizo. Una noche conoce a Lucas, alto, guapo, rubio, con ojos color mostaza y labios de ídolo africano, del que acaba enamorándose perdidamente a primera vista. Pese a que parece que ese enamoramiento es correspondido, Lucas lo llevará a un mundo que desconoce, agarrándolo directamente desde el corazón y arrastrándolo a un torbellino de discusiones acaloradas, reconciliaciones pasionales y, en definitiva, grandes noches por las calles madrileñas.

Crítica personal (puede haber spoilers):

La sinopsis en sí convierte esta novela en algo prometedor, lo que me arrastró (como Marc por Lucas) a adquirirlo y conocer esta historia. Sin embargo, aunque sí fue una lectura bastante entretenida, no alcanzó las elevadas expectativas que yo mismo concebí en mi mente con esas meras líneas de introducción al lector potencial.

Dextrocardiaco es un poco lo que suele pasar con eso de “chico conoce a chica, ambos tontean, se pelean, se vuelven a enrollar y vuelta a empezar”, aunque con dos chicos; creo que esto es, en base, lo mismo sin importar las preferencias sexuales de cada uno.
Al comienzo de esta historia, Marc no está para muchas fiestas después de que su ex le dejara por vía e-mail (algo que, al parecer y para pasmo mío, es bastante común hoy en día). Sin embargo, su amigo David tiene poder de convicción suficiente como para abducirle a una de las suyas con la esperanza de que eso le ayude a pasar página.
Lo que menos se esperaría Marc es lo mucho que marcaría la diferencia el hecho de plantarse en casa de su amigo, cuando empieza a conocer a Lucas. Lo que empieza como un tonteo impremeditado, divertido y un tanto inocente irá germinando en una relación tormentosa, virulenta, apasionada e incluso incoherente, todos estos calificativos a partes iguales.

Dextrocardiaco es una historia no demasiado extensa tras ese prólogo que principalmente nos explica la elección del título elegido para la misma; poco más de treinta capítulos, con algunos pequeños saltos en el tiempo por en medio que argumentalmente maceran acontecimientos importantes, englobándose unos acontecimientos intensos y desbocados que posicionarán un antes y un después en la vida de su personaje principal. Aquí la narración se opta por la primera persona de voz del propio Marc, desde la perspectiva de su personalidad, con toda la fuerza y la pasión que puede llegar a desplegar tanto sus alegrías como sus dramas, con un enfoque bastante realista y humano dentro del encuadre de este personaje en concreto.
Entre sus líneas, enrevesada en mitad referencias varias que dan a algunas reflexiones, vemos esta forma de enfrentarnos al amor. Podemos llegar a ser demasiado volcados en este sentimiento, así como lo extremadamente aprensivos que nos volvemos, al borde de convertirse en un trauma o una fobia, ante lo negativo que conlleva una relación, cuando una acaba, o especialmente vivir con el miedo de equivocarse o de que se vuelva a sufrir, el no evitar en algún momento las comparaciones de lo presente con lo que supuestamente debería estar enterrado. Este es uno de los puntos que más interesantes me han resultado, de lo difíciles y vulnerables que podemos ser, en mayor o menor medida, en estos menesteres.

El estilo de Juan Arcones me agradó. Fluido y directo sin descuidar conceptos como el detalle o la profundidad. Sin embargo, eso no ayudó lo suficiente a que yo conectara con la historia de Marc y Lucas tanto como me hubiera gustado, ya que argumentalmente he sentido que un buen tramo caía en la ambivalencia de avanzar y de dar vueltas en círculos a un mismo tiempo, en un carrusel un tanto tragicómico. El autor demuestra originalidad, desde luego, pero sondando esta primera obra suya no hallé esa chispa que hiciera deslumbrar una novela que no pasa demasiado de la cotidianidad y la realidad, éstas a penas salpicadas por la creatividad y la exageración.

Marc despiertó en mí sentimientos encontrados. Como personaje, tiene el punto equilibrado para dar lugar a una relación amor-odio en mi fuero interno. Por un lado, he sentido empatía por él, incluso compasión; pero eso no restó que me produjera en algún momento cierta vergüenza ajena, o asquearme con ese complejo de polilla hacia una llama que puede llegar a arrastrarnos el sentimiento del amor, aunque aquí creo haber encontrado un caso que lleva ese sentimiento a un límite bastante insospechado. Pero el mayor punto a favor de la concepción de este personaje es su desarrollo, que muta en algunos aspectos al mezclarse con una persona diametralmente opuesta; pero al mismo tiempo, no madura en más de aspectos, y esto hace inevitable que caiga, desde mi punto de vista, en errores ya cometidos o pecar de otros que se ven a lo lejos augurando a gritos un catastrófico final. Desde el principio se da a “valer” de cara al lector como persona con alto grado de obsesión, pues en temas del amor le puede llegar a afectar, hasta rozar el grado de incurable, por cosas como que su ex le dejara y para más e-mail o por la “relación yoyó” a la que desde el comienzo parece destinado.
Lucas me pareció, con bastante frecuencia, un completo galimatías. Es el típico chico que podría catalogarse de “malote” por el que más de una (y uno) en esa edad bebería los vientos: vive más de noche que de día, sin demasiadas ataduras, capaz de plantarse en cualquier lugar por su cara bonita y que tontea con las drogas. La bipolaridad y una mente compleja y variable le describirían muy bien, las cuales descolocan mucho a Marc y al propio lector. Pero no quita que posea otros encantos, como su atrevimiento indómito o su espontaneidad efervescente, que son algunas virtudes que, en cierto aspecto, enriquecen la monotonía y la potencial pesadumbre del protagonista; aunque esto no elude que sea un personaje complicado a todos los niveles, todo un reto para quien quiera conocerle (o salir con él).
No son muchos más los personajes que aparecen, pues se centra en gran medida en las vivencias de Marc y Lucas, así como las emociones y reflexiones del primero.
Recurrente y con un juego ceñido a su limitado papel es David, quien se gana la fama de organizar fiestas cada fin de semana en su piso; esto creo que se me antoja exagerado, pero que llega a ensombrecerse con la estupenda concepción de su papel de buen amigo, leal pero es capaz de no endulzar demasiado las cosas para que su amigo trate de ver la realidad.
Otro relevante de mención es Diego, pero profundizar lo más mínimo en él daría lugar inevitablemente a spoilers, en especial por su incorporación en un punto avanzado de la historia. Tiene un papel notorio, pero que he llegado a considerar que llega a ser creado como excusa de un recurso un tanto explotado más que por otros motivos (y hasta ahí puedo leer).

En conjunto global, la historia es ágil y condensada, que entretiene pero que no termina de llegar tanto como podía prometer en su base. Por una cara, llega a ser demasiado realista, que contrasta con su otra cara, que parece en algún momento exagerar (casi diría de forma mordaz) la realidad, en especial el caos que puede llegar a ser una relación entre dos chicos que rozan el cuarto de siglo de andanza sobre este mundo; en ese punto entre las primeras lecciones de madurez del mundo real y la despreocupación díscola reminiscente del ocaso de la recta final de la adolescencia.
Respecto al desenlace, éste cae por sí solo con sus últimas líneas, las cuales creo que resumen la práctica totalidad de esta lectura. Incluso diría que este final desarmaría a más de un lector, como en mi caso personal, dejando esa sensación de avanzar argumentalmente pero, a su vez, dejándonos muy cerca de ese punto de partida, una vez que hemos terminado de sondar Dextrocardiaco.

Sobre la portada, tan sencilla como atractiva, aunque no la identifico demasiado con la novela una vez leía ésta.

Conclusión: Una historia entretenida, sencilla, cotidiana pero con la suficiente tónica para que no caiga en la suma insipidez; aunque diría que podía haberse explotado más la prometedora base que le brinda el autor y que vende la prometedora e incluso suculenta sinopsis de la contraportada.

Mi valoración global: 3/5


martes, 24 de marzo de 2015

Vendaval 1.1.1

-Zack, dime que tal te parece éste.
El interpelado, recostado en una cama que lucía una colcha de Hello Kitty de prevalecientes tonos rosa chicle, asomó los ojos por encima de su teléfono móvil con parsimonia. La chica que había ante él, rodeada por distintas prendas desparramadas por el enmoquetado suelo del dormitorio, lucía una falda de raja de color lavanda que le llegaba hasta las rodillas y un ceñidísimo top de tirantes finos de  color negro.
-¿La verdad? -preguntó mordiéndose el labio con un poco de picardía-. Ponte unas medias de red y esos zapatos de tacón con tira en los tobillos que tienes en tu “contrafondo” de armario y ya estarás lista... para ir a un cabaret.
-Tú siempre tan oportuno con tus sarcasmos, Zacarías...
La melena castaña de Mónica ondeó como en un anuncio de champú al darle la espalda con altivez antes de seguir con su encarnizada búsqueda en el armario. Empezó a desvestirse sin pudor, quedándose en ropa interior. El joven, no más de un año mayor que ella, dejó su aparato electrónico sobre el pecho, suspirando en parte divertido y en parte contrito.
-Tampoco es para ponerse de morros, Mó.
-¿Yo, de morros?
-Sólo omites tu manía de usar un diminutivo anglosajón con mi nombre cuando te empiezas a irritar -sentenció Zacarías, volviendo a sus tecleos de pulgar-. Y no recuerdo haberte hecho nada.
-Ya, pero es que hoy le estás poniendo pega o ironía a cualquier cosa que me pruebe.
-Sabes que con cualquier trapito que te pongas estás preciosa.
-¿Incluso con algo que, según tú, me hace parecer una pilingui?
Zacarías no pudo más que abrir la boca en respuesta antes de vociferar un “hey” cuando el móvil fue arrebatado de su mano. Sus ojos estuvieron demasiado fijos en la pantalla del aparato y los delicados pies descalzos de la muchacha no emitieron el ruido suficiente delatar la proximidad de ésta a la cama. No reprimió el impulso de bajar de la cama de un salto y dedicarle una mirada intensa y seria, carente de enojo pero llena de desaprobación.
-Devuélvemelo, Mónica -le espetó tendiendo su mano con autoritaria exigencia-. Ahora.
-¿Quién está usando ahora el nombre completo? -preguntó con picardía en sus labios la joven en paños menores, evitando que Zacarías, quien se le acercó impaciente, recuperase tan pronto el móvil-. A saber que escribes con tanto secretismo para que estés en plan tonto.
Él movió sus manos con celeridad, pero ella se escurría como un pez para eludir cada uno de sus zarpazos. Una acosadora danza en la que un sofocado Zacarías ansiaba el aparato antes de que Mónica pudiese echarle un ojo. Dicen que el fin justifica los medios, pensó él, así que en un momento en que ella le dio la espalda la agarró por la parte trasera del sujetador para que no se escapase; no tenía otro lugar donde agarrarla para detenerla con tan pocas prendas.
Aunque logró retenerla, al final ambos se precipitaron, tras un traspié, sobre el mullido suelo donde prosiguieron en retoces y forcejeos con el ímpetu de dos rivales de lucha grecorromana. Zacarías, por más que lo evitase, al final cayó en la vorágine de risas de Mónica, aunque seguía terco por recuperar su móvil antes de que viese lo que recelaba. ¿Cómo podía enfadarse de verdad con ella? Le era impensable, la quería e importaba demasiado como para llegar a tal improbable.
Pero al final no pudo evitarlo, lo supo cuando las risas de Mónica se fueron extinguiendo y dejó de oponer resistencia. Ella parpadeó sus ojos ante lo que estaba leyendo, mientras su brazo dejaba de esforzarse en apartar a tientas al dueño del aparato que tomó sin permiso. Él se detuvo en su forcejeo mientras se apagaban los colores de su semblante, intercambiando una mirada casi telepática con Mónica con la barbilla hincándose, prácticamente, entre los pechos de ésta.
-Zack... ¿Aún no...?
-Aún no -respondió con queda pesadumbre, casi encogiéndose de hombros-. Aún es pronto.
Mónica le acarició el cabello en un silencio que decía mucho. Zacarías no quiso mirarla a los ojos en ese instante, por lo que ancló su vista sobre ese intempestivo lugar que era el canalillo rodeado por un coqueto sostén de encaje perlado. La joven semidesnuda abrazó su cabeza con fuerza contra su pecho, con tal intensidad que él pudo sentir los latidos bajo los senos.
-Lo que hay que ver -dijo una voz desde la entrada del dormitorio, sobresaltando a los que estaban dentro. Como mejor pudieron, los que se hallaban en el suelo se incorporaron pero sin levantarse, para ver al chiquillo de no más de trece años que estaba apoyado en el quicio de la puerta con expresión exasperada-. Vale que tengáis confianza y todo eso, pero pensad en los demás que vivimos en esta casa. Un poquito de por favor.
-¡Jake! -espetó Mónica enojada y sofocada, mientras se recolocaba un costado de las bragas que se habían deslizado un poco con el forcejeo previo, para luego cubrirse con las manos y encogiendo el cuerpo con pudor-. ¡Nadie te ha dado permiso para entrar en mi cuarto!
-Un par de pequeños incisos, hermanita. Uno: no estoy técnicamente dentro, estoy en el umbral. Dos: la puerta la tenías bastante abierta como para veros si cruzaba por el pasillo.
-¡Oh, lárgate de una vez ya! ¿No ves que estoy casi desnuda?
-Francamente, te he visto más carnes en la piscina con bikinis mucho menos decentes que ese conjunto que llevas.
-¡Fuera!
Estuvo a punto de lanzarle el móvil de Zacarías como reacción, pero se detuvo a tiempo para tentar con la otra mano un cojín granate con forma de corazón que lo sustituyó como arma arrojadiza. Pero su hermano ya había salido de escena cuando el mullido objeto chocó contra el canto de la hoja de la puerta. No negó su berrinche con nulo disimulo cuando recorrió el dormitorio en escasas zancadas antes de cerrar la puerta de un sonoro portazo.
-Esta vez Jacobo tenía más razón que un santo -comentó Zacarías con el móvil de nuevo en su poder y guardándolo a buen recaudo en el bolsillo del pantalón. Era evidente que estaba un poco mejor de ánimos, ya que no tardó en mirarse en el espejo del armario para arreglarse la camisa-. Te dije que la cerraras del todo si ibas a probarte ropa.
-Me importa un pimiento del piquillo, Zack.
Un minuto escaso de silencio, en el que ambos se mantuvieron dándose la espalda, allí de pie en medio de la habitación y sin cruzarse sus ojos, que bastó tanto para templar por completo a Mónica como para que ésta recordase lo que había visto en el móvil de Zacarías.
-Zack -dijo rompiendo el mutismo mientras le daba de nuevo la cara-, sobre lo de antes...
-No le des más vueltas -atajó el interpelado con serenidad, mientras oteaba entre el revoltijo de prendas-. Lo único que podemos hacer es seguir caminando ahora que estamos de pie al fin.
-Pero...
-Ponte éste -insistió él, tendiéndole un vestido de satén en tono azul cobalto-. A penas te lo pones y es uno de los que más me gustan entre tantos que tienes. Creo que es perfecto para la fiesta.
Mónica se acercó hasta que lo único que los separaba fue la prenda en las manos de él. Debía correr un tupido velo a un tema que no sabía si reflotar en otro momento más apropiado, debía hacerlo por su Zack y la sonrisa sincera que éste le dedicaba.
-De acuerdo -contestó brindándole una sonrisa-. Como siempre, me fiaré de tu criterio.
Se puso de puntillas para que ambos rostros estuviesen a la misma altura, entonces juntó sus labios con los de él en un beso. No duró más de un par de segundos y las bocas a penas se movieron, pero no fue exento de sentimiento e intensidad.
-Pero nunca lo olvides, Zack -añadió después de ese fugaz beso, acariciándole con los dedos una de sus suaves mejillas de afeitado bien apurado-, eres muy, pero que muy importante para mí en mi vida y me es imposible concebirla sin tu existencia en ella.
Los ojos verdosos de Mónica se achinaron un poco por su más dilatada sonrisa cargada de complicidad, al ver que los de color marrón claro de Zacarías habían hecho exactamente lo mismo.
-Yo también te quiero, Mó.

martes, 17 de marzo de 2015

Oniris Solidario

Hola, amig@s de Salteado de Palabras,

Entre una cosa y otra, esta entrada se ha demorado cerca de tres meses; por lo que me disculpo enormemente.

Me es grato poder compartir algo en lo que mi primera novela, Jennifer en la Tierra de Oniris, ha tenido algo que ver, aunque desde luego no como protagonista de ello, ni mucho menos. Lo que sí me enorgullece es que mi “retoño de papel y tinta” haya podido hacer algo por los demás.

En pleno apogeo de las pasadas fiestas navideñas, la organización Madres Caballas (para los no familiarizados con el término, a los naturales de mi ciudad natal, Ceuta, también se nos conoce por el nombre de dicho pez, al igual que a los malagueños se les conoce como “boquerones”), una organización sin ánimo de lucro promovida por madres y familias de la ciudad, organizó un mercadillo navideño (llevado a cabo en la Biblioteca Pública de Ceuta) con el fin de recaudar fondos para ayudar a las familias más necesitadas de la ciudad en esas fechas.
Una de las actividades para recaudar dichos fondos fue una subasta de libros de autores locales, dedicados y firmados por los mismos. La recaudación de esta subasta se sumaría a la amasada en el citado mercadillo.

Y tanto Jennifer, Faerth, Erico y demás personajes de la Tierra de Oniris, así como un servidor, nos enorgulleció formar parte de esta ayuda a quienes más lo necesitaban en esas fechas. Cuando me telefonearon preguntándome si podía pasarme a dedicar un ejemplar facilitado por la Biblioteca, no necesitaron decírmelo dos veces para que me plantara esa misma tarde para aportar mi granito de arena.



Desde aquí, aunque ellos me hayan mostrado su agradecimiento, soy yo el que les da las gracias a Madres Caballas por hacerme partícipe en su empresa junto a otros autores naturales de Ceuta. Espero que muchos sueños hermosos se hayan forjado con la ayuda de esta asociación las pasada Navidad.
Y del mismo modo, le brindo a esta organización mi apoyo en su causa y en todas las actividades que realizan con todo su corazón.





martes, 10 de marzo de 2015

Crítica personal: Cazadores de Sombras 4 Ciudad de los Ángeles Caídos

Título: Cazadores de Sombras 4 – Ciudad de los Ángeles Caídos
Título original: The Mortal Instruments 4 – City of Fallen Angels
Autora: Cassandra Clare
Editado en España por: Destino

Sinopsis:
Alguien está dando muerte a los Cazadores de Sombras del círculo de Valentine, y esas muertes enemistan de nuevo a los cazadores de sombras con los subterráneos. Sólo Simon, ahora convertido en vampiro, podrá evitar el enfrentamiento. Mientras, Clary y Jace descubrirán un misterio que les llevará a fortalecer su relación o... a destruirla para siempre.
Amor, sangre, traición y venganza... los peligros son mayores que nunca en esta cuarta entrega de la exitosa serie de Cassandra Clare, que retoma la historia donde la dejó Ciudad de Cristal.

Crítica personal (puede haber spoilers):

Como es una continuación, será muy inevitable que revele lo que se considere ya sabido para los que leyeron las anteriores partes. Si te adentras en esta reseña, tenlo en cuenta.

Todo terminó muy bien tras la Guerra Mortal en Alacante, con sus consecuencias buenas y felices, así como sus consecuencias menos buenas y bastante tristes. Un nuevo mundo para nefilim y Subterráneos, una prometedora y más genuina igualdad, el fin de una gran amenaza para todos ellos y los mundanos; y por parte de los personajes principales sentimientos que ya no se pueden considerar tabúes, sinceridades que abren puertas a futuras felicidades, el dolor de los supervivientes por el recuerdo de los que perecieron...
Perfectamente podía haberse quedado ahí, con ciertos cabos un poco flojos pero no del todo suelto que habrían quedado a imaginación abierta del lector, pero que prometía un final bastante dulce pese al toque de amargura. Sin embargo, los lectores nos picamos por esos cabos sueltos e insinuaciones, y no dudó Cassy en seguir con las aventuras de Clary y compañía; quedándose la trilogía de “The Mortal Instruments” en una hexalogía, o dos trilogías conexas, según se mire.

¿En serio es posible que hubiera una amenaza potencial y a tener en cuenta tras la muerte de Valentine Morgenstern? ¿O que el desenlace de Ciudad de Cristal pueda dar un giro rotundo y aún así no despertar un instinto homicida hacia la autora? Pues parece que en este caso, sí.

Clary y Jace pueden amarse y ser una pareja, Luke y Joceline están a punto de dar un gran paso en su reciente relación, el ahora invulnerable Simon se debate entre dos chicas tan diferentes como estupendas, Alec y Magnus imposible que puedan estar mejor, los nefilim y los Subterráneos pueden vivir en una concordia algo más reforzada por lo ocurrido en Idris y los nuevos acuerdos entre todos ellos... ¿Qué falta para darle algo de “chicha” a este idilio tan idílico? Pues ponerle a la ecuación unos cuantos asesinatos de nefilim para complicar la situación en Nueva York, nacientes recelos entre unos y otros ante las posibles evidencias que incriminan a los Hijos de la Noche, el foco de atención que se está volviendo Simon para algunos y turbulencias en las relaciones y dichosas estabilidades en el elenco, como por ejemplo en la pareja estrella de esta saga.
¿Quién dijo que descubrir que no ser hermanos garantiza poder amarse sin andar por un camino angosto y tortuoso lleno de contriciones? Eso es lo que descubrirán Clary y Jace en los inicios formales de esa relación que les era falsamente prohibida, porque algo empieza a inquietar a él tras sus reveladores orígenes verdaderos.
Simon descubrirá también lo complicada que se volverá en verdad su “vida” y lo que deberá adaptarse. No podrá ocultar por mucho más su transformación vampírica a su familia, temiendo la reacción de su madre y su hermana. Descubrirá que aunque se haya vuelto en un serio interés para Isabelle y Maia, su indecisión (quizás aderezada con un poco de cobardía) le arrastrará a un juego a tres bandas de que ellas dos serán totalmente desconocedoras. Y se equivocará igualmente al pensar que podría disfrutar de una existencia tranquila por la Marca de Caín que grabó Clary sobre su frente, porque cierto vampiro sabe bien que la tiene, de lo que podría beneficiarse de su portador para sus propios planes... y habrá otras mentes que verán en el vampiro diurno un fuerte foco de interés.
¿Qué conectará los asesinatos de nefilim, Simon y lo que hace tambalear la relación de Clary y Jace?

Cassy sigue sin decepcionarme con esta cuarta entrega de la saga, aunque sí es cierto que he notado un pequeño pero perceptible bajón con respecto a los tres títulos anteriores con los que ha cautivado a tantísimos lectores; pero desde luego estoy convencido que lo ha llevado bien, no todas las sagas se mantienen aún arriba tras llegar a donde ha llegado sin decepcionar estrepitosamente al lector. Quizás más complicado que empezar una historia es continuarla cuando has cerrado un ciclo, tratar de crear una nueva trama que enganche después del final que nos brindó en Ciudad de Cristal.
Su estilo no ha mutado, y eso es lo que potencia más el libro a pesar de ese leve declive con respecto al nivel que derrochan sus predecesores. Directa, dinámica, absorbente, realismo en la personalidad y carisma de sus personajes... Además, sin romper su excelente escritura, la autora es capaz de mantener el misterio y demostrarnos una gran cantidad de piezas que parecen a simple vista inconexas, hasta acercarnos al final en el que desvelará las incógnitas, uniendo con lógica esos cabos para satisfacción del lector. ¿Qué decir que no haya manifestado ya en mis otras reseñas de esta saga respecto al trazo de la pluma de Clare?

Ciudad de los Ángeles Caídos está estructurado en dos partes: “Ángeles exterminadores” y “Por cada vida”, siendo la segunda la que poco a poco comienzan a encajar las piezas del rompecabezas de la trama que trata.
Esta cuarta entrega sigue resultándome tan fascinante como lo lleva siendo desde sus inicios, pero considero que no ha sabido empezar tan bien este arco argumental como lo hizo con Ciudad de Hueso. Lo que más me ha podido hastiar un poco en este libro fue la relación de Clary y Jace, a veces demasiado centrada la historia en ellos dos; a pesar de que otros secundarios tienen su protagonismo, en particular Simon. Aunque siempre he visto en Cazadores de Sombras un buen equilibrio entre el romance juvenil y la trama fantástica moderna que sirve de base, tuve la impresión de que el primero de ambos aspectos ha sido el que más ha estado en posesión del balón en este partido. Sin embargo, sigue siendo un gran libro a la altura del resto de la saga y que te absorbe de igual manera.

En Ciudad de los Ángeles Caídos vemos una Clary que, aún siendo en base la misma y que tampoco he apreciado demasiada evolución en ella desde Ciudad de Cristal, se vuelve cada vez más una nefilim integrada a su verdadera gente; arrojada y entregada como siempre por quienes ama y estima, pero también vulnerable ante las crisis que la envuelven, sobre todo a nivel de pareja.
Jace aún se verá un poco abrumado ante sus verdaderos lazos de sangre revelados en el anterior libro. No dejará de ser un chico un tanto complicado, con un fuero interno y un alma complicados en igual medida, pero que a fin de cuentas sigue siendo en el fondo un chico que oculta más tras su fachada de rebelde sin causa del siglo XXI.
Simon tiene un peso algo mayor en esta historia. Debatiéndose entre Isabelle y Maia al entrar en un terreno peligroso entre ambas, los extraños intereses que despierta tanto por su condición de vampiro diurno y portador de la Marca de Caín, tratando de aparcar en lo posible esa realidad que no es capaz de aceptar del todo, el que no pueda mantener la existencia que tenía antes, siendo también más consciente de lo que implica su adquirida inmortalidad. Aquí se le ve madurar pero sin perder ese carisma propio de él, aunque le he visto bastante torpe en el terreno sentimental más allá de su pasado amor por Clary y que desaprovecha dichas oportunidades.
Aquí Isabelle, tan en su línea con la que se ganó un buen trozo de mi simpatía, la vemos más a fondo tras esa superficie despampanante, más visceral en comparación a esa nefilim que fue en Ciudad de Hueso. Creo que a partir de este episodio de la saga puede dar motivos a sus lectores detractores a que le tengan algo menos de tirria. Dentro de su aportación a Ciudad de los Ángeles Caídos, es uno de los personajes que más han progresado para mi criterio.
Jocelyn tendrá también su papel, quien junto a Luke se prepara para una de las mejores experiencias de su vida. Pero habrá sucesos que la harán algo vulnerable por sombras del pasado.
Entre las nuevas caras veremos a Jordan, quien se incorporará como vocalista al grupo del que Simon es miembro, así como la viperina y hermosa Camille Belcourt. Y aunque no suene demasiada con notoriedad, hay que tener presente al hermano Zachariah, uno de los ahora diezmados Hermanos Silenciosos.

¿Y sobre el desenlace? Trepidante, intenso, aunque un poco abrumador y brusco con respecto al de los anteriores. Esta vez no hay epílogo, y sobre las últimas páginas del capítulo final sólo diré que me sorprendió, dejándome bastante impactado; aunque una parte de mí se olía algo pero que no me mojaba a la hora de tener convicción de algunas de mis sospechas. Al cerrar la cubierta por primera vez tras acabarlo, no hubo forma de quitarme la intriga y las ganas de más.

La portada, como siempre, fabulosa, un dulce para la vista que anima más a llevártelo bajo el brazo de la librería de turno. El patrón base es el mismo que los tres anteriores, aunque cambia en que ya no consta de un personaje protagonizándola, sino dos; en este caso Clary y Simon, con la novedad a partir de la publicación de este libro de que sí se ven ahora las caras de los protagonistas (aunque la de Simon no es que se aprecie mucho que digamos...).

Conclusión: Un nuevo punto de partida de una saga curtida. Aunque decaiga un poco del nivel de sus predecesores (que remonta con creces en Ciudad de las Almas Perdidas, su continuación), Ciudad de los Ángeles Caídos sigue siendo una historia intensa, amena y que atrae, con fantásticos personajes que no pierden su gancho, y una ambientación atractiva pero que a veces queda bastante relegada por el factor romántico de sus protagonistas principales.

Mi valoración global: 4/5