martes, 10 de marzo de 2015

Crítica personal: Cazadores de Sombras 5 Ciudad de las Almas Perdidas

Título: Cazadores de Sombras 5 – Ciudad de las Almas Perdidas.
Título original: The Mortal Instruments 5 – City of Lost Souls
Autora: Cassandra Clare
Publicado en España en: 2012
Editado en España por: Destino

Sinopsis:

Jace es ahora un sirviente del mal, vinculado a Sebastian por toda la eternidad. Sólo un pequeño grupo de cazadores de sombras cree posible su salvación. Para lograrla, deben desafiar al Cónclave, y deben actuar sin Clary. Porque Clary está jugando a un juego muy peligroso por su propia cuenta y riesgo. Si pierde, el precio que deberá pagar no consiste tan sólo en entregar su vida, sino también el alma de Jace.

Clary está dispuesta a hacer lo que sea por Jace, pero ¿puede seguir confiando en él? ¿O lo ha perdido para siempre? ¿Es el precio a pagar demasiado alto, incluso para el amor?


Crítica personal (puede haber spoilers):

Dado que se trata de un capítulo avanzado de una saga, será irremediable caer en la mención de hechos considerados sabidos por los que hayan sondado las anteriores partes; y más sumando su vínculo con la trilogía de Los Orígenes.

 Este quinto libro de la saga principal es, ni más ni menos, que la antecámara del desenlace a la historia de Clary y Jace. Y aunque objetivamente sentí que Cassandra Clare había bajado un poco la fuerza y el nivel de los tres primeros con Ciudad de los Ángeles Caídos, debo admitir, aquí ha sabido remontar el vuelo.
Retomando la historia desde el impactante y angustioso final de su predecesor. Jace está desaparecido, al igual que el cuerpo de Sebastian; este hecho lleno de temores e incertidumbres afecta a todos los que quieren a Jace, en especial Clary, la cual ha sido sometida a varios interrogatorios ante la Espada Mortal, revelando entonces lo ocurrido en la noche de autos y la secreta resurrección de Jace por obra del ángel Raziel durante la Guerra Mortal en Idris. El Cónclave no tardará demasiado en relegar este asunto para atender otros más prioritarios y urgentes, especialmente tras los nulos éxitos en su investigación.
Finalmente, Jace volverá a aparecer, pero no estará solo y no será el mismo que conoció y enamoró a Clary. Los dos hijos que crió Valentine Morgenstern están unidos para toda la eternidad… en todos los sentidos.
Clary tomará una iniciativa muy arriesgada, más de lo que ella pueda imaginar, siguiendo los pasos de ambos para tratar de recuperar al amor de su vida y saber que es lo que trama su hermano biológico. Por su parte, sus amigos actuarán por su cuenta en la desesperada búsqueda de una manera de acabar con Sebastian y liberar a Jace de éste… mientras todos ellos también lidian de paso con sus problemas y asuntos tantos personales como sentimentales.

Cazadores de Sombras sigue en su línea. Personajes muy elaborados y con gancho (aunque siempre he tenido más predilección por Simon, Magnus y los hermanos Lightwood), situaciones que te harán estremecer, reír, angustiar, emocionar y tener que hacer un esfuerzo por parar y no acabarlo demasiado pronto de lo mucho que puede llegar a meterte dentro de la historia el estilo de “Cassy” (o al menos, eso le pasa a un servidor). Una ambientación absorbente, un detalle minucioso en la descripción del entorno, una intriga que se va destapando capa a capa, con giros sorprendentes e inesperados hasta el final. Historias amorosas y vivencias personales, muchas veces tan normales a pesar de lo poco mundanos (y nunca mejor dicho) que son sus protagonistas; todo paralelamente a una trama interesante en un mundo del que la gente normal vive, por norma general, ignorante de su existencia y los peligros que representa. Cassandra Clare ha sabido mantener y mejorar incluso el estilo narrativo que tanto admiro como lector y escritor, ese mismo estilo que me metió de lleno en el bolsillo con Ciudad de Hueso.
Para no romper la costumbre, la autora trata de mantener bastante la intriga en lo posible para dar un buen golpe revelador prácticamente en los últimos capítulos. El epílogo tras los veintiún capítulos que forman este libro trae muchas sorpresas (en su mayoría no tan buenas y agradables) y giros vertiginosos que me han dejado bastante anonadado e incluso boquiabierto para afrontar el futuro desenlace de la saga.

Un gran peso de la historia lo lleva la prole (incluyendo el adoptado) de Valentine. En este libro he visto una Clary que cambia, crece y evoluciona tanto como persona como cazadora de sombras, un Jace que es y al mismo tiempo no es Jace, y a un Sebastian que me ha hecho titubear y pensar incluso si lo blanco es tan blanco y lo negro tan negro. Clary sigue siendo tan temeraria por los que ama, haciendo tripas corazón de estar junto “otro Jace”, que en realidad no es el que ama, pero a su vez lo es en lo más hondo, demasiado hondo; sentirá dicha y pesar mientras trata de recuperarlo, sin importar lo peligroso que sea en lo que se ha metido sin saberlo. Jace se muestra como es él pero sin serlo, como si la luz que fuese él en verdad estuviese rodeada por una densa niebla que deja ver que es la luz, pero que vela el verdadero e intenso resplandor de su naturaleza real. Y desde luego, Sebastian da mucho juego a esta historia, y me ha parecido un personaje muy interesante en este libro, ya que le iremos conociendo de verdad y más a fondo; porque la verdad, poco se pudo ahondar en su verdadera personalidad en Ciudad de Cristal.
Y con respecto al resto de personajes, la otra mitad de peso en esta historia… Simon sigue siendo el mismo (incluyendo la oportunidad de sus comentarios), y eso me agrada; amigo del alma leal a Clary, hasta tal punto de dejar en segundo plano todo lo demás… Está claro que más de media vida queriéndola es difícil de olvidar en tan poco tiempo, y aunque parezca que lo ha superado, a mí me da a entender que una reminiscencia de ese amor pasado está ahí para complementar su amistad platónica como un grupo de lapas sobre una roca marina. Isabelle (otro de mis “prefes”) cada vez más siente que algo está cambiando en sí misma, en su forma de ver y vivir la vida y todo lo que creía inalterable, mostrándose más humana y pasional bajo su habitual frivolidad... y eso la abruma y asusta un poco. Alec y Magnus, sobre todo el mayor de los hermanos Lightwood, nos deja ahondar más en su relación y lo que ha empezado a afectar la aparición de Camille en Ciudad de los Ángeles Caídos y la ponzoña de dudas que ésta vertió en la mente de la actual pareja de su ex; las tentaciones y los miedos un tanto egoístas pueden hacer en una relación más de lo que uno pueda imaginar. Maia y Jordan, con mayor presencia y participación ahora, tienen su pequeño protagonismo en Ciudad de las Almas Perdidas, tanto en los acontecimientos de la trama general como en lo que dejaron pendiente en el cuarto libro.
Jocelyn, Maryse y, en especial, Luke tienen menos presencia en este capítulo de la saga, pero siguen siendo bastante relevantes (de hecho, la madre de Clary tiene más protagonismo esta vez que en las anteriores entregas, con algunas escenas un tanto interesantes). Volvemos a encontrarnos con algunos personajes vistos en entregas anteriores de la saga, junto a algunos nuevos que creo que deberemos tener en cuenta, literalmente, de cara al futuro.
También en este libro sabremos más sobre Las Hermanas de Hierro, quienes me han resultado tan interesantes, a la par que misteriosas y arcaicas, que los Hermanos Silenciosos.
Un personaje que en sus apariciones en este libro me ha tenido con la mosca detrás de la oreja ha sido el Hermano Zachariah, que parece saber demasiado, haciendo despertar en el lector más de una conjetura, las cuales no pasan más allá de la mera especulación.

Si en Ciudad de los Ángeles Caídos se veía ciertas conexiones que hacían referencias a Los Orígenes, en este vemos más, pues hay ciertas menciones a personajes de dicha época victoriana (a parte de los inmortales Magnus y Camille), e incluso veremos algunos elementos que aparecen en los dos libros publicados hasta ahora de esta precuela. Y además de enlazar el pasado con este presente, Cassandra Clare utiliza Ciudad de las Almas Perdidas para establecer el primer nexo con Los Artificios Oscuros, la futura trilogía cronológicamente posterior a The Mortal Instruments, ya que vemos algunos personajes del Instituto de Los Ángeles (tal como dejó en manifiesto la autora antes de la salida del presente libro), entre los cuales vemos a uno de sus futuros personajes principales en una etapa muy pueril de su vida.

Debo reconocer que en las primeras páginas me costó un poco arrancar, intentando enlazar este comienzo con el final tan incierto como impactante de Ciudad de los Ángeles Caídos, pero no tardó en fluir todo como siempre. He podido apreciar una gran diferencia entre los primeros libros y éste a reseñar. Sigue siendo tal como siempre ha sido (el carisma de sus personajes, el estilo narrativo de la autora, etc.), pero ya es más que palpable el grado de evolución en la trama, que sus personajes han evolucionado también e incluso cambiado con pequeñas pinceladas pero sin perder la chispa que los caracterizó en sus primeras apariciones. La frescura de una historia nueva por descubrir y aún por crecer ya no se aprecia, pero sí la jugosa maduración de esa frescura con una trama que se ha curtido en más de mil páginas.
Otro punto a favor es que ahondamos más en los personajes secundarios, incluyendo sus situaciones sentimentales, sin que se acapare tanto a Clary y Jace (que la verdad, ya uno empezaba a sentir cierto fastidio de que esta parejita rozase la monopolización en este sentido). Ahora las inquietudes y problemas tanto personales como del corazón de Simon, Isabelle, Magnus, Alec, e incluso Maia y Jordan, son más palpables para mi beneplácito; suelo tener más “feeling” con los personajes secundarios y es un gusto para mí ver y saber más de ellos.

Y ya casi me iba a olvidar el comentar la portada. Fantástica, como siempre; y ya se aprecia la mecánica del diseño de éstas a partir de Ciudad de los Ángeles Caídos: Clary acompañada de otro personaje. Primero fue Simon, en esta Jace. Queda muy claro quién sería su consorte de portada en el sexto.

Conclusión: Una historia ya muy desarrollada, como siempre personajes y situaciones que nos mete de lleno en cada página, con un final tan sorprendente como intrigante. Muchos dirán que se podría haber quedado perfectamente la historia de Clary y Jace en Ciudad de Cristal, quizás sea así desde cierto punto de vista pero esta “segunda trilogía” de The Mortal Instruments no me está decepcionando en absoluto hasta el momento. Ahora toca esperar a Ciudad del Fuego Celestial.

Mi valoración global: 5/5


viernes, 6 de marzo de 2015

Crítica personal: Sé que Volverás

Título: Sé que Volverás
Título original: I’ll Walk Alone
Autora: Mary Higgins Clark
Editado en España por: De Bolsillo

Sinopsis:

A pesar de que no posee ningún indicio de que su hijo continúe con vida, Zan Moreland sigue convencida de que logrará encontrarlo. Han transcurrido dos años de angustia y de búsqueda obstinada desde que alguien raptara a Matthew a plena luz del día y en un sitio tan concurrido como Central Park, pero la investigación no ha avanzado lo más mínimo.
Cuando se aproxima la fecha del quinto cumpleaños del niño, las fuerzas de Zan comienzan a flaquear y justo en ese momento salen a la luz unas fotografías del instante en que secuestraron a Matthew. Zan mira desconcertada las imágenes en las que aparece una mujer idéntica a ella llevándose a su hijo. ¿Estará perdiendo el juicio?

Crítica personal (puede haber spoilers):

Zan era joven y con una carrera ascendente y prometedora como interiorista, a la par que criaba a su hijo como madre soltera tras su divorcio con la misma pasión que entregaba en su profesión. Pero su mundo se derrumbó cuando su hijo Matthew es secuestrado en Central Park, a cargo de una canguro mientras ella esta atendiendo un trabajo importante. Y esta pérdida azotará con gran fiereza a todos los niveles de su vida.
Transcurridos cerca de dos años, en víspera del que sería el quinto cumpleaños del pequeño, Zan avanza por la vida como un alma en pena, pero obcecada en su fe de que Matthew está aún con vida, volcándose en su trabajo para acumular todo el dinero posible en investigadores privados e incluso adivinos con el fin encontrar cualquier pista o indicio que la acerque a su reencuentro.
Pero hay aspectos de su vida que resultan extrañas, las cuales lapidan tanto sus intenciones como su negocio. Y más turbia se vuelve su situación cuando salen a la luz unas fotos de una mujer idéntica a ella, con las mismas prendas que ella lucía en dicho momento, llevándose al pequeño en el día de autos. Y aunque desde el principio ella se mantenga firme y segura de que no es ella la que aparece en las fotos, la superflua evidencia de esas fotos proliferará el germen no sólo los demás (incluso en quienes la conocen y aprecian), sino también en la propia sospechosa. La bola de nieve rodará y rodará, creciendo sentimientos el recelo, la desazón, el rencor, la argucia o la rabia en Zan y todos aquellos personajes que, en mayor o menor grado, acabarán formando piezas del minucioso engranaje que es esta rapto infantil.
Pero por encima de todo, en particular para la propia Zan, queda flotando en el aire las dos grandes preguntas: ¿Dónde está Matthew? ¿Estará vivo, o por el contrario…?

Sé que Volverás arrastra al lector a una compleja pero absorbente trama en la que la incertidumbre se respira en cada pasar de página. Todo gira en torno al delicado tema de la desaparición (y más que evidente rapto, aunque nadie se percatara aquel día) de un niño de tres años, un hecho que cerca de dos años más tarde aún está templado en el recuerdo de los ciudadanos de la ciudad de Nueva York y regiones colindantes; en gran parte, sigue vivo gracias a la prensa sensacionalcita, sin especial tacto al dolor reflejado en los rostros de los padres del pequeño.
Y todo el asunto, así como la investigación estancada de la policía, dará un giro de ciento ochenta grados al aparecer las fotos de un turista que capta accidentalmente la ejecución del delito. Zan acaba siendo el centro de esa vorágine, víctima de la suspicacia de todo el mundo, de si esas fotos están trucadas o si es la cínica desalmada que empieza a ser en la mente de la opinión pública.

La novela está dividida en cerca de un centenar de capítulos y un epílogo que ata todo el conjunto. Al ser cortos cada uno de ellos, se puede leer de manera fluida, pasando de una escena a otra, como piezas separadas que van agrupándose a medida que relacionan con el proseguir de la trama. Aún así, el lector deberá tener bien presente cada capítulo leído para no sentirse abrumado por el cambio de situación y de personajes, pues esta es una constante por la que nos guía la autora.

La exposición narrativa de Mary Higgins Clark me convenció mucho con esta primera toma de contacto con sus obras. Clara y detallada, pero concisa y con una profundidad que se ahonda a medida que avanza la historia. Consigue en gran medida, y de forma muy acertada, transmitir al lector una historia de este calibre sin que caiga en el denso tedio que podría esperarse a priori. Además, la autora consigue (al menos en mi caso particular) forjarnos con Sé que Volverás una especie de relación amor-odio; la historia agrada por su desarrollo, pero al mismo tiempo crea muchos momentos en los que pistas y revelaciones esclarecedoras para el caso de Matthew y la crisis en la que se verá sumida Zan se rozan prácticamente pero se escapan ante las narices del elenco, y de tal manera lo hace que puede frustrar al lector (como digo, en mi caso particular, espolea el deseo de meterse literalmente en la historia y decir “ey, ¿es que no lo ves?”).
Un punto en concreto de la novela, plasmada con sumo realismo, es lo que podemos llegar a dudar, tanto de los demás como de nosotros mismos, o al menos macular esa confianza intensa y franca que habíamos depositado, cuando algo aparentemente contundente y evidente aparece para echar al fango ese altar de fe. Y en definitiva, nos muestra las distintas formas en las que la gente encara esas dudas, siendo las más perturbadoras las que puede sentirse por uno mismo, y más dado algunos antecedentes de la personalidad y el pasado de Zan.

Son bastantes personajes los que tendrán, en mayor o menor medida, su peso y participación en esta intrigante situación, todos ellos tan dispares; desde un cura a una chismosa, pasando por una niñera, clientes de interioristas, una estrella del rock o la propia policía. Incluso diría que no hay un verdadero protagonista, aunque sí unos que gozan de peso notable, pues la acción nos sitúa en todos los que tengan algo que ver con la desaparición del niño, así como las personas que acaban de algún modo siendo los que aporten eslabones que compongan esta cadena.
Es evidente que Zan será una pieza clave. Viviendo, emocionalmente hablando, una no vida, tirando de sí misma hacia delante desde que desapareció su hijo, incapaz de desprenderse de esa pena, convencida de que él está vivo en algún lugar y que eso es lo suficiente para no abandonar su profesión en ascenso para atesorar todo el dinero posible para invertirlo en personas que puedan ayudarla. Y todo se vuelve una insufrible noria de confusión tras esas fatídicas fotos. Llegará incluso a dudar de sí misma, ante lo prácticamente sola que se sentirá ante la falta de plena credibilidad por su parte ante esa prueba tan, en superficie, evidente; incluso quienes la conocen, aprecian y quieren llegarán a no ser capaces de poner la mano en el fuego por ella al ciento por ciento. Pero tras las flaquezas de su personalidad, también demuestra su coraje y su pasión, en especial si se aferra al recuerdo de Matthew y su inmortal e infinito amor de madre por él.
Alvirah Meehan se vuelve más y más relevante tras cada aparición. Una mujer, ya prácticamente en la tercera edad, que apunta maneras de polifacética: ama de casa, ganadora de un suculento premio en la lotería, autora de un best-seller, así como aficionada a los casos policíacos llegando a ser una colaboradora ocasional del propio cuerpo policial. Por un lado, además del peso potencial y creciente que muestra en su primera aparición, es un puente argumental entre Zan y otros personajes que, por X o Y, acaban formando parte de la trama. Su marido, Willy, resulta un apoyo discreto pero necesario para este personaje.
Edward «Ted» Carpenter es el ex marido de Zan. Vemos en él a un empresario lleno de preocupaciones y tensiones laborales mezclados con la pena y rabia que fácilmente expone respecto a la desaparición de su hijo, sin decoro alguno a la hora de culpar a la canguro negligente o la propia Zan. Frenética virulencia es el término más adecuado para describir su comportamiento más recurrente ante los acontecimientos de la novela tras la publicación de las fotos. Un personaje que llegó a hastiarme, a la par que despertarme la compasión; pero que llegó a sorprenderme un tanto.
El personaje que se conoce al comienzo por el nombre de Glory es alguien que se desgrana a medida que se aportan más apariciones suyas en la novela, y en mi caso particular su transfondo me hizo aflorar un abanico de sentimientos encontrados y contrapuestos, e incluso llegando a entender lo que la empuja, su afán ciego y desesperado por sus metas aunque pueda implicar un delito tan grave como el que se narra o incluso desmadejar toda su vida.
Son otros los tienen su buena voz y su buen voto en esta obra, como los inspectores que llevaban el caso en el momento del secuestro, la canguro presuntamente negligente o varios conocidos y amigos cercanos de Alvirah; de estos últimos a destacar el padre Aiden, un cura católico que juega un papel considerable ya desde las primeras líneas. Y por otro lado, la estrella del rock Melissa Knight resulta el personaje perfecto para causar tedio tanto a los personajes más cercanos de relación con ella como al propio lector; un personaje, como se suele decir, con “tela del telón”, cuyas apariciones aportarán su grado de entretenimiento.
Y también, por supuesto, está Matthew. Lo que vemos de él, y no sólo por el recuerdo de quienes le conocían antes de su desaparición (en especial su madre), sin duda se convierte a ojos de cualquiera en un chico enternecedor y avispado a partes iguales. Sin duda, él llegará a la fibra sensible de cualquiera, lo que incrementa la empatía con el asunto y el interés por esta novela.

La historia en sí ocurre con intriga, pero sabiendo prácticamente desde la intriga datos que no cubren el asunto con el extremo misterio. No se tarda en entrever el destino de Matthew, pero esto no resta en absoluto la intriga o el interés, ya que dicha información es servida con cuentagotas, y espolea igualmente al lector.
Y sobre el desenlace, me sorprendió con un giro enorme en el argumento en sus últimos capítulos. De igual modo, me agradó, aunque quizás me esperaba otra cosa que no sabría expresar. Pero aún así, fue una lectura soberbia que, definitivamente, se aleja del término decepción, y empiezo a considerar que dicho adjetivo no tiene cabida en el estilo narrativo de su autora.

Conclusión: Una historia sobre un rapto infantil, densa pero fácil de sumergirse en ella, con un rico elenco de personajes que en su mayoría distantes entre sí acaban convirtiéndose en una cadena perfecta, un desarrollo argumental que atrae y que incita a más de una reflexión.
¿Quieres saber si Zan y Matthew vuelven a estar juntos? Te animo a que lo compruebes.

Mi valoración global: 4/5



jueves, 5 de marzo de 2015

Reapareciendo

¡Buenas a tod@s!

Sé que llevo bastante sin publicar nada en el blog, menos de lo que me había propuesto. No voy a soltar ningún rollo, pero quiero romper una lanza a favor de quienes dicen que o no pasa nada o vienen varias de golpe.

Espero este mes subir algunas reseñas (dos o tres nuevas al menos, más algunas que ya publiqué en La Repisa en su momento), algún escrito antiguo y una entrada que, por no haber conseguido el material gráfico a tiempo, se ha demorado casi dos meses.


Bueno, ya he dejado constancia que sigo vivito y coleando, como se suele decir. Nos vemos pronto, amig@s de Salteado de Palabras.

viernes, 13 de febrero de 2015

Crítica personal: El Manuscrito de Avicena

Título: El Manuscrito de Avicena
Autor: Ezequiel Teodoro
Editado por: Entrelíneas

Sinopsis:

Bujará (Persia). Año 1004. Avicena escribe con firmeza sobre un pedazo de piel. Al acabar, levanta la barbilla y sonríe a las decenas de miles de libros que le rodean en la Gran Biblioteca. Ha terminado su obra más brillante. Y también la más peligrosa. Madrid (España). Año 2011. El médico español Simón Salvatierra recibe una terrible noticia: su esposa ha sido secuestrada por Al-Qaeda mientras investigaba un manuscrito milenario. Una vertiginosa aventura a través de los siglos protagonizada por cruzados, masones, espías y terroristas. Y un codiciado poder que podría redimir o aniquilar a la humanidad.

Crítica personal (puede haber spoilers):

El Manuscrito de Avicena es la primera novela del periodista y paisano mío Ezequiel Teodoro. Además, también cuenta con la paradójica y curiosa casualidad de ser la primera publicada en el mundo en la que se trata una Al-Qaeda tras la muerte de Osama Bin Laden, saliendo a la venta poco antes de la captura y muerte del mismo.
Una trama intensa, intrigante y rica en detalles y hechos históricos, en la que absorbe al lector junto a los protagonistas de la misma a una vorágine que puede sorprenderte hasta la última página.

Por un lado está el doctor Salvatierra, que parte de Madrid hacia San Petersburgo para reencontrarse con su esposa, una científica que un año atrás aceptó un trabajo muy importante en la citada ciudad rusa. A penas comenzando su solitario periplo, recordando fantasmas del pasado que desencadenaron fisuras sobre los pilares de su matrimonio y su propia vida, acaba teniendo a un joven llamado Javier como inesperado compañero, después de que éste le socorriese cuando unos misteriosos desconocidos le asaltasen en la estación de servicio en la que ambos se encontraban. No evita rememorar a su desaparecido hijo David en aquel joven autoestopista que, casualmente, también se dirige a San Petersburgo; y dicho recuerdo abre más de esas hondas heridas del pasado del doctor.
Por otro lado, Alex Anderson, una trabajadora del Museo Británico, se encuentra con su casa patas arriba tras regresar de visitar a su padre, el cual se encuentra trabajando en San Petersburgo. Pero detrás de lo que en principio apunta a una gamberrada o un hurto obra de inexpertos en ese terreno, hay algo más que hace peligrar su propia vida; por lo que se verá obligada a huir de Londres cual fugitiva en compañía de Jeff Tyler, un agente de Scotland Yard que considera demasiado extraños los acontecimientos que empiezan a cernirse sobre su inesperada protegida. La única posibilidad que le resta a Alex es reunirse con su padre, con la ayuda y el respaldo de Jeff.

Éste es el punto de partida, que no es más del primer capítulo de la novela. Más allá de estos personajes principales se prolongan la sombra de Al-Qaeda, la cual no está ya liderada por Osama Bin Laden; pero aún así la organización no parece haber perdido poder, sino más bien lo contrario. Igualmente están presentes organismos como el M16 británico y el CNI español, siguiéndoles la pista tanto a Al-Qaeda como a Salvatierra y a Anderson. A su vez, desfilarán paralelamente en la trama ciertas entidades que se remontan a lo largo de la historia de humanidad hasta desentrañar el primer eslabón que une los demás que desencadenan esta trama: Avicena (también conocido como Ibn Sina), a raíz de un importantísimo documento suyo que ha despertado la ambición de los hombres cuyos oídos han escuchado de su existencia y su naturaleza a lo largo de los siglos, hasta llegar nuestros tiempos. La organización terrorista ansía dicho texto para alcanzar sus fines, aunque no son los únicos que lo anhelan...

Una historia intensa, a veces con una densidad pareja al calibre de sus páginas, llena de enigmas que se van destapando capa a capa y que a veces uno llega a creer que nunca se acabarán tantos secretos e intrigas. Además, el autor intercala los acontecimientos del presente en los que se ven sumidos protagonistas con los vividos por otros personajes en fieles hechos históricos del pasado como escenarios; hechos totalmente ajenos a sus principales protagonistas, pero fundamentales para el objeto que da nombre a la obra que en muchos momentos asciende a la categoría de protagonista indiscutible.

El propio Ezequiel Teodoro compara el periplo de Salvatierra en busca de su esposa con la odisea que padeció Ulises por volver a Ítaca con su amada Penélope; y tras leerlo soy incapaz de quitarle la razón a ese perfecto símil. Los sentimientos de Simón por Silvia están muy patentes en la historia, que sumando los acontecimientos en los que se ha visto inmerso sin elección harán que evolucione en el plano emocional a lo largo de la novela. Y cuando decide recorrer en coche toda Europa para reencontrarse con la mujer que nunca había dejado de amar y no perder lo poco bueno que le queda en su vida, descubre que sus miedos no son nada comparado con lo que en verdad está a punto de perder, empezando por su propia vida y la de su amada.
Alex es un personaje que crece y cambia bastante con las vivencias que atraviesa a lo largo de la novela, dando en un comienzo (al menos según mi criterio) una imagen de mujer un tanto frívola, consentida la práctica totalidad de su vida por su padre y que conoce bien cuánto de atractiva es y cómo usarlo sobre los hombres para su propio beneficio. Pero cuando más se ve arrastrada a unos acontecimientos que sólo se le antoja de las películas de espías, se dará cuenta de que los hilos de la vida no son tan fáciles de manejar como siempre había creído. Y todo lo que experimenta en esta historia, especialmente los momentos difíciles, es lo que la ayuda a crecer y mejorar como ser humano.
Sin embargo, me pareció descompensado que en los personajes de Javier y Jeff a penas se ahondase en sus personalidades y sus pasados, sin desarrollarse en el grado de plenitud que logran Simón y Alex. Ambos personajes masculinos muestran al principio unas primeras cartas muy prometedoras que daban mucho juego, pero al final se centra más en sus otros compañeros y acaban teniendo un rol de personaje secundario a pesar de su relevancia inicial (en especial Jeff, que a nivel de desarrollo me apenó ver que estaba más destinado a ser “carne de cañón” y un contrafuerte para el personaje de Alex).

A lo largo de la novela, el autor nos transporta a momentos históricos reales en los cuales se mueven otros personajes que darán más sentido a los acontecimientos que sumerge a los que viven el “presente”. Está muy patente la pasión de Ezequiel por la historia, ya que estos capítulos que se desarrollan en el pasado ajeno y vinculante a su vez de la trama de la novela son ricos en detalle y fidelidad. Además crea expectación cada vez que salta a una de estas escenas “retrospectivas”, las cuales cobran mayor sentido cuanto más se acercan al presente y se van desentrañando el misterio del manuscrito.

Es una obra muy entretenida, sin ser especialmente amena pero desde luego no es explícitamente tediosa. Ideal para los que les apasione la temática que toca pero también puede gustar a cualquiera que le brinde una oportunidad de sumergirse entre sus páginas.
Quizás pueda cansar a quienes les guste más las tramas más lineales y menos enrevesadas, ya que el autor nos inicia con una historia dividida en dos paralelas entre Madrid y Londres como puntos de partida, cuyos personajes principales se encuentran y unen en el previsible y evidente destino final común que es San Petersburgo a mitad de la historia; además de sumar a la ecuación los frecuentes saltos retrospectivos que te sacan momentáneamente de la trama en la que se mueven Salvatierra y Anderson.

Respecto a su desenlace, quizás me esperaba mucho más, o por lo menos no me esperaba otra cosa, en especial respecto al foco de interés por el que sus personajes danzan en derredor. Sin embargo, este final no llega a desmerecer los puntos fuertes de la obra y el destino del elenco (en general) me ha dejado satisfecho.

Conclusión: Muchos achacan que el éxito y reconocimiento de esta obra viene de un golpe de suerte del destino ante la captura y ejecución de Bin Laden al poco tiempo de la publicación de El Manuscrito de Avicena. Es innegable que este hecho fue provechoso tanto para la novela como para el autor, pero no se les puede desprestigiar un ápice. Objetivamente, tiene calidad suficiente para merecerse una oportunidad y un rincón en las bibliotecas particulares de nuestras casas.


Mi valoración global: 3/5


miércoles, 4 de febrero de 2015

Crítica personal: Bajo la Misma Estrella

Título: Bajo la Misma Estrella
Título original: The Fault in Our Stars
Autor: John Green
Editado en España por: Random House Mondadori

Sinopsis:

A Hazel y a Gus les gustaría tener vidas más corrientes. Algunos dirían que no han nacido con estrella, que su mundo es injusto.
Hazel y Gus son sólo adolescente, pero si algo les ha enseñado el cáncer que ambos padecen es que no hay tiempo para lamentaciones, porque, nos guste o no, sólo existe el hoy y el ahora.

Crítica personal (puede haber spoilers):

Es muy probable que, para la mayoría que lo son ahora o hayan vivido esa etapa, la vida de un adolescente sea complicada y dura de afrontar. Así que imagínate si le sumas a la ecuación el hecho de padecer un cáncer. Y estos factores son los que lleva al lector a la historia de dos jóvenes que, tras encontrarse por vez primera en un grupo de apoyo para adolescentes en dicha situación, se sumergirán en una interacción y unas vivencias  que darán lugar a algo tan dulce como punzante.
Hazel Grace Lancaster lleva arrastrando durante años un cáncer de tiroides, un caso que a pesar de su gravedad y un pronóstico sentencioso ella ha logrado mantenerse precariamente a floto en ese mar gracias a una medicación experimental a la que reaccionó favorablemente. Quizás a raíz de su experiencia y el hallarse en un estado de salud en constante incertidumbre, esta joven se enfrenta a la vida, o mejor dicho a cada instante que pueda seguir contando, con una parquedad realista sostenida por un humor agudo y un vivo ingenio; pero ante todo, cada día es muy consciente que el día menos pensado podría ser el último, una conciencia a priori mucho más presente y factible que alguien con mejor salud, e igualmente de consciente es del daño que causará su muerte sobre sus padres, en particular ante el sentimiento de una hija única.
Entre sus rutinas, aunque más por contentar a su madre por el afán de esta de que hiciera más amistades, está la de ir cada semana a un grupo de apoyo para jóvenes que también están afrontando una enfermedad oncológica. Pero para ella esos días transcurren con la misma mecánica, siempre las mismas historias y temores de otros jóvenes que se aferran a una esperanza fruto de la fe religiosa que siempre intenta inculcar quien organiza dichas reuniones; siempre igual para Hazel, sin importar si llega alguien nuevo o si hay mejorías o agravios en los casos de quienes conoce en ese grupo de apoyo, hasta el día en que se une un muchacho llamado Augustus (Gus) Waters; y este joven, quien padece un osteosarcoma que le llevó a perder su pierna derecha, irá picando la curiosidad de la protagonista, siendo arrastrada a un potencial magnetismo bastante ineludible por más que sus propios preceptos quieran mantenerse en sus trece.
Cosas como intercambiarse sus libros favoritos serán los primeros pasos de su acercamiento, lo que marcará ese antes y después en sus vidas, con todo lo bueno y lo malo que les soterrará a medida que se van conociendo y los sentimientos maceran en un futuro incierto, viviendo el ahora, creando infinitos dentro de los segundos contados que son conscientes que les deben quedar a raíz de la enfermedad. Porque en la relación que se fragua entre Hazel y Gus, navegando en las mareas de cada uno que acaban convirtiéndose en una sola, aprenderán mucho el uno del otro, así como descubrirán más a fondo cosas de ellos mismos que desconocían o que no evitaban ver directamente.

Sin duda alguna, Bajo la Misma Estrella es uno de esos títulos que deben ser leídos en la vida. Pese a tocar un tema tan delicado como el cáncer, no es una historia dramática y deprimente en su totalidad, ni constantemente lacrimógena. En esta novela podemos llegar a ver, a través de las vivencias y las emociones de Hazel, que la felicidad y la adversidad no están del todo reñidas, pudiendo encontrarse la una en la otra, que ambos conceptos forman parte de la vida y que hay que afrontarlos, incluso si las pérdidas o el propio final son una posibilidad en el siguiente paso de nuestro camino por este mundo.
Es más, es bastante seguro que para la mayoría se convierta en una lectura beneficiosa. Muchos habrán pasado por esta enfermedad en la que giran arrastrados sus protagonistas, con mayor o menor éxito en su superación, e incluso que se hallen en un punto más bien crítico o extremo como en este caso. También la mayoría es muy seguro que, aún sin padecerlo, el cáncer les haya tocado de cerca por familiares y amigos. En estos casos, creo que la empatía del lector sea más acentuada, y nos recompense con una mayor aceptación y consciencia del asunto, a la vez que nos recuerda lo mucho que tenemos que aprovechar la vida, más concretamente el aquí y el ahora, tratando que cada segundo se preñe de un infinito de nuestras almas. Si por el contrario el lector goza de la dicha de no haber tenido cerca esta enfermedad, estoy seguro de que le enriquecerá igualmente como persona, y quizás el recuerdo de esta lectura le sirva en mayor o menor grado a encararla con mayor entereza. Así que me reafirmo: Bajo la Misma Estrella merece la pena, en todos los aspectos.

La novela está expuesta en primera persona, a través de la propia Hazel, como cabría esperar. Este punto de vista elegido por el autor fue una de mis mayores preocupaciones al iniciar esta lectura, ya que otras historias narradas por personajes femeninos (y también adolescentes) llegué a considerar insufrible dichos personajes-narradores. Por suerte mi preocupación se quedó en eso, ya que Hazel es tan humana, real y femenina en su exposición de su historia pero sin caer el tedio que otras llegaron a provocarme; así que este personaje es de unos cuantos en mis últimas lecturas narradas en primera persona por un personaje femenino que me alimenta mi esperanza y un renovado voto de confianza a esta forma de exponer una novela mediante esta vía, a pesar de lo poco que llegué a conectar en otros casos que siguen esta tónica.
La trama se centra en el presente que vive el elenco, pero no por ello no vamos a conocer bien sobre puntos previos y relevantes, sobre todo la vida de Hazel y sus años de lucha contra el cáncer. Y de igual modo, nos guía a un futuro incierto y expectante.

Sobre la prosa de John Green me agradó a todos los niveles. Ameno y fluido, pero a su vez intenso, sabiendo como incitar la curiosidad del lector para atraparlo a esta lectura. Sabe mantener suspense sobre los giros que puedan ocurrir, siendo una lectura poco previsible. Aporta la cantidad intensa pero justa de dulzura (sin caer en la palabra “empalagoso”) que se equilibra con el peso amargo que cabe esperar en el tema del cáncer (pero sin convertirlo en algo lacrimógeno en extremo). Además, ha sabido encontrar el punto intermedio perfecto entre el realismo cotidiano con la ficción de toda novela sin pecar de surrealismo estrambótico. En definitiva, este autor consigue que nos quitemos el sombrero con Bajo la Misma Estrella.

Es difícil no simpatizar con Hazel y Gus. Aunque ambos poseen un apreciable grado de peculiaridades: un sentido del realismo mordaz pero sin caer en la fría insensibilidad, así como, en general, un humor tan desafiante como estoico, no dejan de ser tan humanos y emocionales como cualquier adolescente. Y lo mejor de todo es que son piezas que encajan en armonía, por más que ella intente por no estrechar más su vínculo con ese chico que ya en el primer segundo siente en su fuero interno que no será otro como los demás. Eso sí, ambos poseen sus notables diferencias.
El lector comprobará que Hazel ha vivido toda su enfermedad evitando estrechar relaciones con otras personas, considerando más que bastante el daño devastador que admite ella misma que causará a sus padres el día inesperado y potencial en que su enfermedad le de un revés y la haga pasar por caja (perdonad por este doble sentido que puede dar a un sutil toque de humor negro, seguramente los protagonistas de esta obra les habría gustado dada la forma de ser de ambos). Pero sus reglas autoimpuestas no serán tan férreas e inamovibles como pactase en un principio.
Gus camina sin arrepentimientos y aprovechando la vida que aún dispone. Este joven, que admite ser un gran aficionado a las metáforas, desde sus primeras líneas reconoce que su mayor miedo es el olvido, lo cual no le resta valor a la hora de abrazar los sentimientos que no tardarán en removerse en su pecho al conocer a Hazel en su primera reunión con el grupo de apoyo. Ambos se apoyarán mucho en el otro, y más a medida que la historia avanza, dándoles momentos adversos que encarar, junto a otros más regocijantes, lidiando entre la flaqueza y la fortaleza.
Son pocos los personajes que aparecen en la trama, ya que ésta se centra en Hazel y Gus. Por un lado tenemos los padres de ella, tan castigados en cuerpo y alma por el padecimiento de su amada hija pero que por ello no se dejan socavar la moral, apoyándola siempre llenos de toda la actitud positiva posible a pesar de que la preocupación y el temor anide en el rincón más profundo de sus almas ante la idea de que puedan perderla en cualquier momento. Igualmente están los padres de Gus, los cuales me resultaron los típicos padres amables convencionales y un poco cortados por el mismo patrón que los de Hazel.
Isaac también acude a las reuniones de apoyo, siendo en su caso la afección en los ojos. Es un buen amigo de Gus, además de quien convenció a este último para que empezara a acudir al grupo de apoyo. Es posiblemente ese amigo leal que adorarás y que al mismo tiempo desearías propinarle más de una colleja (con cariño). A medida que avanza en la historia se convierte en un personaje con un grado de relevancia mayor de lo que cabría esperar al comienzo. Disfruté leyendo a Isaac casi tanto como a Hazel y a Gus, y eso ya es decir bastante.
 Kaitlyn es una vieja amiga de Hazel con la que mantiene un ocasional contacto. Es una chica bastante corriente, y es evidente que vive con la normalidad propia de una adolescente como suele ser cada hija de vecino. Su participación es bien medida por el autor, aunque quizás podría haberse explotado un como más a esta joven dentro de la trama.
Hay algunos personajes secundarios más con relevancia en Bajo la Misma Estrella, aunque mentarlos siquiera conllevaría a cierto grado de spoiler. Nada más añadir que uno en concreto es muy crucial en la historia de Hazel y Gus.

En general, la novela está bien medida entre lo bueno y entrañable de la relación que se fragua entre un chico y una chica, incluso en mitad de la enfermedad que conlleva el lado más crudo y agrio que nos ofrece, ambos tan complementarios entre sí. Los giros en el argumento y el como los personajes encaran los acontecimientos a los que son arrastrados me agradaron por completo.
Sobre su final, con toda sinceridad, me gustó mucho a pesar de la tristeza imposible de ignorar incluso con todo lo entrañable que sentí que desbordan sus últimos capítulos. Creo que este ha sido el primer libro que puede llevarse el mérito no sólo de robarme un par de lágrimas, sino que me robe una sonrisa al mismo tiempo en los últimos momentos antes de cerrar sus páginas.

Bajo la Misma Estrella cuenta con una adaptación cinematográfica, de la cual haré una breve mención de elogio, pues creo que es de las más acertadas y fieles de toda la literatura pasada al celuloide; algo que agradece cualquier aficionado a la lectura, en particular para los que han convertido esta obra de John Green en una de las predilectas de sus estanterías.

Conclusión: Divertida, realista, tierna y cruda. Una historia de amor juvenil y el peso pernicioso del cáncer, la cual deja patente que, a pesar de las reservas que pueda causar a priori dicha combinación, pueden casar bien ambos extremos tan opuestos para crear esta obra que (además de concienciarnos más del tema del cáncer) da la importancia del ahora y crear infinitos de sentimientos en un solo segundo. Bajo la Misma Estrella dejará sin duda su impronta en ti, así que no dudes en adentrarte en sus páginas… “¿Vale?”


Mi valoración global: 5/5

miércoles, 28 de enero de 2015

Crítica personal: Juegos Perversos

Título: Juegos Perversos
Título original: The Dirty Secrets Club
Autora: Meg Gardiner
Editado en España por: Círculo de Lectores

Sinopsis:

Mientras el suelo de San Francisco tiembla por enésima vez, un hombre y una mujer desafían al destino encaramándose a la azotea de un gran edificio y se pasean en precario equilibro por encima de un muro. No son personajes anónimos, y la rocambolesca escena no es fruto de un arrebato de locura, sino que forma parte de un juego que empieza a ser demasiado peligroso. En cuarenta y ocho horas, dos personajes públicos han hallado la muerte en extrañas circunstancias. Dos días después, una fiscal federal fallece tras un inexplicable choque de vehículos. ¿Muerte accidental, suicidios o inexplicables asesinatos?
La policía recurre a la psiquiatra forense Jo Beckett para esclarecer los hechos. Pero no es en las vísceras de las víctimas en las que debe hurgar la doctora Beckett, sino en los entresijos de sus almas. Resolver ambigüedades, implantar certezas donde anidan vaguedades y encontrar sentido donde no parece haberlo. Las vidas de las personas suelen guardar espacios de sombra, culpas y humildes misterios, a menudo banales y apenas susurrados. Pero lo que Jo Beckett empieza a atisbar es mucho más complejo y retorcido.

«Te has portado muy mal. Te doy la bienvenida al Club de los Secretos Sucios...»

Crítica personal (puede haber spoilers):

Empezamos la novela con un hombre y una mujer que en ese primer momento no tendremos claro quienes o que tipo de personas son, haciendo una verdadera locura en la azotea de uno de los edificios más altos de San Francisco justo después de una de esas frecuentes sacudidas menores que sufre la ciudad californiana. Pero poco después, un extraño accidente de coche marcará el inicio de un desentrañar de misterios para revelar capa tras capa una cadena de muertes igual de extrañas que llevarán a su núcleo: un juego que está lejos de ser inocente.
En esta historia será la psiquiatra forense Jo Beckett, reclamada por el cuerpo de policía para formar parte del equipo de investigación del caso, quien deberá descubrir la verdad desde su curtido punto de vista, en un campo que personalmente desconocía bastante de su existencia y que gracias su autora, a través de este peculiar personaje, uno ha podido conocer.

No psicoanalizo mentes: psicoanalizo almas. Sus pasos retumbaron en la escalera. Soy psiquiatra forense.
Él relajó los hombros y la miró con renovada curiosidad.
¿Y qué es lo que hace exactamente?
Realizo autopsias psicológicas para determinar si las muertes sospechosas o ambiguas son naturales, accidentes, suicidios u homicidios le explicó. Descubro por qué murieron los muertos.
En el rostro del agente se dibujó una expresión de alivio y una sonrisa afloró a sus labios.
¿Y no tiene problemas con los cobros de las consultas?
Sólo con los zombies. Los hago pagar por adelantado, antes de que se larguen a vagar como almas en pena.
Llegaron a lo alto de las escaleras.
¿Y no practica ese vudú suyo en alguna oficina cómoda y calentita?
En ese momento, Jo vio por qué Cruz pensaba que Harding había saltado la barrera deliberadamente. Bajó el tono de su voz.
No cuando se trata de un caso grave de brujería, como éste.

Nada más empezar ese caso, la teniente Amy Tang no se lo pone fácil a Jo dándole a ésta un plazo demasiado corto para tener elaborado su informe sobre la principal víctima y aparente causante del supuesto accidente, pues se ha ido desarrollando a intervalos demasiado cortos en San Francisco otras tantas muertes de personas que están lejos de ser anónimas como cualquier hijo de vecino, a parte de la conductora de ese siniestro en que Beckett se incorpora a la investigación, una fiscal federal adjunto cuya carrera y reconocimiento estaban subiendo como la espuma.
Poco a poco Jo hurgará en la mente de su actual paciente y encauzará sus pasos hacia el descubrimiento de las piezas que se irán conectando para esclarecer estos alarmantes sucesos, así como la existencia de algo llamado el Club de los Secretos Sucios (CSS), en el cual Harding estaba más que metida. La protagonista de esta historia no se imaginará en un principio lo potencialmente arrastrada que podría acabar en dicho juego si no se anda con cuidado, poniendo en riesgo algo más que la eficiencia de su trabajo y el éxito de la investigación.
Encontraremos en la sombra, como podrá especular el lector que se adentre en esta novela, una figura siniestra y enigmática detrás de la trama y el reguero de muertos que se van sumando y que no parece dispuesto a cesar lo más mínimo esta mecánica hasta llegar a esa meta personal, hacia la que se mueve con vehemente y vital obsesión.

Una novela policiaca con sus buenas dosis de suspense y otras de momentos más amenos que armonizan entre sí, donde la muerte está constante. Jo se verá metida en una carrera contrarreloj para cumplir tanto su obligación profesional como esa otra aún más importante para ella más allá incluso de su juramento hipocrático; pero este caso mantendrá más vivos recuerdos y fantasmas de un pasado que creyó superar, o al menos vivir su día a día con la huella marcada en su alma de esas experiencias que conoceremos a la par que la acompañamos en el trabajo que anda sumergida en unas aguas más profundas de lo que cualquiera creería al principio.
Además, Juegos Perversos nos adentra en los entresijos de las personas. Da lugar a la reflexión sobre el tema que gira en torno a los secretos, en especial los más turbios que se ocultan, y a través de sus personajes (en particular los miembros del Club de los Secretos Sucios) encontramos un abanico bastante amplio de cómo alguien llevaría sus secretos más inconfesables y sus emociones al respecto; cada persona es un mundo, algunos pueden mostrar arrepentimiento y moverse por la desesperada expiación, otros quizás se vanaglorien en alardes en círculos selectos al respecto, o que metafóricamente se prostituyan por esos oscuros secretos, todo dependiendo del color emocional de cada persona, y dicha gama es tan amplia como la cantidad de estrellas en el firmamento.

El estilo de Meg Gardiner ha pasado mi gusto con una nota excelente. Una exposición de la trama acertada, me ha tenido bastante enganchado pero saboreándolo poco a poco para no acabar demasiado pronto. Su prosa se lee bastante bien en general, sobre todo en lo que se refiere a descripciones, detalles y cada situación que sucede en el libro. Sus 41 capítulos son bastante cortos, fluidos y amenos de leer (algunos de muy pocas páginas pero los más largos no se tarda demasiado en liquidarlos). No encontramos ni prólogo ni epílogo, aunque los capítulos primero y último cumplen respectivamente dichos papeles con el mismo resultado. Dentro de lo que sé de estos temas, Gardiner ha sabido documentarse bien (aunque en lo relacionado a derecho ya lo tenía fácil al ser licenciada en dicha materia) y crear una historia sin puntos cojos a simple vista. Además, hay que tener en cuenta que en el curriculum de la autora tiene el respaldo de buenas palabras por parte de Stephen King, el cual dice al respecto “Hay que leer a Meg Gardiner”.

Jo me ha gustado bastante, y es raro que un personaje principal me caiga tan en gracia como lo ha hecho esta psiquiatra forense. Una mujer muy peculiar desde su forma habitual de vestir que la aleja a priori de lo que se puede esperar de su profesión, pasando por detalles suyos sobre sus orígenes étnicos, hasta llegar finalmente a su personalidad y sus aficiones. Perseverante, observadora y práctica, defensora del derecho a la vida incluso para aquellos que seguramente no se la merezcan tanto. Toda una profesional y experta en su campo, aunque descubrimos a lo largo de este libro que en ciertos matices peca un poco del refrán “en casa del herrero cuchillo de palo”. Vivencias relevantes de su pasado estarán presentes en su vida y que el lector irá desentrañando poco a poco; a la par que se sumerge en la investigación, también será un caso donde tratará sin buscarlo temas personales que de ella dependerá pasar de verdad página. La doctora Beckett promete una lectura interesante.
También tenemos muy presente a Amy Tang, teniente del cuerpo de policía de San Francisco. Esta americana de etnia asiática no necesitaría demasiada caracterización para disfrazarse de elfa por sus rasgos físicos: bastante menuda, con el negro predominando sus vestimentas y “pelopincho”, que sumándole la rudeza de su carácter hace que cualquiera piense que ella “apunta maneras”. Una mujer muy entregada a su trabajo y que le gusta que éste se lleve a cabo con perfección, certeza y en la mayor prontitud posible. Su interacción con Jo no es nada desechable. Tang me ha parecido un personaje tal como se muestra pero con algo que me deja claro que no todos los gatos de noche son tan pardos como aparentan.
Igualmente tenemos un personaje a tener muy en cuenta en este episodio de la vida de la doctora Beckett, que será un apoyo muy grande para ella tanto en este caso tan enrevesado como en esos duelos internos que lleva acarreando y viviendo con ellos en los últimos años: Gabriel Quintana. No puedo decir demasiado de él sin destripar, a parte de que pertenece a la 129ª División de Rescate Aéreo y que gustará mucho al público femenino; pero como digo antes, habrá que tenerle bien en cuenta a partir de su primera aparición.
En el elenco se cuenta con distintos personajes, pasando por el entorno tanto personal como profesional de la protagonista, además de algunos personajes retrospectivos y todos aquellos relacionados con el Club de los Secretos Sucios... y la autora los hace desfilar delante del cañón de una ruleta rusa trucada por la creatividad de la autora. La parte antagonista estará muy presente, sobre todo en sus maquinaciones, cuyos motivos e identidad se irán esclareciendo a medida que pasamos las páginas de Juegos Perversos. Habrá personajes muy presentes, o más bien su huella bien marcada, incluso habiendo pasado a mejor vida, como por ejemplo y en particular “Chicadura”.

Para no restar interés al lector, no ahondaré más en la trama en esta reseña, pues aconsejo y espero que se adentren en este libro, porque creo que vale la pena; no me ha decepcionado para nada. Aunque seguramente en el final, que es bueno, me esperaba que estuviese algo a la altura de cómo se desarrolló la trama en general y creo que flojea de manera un tanto sutil. Del desenlace mismo me callo para no fachar nada al posible lector interesado, pero se puede decir que no deja que digamos cabos sueltos... aunque la historia de Jo Beckett no quedan en Juegos Perversos, hasta la fecha tres libros más le siguen con esta psiquiatra forense como protagonista (The Memory Collector, The Liar’s Lullaby y The Nightmare Thief), y espero poder adentrarme en ellos algún día, me he quedado con ganas de un poco más a pesar de lo intensa y completa que es esta novela.

La portada me ha gustado, muy sugerente por lo que salta a la vista sobre la cornisa de un rascacielos, sin olvidar la espectacular estampa que tenemos de fondo que se el escenario de la trama, San Francisco. La tipografía del título que recuerda a pintalabios no es así por arbitrariedad.

Conclusión: Una buena historia policiaca y de suspense, imagino que a la altura de los adeptos a dicho género o para los no muy iniciados como es mi caso. Sombría pero con sus sutiles matices luminosos bien colocados que armonizan esta historia. Os invito y recomiendo que acompañéis a la doctora Beckett en este caso, pero tened mucho cuidado con el Club de los Secretos Sucios... en especial si tenéis los requisitos necesarios para entrar en él. ¿Te atreves a aceptar su invitación?


Mi valoración global: 4,5/5


miércoles, 21 de enero de 2015

Crítica personal: Battle Royale


Título: Battle Royale
Autor: Koushun Takami
Editado en España por: Planeta (Booket)

Sinopsis:

En la República del Gran Oriente Asiático está prohibido el rock, esa música decadente. Los jóvenes crecen en un estado totalitario y controlador que promueve la competividad. Como medida de control de rebeliones, la administración pone en marcha el Programa: 50 clases de distintos institutos son elegidas para luchar a muerte en la BATLE ROYALE.

Los alumnos elegidos son aislados en una isla. Las normas del juego son estrictas: no pueden escapar, no pueden contactar con el exterior, y solo puede quedar uno.

Todo está permitido para sobrevivir.
Empieza el juego.
Empieza BATTLE ROYALE.

Crítica personal (puede haber spoilers):

En estos últimos meses he leído un buen número de títulos de ese género llamado “distopía”, el cual está tan de moda a raíz la famosa trilogía de Suzanne Collins. Sin embargo, esta temática no es novedad alguna, ya algunos la conocían a finales de los noventa, principalmente los que viven Japón y quienes les atrae el ocio con denominación de origen del país del Sol Naciente.
Y aunque en mi anterior blog compartí mi opinión de Buscaré el Océano (lectura que no me satisfació que digamos), en Salteado de Palabras empezaré con esta otra que ha sido más conocida por estos lares por haber sido víctima de un posible plagio por parte de Los Juegos del Hambre (y quizás esto ayudó al presente título a abrirse algo de camino más allá de sus fronteras de origen).

Battle Royale (título a raíz de las impredecibles y caóticas batallas campales que a veces se declaran en lucha libre) nos presenta una línea temporal alternativa muy peculiar de Japón tras la Segunda Guerra Mundial, bastante diferente y radical con respecto a nuestra historia real. Aquí dicho país se le conoce como República del Gran Oriente Asiático, que además nos da a entender que Korea y quizás cierta parte del territorio chino forman parte de esta junto a las islas niponas. Pero lo más significativo de esta nación es su mano dura que parece controlarlo todo, con la intención de ahogar a sus habitantes en una sumisión a todos los niveles, en la cual trata de inculcar a cada civil una competividad y una lacra de imperfección en el concepto de confianza plena en los demás que desemboca, en gran medida, a la deshumanización y la insensibilidad de cada individuo. Por otro lado, la influencia norteamericana de todo tipo, en particular su cultura moderna y sus ideologías tan incompatibles con el régimen dictatorial característico de la República, es considerada un tabú que desagrada a quienes ostenta el mando; hasta tal punto que se considera penado incluso con la muerte, según el grado de gravedad que ellos mismos consideren. Así pues, la República es prácticamente independiente y autosuficiente, lidiando en el menor grado posible con el resto de naciones, en especial aquella que tanto detesta.
Y para tener aún más domada a la sociedad, llevan a cabo anualmente el Programa. Cincuenta clases de tercer año de secundaria son seleccionadas al azar de entre todas las de la República, sin previo aviso a la sociedad ni a los propios centros escogidos hasta que son llevados al lugar destinado para ello (normalmente, una isla) en la que cada clase es forzada a participar en un cruel y perturbador “juego” de supervivencia, debiendo matarse unos a otros hasta que quede solo uno. Así pues, más de dos mil jóvenes de quince años mueren anualmente en pos del Programa y en consecuencia, según el gobierno, por el bien de la propia República.
Las reglas son escasas pero concisas, sólo conocidas por el personal del gobierno y los que acaban siendo sus participantes, en las cuales tiene un gran protagonismo un collar metálico ceñido al cuello de cada alumno, el cual explota dadas ciertas circunstancias (siendo la más nefasta el que no muera al menos uno cada veinticuatro horas, lo que desencadenaría la activación de todos los collares al mismo tiempo y finalizando ese Programa sin vencedor). Además, cada alumno recibe al comienzo una bolsa con muy escasos víveres y un arma al azar, pudiendo ser estas auténticas como pistolas, hachas o ballestas, pasando por cuchillos de cocina, hasta otras de dudosa funcionalidad como dardos de juguete.
Y la historia de Battle Royale se centra, precisamente, en uno de los cincuenta Programas de ese año, el correspondiente a la clase de tercero B del instituto de Shiroiwa. Los alumnos eran ajenos a su cruel destino mientras iban en un autobús con su tutor, con motivo de un viaje de estudios. Pero no llegarán demasiado lejos en este trayecto y acabar en una isla (completamente deshabitada para hacerla apta como “campo de juego” de los alumnos de Shiroiwa), donde reciben la terrible noticia de que fueron escogidos para el Programa. Entonces los cuarenta y dos estudiantes (cada uno según sus propias personalidades, psiques, pasados y trasfondos; pero todos en común ante la imposibilidad de alternativas o escapatoria), se enfrentarán a lo que conlleva esta crueldad, despertando en ellos toda clase de sentimientos: miedo, desconfianza, agresividad, perfidia, e incluso liberación ante la idea de esa carnicería… Porque cuarenta y uno morirán y uno sobrevivirá.
                  
Sin embargo, puede que el programa de Shiroiwa marque una diferencia, aunque sea sutil, en ese orden férreo y cuadriculado establecido en el Gran Oriente Asiático.

Battle Royale me resultó una lectura singular incluso antes de iniciar a sondarla. Ya la conocía de oídas, aunque más por su adaptación cinematográfica y su manga, y jamás pensé que acabaría adentrándome en sus líneas originales.
La novela está claramente estructurada. Empieza con una introducción (que su única función es familiarizar al lector con la definición de una battle royale), un prólogo (un memorándum interno del gobierno de la República, una premisa de lo que es el Programa), cuatro partes (Empieza el Juego, Etapa Intermedia, Etapa Final y Conclusión) y un epílogo (que transcurre en Umeda, Osaka); cada una de estas secciones casa bien entre sí, y a medida que van sucediéndose una tras otra, el peso de la historia cae por sí solo y su guión no cesa a la hora de brindar incertidumbre y más de un giro en medio de esa carnicería digna de aplausos por parte del género gore.

Koushun Takami me retuvo con su prosa de principio a fin, con esa profundidad que creo caracteriza a los novelistas japoneses. A pesar del dilatado elenco que concibe, la trama está lejos de ser enrevesada y caótica; lo que ocurre a cada instante en la isla, ese tablero donde la muerte juega en ambas bandas, sucederá en consecuencia a medida que las piezas vayan cayendo tan independientes una de otras como conectadas a las demás, todo ante los azares del Programa y sus reglas, así como el modo en que cada alumno encara esa crisis. Takami logró trasladarme a la tensión y desazón tanto de los propios participantes obligados como la que en sí despierta el simple hecho de imaginarse en semejante lugar en tales condiciones. Teje en estado puro la crueldad que puede rozar la atrocidad inhumana, el miedo capaz de arrástralo todo a la oscuridad del alma, la esperanza que se aferra incluso en la consternación, o las sonrisas inapropiadas pero quizás tan necesarias entre las lágrimas de tristeza y pavor, entre otras, para desplegar un abanico rico y bastante lógica en variedad sensitiva.

Este ha sido uno de los libros autoconclusivos con mayor elenco que haya leído antes.
Por un lado, tenemos a los cuarenta y dos alumnos de la clase de tercero B del instituto Shiroiwa. Aunque de estos veintiún chicos y estas veintiuna chicas el peso más relevante se vuelca sobre unos pocos, quedando el resto con una participación muy escasa, en algunos casos como mera carne de cañón para el argumento para la matanza inminente. Pero aún así, resulta soberbio como le brinda un trasfondo adecuado a personajes que prácticamente duran un capítulo antes de que sean eliminados de este macabro juego, así como lo diferentes que pueden ser cada uno de ellos no solo en personalidad, pasado u origen, sino también en las formas de afrontar la situación que son arrastrados a la fuerza; sin duda, aquí podemos encontrar lo variada y moldeable que puede ser la psique del ser humano, en especial a la edad de estas víctimas de un sistema desalmado. Es interesante lo dispar que puede ser esa clase; desde chicas bastante ejemplares hasta auténticas camorristas vestidas de marinerita, pasando por auténticas groupies obsesionadas; desde niños de buena familia hasta huérfanos con una mano delante y otra detrás, pasando por homosexuales y chicos que no parecen destacar en absolutamente nada para ser dignos de ocupar un hueco en la memoria de sus compañeros.
Quién sin duda tiene mayor peso entre los participantes es Shuya Nanahana, un joven con un pasado un tanto difícil pero que eso no ha impedido que creciera hasta la adolescencia con una moral bastante intacta. Apasionado del rock and roll y de tocar este estilo de música con su guitarra eléctrica, algo que no esconde plenamente, así como su opinión sobre el erróneo gobierno que ejerce la República. Aunque me agradó la lectura de este personaje, no termino de encasillarle del todo en el rol de “protagonista principal”, a pesar de su crucial presencia a lo largo del Programa.
Varios estudiantes, a parte de Shuya, tendrán un papel con mayor o menor relevancia, incluso si llegan a perecer en forma de recuerdo o mención. Noriko Nakagawa se convertirá en el foco del afán de protección del protagonista, pues es la receptora ajena de los sentimientos del mejor amigo de Shuya su mejor amigo Yoshitoki Kuninobu. Shinji Mimura (también un buen amigo de Shuya, pero sin la estrechez de sentimientos curtida desde la infancia como con Yoshitoki) es un chico muy completo en muchos aspectos, en aspecto físico, simpatía, labia, astucia, habilidad en el deporte o conocimientos (en especial los informáticos); sin embargo, llegué a descubrir lo humano que puede llegar a ser. Mitsuko Souma es una joven tan atractiva como dañina en más de un sentido, como da a entender la mala reputación que tiene entre sus compañeros, siendo sin duda la fémina con menos remilgos a la hora de avanzar en esta lucha por la supervivencia; aunque no por ello la convierte en un personaje plano y estereotipado, algo que se descubre a medida que avanza su intervención en la historia. Shogo Kawada desde el comienzo, con el recelo que despierta él mismo y el hecho de haber sido trasladado recientemente a Shiroiwa, apunta maneras de ser un chico enigmático con mucho que desentrañar. Pero sin duda, el que más puede perturbar al lector será Kazuo Kiriyama, quizás el que se toma el juego muy en serio.
Por otro lado en este elenco, están los que manejan los hilos de este Programa; aunque en realidad como personaje propio de este “bando” tenemos a Kinpatsu Sakamochi. Un personaje que, según él, es profesor; aunque es algo evidentemente dudoso de creer; cumple muy bien su rol como encargado de llevar este tipo de atrocidad inhumana y desalmada… Dudo que cualquier padre quisiera tenerle como docente de sus hijos. Eso sí, por más que he llegado a odiarlo e incluso temerlo, me agradó como desempeña su rol antagonista dentro de la naturaleza marcada de esa sociedad.

En general, a pesar de su extensión de páginas y el dilatado elenco, la historia es en verdad tan ágil como intensa, expectante al final de cada capítulo (los cuales siempre terminan con “quedan X estudiantes, siendo claro está el 42 hasta que empiezan a rodar, medio literal y medio figuradamente, las cabezas de estos). Sólo cabe recalcar que esta novela puede dañar la sensibilidad de más de un lector no sólo por la crueldad que destila, sino también por la exposición detallada de algunas escenas, las cuales no se desprenderían de los adjetivos de sangrientas y violentas, hasta tal punto que haría ruborizar a Los Juegos del Hambre. He de confesar que, respecto a la explicitad, hubo un momento en uno de los capítulos más próximos al final que me obligué a leer con alguna que otra pausa y tratando de no imaginármelo demasiado cada vez que sentía subírseme la bilis. Ya de por sí es un libro impactante, pero habrá más de un momento en que más de un lector deba sacar entereza para desentrañar Battle Royale de cabo a rabo.

En cuanto al desenlace, me satisfació, quizás un poco previsible, o que al menos la mayoría de lectores podría autosugestionarse por lo que se podría esperar o desear en la mayoría de los casos. Eso sí, se desarrolla sin perder la fuerza y la emotividad exudada a lo largo de cada capítulo. El epílogo me dejó un tanto perturbado, no insatisfecho pero que sí me resulta un tanto abierto hasta tal punto que hubiera preferido que se atara mejor más de un cabo, pero que quizás de haber sido así no habría resultado tan agradable de leer.

Alguno puede que se pregunte si daré mi opinión sobre sus similitudes con Los Juegos del Hambre. Puede que dedique una entrada para ello en el futuro, cuando me vea motivado. Eso sí, quienes hayan leído la obra de Collins, diré que la expresión “pura casualidad” podría quedarle dos o cuatro tallas pequeña en este caso ante un generosísimo manojo de detalles descarados que se puede encontrar entre dos obras con cerca de una década separando sus fechas de publicación en sus respectivos países de origen. Sinceramente, recomiendo a los fans de la historia de Katniss Everdeen que le den una oportunidad a Battel Royale para comprobarlo por ellos mismos.

Conclusión: Un claro ejemplo de hasta que punto puede llegar la deshumanización en una sociedad como la que nos presenta el autor de esta obra. ¿Serías capaz de conocer el Programa y la inevitable carnicería que desencadena? ¿Crees que tú y, en especial, tu alma sobrevivíais a esta experiencia? Quizás una buena obra para poner a prueba nuestra propia sensibilidad y tratar de no olvidarla.

Mi valoración global: 4,5/5