viernes, 14 de agosto de 2015

Crítica personal: Percy Jackson y Los Dioses del Olimpo II - El Mar de los Monstruos

Título: Percy Jackson y los Dioses del Olimpo II: El Mar de los Monstruos
Título original: Percy Jackson and the Olympians II: The Sea of Monsters         
Autor: Rick Riordan
Editado en España por: Salamandra

Sinopsis:

Desde que sabe que es hijo de un dios y una mortal, Percy Jackson espera que el destino le depare continuas aventuras. Y su expectativa se cumplirá con creces. Aunque el nuevo curso en la Escuela Mariwether transcurre con inusual normalidad, un simple partido de balón prisionero acaba en batalla campal contra una banda de feroces gigantes. A partir de ahí las cosas se precipitan: el perímetro mágico que protege el Campamento Mestizo es destruido por un misterioso enemigo y la única seguridad con que contaban los semidioses desaparece. Así, para impedir este daño irreparable, Percy y sus amigos inician la travesía del temible Mar de los Monstruos en busca de lo único que puede salvar el campamento: el Vellocino de Oro.

El Mar de los Monstruos es la emocionante continuación de la serie  PERCY JACKSON Y LOS DIOSES DEL OLIMPO, iniciada con El Ladrón del Rayo y ambientada en un mundo secreto que los antiguos dioses griegos han creado en pleno siglo XXI.

Crítica personal (puede haber spoilers):

Los segundos de una saga suelen despertar sentimientos encontrados en mí, y este no ha sido una excepción. Ha sido un buena continuación, sin embargo he sentido diversos “peros”; aún así, esta me resultó una primera continuación que me ha agrado más que en muchos otros casos previos.

Percy, a pesar de descubrir que es un semidios hijo de Poseidón y que existe el Campamento Mestizo y todo lo que todo esto conlleva, fuera de la época estival debe hacer la vida normal que siempre había vivido ajeno a la verdad sobre él mismo.
En su último día de clase en la nueva escuela de ese curso, con una vida familiar mucho mejor para él y su madre tras quitarse de en medio a su odioso padrastro, todo debería ser optimista para el propio muchacho. Pero siente la inquietud de que su amigo Grover está metido en apuros, aunque esa preocupación a priori sería la menor después de que su propia vida comience a peligrar y verse obligado a escapar al Campamento junto a una Annabeth que aparece inesperadamente y arrastrando en su escapada a Tyson, un chico enorme y extraño con el que había forjado una buena y extraña amistad a lo largo de ese último curso en el Mariwether. Y mayores sorpresas y problemas serán los que se encontrará Percy al llegar a ese lugar tan especial tanto para él como para los demás hijos de deidades con mortales.
El Campamento Mestizo amenaza con hundirse desde sus propios cimientos al caer sus salvaguardas, y una nueva profecía del Oráculo de Delfos se pronunciará. Percy Jackson, la crisis del refugio de los semidioses y los problemas del propio Grover son temas que convergen sin remedio dentro de una espiral turbulenta directos hacia dos elementos que tendrán su importancia en esta nueva aventura épica bajo los pies de los doce Olímpicos: El Mar de los Monstruos y el Vellocino de Oro.

Una nueva aventura de Percy, en la que se ahondará más en su propia trama enrevesada con los asuntos modernos de dioses, monstruos y héroes; que al mismo tiempo nos ofrecen un bis de grandes mitos fraguados en la Grecia clásica, y esta vez, para los conocedores en la materia, se verán muchas referencias a los tortuosos viajes tanto de Ulises/Odiseo como de Jason y sus Argonautas.
Aunque el protagonista ha sondado un buen tramo de camino respecto a ese mundo en el que en verdad pertenece, será consciente poco a poco que aún le queda mucho por aprender, a la par que trata de salir airoso de los tejemanejes en los que se embarca como de los peligros que desean su propia extinción… Porque está claro que las sombras de Luke y de Cronos prometían ser tan tenaces como inciertas al final del libro que inicia la saga.

El estilo de Rick Riordan siguió agradándome en esta continuación, complaciéndome en gran medida. Su prosa atrae tanto a lectores curtidos como a los que son poco habituales a sondar una novela, mostrando con mucha precia esa simbiosis de elementos épicos de los mitos con el escenario que es nuestra sociedad actual, profundizando un poco más la trama y el propio ambiente en el que se mueve el protagonista, el cual sigue llevando las riendas de la narración.

Percy, Grover y Annabeth han seguido pareciéndome los tres chavales del libro anterior, pero con desarrollos en sus trasfondos en mayor o menor medida. El punto intermedio, a mi parecer, está en el protagonista principal, muy fiel a lo que era cuando se le conocen en El Ladrón del Rayo pero con el avance mínimo necesario en un personaje de sus características. Por lo que respecta al fauno de este trío, aunque sufre sus avances tanto al final del primer título como durante este, a mi criterio es el que menos juego ha mostrado en este aspecto si lo cotejamos con Annabeth, la cual me pareció la que más juego y dará más al abrir tanto a Percy como al lector parte de su vida e incluso su pasado.
Thalia tendrá mención e incluso peso en El Mar de los Monstruos, aunque sea un árbol crucial en las salvaguardas del campamento; serán otros personajes, en especial Annabeth dado la relación que tuvieron ambas, quienes nos detallen algo sobre esta enigmática hija de Zeus.
Quirón pasará una situación complicada en este segundo libro, pero no por ello perderá presencia en este caso, aunque pueda estar eclipsado a priori por uno que se estrena en éste: Tántalo, cuyo sadismo hará las delicias del rencor de campistas del Mestizo e incluso de los lectores; pero que aún así cumple bastante bien su rol.
Tyson en sus primeras líneas ya resalta por ser peculiar, pero poco a poco junto a Percy veremos que sus rarezas se salen de nuestra cotidianidad. Un personaje que me pareció, desde mi punto de vista, tan divertido como entrañable que se ganó mi simpatía; que además forja una relación muy cercana a Percy, más de lo que ambos pudieran imaginar y que ya parece ser así incluso antes de que se hubieran conocido en el colegio Mariwether.
Por supuesto, Olímpicos, mestizos y seres de todo tipo seguirán presentes. Algunas novedades están, a parte de Tántalo; y por supuesto algunos viejos conocidos, como la bastante temible Classise que tendrá mayor presencia e incluso peso en esta ocasión. Y como dejé entre ver más arriba, Luke, y por tanto y a su vez Cronos, prometen que su aportación en el libro anterior no se quede sólo allí; además de que pueden amenazar con caldear más todavía el ambiente de por sí a los problemas con los que se topan al inicio tanto Percy como el Campamento Mestizo.

La trama en sí, aunque se disfruta de manera muy pareja a El Ladrón del Rayo y avance estupendamente en derroche de originalidad y giros argumentales que avivan la expectación del lector, me ha costado un poco en conectar con esta secuela respecto a su predecesor, al cual se aproxima bastante en mi agrado personal pero no lo suficiente para superar las costas que dejó el comienzo de la historia de Perseus Jackson. A la altura del primero de la saga en cuanto a aventura, diversión y profundidad de las situaciones que narra.
Posiblemente, su desenlace en los últimos capítulos es lo que remonta la historia con notoriedad. Un final que, además de soberbio, sin duda impacta hasta prácticamente su última página. En definitiva, no es de extrañar que el pasmo y las ganas leer lo antes posible el siguiente libro se adhieran a ti una vez cerradas las tapas (o cerrado el archivo si estás usando un e-reader).

No puedo olvidar mi mención de su portada, y menos en este caso. Está claro que las de esta saga siguen un canon que las vuelve un imán artístico para cualquier lector afín a su género.

Conclusión: Una aventura apasionante y divertida entre héroes, dioses y todo tipo de seres y criaturas de la Grecia mitológica conviviendo con nosotros que sigue manteniendo de manera muy pareja el nivel del comienzo. Considero que ha dejado muchas expectativas con su final de cara a la lectura de La Maldición del Titán.

Mi valoración global: 4/5            



viernes, 31 de julio de 2015

Crítica personal: Déjame que te Cuente (Los cuentos que me enseñaron a vivir)

Título: Déjame que te cuente (Los cuentos que me enseñaron a vivir)
Título original: Recuentos para Demián
Autor: Jorge Bucay
Editado en España por: RBA

Sinopsis:

Demían es un muchacho curioso e inquieto que desea saber más sobre sí mismo. Esta búsqueda le conduce hasta Jorge, el Gordo, un psicoanalista muy peculiar que le ayuda a enfrentarse a la vida y a encontrar las respuestas que está buscando con un método muy personal: cada día le relata un cuento. Se trata de cuentos clásicos, modernos o populares, reinventados por el psicoanalista para ayudar a su joven amigo a resolver sus dudas. Historias que a todos nos pueden servir par entendernos mejor a nosotros mismos, para conocer nuestras relaciones y nuestros miedos.

Crítica personal (puede haber spoilers):

Jamás pensé que las finalidades de la narrativa y la autoayuda pudieran ser compatibles, hasta que me adentré en este título que acabó en mis manos de manera bastante casual.
Déjame que te cuente nos mete en la piel de Demián, un joven que acude regularmente a la consulta de un psicoanalista llamado Jorge, al que apoda el Gordo. No es la primera vez que acude a ese tipo de especialista, pero éste en cuestión y sus métodos marcarán un antes y un después en su vida; pues Jorge consigue llegar a su mente y sus inquietudes como ningún colega de oficio había logrado, conectando con Demián, picándole a la terapia y los consecuentes de la misma sobre el paciente. El cebo de las terapias con los que logra espolear al joven son principalmente los cuentos que con regularidad comparte con él a lo largo de sus visitas.
Sesión tras sesión, Demián expondrá sus reflexiones, sus preocupaciones, sus frustraciones, sus miedos y sus emociones; y Jorge sacará fácilmente de la manga el relato más indicado, el cual hará reflexionar al paciente, quien dará cuento a cuento un pequeño paso hacia delante.

Es evidente que el planteamiento de apoyo psicológico de todo libro de autoayuda rezuma por los cuatro costados de este título, limitándose a la consulta y las sesiones presenciadas por Demián (quien podría ser cualquiera de nosotros en tantísimos aspectos). Sin embargo, se le compenetra con acierto el desarrollo narrativo en la relación tan profesional como estrechamente simpatizante entre sus dos únicos personajes.
A lo largo del libro desfilarán un amplio abanico de reflexiones y sentimientos que sotierran a Demián, desde la inseguridad o el miedo al rechazo, hasta el conflicto entre el concepto y la ética de la mentira y la verdad, o el egoísmo humano; pasando por diferencias y encontronazos con los padres, los problemas de comunicación o sobrevalorar cosas que quizás no importen tanto para tomárselas tan a pecho. La práctica totalidad las habremos experimentado al menos una vez en nuestras vidas, y eso es lo que incrementa la empatía del lector hacia Demián. Y bajo el amparo de Jorge no sólo él, sino también quien sonde cada página y cada cuento, dará pequeños pasos hacia delante que en conjunto consiguen un resultado renovador.

Cada cuento que relata el psicoanalista (en su mayoría, bastante escuetos pero significativos, y todos sacados de fuentes reales) da paso a la reflexión para paciente y lector a partes iguales. Unos son verdaderas puertas abiertas de par en par a la sensatez que muchas veces obviamos, pero sin distinción todos son grandes iniciativas a cerrar un momento sus páginas para darle sus justas vueltas, digiriendo sus parábolas y significados para que nos ayuden a esclarecernos a nosotros mismos, y no solo al paciente protagonista, en tantísimos aspectos; para enseñarnos un poco mejor a vivir, como reza el segundo título bajo el principal que nombra este libro.
Déjame que te cuente, para mi criterio personal, es una lectura a ser tratada paulatinamente, recapacitando cada sesión de Jorge con mimo, así como recurrir alguna vez de nuevo este texto para refrescarnos lo importante que Demián aprende en algún momento propicio.

La narración corre a cargo de Demián, quien desde su primera persona arrastra al lector a la consulta del Gordo. Desde luego, el autor ha sabido meterme en la piel de ese joven. Cada uno de los cincuenta relatos a los que recurre Jorge ayuda y guía al paciente, y disimuladamente al lector, dando paso a bastantes reflexiones a Demián que desembocarán a otras relacionadas, o incluso perdurando más allá de la sesión en la que se narra.
Sus cincuenta capítulos (normalmente de una extensión sencilla a la par que intensa, derrochando fluidez a su lectura) no siguen un orden estricto, ni esclarece la exactitud de la duración global de la terapia, y en general hay bastante independencia en un buen número de estos, salvo en casos como en el último tramo donde se llega a profundizar algún tema concreto y que se extienda a otro estrechamente vinculado, para llevar a mayor desarrollo de los mismos en el paciente. Aunque es cierto que en algún momento puntual, el propio Demián traslada al lector a un momento retrospectivo, como a su primera sesión en la que conoce al Gordo en el segundo capítulo.

El estilo de Bucay es sencillo, pero despliega una gran profundidad en el tratamiento de la terapia como psicoterapeuta que es. Ha sabido darle trasfondo a lo que comparte con el lector, a pesar de la limitación de personajes y escenarios. Este medio que recurre en el presente libro, el de ser un apoyo para el lector utilizando un paciente ficticio, hace más fácil su objetivo primordial.

Demián es un joven con inquietudes, en una edad que ya se le considera recién un hombre a ojos de todos pero que aún está muy verde en la vida. Se exaspera y saca temperamento con cierta facilidad, pero aún así es bastante juicioso y reflexivo, y sabrá delinear el camino que él mismo desea y debe trazar gracias a las señales que le irá orientando su psicoanalista y la estrecha relación con este. Poco llegamos a saber de él más allá de que estudia en la universidad, que tiene un trabajo, vive con sus padres y tiene novia; pero estos factores, así como amistades y compañeros de clase, serán detonantes para refinar las emociones y meditaciones que le ayudarán a encontrar un duradero estado lo más equilibrado y estable posible.
Sobre Jorge, el Gordo, es evidente que se trata del propio autor. Se caracteriza por su quietud y raciocinio que le hacen parecer saberlo todo (o al menos, todo sobre lo que necesita para ayudar a Demián) y tenerlo todo bajo control, e incluso capaz de estar preparado de antemano para cualquier salida por la tangente; lo cual contrasta y complementa las dudas y la búsqueda propia del paciente. Sus cuentos y tener mate a mano son sus marcas de la casa para ayudar a Demián, y a quienes brinden la oportunidad a esta lectura, a enseñarnos a vivir y ver las cosas de la propia vida con mayor nitidez para dicho fin.

Su desenlace, tras un intenso periplo ambos juntos, marcará un antes y un después sutil pero evidente en la vida de Demián. Un final lleno de posibilidades. Como dije, un antes y un después, pero a su vez, a pesar de sus experiencias vivida, este libro no es más que el principio tanto para el paciente como para el lector.

Conclusión: Una novela y un libro de autoayuda en uno, con profundidad y dinamismo. Los cuentos no son sólo para niños, como nos demuestra Jorge Bucay, porque detrás de ellos nos ayuda en la búsqueda de nosotros mismos, del camino que queramos andar para liberarnos de brumas que enturbien el continuo crecimiento emocional del ser humano. Acompañar a Demián a sus consultas con el Gordo no son menos que enriquecedoras para quien se adentre en Déjame que te cuente.

Mi valoración global: 4,5/5


martes, 28 de julio de 2015

Crítica personal: Percy Jackson y Los Dioses del Olimpo I - El Ladrón del Rayo


Título: Percy Jackson y los Dioses del Olimpo I: El Ladrón del Rayo
Título original: Percy Jackson and the Olympians I: The Lightining Thief          
Autor: Rick Riordan
Editado en España por: Salamandra

Sinopsis:

¿Qué pasaría si un día descubrieras que, en realidad, eres hijo de un dios griego que debe cumplir una misión? Pues eso es lo que le sucede a Percy Jackson, que a partir de ese momento se dispone a vivir los acontecimientos más emocionantes de su vida. Expulsado de seis colegios, Percy padece dislexia y dificultad para concentrarse, o al menos ésa es la versión oficial. Objeto de burlas por inventarse historias fantásticas, ni siquiera él mismo acaba de creérselas hasta el día en que los dioses del Olimpo le revelan la verdad: Percy es nada menos que un semidios, es decir, el hijo de un dios y una mortal. Y como tal ha de descubrir quién ha robado el rayo de Zeus y así evitar que estalle una guerra entre los dioses. Para cumplir la misión contará con la ayuda de sus amigos Grover, un joven sátiro, y Annabeth, hija de Atenea.

El Ladrón del Rayo da comienzo a la apasionante serie PERCY JACKSON Y LOS DIOSES DEL OLIMPO, un mundo secreto que los antiguos dioses griegos han recreado a nuestro alrededor en pleno siglo XXI.

Crítica personal (puede haber spoilers):

Este tipo de narrativa fantástica juvenil me atrajo bastante cuando supe de ella, en parte por sus adaptaciones cinematográficas. Por un lado, el género fantástico es uno de los más recurrentes en mis lecturas desde muy joven, a lo cual se suma el que toque la mitología griega (tema por el que siempre he sentido fascinación y agrado). Por otro lado, por su sinopsis prometía ser algo muy Harry Potter pero cambiando la brujería por la citada mitología. Afortunadamente, el resultado de esta lectura me satisfació.

Percy puede parecer a ojo de cualquiera el típico chico algo problemático, no por ser un vándalo ni el típico estudiante rebelde, sino por cosas como su dislexia, su falta de concentración y su exceso de imaginación; por lo tanto, acaba yendo de escuela en escuela y blanco fijo del bulling por las aulas que pasan ante él. También hay que sumarse su situación familiar, con un padrastro desagradable tanto con el propio Percy como con la madre de éste.
Pero a sus doce años será objeto de muchas revelaciones desbordantes para él, que todas las cosas extrañas que parecían rodearle eran en realidad más lógicas y corrientes, al menos para los familiarizados con el mundo de los mitos griegos y que no lo consideren meros mitos.
Pero más allá de todo lo que empezará a revelarse ante él, lo más alarmante es el peligro que correrá su vida precisamente por sus propios y velados orígenes. Peligros nada mundanos que obstaculizarán tanto las búsquedas personales de Percy en pos de saber sus orígenes como misiones destinadas a él aún sin buscarlas, y de fracasar estás últimas no le perjudicaría a él, sino a sus similares que acaba de conocer y al mundo entero en el que se ha criado.

Desde la perspectiva del autor, resulta sumamente interesante la visión de los mitos griego en el mundo de hoy en día, y sorprende la idea un tanto bizarra pero curiosa de que algunas partes parecen haber sufrido una adaptable modernización (en plan renovarse o morir), como si los propios Olímpicos moviesen sus doce tronos surcando la ola del progreso hasta incluso plantarse en la conocida “tierra de las oportunidades”. Claro está que no todos los elementos de esa Grecia pretérita iban a sufrir los estragos de la modernización, pero sí que sabrán acoplarse y pasar desapercibidos a los ojos mundanos según sus intereses, en particular esos monstruos tan numerosos como diversos en su mayoría bien conocidos para nosotros.
Y Percy tendrá que dar grandes zancadas para conocer ese escenario paralelo a la realidad que retrata el autor, porque forma parte de él desde el principio aunque no fuera consciente de ello. Si ya la entrada en la adolescencia puede ser complicada de vivir, más todavía tras descubrir que tu padre de un Olímpico y que eso puede ser más un imán para problemas que un chollo.
Y mayor complejidad tendrá el panorama ante el protagonista con el extraño robo del rayo maestro de Zeus, un hurto sin precedentes que pondrá  en peligro el equilibrio del Olimpo, lo que podría afectar negativamente a los vástagos del campamento Mestizo y a los meros mortales… Y Percy se verá inmerso en una odisea a la altura de la sufrida por Ulises que promete ser no más que el comienzo.

El estilo de Riordan es equilibrado, con la sencillez justa para atraer a los poco duchos a la lectura pero lo suficiente denso y profundo para los lectores apasionados. Amolda en perfecta sincronía nuestro mundo real con lo mitológico nacido de la antigua Grecia, preñando un escenario real de situaciones que no son menos que épicas a la hora de plasmarse la historia de Percy. Y originalidad no le falta viendo como se mueven dioses, monstruos y seres mitológicos en un mundo saturado de tecnología y con mucha estrechez mental para creer que todos ellos existen. Por otra parte, casa bien los elementos mitológicos como para despertar el interés de quienes los desconoce y, a su vez, entretiene a los entendidos en la materia.
Además, es el protagonista principal quien narra su propia historia, con la perspectiva de un chico de su edad y sus antecedentes. Ya iba bien leer algo narrado por un varón, ante lo saturada que está la literatura de narradores femeninos que en la mayoría de los casos pueden llegar a ser un tedio por la personalidad concebida por más de un autor… Lo que no quita que a veces puedas desesperarte con Percy, en especial en sus momentos de mayor desesperación, valga la redundancia; pues como todos tiene sus defectos y sus virtudes.

Muchos podrían comparar a Percy Jackson con Harry Potter en ciertos aspectos. Protagonistas que empiezan sus andanzas a edades similares que resultan poco convencionales en nuestra sociedad mundana para revelarse a lo largo de sus respectivos primeros libros el secreto de sus orígenes poco corrientes para entrar en un mundo y una sociedad a la que, al menos en parte, pertenecen por derecho. Y aunque puedan parecer muy similares (como por ejemplo la valía e incluso osadía que pueden desplegar llegado el momento), hay un abismo en la personalidad y casi en el desarrollo de ambos. Algo que me sorprendió sondar su historia es que su nombre no es diminutivo de Percival como por lógica cabría esperar; y una vez revelado su nombre completo, y si además se tienen los suficientes conocimientos de mitología grecorromana, será demasiado fácil conocer incluso antes que el propio Percy su ascendencia divina, y en este libro deja claro que las historias se pueden repetir por el simple hecho de compartir un nombre.
Grover es divertido y con sus momentos locos (quizás tendría sentido en su caso decir que a veces está como una cabra en un sentido menos literal), pero también puede llegar a ser responsable dado el momento. Ante todo, demostrará la fortaleza y la franqueza de su amistad por Percy.
Annabeth es otro personaje que me recordó en muchos aspectos a otro personaje de la saga Harry Potter, en este caso Hermione; siendo casual que comparten el rol de futura buena amiga del protagonista. Dotada de inteligencia e incluso habilidades tácticas como cabría de esperar de una hija de Atenea, pero que a su vez puede llegar a ser muy osada por más pragmática que suela ser. Su relación con Percy tendrá sus complejidades más allá de sus propias personalidades, más bien por asuntos de sus propios padres divinos.
En el campamento Meztizo (que no puedo evitar compararlo con Hogwarts, un lugar que congrega al tipo de jóvenes semejantes a su protagonista y que está apartado pero ligado a nuestro mundo) veremos poco a poco algunos de sus personajes, algunos que ya de por sí serán conocidos para los que hayan sondado los mitos de los que proceden. Parece venir de sangre, por así decirlo, la personalidad y los gustos de cada semideidad con respecto a su progenitor, un claro ejemplo es Clarisse, con un carácter y unas maneras que hace indudable quien es su padre. Otro personaje a tener en cuenta es Luke; a quien veremos un acercamiento a Percy que augura una amistad y que le prestará su generosa ayuda al comienzo de la primera gran aventura del protagonista; un joven que podría catalogarse de “molón” entre sus compañeros pero que se palpa su descontento, tomándoselo bastante personal y a pecho, ante el nulo contacto que los mestizos mantienen con sus progenitores olímpicos… Luke es alguien a tener presente en la memoria a lo largo de esta lectura.
Sobre deidades, criaturas, personajes conocidos de todos esos mitos… Mejor descubrir lo más o menos que se hayan adaptado e incluso modernizado en este siglo XXI.

La historia es bastante introductoria, pero no por ello menos amena. Junto con Percy descubriremos sus verdaderos orígenes, lo que es él en realidad, y de ahí acabará arrastrado en una aventura que promete ser épica como todas las que los siempre vaticinaban los oráculos. Y está claro que será épica, teniendo en cuenta la edad de sus protagonistas principales y los lectores al que va enfocado. La trama y el misterioso hurto del rayo de Zeus es algo que crea expectación a medida que avanzan las páginas, sin llegar a ser realmente nítido hasta que se rocen los últimos capítulos.
Su final, el cual es bastante abierto y con algunos cabos sueltos como sería de esperar en una saga, con expectativas de más por llegar a partir del título posterior. Realmente agradó el desenlace como el recorrido en general de esta lectura, aunque quizás me esperaba más por culpa de mi autosugestión previa a la adquisición de este libro.

Otro gran punto a favor es la edición, en la portada para ser más específicos. Sencilla pero profunda como la propia narrativa de Riordan, una buena puerta de entrada al lector potencial.


Conclusión: Una historia que da comienzo a las aventuras de un potencial héroe de hoy en día, para demostrar que lugares como la Gran Manzana pueden ser compatibles con matar una Gorgona o una hidra. Tanto si te gusta la mitología grecorromana como si eres nuevo en la materia, este primer volumen de Percy Jackson y Los Dioses del Olimpo es digno de brindarle una oportunidad.


Mi valoración global: 4,5/5        

miércoles, 15 de julio de 2015

Vendaval 1.1.2

Fueron objetivo de la práctica totalidad de las miradas de cuantos viandantes desconocidos que se les cruzaba; muchas eran de sorpresa fugaz y disimulada, otras mucho más descarados con expresiones boquiabiertas en sus rostros, los había también que incluso se reían con malicia o desaprobadoras cargadas de aversión. Pudieron haberlas evitado sin problemas yendo en coche, a pesar de que la distancia a pie era relativamente corta desde donde vivían, pero prefirieron dar un agradable paseo en mutua compañía; además, ya estaban más que acostumbrados a tales reacciones y les traía bastante al fresco lo que opinase el resto sobre ellos y su forma de vida.
Sus andares, su actitud y sus modales parecían poseer, al igual que las galas elegidas para la ocasión, una peculiar y sobria elegancia poco estilada en estos tiempos modernos en los que se mueve la mayoría de la gente. El cada vez más cercano crepúsculo extendía sus propias sombras y los agonizantes rayos del sol conferían un brillo dorado a sus figuras vestidas de oscuros colores.
Ella era la que más destacaba, no sólo por su aspecto, sino por la bella gracia de su figura que rayaba la majestuosidad intrínseca, maximizada por su aspecto comparable al de una princesa gótica. Su torso estaba sensualmente oprimido por un corsé negro con detalles de oscuro e intenso azul ultramar y decorado con pequeños encajes, dejando al descubierto clavícula, hombros, omoplatos y brazos; su falda, muy abierta y voluminosa, brotaba de sus caderas en numerosas y armoniosas capas de seda, tul y satén en idénticas tonalidades a las de parte superior del conjunto que ondeaban casi barriendo el pavimento, con la elegancia que le transmitían las largas piernas que ocultaban; cada pisada de los oscuros tacones parecían seguir la acompasada regularidad de un metrónomo, en cada paso se distinguía suavidad y fuerza, elegancia y seguridad. Su lisa cabellera expuesta al viento era un velo negro y brillante cual obsidiana que le cubría casi toda la espalda. Sus ojos del color del café americano estaban guarecidos por párpados provistos de largas y finas pestañas, su piel clara pero sin ser nívea era tersa.
-Si no fueras tan hermosa, dudo que nos echasen el ojo más allá de los motivos evidentes.
Ella orientó su mirada hacia el hombre que le habló con voz sosegada, de cuyo galante brazo estaba agarrada. Nunca estaba segura de si él la halagaba con objetividad, pero la opinión real era irrisoria en comparación con sentirse la más bella sólo para él; ya que ella misma compartía tal criterio hacia él. A pesar de que se conocieron y empezaron a salir cerca de dos años atrás y de llevar a las espaldas uno entero de convivencia, aún palpitaba el ímpetu de ese comienzo bajo la sobriedad que muchos veían en ella a la hora de demostrar su afecto; siempre defendía a capa y a espada en su fuero interno que ser empalagosos constantemente, en especial en público, no era la base de una relación, y mucho menos eso la hacía mejor o peor.
Le acarició con la mano libre el brazo que la guiaba, teniendo cuidado de que no se le cayese el más decorativo que funcional chal de oscuros y delicados encajes.
-No quiero pecar de vanidad, pero me encanta que sigas diciéndome esas cosas que normalmente los hombres dejáis de esmeraros una vez conquistado el Monte de Venus.
Su voz calmada y nítida, con un temple muy similar al de su acompañante, parecía desprovista de banalidad a pesar de la calidez que le mandaba junto a una mirada intensa que le decía a él bastante. Era lo suficiente objetiva como para reconocer que aquel que rozaba el cuarto de siglo de vida aventajándola un lustro mal contado no destacaba de manera especial en los cánones de belleza impuestos, pero para ella no bajaba de irresistible. Y más se quedaba sin hálito cuando él se engalanaba como en aquel día.
En esa tarde crepuscular parecía todo un caballero de la Inglaterra Victoriana, aunque el traje estaba ligeramente adaptado a la moda contemporánea pero sin perder la esencia del siglo XIX. El negro de pantalones, zapatos, chaleco y levita armonizaban con los intensos tonos púrpura tanto de la camisa como del cravat que guarnecía el cuello de la misma. Y como siempre, su barba estaba impecable, perfectamente igualada tanto a bigote y mentón unidos a sendos lados de la boca, desembocando por la parte más inferior de sus mandíbulas cual esculpidos rodapiés bajo las paredes que eran sus mejillas afeitadas. La palidez de su piel resaltaba mucho con los colores de sus ropas, así como por las ojeras que sombreaban bajo sus ojos, las cuales estaban bañadas por un sutil toque de maquillaje tal como suelen hacer otros góticos como él para acentuar más esa palidez. A distancias cortas uno sabría que su cabello, ese día recogido en una coleta no muy larga, estaba teñido de negro por la sutil diferencia con el verdadero castaño oscuro de las cejas y la barba.
-La mayoría desconoce que el amor, el auténtico, es una guerra que carece de final o tregua -añadió él con una sonrisa orgullosa-. Sabes bien que lo difícil e importante no es hallarlo y ser correspondido, sino conservarlo y batallar en el día a día para cuidarlo, mi amada Beatriz.
-Eso lo sé bien, Mario -contestó con una altivez mucho más creíble de lo que en verdad era, mientras apoyaba un instante su cabeza contra el hombro de él sin reducir el ritmo de su paseo-. Tú eres un claro ejemplo de que no todos sois bestias de piara. Te calé bastante cuando nos conocimos.
-Al final te resulté demasiado cristalino tras tanta negrura.
Sus labios de dilataron sutilmente en una sonrisa. La vida de ambos había sufrido diversos cambios en ese tiempo en su inmensa mayoría para mejor y les resultaba nefasto concebir una vida en la que no estuviese el otro para complementarla.
-Al final llegaremos con tiempo más que sobrado -comentó Mario un par de minutos más tarde tras comprobar la hora en el reloj de bolsillo de corte clásico que llevaba en uno de su levita, sin desprenderse del agarre de su pareja en su brazo-. Tomémoslo con más calma.
Tras responderle con un silencioso asentimiento, el semblante de Beatriz se tornó súbitamente más pálido cuando el reloj de bolsillo se escurrió de la mano de Mario; ella tuvo presura a la hora de cogerlo al vuelo con la mano libre, aún sabiendo que ni siquiera tocaría el suelo gracias a la cadena que lo anclaba al bolsillo. Pero su mayor preocupación, a pesar del temple mostrado en su rostro, fue la mano que había portaba el objeto un segundo antes.
Beatriz la retuvo con impertérrita firmeza en su siniestra. Los dedos de Mario tamborilearon como el aleteo de un colibrí contra el dorso de su mano, guarnecida por un mitón de encaje negro al igual que la diestra. Apretó con fuerza mientras los dedos de su pareja se detenían paulatinamente. Ambos suspiraron con parquedad para exhalar el aire que contuvieron durante ese lapso, mientras las manos aún entrelazadas se acariciaban con reciprocidad.
Perduraron inmóviles donde se habían detenido, al amparo de la oportuna sombra de los edificios colindantes, en la cual los zafiros que lucía Beatriz en sus alhajas perdieron todo su brillo, del mismo modo que se intensificaron los oscurísimos índigos que tintaban sus labios y uñas hasta difuminarse en la negrura que les envolvían. No reprimieron el deseo de besarse unos segundos bajo ese tenebroso amparo que les protegía de cualquier mirada. Bajo sus bocas aparentemente estáticas, sus lenguas guerrearon en un breve pulso mientras ella acariciaba el semblante de su compañero sentimental, jugueteando con el dedo corazón el único pendiente que se había dejado puesto en una de sus orejas y que estaba muy fuera de lugar en su pinta de galán; un aro finísimo del cual colgaba un adorno un tanto ostentoso a la par que simple con la forma de un triángulo boca abajo.
-Mario... -dijo Beatriz con voz un tanto temblona, viéndose obligada a carraspear para recobrar la nitidez y la firmeza habituales de su timbre-. ¿No te arrepientes de tu elección?
-En absoluto -atajó en un susurro lúgubre pero tierno-. Y nunca hallarás vacilación en mí.
-Sé que nada ni nadie te hará bajar del burro, y eso me hace egoístamente feliz. Pero creo bastante factible la existencia de otro negro más acorde contigo.

-Pequeña mía, no busco un negro por su intensidad, sino por lo que me transmite -sentenció acariciándole una de sus mejillas-. El que elegí complementa al mío en todos los niveles y me hace realmente feliz, y no necesito otro ni más ni menos oscuro. No lo olvides nunca, Bea....

martes, 30 de junio de 2015

Crítica personal: Mary Poppins

Título: Mary Poppins
Autora: P.L. Travers
Editado en España por: Editorial Juventud

Sinopsis:

Mary Poppins estaba ya a gran altura, flotando sobre los cerezos y los tejados de las casas, sosteniendo firmemente el paraguas con una mano y el bolso con la otra.

Crítica personal (puede haber spoilers):

Dada a la naturaleza global y heterogénea de las temáticas que quiero volcar en mis críticas literarias en mi blog, me animé a iniciar algunas lecturas para un público más joven incluso al de otros libros que he ido compartiendo, más concretamente los que podrían considerarse además como clásicos. Así que casi a ojo ciego me adjudiqué éste, con la inquietud de saber cuánto se parecería a esa adaptación musical que tantas veces he visto en mi niñez (dudo que en los últimos cincuenta años haya niño que no la haya visto al menos una vez en su vida). Y he de reconocer que esta obra original fue una lectura ardua de culminar, incluso con la sencillez de su extensión.

Ya la mayoría debería saber la base gracias al famoso film de Disney: Londres a comienzos del siglo XX, una familia de buena posición necesita urgentemente una nueva niñera, después de que la que tenían se despide a la francesa agarrada de un brazo a su descontento y a su hastío con el otro. Afortunadamente, llegará una suplente con una prontitud que es todo un favor para los Banks. Sin embargo, esta nueva no tiene nada que ver con cualquier otra niñera, y los pequeños Jane y Michael comprobarán esto ellos mismos al lado de Mary Poppins, con quien vivirán distintas situaciones que les resultarán muchísimo más que insólitas.

Está claro que la adaptación musical de Disney me ha sugestionado demasiado en mi infancia, y al sondar la obra original de la cual se basa (siendo éste el primero de una serie de cuatro libros) me encontré que las similitudes se han quedado nada más, como se dice coloquialmente en algunas partes de España, en sota, caballo y rey.
Ante todo, y más para evitar desilusiones que de hacer un “spoiler” propiamente dicho, pongo en aviso que no veremos niñeras candidatas volando por los aires para dejar paso a la protagonista, aunque ésta sí que subirá las escaleras estando posada en la baranda y sacará todos sus bártulos de un simple bolso de viaje. Sí que veremos a Mary disfrutando de una tarde libre dentro de un cuadro pintado en el suelo, pero sin niños, ni camareros pingüinos o la menor mención del tan conocido “supercalifragilísticoespialidozo”. Tampoco veremos a la señora Banks como una activista feminista, y ni al divertido y polifacético Bert tan presente como en el cine.
La “historia” de Mary Poppins es una serie de situaciones, en su mayoría presentes los hermanos Jane y Michael, algunas ya vistas y más o menos similares a diversas que hemos podido ver en la antes citada adaptación cinematográfica. Sin embargo, la mayor parte hace la obra original un relato con una diferencia evidente, por lo que aconsejo vehementemente al lector potencial que no lo sonde con la idea sugestionada a raíz de la Mary Poppins protagonizada por Julie Andrews como me pasó a mí, pues seguramente acabe sintiendo cierto descontento al final de la lectura.

El estilo narrativo de Travers me resultó ambivalente en muchos aspectos. Una prosa bien cuidada, sencilla pero con la suficiente profundidad propia para el público al que se enfoca Mary Poppins, aunque lo bueno de la autora desde mi punto de vista personal se queda más bien allí. A pesar de que la historia cuenta con mucha imaginación y una buena base, finalmente me resultó demasiado bizarra e irracional incluso para la más pueril y sagaz de las mentes. Eso sí, aún con estos contras que he vislumbrado, sus capítulos tienen un fin aleccionador que incluso puede dar lugar a la reflexión sobre lo que trata de decir la autora al final de la mayoría de los mismos.

Mary Poppins más bien sigue el patrón de niñera estricta y más bien estirada para cumplir un poco ese tópico de la personalidad británica, más aún incluso diría que la interpretación de Julie Andrews. Sin embargo, aquí es una mujer que le gusta más mostrar el afecto y sus buenas intenciones hacia los niños que cuida por la espalda y no de manera tan directa como pudiéramos estar más acostumbrados. En todas las situaciones extrañas y más bien fantasiosas en las que los pequeños son partícipes, ella parece hacerles dudar de sí mismos, dándoles a entender que todo lo que ocurre fuera de lo normal es definitivamente producto de su imaginación pueril… Aunque no terminen de estar tan seguros de ello. Por otro lado, conoceremos algo más el pasado de esta peculiar niñera, aunque descubriremos cosas que nos sorprenderá bastante y, a su vez, se nos puede antojar demasiado extrañas incluso para este tipo de literatura.
Michael y Jane son personajes bastante planos, el típico niño y la típica niña. En todo caso, he visto en el chico un desarrollo más evidente que en su hermana, desarrollo que despunta más llegando al final del libro, sin ser boyante pero sí de los que más han dado frutos.
Una diferencia con respecto a la adaptación al cine es que Michael y Jane tiene dos hermanos menores, los cuales son gemelos y cerca de su primer año de vida: John y Bárbara. Estos dos retoños a penas tendrán protagonismo, pero sí acentuado en cierto capítulo que es de los pocos que me han podido dar algo de alimento para pensar.
El lector debería desprenderse de la posible idea de que Bert sea un personaje tan de peso como el interpretado por Dick Van Dyke en el cine. Aparece escuetamente y con un papel más bien secundario y de sostén al verdadero protagonismo de Mary Poppins. Y otros tantos personajes que, tal y como comenté previamente, no gozan de profundidad ni a portan gran cosa más allá de su cometido para con la historia de cada capítulo.

Uno de los mayores atractivos de la edición que poseo son las ilustraciones, las cuales acompañan bien a la historia y que ayudan bastante bien al lector a la hora de meterse de lleno en la historia.

En resumidas cuentas, a pesar de ser un libro infantil, escueto en extensión y con un generoso número de ilustraciones, sondar sus doce capítulos me resultó más tedioso que ameno; o puede que en mi caso particular no haya conectado ni con la obra ni con la autora como en otros casos.
Y sobre como acaba este primer tomo de las andanzas de esta peculiar niñera, parece que la autora lo dejó de forma que la palabra “fin” pudiera ir o no entre interrogantes. Claramente, este título es un comienzo, pero dudo que me atreva a ir más allá de esta lectura.

Conclusión: Un libro infantil que puede atraer a las mentes infantiles y no tan infantiles que sepan conectar con él. Aunque normalmente me decanto más por la obra original con respecto a las adaptaciones, creo que este será un raro caso en el que me quede con el celuloide más que con la tinta.

Mi valoración global: 2/5          



miércoles, 24 de junio de 2015

Crítica personal: Los Juegos del Hambre

Título: Los Juegos del Hambre
Título original: The Hunger Games
Autora: Suzanne Collins
Editado en España por: RBA

Sinopsis:

En un opresor mundo futuro, lo importante no es sólo mantener a raya a los sometidos, sino brindarles el espectáculo de su propia sumisión. Anualmente, el poder central organiza un cruel reality show, una caza al hombre de visión obligada para toda la ciudadanía, en la que jóvenes elegidos por sorteo se ven obligados a matarse entre ellos a morir. Una visión implacable de hasta dónde podría llegar un Gran Hermano desquiciado en una sociedad sin ética ni moral.

Crítica personal (puede haber spoilers):

Tras darle una oportunidad a la adaptación cinematográfica, al resultarme entretenida, decidí hacer lo propio con la novela, con ciertas expectativas ante mis experiencias propias de considerar la obra original mucho más de mi agrado respecto a la del celuloide. Y la verdad es que fue más entretenida de lo que me conjeturé. Aunque el germen de la duda sigue aún susurrándome ante varias similitudes con otra obra que ya subí al blog tiempo atrás.

Como escenario tenemos Panem, una sociedad que no tardará el lector en ser consciente de ser una post apocalíptica ubicada en lo que actualmente es EEUU. Sus ciudadanos están divididos en doce distritos subyugados por El Capitolio, donde la vida es fácil y llena de banal esplendor a costa del trabajo y el sufrimiento de la inmensa mayoría. Igualmente se revelará que tiempo atrás hubo un distrito número trece que se rebeló a la tiranía y fracasó en su empresa; lo que desencadenó la eliminación de ese distrito rebelde y, a su vez, la instauración por parte de El Capitolio de lo que se denominaron “Los Juegos del Hambre”, con el fin de castigar a todos los demás por siempre ese acto de sublevación al régimen instaurado y evitar así que algo parecido volviera a producirse en futuras generaciones.
Anualmente, cada distrito está obligado a ofrecer dos tributos mixtos de entre doce y dieseis años, los cuales deberán luchar a muerte hasta quedar un único superviviente en pie, y dicha carnicería se retransmite en directo para todo Panem, para entretenimiento de El Capitolio y para agonía y rabia sumisas para los distritos. En definitiva, la medida perfecta para tener a la población arrastrada en una espiral ponzoñosa que los condiciona la idea de inmutable.

La historia se centra en Katniss Everdeen, una chica del distrito doce, con una hermana menor llamada Prim que se enfrenta aterrada por primera vez a la cosecha (término con el que se refiere a la selección de tributos). Katniss trata de elevar la moral de la muchacha con la idea de que ella sólo tiene un número entre tantos y que no saldrá su nombre siendo su primera cosecha. Pero resulta imposible no predecir que el destino les dará la peor bofetada de sus vidas, por lo que la protagonista le moverá el deseo de proteger y el amor fraternal a hacer algo más bien inusual, y más en esa sociedad insensibilizada y aterrada a extremos casi inhumanos… Y esto es ni siquiera el comienzo de lo que puede a llegar en estos septuagésimo cuartos Juegos del Hambre que llevarán a Katniss a la arena donde uno de entre veinticuatro podrá vivir para contarlo, con la implicación de tener que matar a cualquiera de los demás, incluyendo al chico de su mismo distrito.
Lo que tampoco podrá augurar la protagonista es lo mucho que repercutirá su participación en este juego cruel y mortal, no sólo a ella misma, sino también a todo Panem, desde el momento en el que el amor fraternal le hace toma la más cruenta de las decisiones...

Poco a poco, a buen ritmo pero sin saturar al lector con demasiada información, se nos presenta este futuro post apocalíptico. Vemos esa sociedad tan tiránica y opresora con la mayoría de sus habitantes, mientras los privilegiados de El Capitolio se comportan como cerdos ególatras que se revuelcan en el fango de la frivolidad y la ignorancia insensibles.
Entonces llega la víspera de Los Juegos del Hambre, siendo este el septuagésimo cuarto año de los mismos, un entretenimiento macabro que paralelamente cumple el cometido de conmemoración y recordatorio de una fútil sublevación contra ese régimen. La autora nos adentra junto a Katniss en ese mundo y ese juego desalmado, en una trama bastante completa y variopinta, donde un abanico emocional y de análisis psicológico de un futuro hipotético serán las bases de este primero de la trilogía, teniendo como punto de partida esos Juegos del Hambre.

La historia (dividida en tres partes: Los tributos, Los juegos y El vencedor) está expuesta por la voz en primera de la propia Katniss, y he de recalcar que este punto me agradó bastante, porque este es uno de esos títulos que me devolvió esperanzas a las novelas narradas por personajes femeninos del margen de edad de la protagonista de la presente. Katniss se aleja bastante del tedio que me supusieron otras heroínas literarias, en cuyos casos llegué hasta acopiar una fuerza de voluntad sobre humana para llegar hasta el final; en cambio, la protagonista de Los Juegos del Hambre es fuerte pero sensible, sin caer en un dramatismo y un complejo de eterna y sufrida mártir tan exagerado incluso en la más infortunadas de las féminas en sus peores días del mes.
A través de la heroína vemos un mundo futuro desensibilizado que roza la inhumanidad, tanto por el lado de los Distritos como del Capitolio. Sin embargo, incluso a la favorecida minoría de esa sociedad, no puede uno ver el lado lógico y racional tras llegar a su final y leyendo cada línea e incluso entre éstas.
Personalmente, es complicado culpar la frivolidad jocosa de los extravagantes y afortunados habitantes de Panem, sobre todo ante su visión de entretenimiento el que veinticuatro menores de edad luchen cruelmente a muerte; y del mismo modo a esos desfavorecidos que parecen condicionados a poco más que la mera resignación. Cuanto más avanza el libro (y la trilogía en sí), uno se puede hacer más consciente de que esa mentalidad se ha fraguado en décadas, en especial en las generaciones más recientes, que lo han convertido en algo natural. Es por ello que la actitud de unos y la de otros, así como la exposición de esa crueldad y esa atrocidad que implican los Juegos del Hambre, impacte a más de uno ya que para nosotros no se considera tan normal como lo puede llegar a ver los habitantes de Panem. Y es entonces cuando me puede llevar a la siguiente pregunta: ¿Llegaremos a perder el concepto que tenemos de sensibilidad como esa sociedad?
También he vislumbrado en esta novela algo que roza mucho la realidad, más allá de elementos un tanto futurista y post apocalípticos. Panem es una nación regida por una dictadura, con sus favorecidos que viven a costa del trabajo y el sufrimiento de la mayoría de sus habitantes. ¿Cuántas veces a lo largo de la dilatada historia de la humanidad nos hemos encontrado con civilizaciones regidas por el puño de acero de la tiranía? Una posibilidad es que la autora quizás trata de aleccionarnos de no caer en los mismos errores con el paso de los siglos; porque las revoluciones, y más las que traen sus justos frutos a largo plazo, no son fáciles de alcanzar como pueden dar fe de ello los doce distritos.

El estilo de Suzanne Collins es agradable de leer, con equilibrio de sencillez y profundidad, logrando espolearme a la lectura lo suficiente para saber lo que ocurre más allá de ese típico capítulo que solemos creer que será “paro aquí y sigo luego o mañana”. Admito que el recelo estaba a mi lado cuando me animé a desentrañar esta trilogía, pero esta autora logró quitar bastante hierro a esas reservas iniciales que tuve, por lo menos en lo que a su estilo literario se refiere.

En cuanto sus personajes, todo gira en torno a Katniss como narradora que además es, y por otra parte lo que conoce y lo que va conociendo del resto del elenco.
Nos encontramos una heroína que nos desgrana su ser y su pasado poco a poco, a la par que nos abre las puertas de sus emociones frente a lo que le tocará vivir esos Juegos del Hambre que marcarán un antes y un después definitivo en su vida; además con un fuerte sentido de muro emocional que no deja traspasar a cualquiera, salvo a las personas más importantes para ella. Katniss siempre ha tratado de ser autosuficiente, en particular cuando la vida se le truncó a ella, a su madre y a su hermana; por lo que se ha curtido desde muy joven en la caza con el arco y comerciar algunas presas por otras cosas necesarias en el mercado negro de su distrito, ambas actividades ilegales para el gobierno de Panem. Sin embargo, ella es mucho más emocional y humana de lo que querría aparentar, y esa coraza no será tan férrea para alguien fuera de su núcleo personal que tenga el potencial para traspasarla. En definitiva, una protagonista/narradora que pasa con buena nota.
En esta historia hay dos jóvenes que, de un modo u otro, están y estarán muy conectados con Katniss.
Por un lado está Gale Hawthorne, su amigo de la infancia, con el que comparte similitudes cruentas en sus pasados y las mismas responsabilidades, además de ser su compañero ideal de cacerías al especializarse en el uso de trampas. Tiene ideales de revolución y cambios para Panem que ni siquiera su amiga es capaz de tomarlos en serio ante el poderío del Capitolio; su participación en este primer libro me llegó a resultar más bien insulsa ante el prometedor potencial que se intuye desde su primera aparición, por lo que tras esta lectura nos queda la esperanza de que la autora exprima mejor el jugo que él puede dar más avanzada la trilogía.
La otra cara de la moneda es Peeta Mellark, el hijo del panadero que ha sido compañero de escuela de Katniss pero que ésta no parecía percatarse demasiado en él; aunque al comienzo no se desentraña mucho de este muchacho, poco a poco mostrará su potencial como personaje, agradándome más que el caso de Gale. Pero tanto el uno como el otro serán muy relevantes en la vida de Katniss y respecto a ella ambos tienen bastante en común.
Otro personaje con gran peso es Haymitch Abernathy, un cuarentón alcohólico y tosco de maneras que fue campeón de los quincuagésimos Juegos del Hambre, y por tanto obligado a ser mentor de todos los tributos de su distrito. Este personaje supuso para mí un gran entretenimiento a la hora de leerlo y que da más juego más allá de su adicción.
Effie Trinket es también digna de mención. Una mujer del Capitolio que ejercer de “mano inocente” en la elección de tributos del Distrito 12 y supervisora/guía de estos en la ciudad privilegiada y en los procedimientos de Los Juegos del Hambre. Una mujer de personalidad y estilismo realmente pintoresca, con un positivismo más bien falto de empatía. Junto con Haymitch, disfruté con este personaje. Diría que el tratar con los tributos de ese año no le pasará indiferentes.
Por supuesto, está Primrose (Prim), la hermana de Katniss, una figura que goza de un altar muy elevando para la protagonista. Aquí estará más presente en la mente de Katniss que de forma presencial, pero que dará más juego a lo largo de la trilogía a medida que avanza.
También nos toparemos junto a Katniss a otros personajes del Capitolio que aportan su granito de arena, y sobre todo los demás tributos. De estos últimos los habrá que pasarán volando como pura carne de cañón para la masacre que empezará prácticamente en el segundo cero en la arena, aunque unos cuantos tendrán nombre y mayor interacción en estos juegos, pero sin ser libres del riesgo y la tensión a medida que los tributos vayan convirtiéndose en cadáveres.

De la historia en general, nos adentra en ese mundo decadente y se nos prepara poco a poco el cuerpo para lo que le da título. La trama resulta bastante entretenida, e incluso con magnetismo, pero lo que más me agradó incluso fue muchas cosas que me dio que reflexionar tanto en el primer como en el segundo plano de su exposición; y esto último quizás sea lo que más suba mi calificación más abajo.
El final, que en parte podría ser un tanto predecible al ser una posibilidad aunque quizás inesperado en cierto grado, puede llegar a ser impactante, pero que se deja bastante abierto para su continuidad.

La portada, que en sus distintas ediciones tienen en común la tan presente insignia del sinsajo, cumple a raja tabla la elegancia que puede expresar la sencillez. No es de extrañar que se haya convertido este elemento en un objeto fetiche para los fan de la trilogía.

Otro punto que quisiera mencionar es el tema tan escabroso su relación con Battle Royale (mi reseña de la misma pinchando aquí), que se ha convertido en tema de muchos debates. Personalmente, doy el beneficio de la duda por más que muchos lectores tachen Los Juegos del Hambre como un plagio descarado; pero me cuesta desprenderme de mi recelo a esta suposición ya que precisamente, habiendo leído sendas novelas para opinar con conocimiento de causa, las similitudes son tanto en número como en sonoridad tan evidentes como si agitara un generoso racimo de cascabeles. Sin embargo, por varios factores a parte de la naturaleza de continuidad y no autoconslusivo con final abierto como en el caso de la obra nipona, hace este libro no un copiar y pegar demasiado literal. Y ante todo, no se puede desmerecer lo más mínimo, pues cumplen su objetivo de entretener a todo lector afín a este género literario.

Conclusión: Entretenido y con una potencial fuente de reflexiones si sabes leer bien entre sus líneas. Un comienzo de trilogía que no tiene desperdicio si te agrada caminar por un mundo decadente e injusto para ver si la humanidad de ese futuro lejano e hipotético conserva aún esa última cosa que siempre nos queda llamada esperanza.


Mi valoración global: 4/5

lunes, 22 de junio de 2015

Don't worry, I'm alive

Hooooola amigos de Salteado,

Sé que hace mucho que no cuelgo una entrada, y no porque me haya olvidado del blog. Lo que sí se debe tener claro es que nunca me iría sin decir nada. Puede que tenga etapas de ausencia pero si dejara definitivamente el blog, ya sea por X o por Y, os lo diría.

En fin, tengo este ratito libre, ya dejando atrás algunos asuntos personales que acaparaban mi tiempo (especialmente de lectura), tales como estudios y exámenes entre otros, que creo que poco a poco podré retomar algo de actividad de mi blog.

Nos vemos, espero que dentro de poco con una nueva crítica personal lo más seguro.

Un abrazo XXL para tod@s